22 de septiembre de 2010

Tekel: ser pesado en una balanza por Dios

T e k e l: has sido puesto en la balanza, y no pesas lo que deberías pesar


Daniel 5:27


Esa noche de octubre de 539 a. C., no fue la mejor de Belsasar, rey de Babilonia.


Hizo una gran fiesta, con un exquisito y variado festín, en el que lo mejor de la gastronomía babilonia se servía en la mesa. Los vinos, eran los mejores.


Si uno inicia una fiesta en la noche, y hay la mejor comida, bebida, y están de invitados la crema y nata del país, con música en vivo de fondo con los mejores intérpretes, eso quiere decir que todo estará de maravilla.


Pero a Belsasar las cosas no le salieron bien. De hecho, esa noche murió. En una pared de la sala de banquetes de su palacio, apareció de repente una mano que escribió en la pared 4 enigmáticas palabras, y su significado era:



Y la escritura que trazó es: MENE, MENE, TEKEL, y PARSIN.

Esta es la interpretación del asunto: MENE: Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin.

TEKEL: Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto.

PERES: Tu reino ha sido roto, y dado a los medos y a los persas.
Daniel 5:25-28

Todo se cumplió esa noche. Dios le puso fin al Imperio Babilónico, y este pasó a manos del Imperio Medo-Persa, a cargo de Ciro II, como se predijo en Isaías con casi 200 años de antelación.


Las palabras MENE y PERES, iban dirigidas a Babilonia. ¿Y Tekel? Iban dirigidas a Belsasar. Y sólo a él.

Tekel siginificaba un juicio personal de Dios hacia Belsasar. Era como si Dios hubies puesto a Belsasar en una balanza. Y no resultó del "peso" adecuado ante los ojos de Dios.

¿Cómo entender eso de que Dios pesa en una balanza?

Belsasar cometió un error grave ante Dios: en un momento de borrachera, cometió el sacrilegio de mandar a traer los vasos y copas de oro y plata que eran del Templo de Jehová en Jerusalén. Y lo hizo como una ofensa ante Dios. No se trató de que le faltaban vasos para que la gente tomara. El relato bíblico declara que Belsasar lo hizo y adoró a sus dioses babilonios. Era una humillación para Yavé, que no iba a consentir en tolerar.

Daniel, el profeta de Dios que interpretó el significado de las 4 palabras, dijo a Belsasar:

18 El Altísimo Dios, oh rey, dio a Nabucodonosor tu padre el reino y la grandeza, la gloria y la majestad.
19 Y por la grandeza que le dio, todos los pueblos, naciones y lenguas temblaban y temían delante de él. A quien quería mataba, y a quien quería daba vida; engrandecía a quien quería, y a quien quería humillaba.
20 Mas cuando su corazón se ensoberbeció, y su espíritu se endureció en su orgullo, fue depuesto del trono de su reino, y despojado de su gloria.
21 Y fue echado de entre los hijos de los hombres, y su mente se hizo semejante a la de las bestias, y con los asnos monteses fue su morada. Hierba le hicieron comer como a buey, y su cuerpo fue mojado con el rocío del cielo, hasta que reconoció que el Altísimo Dios tiene dominio sobre el reino de los hombres, y que pone sobre él al que le place.
22 Y tú, su hijo Belsasar, no has humillado tu corazón, sabiendo todo esto.
Daniel 5:18-22

Belsasar no era un ignorante. Conocía de Dios, y cómo trató con Nabucodonosor, su abuelo. Este pasó 7 años de locura... por enorgullecerse ante los ojos de Dios.

Y a pesar de conocer de primera mano esta historia, no hizo ningún esfuerzo de humillar su corazón ante el Dios de los judíos. No era que se esperara que se hiciera prosélito, pero sí que mostrara respeto. Y no lo hizo, porque mandar traer los vasos de oro y plata del Templo para brindar a favor de los dioses babilonios, era un acto de ofensa al Dios de Israel, y lo hizo a propósito.

Todos, al igual que Belsasar, somos pesados en una balanza. No podemos evitarlo. No importa si somos conscientes de ello o no, se nos pesa en una balanza.

¿Cómo entender eso?

Job declaró lo siguiente:

Péseme Dios en balanzas de justicia,
    Y conocerá mi integridad.

Job 31:6

Job hacía referencia a su vida. Su conducta. A cómo habían sido sus obras. Y en base a eso,  pedía a Dios que le pesara, o estableciera en justicia cómo era la naturaleza de los actos de Job.

Porque Dios «pagará a cada uno según lo que merezcan sus obras».
Romanos 2:6

Estas palabras encierran la clave del asunto: son nuestras obras y su naturaleza, las que son pesadas en una balanza, o examinadas por Dios. 

Siempre se entiende que Dios es una especie de Juez implacable. Pero, lo que realmente sucede, es que es nuestro accionar nuestro propio juez. ¿Actuamos bien? Recibiremos la recompensa de quien actúa bien. ¿Se actúa mal? Se recibe la recompensa de quien actúa mal.

Es causa y efecto. Y es uno mismo quien causa, aquello que recibe. En Gálatas 6:7 se expresa este Principio Universal:

No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra.
Gálatas 6:7

Se cosecha lo que se siembra. Sería autoengañarse pensar que no se cumple ese Principio en la vida propia.

¿Qué estamos sembrando? ¿Qué semillas estamos sembrando en el terreno de nuestra mente, de nuestro corazón, de nuestras emociones, de las relaciones que tenemos con otras personas, y con Dios mismo?

Las semillas son pensamientos, ideas, palabras, conversaciones. 

Por supuesto, la idea es que uno mismo pueda hacer ese autoexamen, ese autopesaje en la balanza. Y poder corregir las cosas que pueden ser mejores.

Un paso importante para lograr este objetivo es ser honesto con uno mismo. Ser psicológicamente honesto.




En la Biblia tenemos un ejemplo de esto en Jacob. Isaac estaba por dar la bendición al primogénito de sus hijos, y por eso llama a Esaú. Esaú nació primero, sí, pero no era el que debía recibir la bendición del primogénito. ¿Por qué no? Por 2 razones: porque Jehová eligió a Jacob para ser el primogénito, no a Esaú. Y además, Esaú le vendió a su hermano Jacob la primogenitura por un plato de lentejas.

Esaú, cuando su padre Isaac le dice que lo va a bendecir, no es honesto con su padre. No le dice que él vendió su primogenitura a su hermano Jacob. Ni reconoce que a quien eligió Jehová fue a Jacob su hermano. A Esaú le importaba la fama, el poder, la riqueza de ser el heredero de la bendición de Abrahán.

¿Qué resultado podría esperar Esaú de sus acciones? No podía ser positivo. Engañó, manipuló a su padre, y no admitió su falta de criterio espiritual.

Obviamente, en el relato bíblico, recordamos que Jacob también engaña a su padre, Isaac: 

Pero Jacob le dijo a su madre:

-Hay un problema: mi hermano Esaú es muy velludo, y yo soy lampiño. Si mi padre me toca, se dará cuenta de que quiero engañarlo, y esto hará que me maldiga en vez de bendecirme. 

-Hijo mío, ¡que esa maldición caiga sobre mí! —le contestó su madre—. Tan sólo haz lo que te pido, y ve a buscarme esos cabritos. 

Génesis 27


Jacob ha sido honesto consigo mismo. Es claro con respecto a lo que va a hacer y sin tapujos dice a su madre Rebeca que él quiere engañar a su padre, y como consecuencia, puede recibir una maldición en vez de una bendición por parte de su padre.

Conocemos la historia: Jacob recibe la bendición de su padre. Y al huir de su hermano Esaú, la primera noche que él pasa lejos de su casa se acuesta, pone su cabeza sobre una piedra... y Dios se le aparece en un sueño: el sueño de la escalera.
Así que vemos que a Jacob le va bien, aunque engañó a su padre. ¿No es contradictorio con el Principio de Causa y Efecto? El asunto es más complejo.

No somos solamente pesados en la balanza por nuestros actos. También se pesan los motivos detrás de nuestras acciones.

¿Por qué hacemos o no hacemos algo? Dios, en le caso de Jacob, pesó en la balanza sus motivos. Hay momentos en los que hacer lo que se debe hacer es imprescindible. Dios pudo aparecer en ese momento con una voz del cielo y resolver el asunto. Pero no lo hizo. Jacob hizo lo que hizo por la bendición de Abrahán, y Dios le bendijo.


Dios también pesó positivamente en la balanza la honestidad de Jacob. Él no se escudó en su madre, o en Dios, no culpó ni siquiera su hermano. Asumió que iba a engañar a su padre y punto, salieran bien o mal las cosas.

Si recordamos a Adán confrontado por Dios por su pecado, él culpa a la mujer, y hasta a Dios por haber comido del árbol prohibido. No asumió la responsabilidad por lo que hizo.

¿Es realmente tan importante ser honesto consigo mismo?

Si una persona no lo hace, ¿cómo puede corregir su camino o su vida? No podría hacerlo. 

¿Cómo corregir algo, si en lo más profundo de mi ser personal creo que está bien, es más, creo que hasta Dios me sonríe en los cielos por lo que estoy haciendo?

Eso le sucede al esclavo malo de la ilustración de los talentos. Él le responde al amo sobre el por qué esconde en la tierra:

Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo.

Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí.

Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses.

Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos.

Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.


Mateo 25:24-30

Note el razonamiento de la respuesta del esclavo "malo". No hizo nada con el talento de oro que se le dio para que negociara, porque su amo era exigente, y le dio miedo, y de paso, no sabía la fecha, día y hora de llegada. ¿Quién era el responsable de que el esclavo no hiciera nada? Según él, fue el amo.

¿Por qué no asumió su responsabilidad sin culpar a nadie? Y si sabía que el amo era exigente, ¿no era ese un motivador extra para esforzarse en ir y negociar el talento?

Por eso le echan. Era inútil, no fue productivo, no produjo nada, no hizo nada, y culpa a quien le da la oportunidad de hacer algo para su beneficio.

En resumen: son nuestras obras, y sus motivaciones subyacentes las que Dios pesa en la balanza, una balanza justa. Y de Dios se recibe, acorde a lo que sean nuestros actos y sus motivaciones, y la capacidad de ser honesto con uno mismo que uno tenga, para ser capaz de verse al espejo tal cual uno es, y poder hacer los cambios que ese espejo perfecto de la Palabra de Dios refleje.