9 de diciembre de 2010

Las Bodas del Cordero

?action=view&current=Revelation021.jpg Las Bodas del Cordero son uno de los eventos que se describe con vívido detalle en el Apocalipsis. Es parte del contenido de la visión #12, de las 16 que compone el libro profético de Revelación.


Así describe Juan lo que vio, que podemos leer en la Biblia en Revelación o Apocalipsis 19:1-10:


Después de esto oí una gran voz, como de una gran multitud en el cielo, que decía: ¡Aleluya! Salvación, honra, gloria y poder son del Señor Dios nuestro, porque sus juicios son verdaderos y justos, pues ha juzgado a la gran ramera que corrompía la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella.

Otra vez dijeron: ¡Aleluya! El humo de ella ha de subir por los siglos de los siglos. Entonces los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron en tierra y adoraron a Dios, que estaba sentado en el trono. Decían: «¡Amén! ¡Aleluya!» 

Y del trono salió una voz que decía: 
Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que lo teméis, así pequeños como grandes. 

Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas y como la voz de grandes truenos, que decía: 
¡Aleluya!, porque el Señor,nuestro Dios Todopoderoso, reina.

    
Gocémonos, alegrémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero y su esposa se ha preparado.


    
Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente, pues el lino fino significa las acciones justas de los santos.


El ángel me dijo: 
Escribe: "Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero". Y me dijo: «Estas son palabras verdaderas de Dios». 

Yo me postré a sus pies para adorarlo, pero él me dijo: «¡Mira, no lo hagas! Yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos que mantienen el testimonio de Jesús. ¡Adora a Dios!» El testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía. 

El libro de Apocalipsis es un libro profético, de visiones que se van dando a Juan de acontecimientos que suceden en el Cielo y en la Tierra, durante el Día del Señor. Evidentemente, este acontecimiento, las Bodas del Cordero, narrado en el capítulo 19 del Apocalipsis, indica que es uno de los sucesos predichos, que es antecedido por una serie de acontecimientos. Por ejemplo, la apertura del rollo con los 7 sellos, los 7 toques de trompeta, el derramamiento de los 7 tazones de la cólera de Dios. Y, en los capítulos 17 y 18 de Revelación, se muestra parte del juicio divino contra elementos de un orden de cosas contrario a la voluntad de Dios.


Particularmente, vemos cómo las Bodas del Cordero son precedidas por una sinfonía de alabanzas a Jehová en el Cielo. Se alaba a Dios por haber juzgado a la ramera mística de Babilonia la Grande, un juicio justo y verdadero de parte de Jehová. 


La alabanza a Dios resuena con fuerza en los Cielos. Una gran multitud de ángeles, de seres espirituales, alaba a quien se le debe "Salvación, honra, gloria y poder, que son del Señor Dios nuestro". Evidentemente, estas alabanzas a Jah son merecidas, porque su gran poder y gloria se manifestaron al dar punto final a la infame Babilonia la Grande.


El punto culminante de esta visión que contempló Juan, es la llegada de un momento especial, largamente esperado. Cada vez que el propósito de Jehová se despliega y se manifiesta con Su gran poder y gloria, hay ángeles alabándole. Que el santo nombre de Dios se haga sagrado, santificado, que su Reino venga, y que se haga Su voluntad en la Tierra como se hace en el Cielo, ciertamente es razón para alabar a Dios, y así lo hacen las criaturas espirituales. Dicen:


Gocémonos, alegrémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero y su esposa se ha preparado.    


Gozo, alegría, y gloria, produce la llegada de un gran momento: las Bodas del Cordero, con su esposa ya preparada.


¿Qué son las Bodas del Cordero?


Las Bodas del Cordero es la celebración de la plenitud de la unión en los Cielos del Cordero, Cristo Jesús, con Su novia, la Nueva Jerusalén, compuesta por los 144.000 que fueron invitados a formar parte del Nuevo Pacto con Jehová Dios, del cual Jesucristo actúa como Mediador. Ciertamente, es un momento esperado. ¿Por qué?


Al instituir la Cena del Señor, Jesús dijo a sus 11 apóstoles fieles:


Les digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.


Mateo 26:29


Jesús estaba hablando del vino tinto, que representaba su sangre, con la que se dio validez al Nuevo Pacto. Dijo que no lo bebería de nuevo hasta aquel día en que lo bebiera de nuevo, en el Reino de Dios. Ese día, es el día de las Bodas del Cordero. Jesús prometió a sus seguidores:


No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí. En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar.Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté.

Juan 14:1-3   


Evidentemente, para que estos 144.000 que componen la Novia de Cristo Jesús, estén presentes en las Bodas del Cordero, deben haberse despojado de su condición humana, y entrar en un estado de existencia de naturaleza divina, como lo describe Pablo, en su exposición sobre la resurrección celestial en su primera carta a los Corintios:    


Tal vez alguien pregunte: «¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué clase de cuerpo vendrán?» ¡Qué tontería! Lo que tú siembras no cobra vida a menos que muera. No plantas el cuerpo que luego ha de nacer sino que siembras una simple semilla de trigo o de otro grano. Pero Dios le da el cuerpo que quiso darle, y a cada clase de semilla le da un cuerpo propio. No todos los cuerpos son iguales: hay cuerpos humanos; también los hay de animales terrestres, de aves y de peces. Así mismo hay cuerpos celestes y cuerpos terrestres; pero el esplendor de los cuerpos celestes es uno, y el de los cuerpos terrestres es otro. Uno es el esplendor del sol, otro el de la luna y otro el de las estrellas. Cada estrella tiene su propio brillo. 

Así sucederá también con la resurrección de los muertos. Lo que se siembra en corrupción, resucita en incorrupción; lo que se siembra en oprobio, resucita en gloria; lo que se siembra en debilidad, resucita en poder; se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual.

Si hay un cuerpo natural, también hay un cuerpo espiritualAsí está escrito: «El primer hombre, Adán, se convirtió en un ser viviente»; el último Adán, en el Espíritu que da vida. No vino primero lo espiritual sino lo natural, y después lo espiritual. El primer hombre era del polvo de la tierra; el segundo hombre, del cielo. Como es aquel hombre terrenal, así son también los de la tierra; y como es el celestial, así son también los del cielo. Y así como hemos llevado la imagen de aquel hombre terrenal, llevaremos también la imagen del celestial. 

Les declaro, hermanos, que el cuerpo mortal no puede heredar el reino de Dios, ni lo corruptible puede heredar lo incorruptible. Fíjense bien en el misterio que les voy a revelar: No todos moriremos, pero todos seremos transformados, en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque final de la trompeta. Pues sonará la trompeta y los muertos resucitarán con un cuerpo incorruptible, y nosotros seremos transformadosPorque lo corruptible tiene que revestirse de lo incorruptible, y lo mortal, de inmortalidad. Cuando lo corruptible se revista de lo incorruptible, y lo mortal, de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que está escrito: «La muerte ha sido devorada por la victoria.»  

1 Corintios 15:35-54


Pablo estaba considerando aspectos fundamentales. Por ejemplo, que un cuerpo humano no puede vivir en la región espiritual o Cielo, y tener la naturaleza espiritual. El cuerpo físico, es apropiado para la existencia humana, pero no para la existencia espiritual. ¿Cómo llegar a tener un estado del ser, que sea espiritual, de naturaleza divina, que pueda residir en los Cielos? Pablo habla de una transformación. El cuerpo que es corruptible llega a ser incorruptible. 


Las Bodas del Cordero reúnen a Jesucristo con Su Novia, la descrita Nueva Jerusalén en Revelación 21. Este momento de las bodas en el Cielo sellan de manera indisoluble la unión entre Cristo y Su Novia. Se habla de una boda, porque es la unión bendita de un novio y una novia, bendecidos por Dios, para dar fruto de alabanza y gloria al Padre. Ciertamente, el ser un seguidor de Jesús nos coloca en una posición de ser amigos de Él, comprados con Su sangre preciosa. Pero las Bodas del Cordero introducen una nueva relación entre Jesucristo y los 144.000. Es una relación de esposos, de amor, de compañerismo e intimidad, con privilegios y glorias reservadas para ambos, producto de dicho matrimonio celestial.


Una mujer cuando es novia, tiene derechos para con su novio, pero son limitados, hay normas que deben ser respetadas, hay límites. El novio no está obligado aún a ser su sostén, su apoyo en todo aspecto. Es una relación en la que progresivamente se van conociendo, y sentando las bases de una relación más sólida y duradera, que con el tiempo producirá sus frutos.


Es el matrimonio el que transforma la relación. Ahora hay intimidad, una muy especial, reservada para la pareja. La mujer ya no es novia; es esposa. El hombre ya no es el novio, es el esposo. En el Cantar de los Cantares se describe la historia de la sulamita y el pastor. Hay la poesía, el encanto y la ternura del noviazgo, y las ansias del matrimonio, el deseo de intimidad, de algo más. Espiritualmente, hay una ansia de estar en unión, juntos, entre el Novio-Rey, Jesucristo, y Su Novia, y de transformar la relación entre ambos.


El espíritu de la Novia es el de anhelar al Novio-Rey, y este hace lo necesario para preparar para sí mismo a la novia. La esposa, se ha "preparado", es decir, al celebrarse las Bodas del Cordero, el entero grupo de los 144.000 ya están en los Cielos para entrar a formar parte del Reino de los Cielos, en plenitud en todos los sentidos, sin tachas ni deficiencias.


En este punto el Apocalipsis nos hace recordar el "sellado" de los 144.000, que para el tiempo de la gran tribulación, ya se hace definitivo. Así que, mientras se desarrolla la gran tribulación, y los demás sucesos predichos en las visiones del Apocalipsis, los que forman parte de los que faltan del grupo de 144.000, deben mantener la fe y el aguante de los santos, hasta el momento en que el Novio, descienda para arrebatarles, a fin de que estén en unión con Él. Eso quiere decir que de manera particular, estos que son ya sellados e invitados a las Bodas del Cordero, deben perseverar hasta el fin, así como Jesús perseveró y venció, y recibió los galardones prometidos por el Padre.            











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