5 de octubre de 2010

Vino nuevo en odre nuevo


Vino nuevo en odre nuevo. ¿Qué significa? Dice el relato:

Entonces los discípulos de Juan vinieron a él y preguntaron: “¿Por qué practicamos el ayuno nosotros y los fariseos, pero tus discípulos no ayunan?”. 15 En seguida Jesús les dijo: “Los amigos del novio no tienen motivo para lamentarse mientras el novio está con ellos, ¿verdad? Pero vendrán días en que el novio les será quitado, y entonces ayunarán. 16 Nadie cose un remiendo de paño no encogido en una prenda de vestir exterior vieja; porque su plena fuerza tiraría de la prenda de vestir exterior, y el desgarrón se haría peor. 17 Tampoco ponen vino nuevo en odres viejos; pero si acaso lo ponen, entonces los odres se revientan y el vino se derrama y los odres se echan a perder. Más bien, el vino nuevo se pone en odres nuevos, y ambas cosas se conservan”.
Mateo 9:14-17

Mientras Jesús estaba con sus apóstoles, se acercan a él los discípulos de Juan el Bautista, para preguntarle por qué sus discípulos no practican el ayuno, como ellos y los fariseos lo hacían. Ellos, los fariseos, ayunaban dos veces a la semana, aunque no lo exigía la ley mosaica. Su ayuno consistían en abstenerse de comer durante el día. ¿Sabe cuándo ayunaban los fariseos? Los lunes y jueves, los días en que había mercado, y muchas personas estaban en la ciudad comprando. ¿Objetivo? Que todas las personas pudieran ver cuán piadosos eran los fariseos. 

El ayuno era parte de la tradición religiosa del judaísmo. Y como tradición, era seguido por todos. Pero... los discípulos de Jesús NO ayunaban. Realmente, la pregunta que le hacen a Jesús del por qué sus discípulos no ayunan esconde una cuestión de fondo. Jesucristo era reconocido como un Rabí, o Maestro, aunque nunca fue a una escuela rabínica o era miembro del Sanedrín, cosa que ni los fariseos cuestionaban (no podían). Entonces, ¿cómo era posible que un Rabí o Maestro judío no enseñara a sus discípulos las más rancias e importantes tradiciones religiosas que TODOS seguían?

Ese era el problema, que los discípulos de Jesús NO ayunaban, era porque SU Maestro, Jesús, no se los mandaba a hacer.

¿Era deber de Jesús como Maestro el seguir las tradiciones y enseñanzas del judaísmo? No. Él no vino a reformar el sistema judío de cosas bajo el cual vivía, sino a enseñar el reino de Dios como la única esperanza para la Humanidad. 

El judaísmo, y sus líderes religiosos más prominentes, los fariseos, estaba lleno de tradiciones, enseñanzas que ensalzaban la tradición oral, el legalismo, la santurronería. La gente estaba acostumbrada a un sistema rígido, acartonado e inflexible, en el que la gente pobre era considerada "maldita", y la mujer, un ser de cuarta categoría. Ni hablar de otro tipo de personas.

¿Respaldaría Jesucristo a ese sistema? En absoluto.

Las enseñanzas de Jesús eran nuevas, diferentes, radicales. Él transmitía lo que Su Padre, Jehová Dios, le había enseñado.

Jesús enseñaba a personas a las que los fariseos ni siquiera volteaban a ver. Enseñaba con amor y compasión a la gente de la clase trabajadora, a las personas enfermas, a las mujeres, a los "marginados" de la sociedad judía: los recaudadores de impuestos y prostitutas. Enseñaba que todos y todas podían acceder a la gracia de Dios, podían ser amados y amadas de Jehová, y tener un nuevo comienzo en su vida. Eso, por supuesto, no gustaba a los fariseos, ya que ellos mismos eran vistos como los amos de la fe de otros, y gozaban de riquezas y poder, siendo vistos como modelos de piedad. Ese era su "galardón completo", dijo Jesús.

Jesucristo traía consigo una enseñanza nueva, fresca, potente, impactante, que rompía por completo todo el esquema tradicional religioso del judaísmo. ¿Por qué?

Él deseaba enseñar a la gente a adorar al Padre con espíritu y con verdad. Que la gente amara a Jehová por sobre todas las cosas, y viera a su prójimo como a sí mismo: con amor, aprobación y aceptación.

Ese era el vino nuevo: sus enseñanzas espirituales, que con la guía del espíritu santo de Jehová, pudieran transformar la vida de la gente, y que fuera una transformación completa. Una metamorfosis total.

Recordemos el primer milagro de Jesús: convertir agua en vino. Eso quería Jesús: transformar a la gente, darle la oportunidad de una vida mejor, la vida que realmente lo es, en paz con Dios, con gozo, con alegría, con pasión. El vino es símbolo de aquello que alegra el corazón. Un corazón gozoso, es la fuente de la vida, la vida de Dios.

Si el vino es símbolo de la acción renovadora y gozosa de la enseñanza crística, ¿qué es el odre?

El odre literal del que hablaba Jesús era un contenedor o recipiente de piel de oveja, cabra o buey, cosido con cuidado, en el que se dejaba sólo una abertura a modo de "pico de botella". En estos odres se ponía vino o agua.

Era algo cotidiano para un judío usar el odre para echar el vino. Jesús alude a una costumbre práctica: echaban el vino nuevo en odres nuevos, y el viejo en odres viejos. ¿Razón? Entendamos el proceso de fermentación del vino, para comprender el por qué el colocar un vino nuevo en un odre viejo lo "reventaría":

ViñedosEl proceso principal mediante el cual se transforma el mosto de uva en vino, se conoce con el nombre de fermentación alcohólica. La fermentación alcohólica consiste en la transformación de los azúcares contenidos en la uva (glucosa y fructosa) en alcohol etílico y anhídrido carbónico. Se produce anhídrido carbónico en estado gaseoso, lo que genera burbujeo, ebullición y el aroma característico de una cuba de mosto en proceso de fermentación. 
Este proceso de formación de gas carbónico es importante para la extracción de sustancias contenidas en los hollejos y en asegurar una atmósfera protectora de la oxidación de las uvas, que es beneficiosa para la obtención de vinos de calidad, sobre todo en los vinos tintos.
El proceso de fermentación lo realizan las levaduras adheridas al hollejo de la uva (mediante una capa cerosa denominada pruina) las que, para cubrir sus necesidades de crecimiento, ayudan al proceso. Son levaduras del género Sacharomyces las que suelen desempeñar la parte más importante de este proceso. Son las verdaderas "obreras del vino". El final del proceso de fermentación es cuando ya se han "desdoblado" casi todos los azúcares y se detiene la ebullición. 
Un vino nuevo produce una gran cantidad de gas carbónico. Se necesita entonces un odre nuevo que tenga la elasticidad suficiente para poder ensancharse y poder contener el vino nuevo, sin reventarse. Un odre viejo no serviría, porque estos con el tiempo se endurecían,  perdían su elasticidad y con un vino nuevo, reventarían con facilidad.
Un odre es un contenedor de un vino. Un odre nuevo puede contener un vino nuevo. El odre representa a la persona en su ser interior: espiritual, mental y emocional. 
Todos somos un odre. ¿Es viejo o nuevo? Eso depende. ¿De quién? De cada persona. El vino viejo representa las tradiciones religiosas, esas que han reemplazado el amor de Dios, la frescura del espíritu con métodos, normas, directrices emanadas de hombres, mas no de Dios.
Como los fariseos de ayer, se ha reemplazado el amor y la misericordia de Dios, por la religiosidad hipócrita. Muchas personas en su hambrienta necesidad de Dios, han creído servir tan solo a Dios, cuando en realidad se han hecho seguidoras de hombres, y se alimentan espiritualmente de la comida espiritual que sirve el fariseísmo moderno. Se cree que es mejor así antes que desagradar a los hombres, para no ser señalados como rebeldes,  que todo lo que sirven los dioses pequeños y los señores de los rebaños, es palabra infalible de Dios, todo al más puro y fiel estilo papal e inquisicional. 
¿Por qué conformarse con cualquier baratija espiritual en forma de sermones, discursos, conferencias, cumbres, congresos, asambleas, con cualquier infantil referencia de las verdades de Dios, de los predicadores de hoy? ¿Es que no hay nada MEJOR que eso? 

Sí, lo hay. Dios ofrece la oportunidad de acercarnos a Él, de darnos ese vino nuevo, ese espíritu de frescura y renovación. Pero hay que ser un odre nuevo. 

¿Qué es ser un odre nuevo? 

Significa tener capacidad de cambiar y adaptarse a lo nuevo, a ese vino nuevo que Dios ofrece, por medio de su espíritu santo. Si una persona quiere que Dios ponga su espíritu en ella, debe tener la capacidad de cambiar, de adaptarse a la renovación y transformación de su mente, corazón y espíritu. Así como Jesús no vino a remendar el judaísmo, ¿es lógico creer que él vaya a "remendar" al cristianismo" lleno de tradiciones religiosas, mas no del amor de Dios y el respeto por otros? 

Lo primero que tienes que hacer para ser un odre nuevo, es reconocer que necesitas ese vino nuevo, ese espíritu de Dios que te renueve. Y reconocer que hay que tienes que ser flexible para cambiar. Los cambios no son agradables en ocasiones, requieren tiempo y esfuerzo. Además, uno está acostumbrado a lo viejo, a lo mismo, a la tradición religiosa que tenga.

Desaprender lo viejo, para aprender lo nuevo, porque Dios no va a poner vino nuevo en quien quiera seguir con su tradición religiosa. Ser de mente abierta: abierta a considerar nuevas ideas, nuevas perspectivas, un punto de vista más amplio o profundo. Permitir que Dios inicie y termine el proceso. Dejar que Dios refine los "riñones" y el "corazón" espiritual. Confiar en Jehová con todo tu corazón y no apoyarte en tu propio entendimiento, lleno de ideas religiosas obsoletas, o filosofías de este mundo.    


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