1 de noviembre de 2010

El espíritu santo y ser hijo de Dios


Jesús era Hijo de Dios. ¿Cómo lo supo?

Su madre era María. Ella era virgen, y quedó embarazada. ¿Cómo? El ángel Gabriel le dijo cómo: “Espíritu santo vendrá sobre ti, y poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, también, lo que nace será llamado santo, Hijo de Dios. Por eso, Jesús nació como un Hijo de Dios.

Sin embargo, a pesar de ser Hijo de Dios, Jesús no era consciente plenamente de esa condición espiritual que él tenía. Era perfecto, y diferente al resto de las personas. Por ello, el momento específico en el que Jesús de Nazaret llegó a ser plenamente consciente de su condición de Hijo de Dios fue en el momento de su bautismo en el Jordán. Relata el evangelio de Lucas:    

Ahora bien, cuando todo el pueblo se bautizó, Jesús también fue bautizado y, mientras oraba, el cielo se abrió y el espíritu santo bajó sobre él en forma corporal como una paloma, y salió una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo, el amado; yo te he aprobado”.
Lucas 3:21-22

El cielo se abrió... y el espíritu santo bajó sobre él. Jesús estaba en la Tierra, específicamente, saliendo de las aguas del Jordán. Jehová, el Padre, está en el Cielo. ¿Qué conectaría al Padre con el Hijo? ¿Cómo Jesús recordaría plenamente su existencia, quién era Él realmente antes de venir a la Tierra? Jehová usó a Su energía divina, una energía divina santa: el espíritu santo. Este espíritu es la fuerza divina de Jehová, la más poderosa, influyente, y sagrada fuerza que existe.

Jehová hizo que Su espíritu santo "descendiera" a la Tierra, hacia Jesús, Su Hijo. Jesús sería a partir de entonces plenamente consciente de quién había sido antes de venir a la Tierra, y tendría un sentido de relación de Hijo con respecto al Padre, Jehová. El espíritu santo, y no la propia inteligencia o voluntad de Jesús, guiaría sus pensamientos, sus razonamientos, sus propósitos en conexión con la voluntad del Padre. Evidentemente, la mente y el corazón de Jesús era muy diferentes a los de una persona común y corriente que no tiene espíritu santo. Era la sabiduría divina la que regía su vida, más bien que su propia experiencia o conocimiento personal, que por cierto, era amplio, por ser el Primogénito de la Creación.

El cielo se abrió para Jesús. Ya no era un humano más. Era alguien con la autoridad, el dominio y poder de un Arcángel, que es la posición que ocupaba Jesús antes de nacer de María. Jesús era el Arcángel Miguel, ese Príncipe que había defendido y guiado a Israel y a otros ángeles en diversas misiones que Jehová les encargó. Jesús, siendo humano, era obedecido y hasta temido por los ángeles de Dios, y por aquellos ángeles caídos por su pecado.

¿Qué clase de relación tenía Jesús con Jehová? Lo podemos saber por medio de las palabras que expresó Jesús en Getsemaní:

Abba, Padre, todas las cosas te son posibles; remueve de mí esta copa. No obstante, no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres” 

Marcos 14:36


Abba es una palabra aramea, que significa “oh, padre” o “el padre”. Es un nombre cariñoso, como el que usan los niños al llamar a su papá. Es como decir: "papá", "papito", "daddy", es una expresión de confianza, de cariño, de sentirse querido por el padre. En tiempos de Jesús, era de las primeras palabras que aprendía a decir un niño o niña.

Jesús era Hijo de Dios y se sentía Hijo de Dios. No se trataba de un sentimiento o emoción, era una relación genuina, de Padre e Hijo, que entrañaba sentimientos de amor, respeto, obediencia, confianza, ternura, y también, del reconocimiento de la posición del Padre con respecto del Hijo y del Hijo respecto del Padre. Sin embargo, cabe una pregunta: ¿es Jesús el único Hijo de Dios que puede disfrutar de esa condición espiritual de Hijo de Jehová?  

Sabemos que singularmente, Jesús es el Hijo Unigénito de Jehová. No obstante, el apóstol Juan, en su evangelio, reconoció una verdad:

A cuantos sí lo recibieron (a Jesucristo), a ellos les dio autoridad de llegar a ser hijos de Dios, porque ejercían fe en su nombre.

Juan 1:12

Llegar a ser hijos e hijas de Dios... por ejercer fe en Jesús. Esa realidad era posible debido al papel de Jesús y el ejercer fe en Él para adorar a Jehová, con espíritu y verdad. A Nicodemo, Jesús le dijo que para ver el Reino de Dios, había que nacer de nuevo del agua y del espíritu. ¿Qué espíritu era ese? Era el espíritu santo. Así como ese espíritu santo había sido derramado sobre Jesús, Él, a su vez, lo derramaría sobre otras personas. Sólo Jesús bautiza, otorga espíritu santo, confiriéndole a alguien la autoridad de llegar a ser hijo e hija de Dios.      


¿Cómo actúa el espíritu santo en un hijo o hija de Dios? Pablo responde en Romanos 8:14-16: 

14 Porque todos los que son conducidos por el espíritu de Dios, estos son los hijos de Dios. 15 Porque ustedes no recibieron un espíritu de esclavitud que ocasione temor de nuevo, sino que recibieron un espíritu de adopción como hijos, espíritu por el cual clamamos: “¡Abba, Padre!”. 16 El espíritu mismo (espíritu santo) da testimonio con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. 

Note que Pablo dice que ese espíritu se recibe. ¿De quién? De Dios. Es un espíritu de adopción, de llegar a ser hijo o hija de Dios, como si Dios espiritualmente "adoptara" a una persona para que sea Su hija. Ese espíritu que se recibe de Jehová, en la mente y el corazón, cumple una función, determinada de acuerdo al propósito y voluntad de Dios para la persona. El espíritu entonces, operando en la mente y el corazón de la persona, la conduce, la guía. Esa persona entonces, en su corazón , no tiene una consciencia de temor, de miedo a Dios. Tiene temor, sí, pero es un temor piadoso, positivo, que genera respeto hacia el Padre Celestial.

El espíritu santo de Jehová opera para que ese hijo o hija de Dios sea plenamente consciente de ser ese hijo o hija de Dios. No es cuestión de autoengañarse. Uno no puede inventarse una especie de "película mental" en la que se cree que se es hijo o hija de Dios. El espíritu santo de Dios es dinámico, es divino. No está sometido a deseos, caprichos o vaivenes humanos. Dios usa Su espíritu santo para guiar, iluminar, revelar, dar entendimiento, en definitiva, hacer que ese hijo o hija suyos sean plenamente conscientes de su relación de hijos e hijas amados del Padre. Bien declaró Pablo a los Efesios: "También, no estén contristando el espíritu santo de Dios, con el cual han sido sellados para un día de liberación por rescate" (Efesios 4:30). Tener el espíritu santo es un privilegio santo, y como tal debe tratarse. Ese espíritu santo debe ser reconocido como uno que "sella", o que irrevocablamente, conduce a ese hijo o hija de Dios a una condición de plena consciencia espiritual, con las responsabilidades que conlleva ser un hijo de Dios, someterse a Su voluntad, y adorarle con espíritu y con verdad.