27 de octubre de 2010

El oro: metal brillante y símbolo bíblico

Archivo:1 oz of fine gold.jpg
Era el año 1530. El conquistador español Gonzalo Jiménez de Quesada, conoce a los Muiscas, una tribu indígena que vivía en el Altiplano Cundiboyacense, en Colombia. Asombrado, escucha el relato de una ceremonia muisca singular: la elección de un nuevo Jefe de la tribu.


Al morir el Cacique Muisca, el nuevo Cacique era reconocido ante su tribu, por medio de una ceremonia, que se llevaba a cabo en un lugar: la laguna de Guatavita. En la orilla, se quemaba moque (incienso indígena), resinas y otros perfumes. Los sacerdotes de la tribu ungían al nuevo Cacique con una masa pegajosa de tierra, mezclada con oro en polvo. Y a sus pies, colocaban gran cantidad de oro y esmeraldas. Montado en una balsa, dejaba la orilla, y en medio de la música y la algarabía de la gente, llegaba al centro de la laguna. Allí, en medio del silencio, el nuevo Cacique se lanzaba al agua, y tiraba a la laguna todas las ofrendas de oro y esmeraldas que traía en la balsa. Regresaba a la orilla, siendo el nuevo Cacique.


Famosa balsa Muisca evidencia de las ceremonias que dieron origen a la 
Leyenda de El Dorado


¿Qué sucedió después?



Esta historia fue relatada entre los conquistadores, extendiéndose por el norte de Suramérica, descendió al Perú, y de allí pasó, algunos años más tarde, al Río de la Plata. Con la adición de más detalles fascinantes, producto de la imaginación y codicia que despertaba el hallar una laguna llena de oro y piedras preciosas, surgió una leyenda: la Leyenda del Dorado. Y la sola mención de este relato, simboliza el deseo de hallar el más grande e invaluable tesoro, cueste lo que cueste.



Oro... ¿Qué es? ¿Por qué despierta tanta imaginación? Es un metal precioso blando, de color amarillo. Su símbolo químico es Au, del latín aurum, que significa "brillante amanecer". El oro es mencionado en la Biblia,como parte de la belleza y la incalculable riqueza que había en el Edén:

El nombre del primer río es Pisón; es el que rodea toda la tierra de Havilá, donde hay oro. 12 Y el oro de aquella tierra es bueno
Génesis 2:11-12

El oro es más que un metal precioso. Es usado en las Escrituras para simbolizar varias cosas. Una de ellas, es la riqueza. Pero, ¿si comparamos el oro con la sabiduría divina, cuál vale más?

La respuesta la podemos hallar de 3 personajes muy ricos y poderosos diferentes, que poseyeron inmensas fortunas en oro puro: Job, y los reyes Salomón y Ezequías:

El oro más puro no se puede dar en cambio por ella (la sabiduría divina), y la plata no se puede pesar como precio suyo.
Job
Job 28:15

Feliz es el hombre que ha hallado sabiduría, y el hombre que consigue discernimiento, 14 porque el tenerla como ganancia es mejor que tener la plata como ganancia; y el tenerla como producto, que el oro mismo.
Salomón
Proverbios 3:13-14

El conseguir sabiduría es ¡oh, cuánto mejor que el oro! Y el conseguir entendimiento ha de escogerse más que la plata.
Salomón
Proverbios 16:16


Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, así sea oro refinado.
Ezequías
Salmo 119:127


El hallar oro precisa un esfuerzo arduo, tiempo, trabajo duro, tener las herramientas adecuadas y paciencia. La ganancia de quien halla oro, es el tener riquezas, una vida cómoda y próspera. Conseguir oro, o tenerlo, es bueno. Sin embargo, el valor de hallar la sabiduría divina es mayor. Así que el oro, por lo que representa en esfuerzo para hallarlo, y su valor, es símbolo de sabiduría divina. Simboliza lo divino, aquello que es de más valor que lo simple  y cotidiano.

Los elementos más importantes del Tabernáculo, o Templo de Dios, estaban hechos de oro, como lo indica el relato bíblico que describe al Santísimo, el lugar donde estaba el Arca del Pacto, símbolo de la Presencia de Jehová: 

Detrás de la segunda cortina, estaba el compartimiento de la tienda llamado “Santísimo”. 4 En este había un incensario de oro y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la cual estaban la jarra de oro que contenía el maná y la vara de Aarón que echó botones y las tablas del pacto; 5 y por encima de ella estaban los querubines gloriosos que cubrían con su sombra la cubierta propiciatoria. Pero ahora no es el tiempo de hablar en detalle respecto a estas cosas.

Hebreos 9:3-5

El oro además, es símbolo de divinidad, realeza, autoridad, poder divino, la luz de Dios y su presencia.  Por ello, las descripciones que se hacen del Trono de Dios, incluyen al oro. En la Biblia, las referencias que se hacen de Dios, de Jesucristo, o de la Nueva Jerusalén, incluyen al oro.

El oro también simboliza una cualidad espiritual: la fe. Así lo indica 1 Pedro 1:7:

El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego. Así también la fe de ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele.


Los cristianos entendemos que debemos tener fe. ¿Qué tipo de fe? Una que sea de excelsa calidad, digna de la aprobación y agrado de Dios. ¿Cómo logramos tener una fe de esa clase? El apóstol Pedro compara las pruebas, o dificultades, al acrisolado, o refinación del oro.

Pongámoslo así: las pruebas, o dificultades que tengamos, cumplen un propósito: refinar nuestra fe. Para que al tiempo de la llamada "revelación" de Jesucristo, esta sea hallada para que Dios la apruebe. Y eso nos traería aprobación, gloria y honor. ¿Es agradable tener que afrontar problemas? No. Dios se describe a sí mismo como un Refinador:

Y tendrá que sentarse como refinador y limpiador de plata y tendrá que limpiar a los hijos de Leví; y tendrá que clarificarlos como oro y como plata, y ellos ciertamente llegarán a ser para Jehová personas que presenten una ofrenda de dádiva en justicia.
Malaquías 3:3


Dios refina, limpia, y clarifica, espiritualmente, así como lo hace un refinador experto. Cuando uno tiene problemas que afrontar, se manifiestan puntos a mejora. ¿Hay que tener más paciencia? ¿Mejorar la calidad de las oraciones a Dios? ¿O quizás se necesita tener una visión más amplia de las cosas? No lo sabremos, a menos que atravesemos una dificultad. Dios no nos mete en el problema. Pero puede servir para ayudarnos a dar claridad sobre uno mismo, sobre cómo aprender a reaccionar en medio de situaciones adversas. ¿Y qué pasa si el problema parece durar más de lo que uno quisiera o esperaba? Vale la pena confiar en que Dios hace que "todas las cosas cooperen para bien" de uno mismo, que esa dificultad tiene encerrada una bendición para uno.

Con una actitud positiva, confiando en Dios, y haciendo las cosas lo mejor posible en medio de las dificultades, nuestra fe puede ser cual oro excelente, hallada para que sea aprobada por Dios.

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