16 de enero de 2011

La visión de Pedro: lecciones espirituales

El apóstol Pedro tuvo una visión divina, que cambió su vida y la historia del cristianismo. 

¿Cuál fue esa visión, y qué impacto tuvo en la expansión del mensaje cristiano?

Primero, veamos en qué circunstancias se encontraba Pedro, al recibir la visión, registrada en Hechos de los Apóstoles 10:9-16.

Pedro necesitaba estar a solas consigo mismo. Los últimos acontecimientos habían dado un giro inesperado en su vida, y en el desarrollo de la obra que Jesús, su Señor, le encargó.

Hacía tan solo días atrás, que él estaba en Jerusalén, enseñando el mensaje de Jesús, cuando les llegó la noticia a los apóstoles de que en Samaria, las personas estaban aceptando la palabra de Dios. Él, junto a Juan, fueron despachados para ir allí, a Samaria, aquel lugar en el que tiempo atrás, Jesús, habló a una mujer, y le enseñó que hay un Padre, Jehová Dios, que busca adoradores, que lo adoren con espíritu y verdad. 

Ahora él, Pedro, junto a Juan, eran los portadores del mismo mensaje que el Mesías llevó por primera vez a Samaria. Al llegar, oraron, e impusieron las manos sobre las personas, y estas recibieron espíritu santo. Ver a los samaritanos, hombres y mujeres, que eran rechazados por los judíos como personas odiadas por ser de otra raza, nación y lengua, recibir el espíritu santo, fue una sensación indescriptible. ¿Por qué? Porque personas, que se creía que no eran dignas del amor y el favor de Jehová, por ser de otra raza y nación, ahora recibían el espíritu santo prometido por Jesucristo, naciendo de nuevo, como hijas e hijos amados del Padre. Esas eran, sin duda, verdaderas buenas nuevas (puede ver el relato en Hechos de los Apóstoles 8:14-25).

¿Dónde estaba Pedro, en este momento de reflexión y oración? En Jope. Jope, hoy llamada Jafa (o Yafo), es ahora una sección de la actual ciudad doble Tel Aviv-Jafa con una población combinada de más de 400.000 habitantes. Estaba en la casa de un hombre, llamado Simón, curtidor. Un curtidor era alguien que curtía pieles. El hecho de que Pedro estuviera alojado en la casa de un curtidor, demuestra el grado de madurez y apertura hacia la gente en general, libre de prejuicios, que había desarrollado Pedro. ¿Por qué? 

Imagen de Jope, actual Tel-Aviv - Jafa
Un experto biblista lo describe así: “A ningún seguidor intransigente de la Ley Oral (la ley tradicionalista ritual judía), se le hubiera convencido para que morara en la casa de un curtidor. El contacto diario con las pieles y los cuerpos muertos de diversos animales a que obligaba este oficio, así como los materiales que se utilizaban, lo convertían en algo impuro y repugnante para los rígidos legalistas”. Era un oficio que causaba aversión a la gente, y rebajaba la dignidad de quienes se dedicaban a él.

Pero Pedro había cambiado. Ya no era un hombre dominado en su mente por la enseñanza de los fariseos, que decían que los gentiles eran peores que los animales, y las mujeres, seres de última categoría. Pedro era seguidor de Jesús, y sus enseñanzas eran de amar y respetar la dignidad del otro y de la otra. ¿Era suficiente con eso? ¿Tenía Pedro ya la mente de Cristo, el mismo parecer de él sobre cómo ver a otras personas?  

Pedro subió al techo plano de la casa por una escalera exterior. La mayoría de los judíos consideraban que el mediodía era una de las horas de oración. Pero, aun cuando su intención era orar, sintió mucha hambre y quiso comer, cosa que dijo a sus anfitriones; mientras permanecía en el techo, esperando a que le prepararan comida, algo sucedió. Así lo describe la Biblia (Hechos de los Apóstoles 10:9-16):

Al día siguiente, mientras ellos iban de camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea a orar. Era casi el mediodía. Tuvo hambre y quiso algo de comer. Mientras se lo preparaban, le sobrevino un éxtasis. Vio el cielo abierto y algo parecido a una gran sábana que, suspendida por sus cuatro puntas, descendía hacia la tierra. En ella había toda clase de cuadrúpedos, como también reptiles y aves.
 
—Levántate, Pedro; mata y come —le dijo una voz. 

—¡De ninguna manera, Señor! —replicó Pedro—. Jamás he comido nada impuro o inmundo. 

Por segunda vez le insistió la voz: 

—Lo que Dios ha purificado, tú no lo llames impuro.

Esto sucedió tres veces, y en seguida la sábana fue recogida al cielo. 

La visión: una experiencia sobrenatural 

Pedro tuvo una visión. En el griego original, se le llama Ekstasis.Y en español, es éxtasis. Transmite la idea de un estado mental en el que una persona, repentinamente, entra en un estado absorto, a pesar de que está despierto y consciente, y la mente deja de enfocarse en la realidad circundante, y la plenitud de la atención consciente se enfoca en las cosas divinas que está percibiendo, mediante imágenes que le son presentadas, por espíritu santo. 

Donde estaba Pedro, se veían otras casas, el mar, puesto que Jope es una ciudad a la orilla del mar. Había gente cocinando, hablando, niños corriendo, la vida siguió, pero para Pedro... el tiempo se detuvo. Su mente se concentró en esas imágenes que vio.

Lo que vio Pedro no fue producto de su imaginación. El relato bíblico describe que vio el cielo abierto. Esto es lo mismo que describe el profeta Ezequiel al iniciar su libro, en Ezequiel 1:1, y detallar que "los cielos se abrieron, y vio visiones de Dios

Pedro vio. Es importante entender el cómo vio Pedro la visión de Dios que se le mostró. El verbo griego que se traduce ver es Theoreo. Se enfoca en la actitud de la persona que observa: es una observación atenta, con discernimiento. Es decir, Pedro vio la visión, pero no con la actitud de "qué bonito es esto" o la de "vaya, qué interesante es esto", como si estuviera viendo cualquier otra cosa en este mundo. Era Jehová el que les estaba mostrando estas imágenes, y Pedro las observó con sumo cuidado y atención, buscando discernir el significado de lo que vio.

En la visión, Pedro fue más que un observador pasivo. Fue involucrado de lleno en lo que vio. Al ver una gran sábana que, suspendida por sus cuatro puntas, descendía hacia la tierra, en la que había toda clase de cuadrúpedos, como también reptiles y aves, una voz le ordenó:

 
—Levántate, Pedro; mata y come. 

Esto tiene sentido, porque Pedro tenía hambre. Era fácil levantarse, matar a alguno de esos animales y comer, en vez de esperar a que la comida estuviera lista. La respuesta de Pedro es: 
 
—¡De ninguna manera, Señor! Jamás he comido nada impuro o inmundo. 

Sí, Pedro como judío, nunca había comido algo impuro o inmundo, porque así lo estipulaba la Ley de Moisés, que ordenaba qué alimentos eran limpios o no para comer. 
 
Por segunda vez le insistió la voz: 

—Lo que Dios ha purificado, tú no lo llames impuro.
 
Esto sucedió tres veces, y en seguida la sábana fue recogida al cielo. 



Pedro, por inspiración del espíritu santo de Jehová, contempló estas visiones de Dios, en las que el cielo fue abierto, lo que denota un cambio, o manera de relacionarse el Cielo con la Tierra. De hecho, el objetivo de la visión era mostrarle a Pedro que era de dejar de ver a los no judíos o gente de las naciones, como personas inmundas, impuras, no dignas del amor y la aprobación del Padre.

La visión de Pedro: lecciones espirituales  
  
Pedro tenía el discernimiento espiritual suficiente para saber que esta visión tenía un significado, que iba más allá de la posibilidad de comer alimentos que no fueran kosher, esto es, puros. Estaba perplejo sobre lo que esto significaría la visión. ¿Qué significaba todo esto que había visto? 

No obstante, Jehová no lo dejó especular por mucho tiempo. 3 hombres enviados por Cornelio, un centurión romano, se hallaban ya a la puerta, gritando para que los atendieran y preguntando por Pedro. En esos momentos, el espíritu santo interrumpió los pensamientos de Pedro (sus cavilaciones, mientras pensaba en las posibles explicaciones de lo que había visto), y le dijo que había tres hombres que lo buscaban. Debía levantarse, descender (por la escalera exterior) del techo e ir con ellos sin dudar, esto es, sin vacilación. ¿Por qué sin dudar? Porque era Jehová el que estaba dirigiendo los asuntos, y él debía obedecer.  

Pedro accede a ir a Cesarea, donde vive Cornelio, junto a otros judíos convertidos a las enseñanzas de Jesús. Al día siguiente llega allá, y Cornelio cae a sus pies, rindiéndole homenaje. "Levántate, yo sólo soy un hombre", le dice Pedro. Y luego añade:

-Ustedes saben bien cuán ilícito es que un judío se una o se acerque a un hombre gentil, no obstante, Dios me ha mostrado que no debo llamar contaminado o inmundo a ningún hombre.   

Pedro comenzó a hablar de Jesús y de repente... el espíritu santo empezó a caer sobre todos, y comenzaron a hablar en lenguas, alabando y engrandeciendo a Dios. Lo sobresaliente es que estas personas eran gentiles, es decir, no judías, los hombres eran incircuncisos, y todos, hombres y mujeres recibieron espíritu santo, sin que hubieran sido previamente bautizadas en agua. 

Notemos que fue Jehová quien le mostró a Pedro algo, que él en su mente, llena de prejuicios, no había aceptado: que en toda nación, el que teme a Dios y obra justicia, le es aceptable a los ojos de Jehová. ¿Quién era Pedro para llamar a alguna persona con etiquetas como inmundo, contaminado, impuro, etc., si Jehová los aceptaba a todos por igual? 

Hoy en día, hemos de reconocer que existen fuertes prejuicios, paradigmas, conceptos que están enquistados en la mente de las personas. Se etiqueta a las personas de "buenas" o "malas", o se les llama de una forma denigrante, a veces, por la simple razón de que tienen creencias diferentes. Pero eso es algo que Jehová no hace con las personas, y eso se lo enseñó a Pedro.

Él entendió espiritualmente la visión. Nadie era superior a otro, por motivos de su raza, tribu, nación, lengua o pueblo. Jehová se fijaba en las personas, todas ellas, sin parcialidad. Curiosamente, esas actitudes son sobresalientemente vistas en las personas que son cristianas, o dicen serlo. Existen fuertes prejuicios entre los católicos, evangélicos, protestantes, testigos de Jehová, cristianos libres, etc. ¿Qué hay detrás de todo esto? Lo que Jesús dijo: una casa dividida, que viene a parar en desolación. 

Eso es el cristianismo: una casa dividida. Además, existen prejuicios por otros motivos. Por ejemplo, existen los prejuicios que nos hacemos sobre nosotros mismos. Con Cornelio y Pedro, vemos cómo la voluntad de DIOS, se mueve en varias direcciones al mismo tiempo. Mientras un ángel en Cesarea, le habla a Cornelio, dándole instrucciones por medio de una visión, a Pedro, que se encuentra en JOPE, le habla mostrándole parte de lo que será la voluntad de DIOS, para ese tiempo y espacio, lo que en este caso incluye a dos personas que ni siquiera tenían conocimiento la una de la otra.

Es curioso notar que tanto Pedro como Cornelio, son personas que no podrían haber pensado que Jehová, alguna vez en su vida, les hablaría. Cornelio: era la antítesis de alguien a quien un judío hubiera calificado como adecuado para recibir instrucciones de un DIOS, al que se le consideraba, como propiedad de los judíos solamente. El otro, (Pedro) era un judío, de cuna pobre, no era un profeta, no era un sacerdote, no era un hombre importante, era un hombre común y corriente, bastante corriente, que no calificaba en las expectativas religiosas de la mayoría, pero que más aún, no calificaría en las expectativas propias para ser usado por DIOS.

Pedro, era apóstol, nacido de nuevo, pero aún tenía muchos prejuicios religiosos, Cornelio, sin haber tenido las mismas experiencia de Pedro, era con toda su casa, piadoso y temeroso de DIOS, daba muchas limosnas (ofrendas) y oraba a DIOS, continuamente. Como Cornelio, muchos actualmente se encontraban hartos de la situación en la que se halla el mundo, y del vacío religioso de estos días.


¿Cuántos Cornelios existen hoy día? Son personas que no pertenecen a una religión, o iglesia establecida, pero que tienen conocimiento de Dios, oran, estudian la Biblia, y anhelan vivir en un mundo mejor. Son personas que tienen hambre y sed de Dios, pero no quieren caer en un sistema religioso o religión. 

¿No son aceptados por Dios esas personas? La verdad, no sabemos cuántas de esas personas son guiadas por Dios a través de sus ángeles, cuántas de esas personas son escuchadas con favor por Dios. De hecho, no es nuestro trabajo etiquetar a la gente, sino, más bien, ser como Pedro, asumir la actitud atenta de ver cómo Jehová va dirigiendo los asuntos, y dejarse guiar por Él. 



 
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