24 de abril de 2010

Tú vales para Dios: Salmo 18


¿Sabe cuál es el objeto más costoso que existe?


Es la Estación Espacial Internacional,
con un costo de 100.000 Millones de Dólares



Archivo:STS130 ISS.jpg


Y, ¿uno?

¿Cuánto vale uno?

Independientemente de la opinión que uno tenga de sí, uno tiene valor propio. Y particularmente sabemos que para Jehová, somos de gran valor. Lo indica la Biblia:

También me sacó a un lugar espacioso;
me rescató, porque se complació en mí.


Salmo 18:19
La Biblia de las Américas

Pero puede ser que ahora, en este momento, los problemas nos hagan creer que no valemos mucho. Y, nos preguntamos lo siguiente:


¿Es posible que algún día se acaben mis angustias?

¿Realmente se resolverá el problema que me preocupa?



La Biblia nos ayuda a saber cuánto valemos para Dios, y si existe esperanza real de que se acaben nuestros problemas.

Sí.

Es posible que las angustias se acaben. Es problema que se resuelvan los problemas que tenemos.

Y la garantía la hallamos al leer el Salmo 18. Compuesto por David, su encabezado nos da las circunstancias que inspiraron este Salmo:
Al director. Del siervo de Jehová, de David, que habló a Jehová las palabras de esta canción el día en que Jehová lo hubo librado de la palma de la mano de todos sus enemigos y de la mano de Saúl. Y procedió a decir:

Sí, David cantó a Jehová una canción el día en que Jehová lo libró de todos sus enemigos, incluyendo a Saúl.

Porque sí sabemos cuándo comienza una situación angustiosa, un problema que parece no tener salida. Pero, ¿sabe uno acaso el día del final del problema?

Lo que sí tenemos claro es que hay un día final, un día en que se acaba el problema. Y si uno ha depositado toda su fe y confianza en Jehová, entonces es el momento de expresar gratitud a Dios por ser leal con uno en esos momentos en los que provoca salir corriendo, pero Jehová está allí.

Ciertamente, David terminaba de pasar por un tiempo de terrible prueba. Saúl había puesto un precio sobre su cabeza y lo había perseguido sin descanso, tanto así, que él estaba forzado a dormir en cuevas, guaridas, y campo abierto.

Este Salmo describe el final de la angustia de David, pero su escritura es como si viviera en tiempo real la angustia:

Las sogas de la muerte me rodearon; avenidas impetuosas de [hombres] que no servían para nada también siguieron aterrorizándome. 5 Las sogas mismas del Seol me cercaron; los lazos de la muerte se presentaron delante de mí. 6 En mi angustia seguí invocando a Jehová, y a mi Dios seguí clamando por ayuda. Desde su templo él procedió a oír mi voz, y mi propio clamor ante él por ayuda ahora entró en sus oídos.

Salmo 18:4-6

Es como si la muerte rodeara a David, como una soga rodea a una persona. Los enemigos de David venían a él como un torrente de agua imparable. ¿Qué hizo David, que debemos hacer nosotros cuando nuestros problemas parecen inundarnos?

En mi angustia seguí invocando a Jehová, y a mi Dios seguí clamando por ayuda. Desde su templo él procedió a oír mi voz, y mi propio clamor ante él por ayuda ahora entró en sus oídos.

Salmo 18:6

David en la angustia siguió invocando, clamando por ayuda divina. Cual hijo con su padre, David sabía que sólo Jehová podía ayudarle. Tenía certeza en el poder de la oración. Porque la oración es poderosa, y es respondida por Dios siempre.

¿Cómo respondió Jehová?

Y la tierra empezó a sacudirse y a mecerse, y los fundamentos mismos de las montañas se agitaron, y siguieron sacudiéndose de aquí para allá porque él se había encolerizado. 8 Humo subió de sus narices, y de su boca fuego mismo siguió devorando; carbones mismos flamearon desde él. 9 Y procedió a doblar los cielos hacia abajo, y a descender. Y había densas tinieblas debajo de sus pies. 10 Y vino cabalgando sobre un querubín, y vino volando, y vino a vuelo rápido sobre las alas de un espíritu. 11 Entonces hizo de la oscuridad su escondrijo, todo en derredor de sí como su cabaña, aguas oscuras, espesas nubes. 12 Del resplandor enfrente de él hubo sus nubes que pasaron, granizo y brasas ardientes de fuego. 13 Y en los cielos Jehová empezó a tronar, y el Altísimo mismo empezó a dar su voz, granizo y brasas ardientes de fuego. 14 Y siguió enviando sus flechas, para esparcirlos; y disparó relámpagos, para ponerlos en confusión. 15 Y los cauces de las aguas se hicieron visibles, y los fundamentos de la tierra productiva quedaron al descubierto a causa de tu reprensión, oh Jehová, de la ráfaga del aliento de tus narices. 16 Estaba enviando desde lo alto, estaba tomándome, estaba sacándome de grandes aguas. 17 Estaba librándome de mi fuerte enemigo, y de los que me odiaban; porque eran más fuertes que yo. 18 Siguieron presentándose delante de mí en el día de mi desastre, pero Jehová llegó a ser como un apoyo para mí.

Salmo 18:7-18

Se enfrentaba David con alrededor de 500 hombres al ejército de miles de Israel, encabezado por Saúl. Pero no podía David hacer otra cosa que esperar a Jehová, a que Él actuara.

Las armas de Jehová para defender a David eran sus querubines, fuego, granizo, brasas ardientes. Literalmente no sucedió una demostración de ese tipo para que Jehová librara a David, pero el hecho es que de haber sido necesario, Dios lo hubiese hecho.

Los querubines, seres espirituales sostenedores de la Majestad y la Soberanía de Dios en todo el Universo, saben cómo operar. En Ezequiel 1, y Apocalipsis 4 aprendemos más de esos seres:



Sus cabezas en apariencia de Águila, Hombre, Toro y León, sus 3 pares de alas, y el estar llenos de ojos, como lo describe Ezequiel 1, les capacitan para ejecutar las órdenes de Dios.

Si un ángel aniquiló a 185.000 asirios una noche, y dos ángeles hicieron llover fuego y azufre sobre Sodoma y Gomorra, ¿qué poder operante, dinámico, efectivo posee un querubín? Todos ellos, seres espirituales, alaban y adoran al Gran Dios Jehová y a Su Hijo, Jesucristo.

Pero la clave, la gran razón por la cual David sabía que Dios le salvó fue una sola:

Jehová se complacía en David


La gran razón por la cual uno puede esperar liberación de Dios no es el servicio que uno le dé, o la conducta recta que uno tenga en la vida. Eso está bien. Pero lo que mueve a Jehová a la acción es simplemente esto: ¡Dios se complace de ti! ¡Tú eres de gran valor para él!

En Cantar de los Cantares, se describe: ¡Qué hermosa eres, y cuán suave, oh amor deleitoso! (Cnt. 7:6). Tres de las palabras hebreas en este verso son sinónimas: hermosa (significa preciosa), suave (indicando placer), y deleitoso.

Estas palabras describen pensamientos. Pensamientos de Dios hacia Sus hijos.

Estos mismos pensamientos se encuentran a través de los Salmos: Se complace Jehová en los que le temen, y en los que esperan en su misericordia. (Sal. 147:11). Porque Jehová tiene contentamiento en su pueblo; hermoseará a los humildes con la salvación. (149:4).

Ahora bien, puedo tratar de convencerte de que Dios se deleita en ti diciéndote: ¡Tú eres de gran valor para el Señor! Sin embargo, sólo puedes pensar: Bueno, qué bonito pensamiento. Qué dulce.

Pero esta verdad es más que pensamiento bonito. Es la llave misma para tu liberación de cualquier batalla que hace estragos en tu alma. Es el secreto para entrar en el descanso que Jehová ha prometido. Y hasta que no eches mano de ella -hasta que se convierta en el fundamento de verdad en tu corazón-¡no podrás soportar lo que te espera en estos tiempos críticos!

Isaías tuvo una revelación del gran deleite de Dios sobre nosotros. Dijo Isaías:

 Y ahora, esto es lo que ha dicho Jehová, tu Creador, oh Jacob, y tu Formador, oh Israel: “No tengas miedo, porque yo te he recomprado. [Te] he llamado por tu nombre. Eres mío. 2 En caso de que pases por las aguas, yo ciertamente estaré contigo; y por los ríos, no te inundarán. En caso de que andes por el fuego, no te quemarás, ni la llama misma te chamuscará. 3 Porque yo soy Jehová tu Dios, el Santo de Israel tu Salvador. He dado a Egipto como rescate por ti, a Etiopía y Sebá en lugar de ti. 4 Debido al hecho de que has sido precioso a mis ojos, se te ha considerado honorable, y yo mismo te he amado. Y daré hombres en lugar de ti, y grupos nacionales en lugar de tu alma. 5 ”No tengas miedo, porque yo estoy contigo. . . .


Si soy de Dios, esas palabras son para mí. Son una promesa de Dios para mí, cuando atraviese las aguas, ríos o el fuego de las adversidades, sean cuales sean.

Si Jehová me ve como un ser precioso, ¿quién soy yo para verme de otra forma?


Si Jehová me considera honorable, ¿quién soy yo para verme como menos que eso?


Isaías no se estaba refiriendo literalmente a una inundación y a un fuego. Él se estaba refiriendo a lo que el pueblo estaba experimentando espiritual y mentalmente. Las pruebas de todo tipo.

Las palabras de Isaías fueron un mensaje de pura misericordia para Israel. Estaban en cautiverio por su propia estupidez y necedad. Ellos no merecían nada. Pero Dios les envió un profeta llorando y con el corazón quebrantado el cual dijo: ¡Dios quiere que yo les diga que ustedes le pertenecen a él!

Ahora mismo, uno puede estar pasando por un remolino. Sentirse abrumado por una tentación que amenaza con encender y consumir la propia vida espiritual. Y temer que uno puede ser consumido por eso.

Debe uno comprender de estos ejemplos bíblicos: Dios, no siempre calma las aguas. Él no evita que las inundaciones lleguen. Él no siempre apaga el fuego. Mas sin embargo, lo que él promete es esto: ¡Caminaré contigo en todo! Esta prueba o circunstancia no te va a destruir. No te quemará ni te ahogará. Así, que camina hacia adelante. ¡Saldrás al otro lado conmigo a tu lado!

Eso era todo lo que los tres jóvenes hebreos necesitaban escuchar. Cuando fueron echados al horno de fuego, un cuarto hombre estaba con ellos: un ángel de Jehová. No se quemaron. En efecto, ni sus ropas y ni sus cabellos olían a humo. ¡Este mismo tipo de liberación es la que Dios quiere traer a nuestras circunstancias!

¿Cuál es la motivación de Dios para querer liberarte? ¿Será porque has hecho algo para apaciguarlo? ¿Has aumentado tu tiempo de oración? ¿Pasas más tiempo leyendo las Escrituras? ¿Has prometido no fallarle más? Isaías tuvo la verdadera revelación: Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé;...no temas, porque yo estoy contigo... (Is. 43:4-5).

Dios le estaba diciendo a Israel: Vas a pasar por fuego y aguas -pero voy a caminar contigo en todo. Y al final, te voy a liberar, ¡sencillamente porque eres mío! Te conozco por nombre. ¡Y eres un deleite para mi corazón!

No importa lo que uno haga para limpiarse o purificarse a sí mismo. Si no confía en el poder de la misericordia de Jehová para salvar por medio de Jesucristo a través de su favor, todas las obras quedan en nada.

Tú dirás: Puedo creer que Dios se deleita en otras personas, mejores que yo. Hay personas que oran y pasan mucho tiempo leyendo la Biblia, y viviendo una vida diferente a la mía.

Tal vez sea difícil creer que una persona turbada y con fallas pueda ser alguien precioso, o de gran valor para Dios.

Él debe estar asqueado de mí, porque mi vida es tan inestable. Tengo problemas que no puedo sobrepasar. Me siento como si estuviera en la casa de los perros. Oh, aún creo que él me ama. Pero, de seguro que el está desilusionado conmigo, ¡porque le he fallado tan a menudo!

Por favor entiende: las maravillosas profecías de Isaías fueron dirigidas a un pueblo que había sido robado, dañado, despojado, atrapado en hoyos o cavidades y echados en prisión, ¡todo por su necedad e incredulidad! Fue a tal punto que Dios les dijo: Ahora, después de todos tus fracasos, vengo a ti con este mensaje de esperanza. ¡Y todo esto es porque eres mío!

Si uno cree que se están cumpliendo profecías bíblicas sobre terremotos en un lugar tras otros, pestes, guerras, etc, ¿por qué no creer en esta profecía de Isaías?


¡No es momento de ceder a un sentimiento de desánimo, desaliento o de sentirse sin valor ante Jehová!

Tal vez te has convencido a ti de que has desilusionado a Dios y que nunca podrás agradarle. Así que no aceptas su amor. Crees que no lo mereces. En cambio, vives como si la ira de Dios estuviera sobre ti. ¡Qué manera más horrible de vivir! Y cómo debe sufrir Dios al ver a sus hijos viviendo así.

Quizás fuiste criado en una familia sin afecto y cuidado. Quizás tu madre o tu padre o tus hermanos te hicieron sentir como si no tuvieras valor. Nunca te sentiste especial o de gran valor para alguien en particular. Nadie te abrazó y te dijo: ¡Te quiero! Eres especial para mí. ¡Estoy tan orgulloso de ti! ¿Cuántos niños han crecido queriendo ser especial para su padre o madre? ¿Y cuántos adultos luchan con el perfeccionismo porque ellos nunca se sintieron preciosos o un deleite para sus padres?

Quizás creciste escuchando frases como: No sirves para nada. No puedes hacer nada bien. ¡Nunca llegarás a nada en toda tu vida! Muchos crecieron sintiéndose absolutamente sin valor, como si ellos no significaban nada para nadie.

Para Jehová, tú siempre has sido alguien precioso, de valor. No importa lo que los demás crean de ti, o tú mismo o tú misma creas de ti. No importa qué clase de vida hogareña tuviste, o cómo eran tus padres terrenales. Nada de eso se puede comparar con el amor de tu Padre celestial. Desde el día en que naciste, has sido especial para Él.