4 de enero de 2011

Cuando Jesús le dijo a Pedro: ¿En una hora como esta duermes?








Jesús está viviendo la noche más importante de su vida. Están a punto de suceder, una tras otra, situaciones que nadie se hubiera imaginado: Judas Iscariote, uno de sus apóstoles lo traiciona a los líderes judíos, quienes han decidido matarlo, sea como sea.


Jesús sabía lo que iba a pasar, de hecho, lo había manifestado a sus apóstoles. Pero antes de que todo comience, antes de que la reacción en cadena de los sucesos se inicie, Él va a un lugar especial a orar: Getsemaní. ¿Por qué ir a orar allí? Si a algo estaba acostumbrado Jesús, era a orar, a acudir a Su Padre, Jehová, en momentos importantes, cruciales en su vida. Y este era el momento clave de la vida de Jesús, en el que la santificación del Nombre de Su Padre, la salvación de la Humanidad, y Su propio destino estaban en juego.


¿Va solo Jesús a Getsemaní? No. Lleva consigo a sus amigos. Ellos han estado junto a Él día a día durante las largas caminatas por las aldeas y ciudades de Israel, y son los que han escuchado Su enseñanza, y visto Sus milagros. Además, han compartido junto a Él todas las vivencias de llevar el mensaje de amor y esperanza, que el Padre le ha encargado sembrar en los corazones de hombres, mujeres y niños. Este mensaje les ha enseñado a estas personas que, sin importar quiénes hayan sido en su vida, pueden llegar a vivir una vida nueva, y sentirse, por primera vez, hijas e hijos amados de Dios, sin las pesadas ataduras emocionales y cargas de los dogmatismos, tradiciones, y la oscuridad del espíritu, que les habían enseñado sus líderes religiosos.


Al llegar a Getsemaní, Jesús les dijo a los discípulos: "Quédense aquí, mientras yo voy allí a orar". Estaban los 11 apóstoles leales a Él, pero invitó a Pedro, Santiago y Juan para que lo acompañaran, más cerca del lugar al cual Él iría a orar. Es decir, tenemos 3 lugares claves en Getsemaní: el primero, en el que están los 8 apóstoles, el segundo, en el que están Pedro, Santiago y Juan, y el tercero, en el que está Jesús


Sólo Pedro, Santiago y Juan ven a Jesús distinto. Él era de un espíritu alegre, gozoso, lleno de luz, de energía, pero empezó a sentirse triste. No era una tristeza repentina, sino que fue un proceso de angustia, tan intenso, que se convirtió en una profunda agonía emocional. Nunca antes Jesús había experimentado un estado emocional y espiritual así. 


Les dijo: "Estoy profundamente triste hasta el punto de morir, quédense aquí conmigo y no se duerman".


Este estado de agonía de Jesús era tan intenso y profundo en Él, que se sintió morir. Jesús se alejó un poco de ellos, se arrodilló y se inclinó hasta tocar el suelo con la frente, y oró a Dios: "Padre, ¡cómo deseo que me libres de este sufrimiento! Pero que no suceda lo que yo quiero, sino lo que quieras tú".


Cuando Jesús regresó a donde estaban los tres discípulos, y los encontró durmiendo. Entonces le dijo a Pedro


¿En una hora como esta duermes


¿Qué quiso decir Jesús? Podríamos interpretar que Él le reclamó que estaban dormidos. Era tarde en la noche, habían comido mucho, estaban abrumados emocionalmente por las cosas que Jesús les había dicho antes durante la cena, muchos factores incidieron en que ellos se quedaran dormidos.


Notemos varias cosas. Una de ellas, es que estando Pedro, Santiago y Juan dormidos, Jesús se centra en Pedro, pues es a él a quien reclama haberse dormido. ¿Por qué? Recordemos que Jesús le dijo a Pedro que lo negaría hasta 3 veces, y Pedro había dicho que él nunca traicionaría o negaría a Jesús, que los demás lo harían pero él no. Así que si había alguien que en esa noche debía estar más que despierto, alerta de no fallar, era Pedro.   


Pedro, según lo indica el relato bíblico, estaba dormido. Estar dormido es eso, dormir. Pero, según el verbo griego que se traduce dormirKatheudo, Pedro no sólo estaba dormido literalmente, sino que además estaba indiferente a lo que pasaba. No era consciente del momento que estaba viviendo Jesús, ni de lo importante que era esa noche en el propósito divino. Él se durmió, como si esa fuera una noche más, un momento más en la vida de Jesús y de él. Es esa indiferencia a lo que pasaba, la que hace que él simplemente, se duerma. 


Que la actitud de Pedro fue de indiferencia ante lo que estaba pasando, lo entendemos mejor por las palabras de Jesús hacia él:


Manténganse vigilantes y oren constantemente, para que no entren en tentación. El espíritu está pronto, pero la carne es débil. 


Manténganse vigilantes en el griego original es el verbo Gregoreuo, y significa prestar una estricta atención a un asunto, tener el máximo cuidado, no mostrar indolencia para que una calamidad repentina lo tome a uno de sorpresa.


Este verbo griego es el mismo que se aparece en Mateo 25:13, cuando Jesús da a sus discípulos esta exhortación:





Manténganse despiertos porque no saben ni el día ni la hora


Así que Jesús esperaba que Pedro se mantuviera despierto, vigilante, alerta, prestando atención constante a lo que estaba pasando en esa hora, en ese momento crucial en el que estaban a punto de suceder acontecimientos trascendentales. Pero Pedro fue indiferente a lo que estaba pasando, y simplemente, se durmió. Y al dormirse él, Santiago y Juan, también se durmieron.


Pedro era de un carácter proactivo, enérgico, era el líder natural del grupo de apóstoles. Si él estaba despierto, alerta, consciente del momento, entonces, hubiera animado a los otros 2, Santiago y Juan, a no dormirse, sino a orar, a estar alerta. Pero... no fue esa la historia.

Si reflexionamos sobre la urgencia de estos tiempos, vemos que sucede algo similar. Deberíamos sentir como dirigida a nosotros la pregunta de Jesús a Pedro: 

¿En una hora como esta duermes




En este tiempo, ¿estamos vigilantes? ¿o estamos indiferentes a los tiempos que vivimos? ¿en qué o en quién deberíamos centrar nuestra mirada y corazón? 

Hemos visto señales cumplirse, profecías que están sucediendo, no podemos catalogar esta época como una más en la historia de la Humanidad. Esta pregunta debería hacernos reflexionar. No podemos darnos el lujo de que el espíritu sea pronto y la carne débil en estos tiempos. Estos son tiempos del espíritu pronto y la carne pronta, la fuerza emocional y espiritual al 110%. ¿Cómo lograrlo? Haciendo lo que Jesús dijo: orando incesantemente, y manteniendo la más estricta atención a lo que sucede, para que los sucesos no tomen de sorpresa. 
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