23 de septiembre de 2010

¿Qué pide Dios de TI?


En cierta ocasión, Jesucristo, ya resucitado, se apareció a sus apóstoles en el Mar de Galilea. Toda la noche trataron de pescar y nada. No lograron pescar nada.


Esa fue la ocasión en la que milagrosamente pescaron 153 peces, peces grandes.


El Maestro necesitaba grabar en la mente de sus apóstoles qué rumbo debían seguir. Ya Él no estaría. Pero estaban ellos, para continuar con lo que Él empezó.


A Pedro instruyó con amor esta orden:


Pastorea mis ovejas.


Y eso hizo Pedro: pastorear, cuidar de quienes fueran seguidores de Jesús. Las ovejas eran de Jesús, no de él. Eran seguidores de Jesús, no de Pedro. Pedro era el pastor.



¿Por qué a las personas que deciden seguir a Jesús se les compara a ovejas? Es una constante en la Biblia. El Salmo 23 dice que Jehová es el Pastor, y que nada le falta a sus ovejas. Y Jesucristo dijo ser ese Pastor excelente de las ovejas. Las ovejas son animales dóciles, mansos, que requieren la defensa y guía de su pastor. Se pierden y desparraman, y si quedan a merced de sus enemigos, pueden morir.

Las ovejas se dejan llevar y siguen fielmente a su pastor. Pueden aprender a reconocer su voz y a responder únicamente a esta. Un libro, el Researches in Greece and the Levant (de J. Hartley, Londres, 1831, págs. 321, 322) lo indica así:

“Como la noche anterior me había fijado en las palabras de Juan X. 3 [...], le pregunté a mi asistente si en Grecia era común poner nombre a las ovejas. Su respuesta fue afirmativa, y añadió que las ovejas obedecían al pastor cuando las llamaba por nombre. Esta mañana se me presentó la oportunidad de comprobar la veracidad de su comentario. Al pasar junto a un rebaño de ovejas, hice al pastor la misma pregunta que antes había hecho a mi sirviente, y obtuve la misma respuesta. Luego le pedí que llamara a una de sus ovejas. Lo hizo, y al instante la oveja abandonó el prado en el que se hallaba y a sus compañeras y corrió contenta hacia los brazos del pastor, con una presurosa obediencia como jamás había visto en ningún otro animal. También se cumple en este país que al extraño no seguirán, sino huirán de él [...]. El pastor me dijo que muchas de sus ovejas todavía eran salvajes y aún no habían aprendido su nombre, pero que, con el tiempo, todas lo aprenderían.”





Las personas que empiezan a seguir a Jesús son como ovejas. Por eso el Maestro instruyó sobre la necesidad de contar con un pastor que les guíe.

Un pastor espiritual es casi como un pastor literal. El pastor literal estaba expuesto al calor, al frío y a noches en vela, y a veces arriesgaba su vida para proteger al rebaño de los depredadores, como leones, lobos y osos, y también de los ladrones.

El pastor tenía que evitar que el rebaño se esparciese, tenía que buscar a las ovejas perdidas, llevar en su seno a los corderos débiles o cansados y cuidar a los enfermos y heridos, vendando los miembros que tuvieran rotos y frotándoles las heridas con aceite de oliva. Debía tener cuidado cuando pastoreaba a las ovejas que estaban criando. El pastor abrevaba al rebaño diariamente, por lo general alrededor del mediodía.


Si todo eso hace un pastor literal, un pastor espiritual es muy similar. Un pastor guía, instruye dando unidad y cohesión en torno a la adoración a Jehová, da orientaciones, sin obligar ni coaccionar a la gente a que haga esto o aquello, da palabras de ánimo, de motivación para que otros perseveren y luchen tenazmente por su fe. A quienes están heridos en su corazón, les dice palabras espirituales que ayuden a la persona a sanar las heridas de su corazón. Les de agua y alimento espiritual, en formas diversas.


La labor del pastor no es la de ser amo o dueño de la fe de otros. La fe de cada persona es responsabilidad de cada persona. Él, o ella, cumplen con su responsabilidad de guiar, espiritualmente. Un pastor es un facilitador, un guía. No es quien decide, no es quien toma las riendas de tu vida. Eso debe hacerlo la oveja. 


¿No es contradictorio con la relación pastor-oveja, que sea la oveja la que decida por sí misma? No. El que se compare un creyente a una oveja, no es una comparación al 100%. Un creyente es uan persona hecha a imagen y semejanza de Dios, tiene facultades y capacidades espirituales, mentales y emocionales que poner a funcionar, y así actuar en su vida.


Muchas personas buscan alguien que les diga qué creer, qué decir, cómo actuar. Eso es ser una especie de niñero. Y hay personas que gustan de hacerse sentir dueñas de la fe de otros, y de dominar sobre la vida de otras personas, controlando desde qué ropa ponerse, cómo maquillarse, qué música escuchar, etc. Esos son los lobos opresores de ovejas, los que gozan de tener poder sobre otros manipulando las vidas de quienes quieren ser ovejas de Cristo. Los que están faltos de autoestima y amor propios que necesitan que 100 ó 1000 personas les inflen el ego en forma de adulaciones, aplausos y palabras de admiración.


Son los que necesitan títulos, ser reconocidos por otros como "piadosos", "espirituales", como personas que son ejemplos para otros. 


(Si al leer estas palabras pensaba en alguien conocido, ¿cree que es mera coincidencia?).


¿Qué significa eso de guiar espiritualmente?


En esa adoración genuina al Padre con espíritu y con verdad, debe haber un orden de prioridades. Primero, es amar y adorar a Dios, y eso es lo que constituye la base de lo que Jesucristo enseñó. Si lo primero para el pastor o pastora, es instruir a otros con un mensaje de "Dios te quiere próspero", o "tienes que hacer tantas horas de servicio a Dios", entonces no hay enseñanza de lo que es primero. Primero, es enseñar a amar a Dios, como Jesucristo expuso en el Primer y más grande mandamiento. 







De Dios recibimos beneficios, todo el día, todos los días. Y por eso Jehová se merece alabanza, gratitud, bendición. Pero mostrar a otras personas que la única razón por la cual se adora a Dios es por el beneficio que se recibe... no es adorar al Padre con espíritu y con verdad. Es egoísmo. 


Cuando Dios y su adoración no están primero, hay fracaso y una sensación de que el espíritu de Dios no está. No puede estar, porque Jehová no da su espíritu santo a quienes le dan el primer lugar a cosas que no son las más importantes.


La pregunta es pertinente:


¿Qué es lo que realmente pide Dios de cada persona?


La respuesta la hallamos en las palabras de Miqueas 6:1-8:


1 «Oíd ahora lo que dice Jehová:
    ¡Levántate, pelea contra los montes
    y oigan los collados tu voz!
    
 2 Oíd, montes
    y fuertes cimientos de la tierra,
    el pleito de Jehová,
    porque Jehová tiene un pleito con su pueblo
    y altercará con Israel.
    
 3 »Pueblo mío, ¿qué te he hecho
    o en qué te he molestado?
    Di algo en mi contra.
    
 4 Te hice subir de la tierra de Egipto,
    te redimí de la casa de servidumbre
    y envié delante de ti a Moisés,
    a Aarón y a María.
    
 5 Pueblo mío, acuérdate ahora qué aconsejó Balac,
    rey de Moab,
    y qué le respondió Balaam
    hijo de Beor,
    desde Sitim hasta Gilgal,

    para que conozcas las justicias de Jehová.
    
 6 »¿Con qué me presentaré ante Jehová
    y adoraré al Dios altísimo?
    ¿Me presentaré ante él con holocaustos,
    con becerros de un año?
    
 7 ¿Se agradará Jehová de millares de carneros
    o de diez mil arroyos de aceite?
    ¿Daré mi primogénito
 por mi rebelión,
    el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma?
    
 8 Hombre, él te ha declarado lo que es bueno,
    lo que pide Jehová de ti:
    solamente hacer justicia,
    amar misericordia
    y humillarte ante tu Dios.



Dios pide a Israel que le escuche. ¿Qué queja podía tener Israel de Dios? Fue por él que subieron de Egipto. Por mano de Moisés, Aarón y Míriam, o María, Dios guió al pueblo en sus peores momentos. Cuando le quisieron maldecir, Dios hasta hizo que una burra hablara. Si la gente recordaba la historia nacional, vería una y otra vez los beneficios de Dios para ellos.


El profeta Miqueas se pregunta con qué se presentará ante Dios. ¿Con miles de carneros para sacrificio? ¿Con grandes ofrendas del mejor aceite? ¿Con el sacrificio del primogénito de los hijos?


Eso es lo que hoy día se enseña. Que para acercarse a la presencia de Dios, que lo que Jehová pide de cada persona, es sacrificios, una vida abnegada, obras, horas de trabajo, servicio a Dios, diezmos, ofrendas, más dinero, más donaciones.


¿Es eso realmente lo que pide Dios HOY día?


Hombre, él te ha declarado lo que es bueno,
   
lo que pide Jehová de ti:
    solamente:

hacer justicia
amar misericordia 
y humillarte ante tu Dios
Dios ha declarado lo que es bueno, lo que Él pide. Pide misericordia, no sacrificios, no obras de piedad. ¿Qué vale más: mostrar compasión por la gente, o juzgarla, criticarla, y descalificarla, quitándole su dignidad y valor personal? Porque decir que se ama a Dios o al prójimo, pero buscar mil maneras de hacerle daño, o descalificarla, no se puede decir que sea mostrarle amor.


El hacer justicia, el amar la misericordia y el humillarse ante Dios no son cosas difíciles de hacer. No requieren haber estudiado 10 años en Harvard, o de largas meditaciones. Es pensar en lo correcto, en lo bueno, y hacerlo. Es sentir compasión y actuar en compasión. No se trata de ignorar la realidad de los tiempos en que vivimos. Pero vale la pena que examine uno su corazón: ¿se está volviendo un corazón como el de un niño, o está lleno de amargura, odio y resentimiento?


Y el humillarse ante Dios es una actitud de corazón. Tiene que ver con la oración, con qué pensamos de Dios, de su persona. Lamentablemente se confunde religión con Dios, y quien sale perdiendo es Dios.


Muchas personas, que son como ovejas, están en las religiones llamadas cristianas. Van culto a culto, misa a misa, reunión tras reunión, buscando algo. O a alguien. Ese alguien es Dios. Pero lo que oyen son mensajes en los que se usa la Biblia, para enseñar un mensaje que suena repetitivo, cansón, sin sustancia. Un mensaje que no llega al corazón y nos inspira fe ni amor por Jehová.


Y, ¿qué hay de los tiempos en los que estamos viviendo? Estos son tiempos señalados en los que están sucediendo cosas que están predichas en la Biblia. Así que parte de la respuesta de queé es lo que Dios pide HOY, tiene que ver con el esclarecimiento del significado de lo que estamos viviendo.  


¿Qué pide Dios de TI hoy en este tiempo? 


En sus manos está encontrar las respuestas. 

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