26 de febrero de 2010

Jehová es mi luz y mi salvación: Salmo 27:1

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De David sabemos que derribó a Goliat y no tuvo reparos en zafarse al esposo de Bat-Seba al enterarse del embarazo de esta.

Parece una historia hollywoodense, con todos los ingredientes: violencia, pasión, intriga, amor, traición. Así parece la historia bíblica sobre David.

Pero lo humano de David, que reconocemos en sus errores, también lo vemos en ese lado de su vida en el que es un hombre fe, valor, y que reinventó a una nación, dándoles inspiración por generaciones. ¿No era acaso el deseo de los judíos que el Mesías fuera como David?

David es casi un antes y un después en la historia bíblica. Junto a Abrahán y Moisés, con los grandes protagonistas de la historia judía.

David es también un hombre semejante a nosotros, en ciertos aspectos.

Reconoce sus fallos. No es como Adán, que culpó a Dios y a Eva por lo que era claramente su responsabilidad. De todos sus errores hace reconocimiento, sin culpar a otros, ni excusar su situación.

En el Salmo 27:1 David escribió que Jehová era su luz.

Uno reconoce la luz cuando conoce la oscuridad, y la falsa luz. En ese sentido, entendemos que David halló en Jehová una constante iluminación.

Mirando las estrellas, leyendo día y noche la Ley, reflexionando sobre Dios y Sus tratos con Israel, David tuvo una visión de la adoración verdadera a Jehová que trascendió a cualquier otro rey. De David fue el deseo de edificar un lugar de adoración a Dios: el Templo. No lo construye él, pero aporta todo lo necesario para el éxito de la edificación, que asumiría su hijo, Salomón.

Más de 12 años mediaron entre la unción real de David para gobernar Israel, y la entronización a los 30 años en Hebrón. Sus años de fugitivo, huyendo de Saúl, fueron un proceso purificador.

De ello aprendemos que, si queremos que Jehová haga algo con nosotros, es necesario atravesar esos períodos "oscuros". Crisis internas, confrontaciones con los propios conceptos de Dios, y demás problemas personales, pueden hacernos sentir que se está en un túnel.

La oscuridad es total... a menos que decidamos que Jehová nos ilumine, sea nuestra luz. Como lo decidió David.

También David vivió crisis intensas.

Analizando su vida, encontramos que enfrentar a Goliat fue su más fácil batalla.

David tuvo que tratar con graves problemas con sus hijos (uno de ellos abusó de una de sus hijas, para luego ser asesinado por Absalón, otro hijo de David, que traicionó a su padre posteriormente).

Conspiraciones, traiciones, eran parte de la vida de David.

No faltaron en su vida los errores, los desaciertos, y el pecado.

¿Es posible sentirse salvado en medio de ese tipo de problemas?

Veamos algunas expresiones de angustia de David, recogidas en los Salmos:

Salmo 25:16-19
Dirige tu rostro a mí, y muéstrame favor; porque estoy solitario y afligido. 17 Las angustias de mi corazón se han multiplicado; de los apuros en que me hallo, oh, sácame. 18 Ve mi aflicción y mi penoso afán, y perdona todos mis pecados. 19 Ve cuántos han llegado a ser mis enemigos, y con odio violento me han odiado.

Salmo 34:6
Este afligido llamó, y Jehová mismo oyó. Y de todas sus angustias Él lo salvó.

Salmo 40:17
Pero yo estoy afligido y soy pobre. Jehová mismo me toma en cuenta. Tú eres mi auxilio y el Proveedor de escape para mí. Oh Dios mío, no tardes demasiado.

Salmo 69:29
Pero yo estoy afligido y dolorido. Que tu propia salvación, oh Dios, me proteja.

Salmo 70:5
Pero yo estoy afligido y soy pobre. Oh Dios, de veras obra rápidamente a favor de mí. Tú eres mi ayuda y el Proveedor de escape para mí. Oh Jehová, no tardes demasiado.

Mención especial merece el Salmo 34.

Dice el encabezado: De David, en la ocasión en que disfrazó su cordura ante Abimélec, de modo que este lo expulsó, y él se fue.

El relato de 1 Samuel 21:12-22:2 es revelador:

Y David empezó a tomar estas palabras en su corazón, y
le dio muchísimo miedo a causa de Akís el rey de Gat. 13 De modo que disfrazó su cordura ante los ojos de ellos y empezó a hacerse el loco en mano de ellos, e hizo de continuo signos de cruz en las hojas de la puerta, y dejó correr la saliva por la barba. 14 Por fin Akís dijo a sus siervos: “Aquí ven ustedes a un hombre que está portándose como un loco. ¿Por qué deben traérmelo? 15 ¿Me hacen falta personas que se hayan vuelto locas, para que hayan traído a este para que se porte como un loco junto a mí? ¿Debe entrar este en mi casa?”. 22 De modo que David procedió a irse de allí y a escapar a la cueva de Adulam; y sus hermanos y toda la casa de su padre llegaron a oírlo y se pusieron a bajar allí a donde él. 2 Y todos los hombres que estaban en situación de angustia y todos los hombres que tenían un acreedor y todos los hombres amargados de alma empezaron a juntarse a él, y él vino a ser jefe sobre ellos; y llegaron a estar con él unos cuatrocientos hombres.

Sí. David escapó de ante Akís, rey de Gat, en la ciudad natal de Goliat, por hacerse el loco.

Nada de aquel muchacho seguro de sí mismo que enfrentó a Goliat. Este hombre tuvo miedo.

Reconoció que estaba en desventaja, acudió a Jehová en oración, y Jehová lo salvó. Lo salvó porque Akís creyó que de verdad David estaba loco, aunque después fueron aliados.

David experimentó en todos los aspectos de su vida que Jehová era su salvación.

Jehová lo salvó de Goliat, de Saúl, de los filisteos, de Akís, lo salvó de otros enemigos políticos y militares. También Jehová fue la salvación de David, por salvarlo del pecado, perdonándolo, guiándole, dándole la oportuna ayuda de diversas personas que en el momento preciso fueron un socorro para David.

Realmente este breve análisis del Salmo 27:1 nos muestra que Jehová es luz y salvación. Lo fue para David, y lo puede ser para nosotros también.


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