Lo + nuevo

Qué es el canon de la Biblia




Se afirma que la Biblia es inspirada de Dios. Ciertamente otros libros sagrados afirman provenir de una fuente sobrenatural o sobrehumana. Entonces, ¿qué hace la diferencia entre la gran variedad de libros sagrados que existen y la Biblia? ¿Qué asegura que los 66 libros que componen la Biblia son realmente los que deberían estar allí colocados?

La Biblia afirma dentro de sus páginas ser un libro inspirado de Dios, que fue Jehová Dios Quien por espíritu santo guió la escritura de lo que durante 16 siglos se fue compilando y que actualmente conocemos como la Biblia.

Analizando este asunto lógica y racionalmente, sabemos que la mera escritura de un libro que afirme ser sagrado, su conservación a través de los siglos y su aceptación multitudinaria no prueba que sea de origen divino.

Un libro inspirado por Dios mismo debe tener las credenciales de paternidad literaria divina que demuestren que Jehová lo ha inspirado.

Eso nos dirige a examinar las credenciales de los escritores bíblicos.

Por ejemplo, Moisés fue el primer escritor de la Biblia. Fue el escritor de los primeros 5 libros de la Biblia: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Job, y los Salmos 90 y 91.

Moisés comenzó la escritura de las primeras porciones de la Biblia en 1513 a. C.

¿Qué prueba interna evidencian los escritos de Moisés que indiquen el origen divinamente inspirado de lo que él escribió?

Pensemos por un momento en la motivación de Moisés.

Moisés no llegó a ser el Líder de Israel por iniciativa propia, pues al principio incluso se mostró remiso a aceptar tal responsabilidad (Éx 3:10, 11; 4:10-14). Fue Jehová Dios quien lo escogió para ser el Líder de la nación israelita, y lo invistió de poderes milagrosos, que incluso los sacerdotes practicantes de magia de Faraón tuvieron que reconocer que lo que Moisés hacía se originaba de Dios (Éx 4:1-9; 8:16-19).

Moisés no fue orador ni escritor por ambición personal, como si buscase ganar las elecciones, o ganar fama o dinero.

Moisés obedeció las órdenes de Dios y con las credenciales divinas del espíritu santo, fue motivado a escribir (Éx 17:14).

Fue Jehová mismo quien sentó el precedente de poner por escrito leyes y mandamientos. Después de hablar con Moisés en el monte Sinaí, ‘procedió a darle dos tablas del Testimonio, tablas de piedra en las que el dedo de Dios había escrito’ (Éx 31:18).

“Y Jehová pasó a decir a Moisés: ‘Escríbete estas palabras’” (Éx 34:27).

Jehová fue el que se comunicó con Moisés y le mandó que pusiera por escrito y conservara los cinco primeros libros del canon bíblico. Así que estos primeros 5 libros de la Biblia o Pentateuco tuvieron desde el inicio el sello de aprobación divina.

“Tan pronto como Moisés hubo acabado de escribir las palabras de esta ley en un libro”, les mandó a los levitas: “Tomando este libro de la ley, ustedes tienen que colocarlo al lado del arca del pacto de Jehová su Dios, y allí tiene que servir de testigo contra ti” (Dt 31:9, 24-26). Israel reconoció este registro de los tratos de Dios y no negó los hechos. Ya que en muchas ocasiones el contenido de los libros desacreditó a la nación en general, sería lógico que el pueblo los hubiera rechazado de haber sido posible, pero al parecer nunca se pusieron en tela de juicio. ¿Por qué? Porque eran la palabra de Dios escrita.

Después de la muerte de Moisés, se añadieron otros escritos inspirados por el espíritu santo: los de Josué, Samuel, Gad y Natán (Josué, Jueces, Rut y 1 y 2 Samuel). Los reyes David y Salomón también contribuyeron a la ampliación de la Biblia.

Luego los profetas, de Jonás a Malaquías, cada uno con su propia aportación al canon bíblico, cada uno facultado por Dios con el don milagroso de la profecía, cada uno con las credenciales de profeta verdadero estipuladas por Jehová, a saber, hablar en Su nombre, cumplirse la profecía y volver a la gente hacia Dios (Dt 13:1-3; 18:20-22). Cuando se probó a Hananías y a Jeremías con relación a los dos últimos puntos (ambos hablaron en el nombre de Jehová), solo las palabras de Jeremías se realizaron. De este modo demostró que era el profeta de Jehová (Jer 28:10-17).

De modo que el punto clave que permite afirmar el carácter divinamente inspirado de la Biblia es el accionar de la elección de Dios de estos hombres que guiados por el espíritu santo pusieron por escrito lo que Jehová deseaba que se escribiera

Esto hace surgir una pregunta:


¿Cómo fueron “inspirados” por espíritu santo los escritores de la Biblia?

El corazón y la mente son la sede de nuestras emociones, sentimientos, pensamientos, imaginaciones, esquemas anímicos, patrones de comportamiento. Lo que sabemos, entendemos, concluimos, y llevamos a cabo está ligado a lo que tenemos en el corazón y la mente.



Los escritores bíblicos eran hombres de carne y hueso, comunes y corrientes. Pero eran hombres que fueron escogidos por Jehová, como vimos en el caso de Moisés, y en el caso de los profetas, y demás escritores de la Biblia.

El haber sido elegidos por Dios los hacía hombres diferentes. Pensaban diferente, sentían diferente, hablaban distinto al resto de los hombres de su época.

Estos hombres diferentes eran obedientes, con fe, que estuvieron dispuestos a ser guiados por Dios toda su vida. Eran imperfectos, pero satisficieron las normas divinas al grado que Jehová había establecido para ellos.

Estaban bajo el poder guiador y controlador de Jehová al poner por escrito lo que Dios les indicaba que escribieran. Tal como la “mano” de Jehová podía hacer que sus siervos hablasen o guardasen silencio en tiempos señalados (Eze 3:4, 26, 27; 33:22), también podía hacer que escribieran o que no lo hicieran; podía impulsar al escritor a mencionar ciertos asuntos o impedirle incluir otros. El resultado final siempre sería lo que Jehová deseaba.



Esa dirección divina fue recibida por estos hombres, tal como declaró Pablo “de muchas maneras” a sus siervos en tiempos precristianos (Heb 1:1, 2).

Los Diez Mandamientos o Decálogo, los proveyó Dios en forma escrita, de modo que Moisés solo tuvo que copiarla en los rollos o en cualquier otro material.

En otros casos, la información se transmitió palabra por palabra, al dictado. Cuando se presentó el extenso conjunto de leyes y estatutos del pacto de Dios con Israel, Jehová le dijo a Moisés: “Escríbete estas palabras” (Éx 34:27). A los profetas también se les dieron con frecuencia mensajes específicos que debían transmitir, mensajes que luego se pusieron por escrito y forman parte de las Escrituras (1Re 22:14; Jer 1:7; 2:1; 11:1-5; Eze 3:4; 11:5).

El método más comúnmente usado por Dios para transmitir información a los escritores de la Biblia fueron los sueños y las visiones. Los sueños o visiones de la noche, fueron imágenes o esquemas de imágenes del mensaje o propósito de Dios en la mente de la persona dormida (Da 2:19; 7:1).

Las visiones dadas en estado consciente fueron un método aún más frecuente de comunicar los pensamientos de Dios a la mente del escritor, y en estos casos la revelación se impresionaba por medio de imágenes nunca antes vistas en la mente consciente (Eze 1:1; Da 8:1; Rev 9:17).

Algunas visiones se recibieron cuando la persona estaba sumida en un trance. Aunque consciente, estaba absorta, sus sentidos estaban enfocados por la visión que recibía durante el trance que no se daba cuenta de nada de lo que sucedía a su alrededor (Hch 10:9-17; 11:5-10; 22:17-21).

En muchas ocasiones Dios usó a mensajeros angélicos para transmitir sus mensajes (Heb 2:2). Puesto que los ángeles hablaron en el nombre de Jehová, al mensaje que presentaron se le podía llamar la “palabra de Jehová” (Gé 22:11, 12, 15-18; Zac 1:7, 9).

Fue Jehová el Autor intelectual del contenido de la Biblia, pero fueron hombres los que escribieron los relatos, aportando su estilo personal, su experiencia y su particular visión sobre los asuntos, sin alterar lo que Jehová les había transmitido.



Recordemos que es Dios Quien conoce el contenido completo de lo que cada persona tiene en su mente y corazón. Así que no es difícil entender que Jehová, Creador de la Mente y el Corazón Humanos, haya colocado Él los conocimientos, las imágenes, ideas y pensamientos de Su Voluntad y Propósito, que deseaba que estuviese registrado en la Biblia.

¿Hubiera podido Moisés de su propia autoría intelectual haber iniciado el Génesis de la forma que lo hizo?

¿Hubiera podido saber por sí mismo, pensando, imaginando o hablando con otras personas mayores las conversaciones que Jehová sostuvo en el Cielo sobre la integridad de Job?

¿Era tan buena la imaginación de Ezequiel como para inventarse la visión del Carro-Trono de Dios?

La respuesta a todas estas preguntas es la misma: fue Jehová quien con Su espíritu santo inspiró el contenido de las Escrituras.

Independientemente de los medios que Jehová usara para transmitir los mensajes, todas las Escrituras tienen el mismo valor, pues todas fueron inspiradas por Dios.

Jehová inspiró a hombres a escribir su palabra, y dirigió y vigiló la recopilación y conservación de estos escritos inspirados, a fin de que la humanidad dispusiera de la información que Jehová deseaba transmitirnos.

Según la tradición judía, Esdras, un sacerdote, participó en esta labor de compilar los escritos bíblicos inspirados por espíritu santo. Estaba capacitado para la tarea, pues fue uno de los escritores bíblicos inspirados, sacerdote y también “copista hábil en la ley de Moisés”

De modo que la canonicidad de un libro bíblico no depende de que lo acepte o rechace un consejo, comité o comunidad de hombres. La voz de tales hombres no inspirados solo tiene un valor testimonial con respecto a lo que Dios mismo ya ha hecho mediante sus representantes acreditados.



Con la tecnología de Blogger.