8 de noviembre de 2010

T O D A S las cosas las puedo en Cristo que me imparte poder

Hemos tenido situaciones en las que nos hemos sentido débiles y que no podemos más. Con unas ganas ENOOORMES de tirar la toalla. Pero es en esas situaciones en las que la Biblia nos enseña "diga el débil, fuerte soy".

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Se dice que la mujer es un vaso más frágil, o delicado, pero pocos reconocen que el hombre también lo es. Todos somos débiles y esto se manifiesta en circunstancias, para unos en la abundancia y para otros en la escasez. Hemos tenido situaciones en las que nos hemos sentido débiles y que no podemos más. Pero es en esas situaciones en las que la Biblia nos enseña: "diga el débil, fuerte soy".

Todos somos frágiles
El Salmo 39.4. “Hazme saber, Jehová, mi fin, Y cuánta sea la medida de mis días; Sepa yo cuán frágil soy”.

¿Nos hemos dado cuenta de qué situaciones nos quiebran, esas en las cuales hemos expresado debilidad y sentimos que no podemos más?

Unos son más frágiles que otros, pero todos somos frágiles en alguna medida. El salmista decía: “Señor, enséñame cuán frágil soy”. Sí, Jehová sabe que somos polvo, y frágiles. Y también es vital que uno lo sepa, que uno sepa cuán frágil o qué tan fuerte ha sido en las situaciones por las que ha pasado en la vida.

No siempre que lloramos es porque estamos quebrantados por Dios. Algunas veces lo hacemos de agradecimiento y otras de amor. Pero uno mismo sabe cuando está pasando por una situación difícil y llora de aflicción. Esas son las veces que uno ha dicho: “ya no aguanto, ya no soporto más”. Esos son los momentos en que nuestra debilidad ante una situación se manifiesta.

En esos momentos de fragilidad emocional, podemos entender que los problemas son la oportunidad para ver a Dios hacer milagros, para que Su poder se manifieste.


No importa qué tan fuerte sea la situación, Dios está en tu casa o en tu oficina sereno, templado, ejerciendo dominio sobre las cosas. Tú tienes ganas de salir corriendo, pero si Dios te abriera los ojos, entonces lo verías sobrio, con una mirada serena diciéndote: “¿Qué te pasa?, ¿acaso no estoy contigo?, ¿no te prometí que yo estaría todos los días a tu lado? Yo te fortaleceré.” El Salmo 39:7 dice: “Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti”.

Somos débiles, pero podemos declarar que somos fuertes en Él. Dios no dice que no seamos débil, dice que tengamos fe, que se es fuerte en Él. Pero no saldremos de la aflicción si seguimos diciendo con nuestra propia boca “estoy mal, me muero”.

Cuidado con lo que pedimos en oración...

En Proverbios 30.7-8 dice: “Dos cosas te he demandado; no me las niegues antes que muera: vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; no me des pobreza ni riquezas; mantenme del pan necesario”.

Cuando uno lee esto, puede concluir que es una buena oración. Parece bonita y humilde, pero cuando continúa leyendo el siguiente verso, se da cuenta de los motivos del corazón que llevó a este hombre a orar así, y no revelan algo tan bueno. Dice el verso 9 de ese capítulo: “No sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, Y blasfeme el nombre de mi Dios”.

¿Por qué hacía esta oración? Porque él era frágil ante las dos circunstancias de la vida, la abundancia y la escasez. El se conocía y temía tener riquezas, ya que su corazón no soportaría la abundancia sino que se llenaría de orgullo y altivez. También temía que la pobreza lo empujara a robar, pecando. Por lo tanto, este hombre está revelando que no tenía ni humildad ni honestidad en su corazón, sino que tenía falta de carácter para sobrellevar esas dos circunstancias de la vida. El está diciendo: “no me des riqueza ni tampoco me des pobreza. Mantenme del pan diario, no sea que si prospero me olvide de ti y si soy pobre, vaya a blasfemar tu nombre”.

En otras palabras, él va a estar bien con Dios solamente si tiene el sustento del día. No está diciendo: “Señor, yo no voy a blasfemar sin importar si soy pobre o rico”, como todos deberíamos confesar. El dice: “Solo dame lo necesario del día, no sea que blasfeme”. La verdadera y genuina oración sería: “Señor, no importa si tengo o no riquezas, yo igual te amo en todo tiempo, en escasez o en abundancia”.

Hay personas a las que la escasez los aparta de Dios. Nuestra oración debe ser: "Padre, aunque me falte el pan para comer, seguiré amándote y obedeciendo tus mandamientos".


En las buenas y en las malas, en la abundancia y en la escasez...

Filipenses 4.10-13
"En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece."

El Apóstol Pablo hace aquí una confesión muy distinta. El dice: "No importa si estoy en pobreza o en riqueza, en abundancia o en necesidad. No voy a robar ni me voy a enorgullecer, porque Cristo me da la fuerza para soportar ambos extremos. No importa qué tenga, siempre seré obediente a Dios y le serviré". Esto refleja carácter.

Tú puedes ver la pobreza que tienes en algún momento o puedes ver la riqueza que tendrás después. O puedes ver el carácter que fue formado en esos momentos. Esa fortaleza que te da Cristo, es el carácter que Él quiere formarte.

A vivir se aprende metiendo la Palabra de Dios en tu corazón. Cuando falta o sobra, lo que importa no es lo que tienes, sino el carácter que tienes para soportar lo que tienes. ¿De qué está hablando el apóstol Pablo? De que todo lo podamos, sea una situación u otra.

El que crea que su posición económica le afecta su relación con Dios, sea de pobre o rico, haga la oración que hizo el hombre de Proverbios. Pero si uno es como Pablo, que no importa cuál es la situación, uno siempre va a estar parado confiando en Jehová, creyendo y sirviendo, te lo dé o no te lo dé. Tú puedes, entonces, decir como él: "todo lo puedo en Cristo que me fortalece", o "para todas las cosas tengo la fuerza en virtud de aquel que me imparte poder".

Pablo también dijo: "¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?" (Romanos 8.35), y añadió que ni la vida ni la muerte, que no habría ángel o demonio, y que no habría circunstancia alguna que lo separaría del amor de Dios en Cristo Jesús. Fortaleza es lo que necesitamos de Dios para permanecer junto a Él en cualquier circunstancia, y Él la quiere dar.

¿Cómo está mi relación con Dios? ¿Acaso está de acuerdo a mi situación económica? ¿O tengo una buena relación con Dios sin importar lo que tenga? Debo ser sincer@ para que pueda formar carácter.

¿Cómo ha variado mi matrimonio según lo que tengo? Porque para los que se aman, no importa si duermen en catre o en cama; si alquilas o tienes casa propia; o si andas en bus o en automóvil. En cualquier circunstancia, el amor debe permanecer fuerte.

¿Cómo estás en tu salud? Sano o con enfermedades, seguiré amando y sirviendo a Jehová. 

¿Cómo estás en tu vida sentimental? Soltero o en noviazgo debes permanecer firme. Tu fuerza y tu fortaleza siempre tiene que ser Jehová y su amor por ti.

Yo no sé cuál es tu situación, no sé por qué estás pasando, si por riqueza o pobreza, pero mi deseo es que Jehová y Cristo sean tu fortaleza. Así como lo son para mí. No te pierdas si tienes o no. Dios te quiere guiar, enseñar, prosperar, verte feliz, pero sobretodo quiere que aprendas a formar carácter y fortaleza en tu ser interior.


Cuando creas que no puedes más, di: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece".
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