6 de febrero de 2011

El Jubileo: significado espiritual


“Para TODO hay un tiempo señalado”, escribió Salomón en el Eclesiastés. Desde el mismísimo comienzo de la Creación, se observa que todo tiene su tiempo. El día, la noche, TODAS las cosas suceden en un momento determinado.
  
Pero, ¿qué es el Tiempo? ¿Cómo entenderlo? ¿Es posible darle sentido y significado al tiempo?

Para Dios el tiempo es importante. Cada minuto, cada hora, cada segundo y lo que sucede, es de relevancia para Él. Por ello, encontramos en las Escrituras períodos de tiempo “señalados”, marcados por Dios para llevar a cabo un propósito, o para hacer recordar sucesos relacionados con su accionar. Uno de esos períodos de tiempo especialmente marcados por Jehová Dios es el Jubileo.    

El Jubileo: ¿Qué es?


Era el año que culminaba un ciclo de 7 períodos de 7 años, es decir, el Jubileo era el año 50, y era un año sabático. Es decir: 7 × 7 = 49 años, y el año siguiente, el 50, sería el año de Jubileo.

Era una norma divina en la que se proclamaba libertad por toda la tierra. Por ser un año sabático, se proclamaba de manera especial la Libertad en todo Israel. Libertad para los israelitas que se habían vendido en esclavitud por hallarse en deudas,  libertad para que todas las herencias de tierra que habían sido vendidas por problemas de dinero retornaran a sus dueños originales (Levítico 25) Se contaba desde la entrada de Israel en la Tierra Prometida, sucedida en el año 1.473 a. C.    

¿Cómo se efectuaba ese Jubileo?

La nación de Israel tenía que contar 6 años, durante los cuales la tierra se trabajaba: se sembraba, cultivaba y segaban, obteniéndose sus frutos. Pero el séptimo año tenía que ser un año sabático, en el cual la tierra debía dejarse sin trabajar. En ese séptimo año o año sabático, no se sembraba ni trabajaba de ninguna manera. De hecho, no se podía segar de lo que crecía de los granos caídos durante la cosecha del año anterior ni recoger las uvas de las vides sin podar. En resumen: la Tierra descansaba.

La tierra tenía un descanso completo. Esto significaba que la producción del año 48 de cada ciclo de 50 años, sería la fuente de alimento para toda la nación por 3 años: el año 49 (año sabático por ser el séptimo año), el año 50 que era el año del Jubileo, y lo producido para comer durante el año 51, hasta la cosecha de ese mismo año 51, el año después del Jubileo.

Esto equivalía, para entenderlo en términos de la vida actual, a tener el dinero y provisiones suficientes para vivir 3 años completos. Obviamente, los israelitas debían tener fe en la bendición especial de Jehová, de que en ese año 48 se recogiera una cosecha suficiente para suministrar alimento a TODA la nación, a lo largo de esos 3 años. Es decir, tener fe en el Jehová-yiré, en el Jehová que Provee.

El Jubileo: un tiempo de libertad y enseñanza espiritual


¿Cuáles eran los objetivos espirituales que deseaba lograr Jehová al instituir el Jubileo?

Es interesante destacar que la palabra hebrea que se traduce “Jubileo”, es yohvél, que significa “cuerno de carnero”, y se refiere al toque del cuerno de carnero durante ese año 50, para proclamar la libertad por toda la tierra.

“Dios es un Espíritu, y donde está el espíritu de Jehová, hay Libertad”, escribiría el apóstol Pablo siglos después de establecerse el Jubileo (2 Corintios 3:17). El concepto y el valor de la LIBERTAD, era el que Jehová deseaba enseñar a los israelitas por medio del Jubileo. ¿Por qué?

Todo aquello que estaba en estado de esclavitud era LIBERADO. Por ejemplo, los esclavos israelitas, que se habían vendido por una deuda, eran libres de esa condición de esclavitud, al llegar ese año de Jubileo. Toda herencia de tierra que se hubiera vendido, retornaba a sus legítimos dueños. Es decir, quienes estaban en condición de esclavitud o amarrados a una situación de dependencia económica, recuperaban su libertad de trabajar sus propias tierras y con su propia persona. Ninguna familia israelita tenía por qué quedarse de forma permanente en la pobreza. De esa manera, Jehová hacía que toda familia recuperara su dignidad, honor y respeto.

Si la nación observaba debidamente el Jubileo, en ese año sabático, la nación quedaba restaurada por completo, con un gobierno estable, dirigido por Dios, con una economía nacional siempre estable y la nación no tendría deudas. El Jubileo proporcionaba una norma estable para los valores de la tierra, impedía una deuda interna pesada, con un falso sentido de prosperidad, con problemas de inflación, deflación y problemas comerciales.
  
En pocas palabras: el Jubileo, como provisión divina, era una muestra de sabiduría de parte de Jehová, porque impediría que la nación cayera en una división de clases sociales y económicas: los muy ricos, y los muy pobres.

Con el Jubileo, debidamente obedecido como parte de la Ley, todo hombre y mujer israelita sería una persona productiva, contribuyendo con sus talentos y habilidades al bienestar de sí mismos como individuos, como familias, y al de la nación. Las bendiciones de Jehová sobre las cosechas y a la nación en general, y la educación en la Ley que se diera, haría que la nación disfrutara de un gobierno y prosperidad, por ser una nación guiada por Jehová.


Lamentablemente, Israel no obedeció la ley del Jubileo. Desde la entrada en la Tierra Prometida, en 1473 a. C., hasta la caída de Jerusalén, en 587/586 a. C., los israelitas estaban obligados a celebrar alrededor de 18 Jubileos. Pero no lo hicieron. ¿Qué hizo Jehová? Cumplió su palabra, pues la Ley estipulaba:

En aquel tiempo la tierra pagará sus sábados durante todos los días que yazca desolada, mientras estén ustedes en la tierra de sus enemigos. En aquel tiempo, la tierra guardará el sábado, puesto que tiene que pagar sus sábados. Todos los días que yazca desolada guardará el sábado, por motivo de que no guardó el sábado durante los sábados de ustedes cuando ustedes estaban morando en ella.

Levítico 26:34-35

Pues bien, Jehová había indicado que si no se observaban los períodos de tiempo sabáticos de descanso para la tierra y la libertad de los israelitas, como el Jubileo, la tierra, desolada, “pagaría” los sábados que no se observaron. ¿Sucedió? Sí, como lo reseña Esdras:

Para cumplir la palabra de Jehová, que por boca de Jeremías, hasta que la tierra hubo pagado sus sábados. Todos los días de estar desolada guardó sábado, para cumplir 70 años.

2 Crónicas 36:21

Esto sucedió en el 587/586 a. C., cuando la nación de Judá se fue al Destierro a Babilonia. Hasta 70 años después, alrededor de 516 a. C., cuando finalizaron esos 70 años, Jehová hizo que los Jubileos que Israel no hizo respetar, fueran “pagados”, haciendo Él que la tierra descansara.

El Jubileo: significado espiritual


Libertad. Alegría. Más conocimiento de Dios. Recuperar la dignidad y el respeto propios. Hacer descansar a la Tierra. Dar gracias y alabanzas a Jehová. Esos eran los objetivos espirituales del Jubileo, que Jehová instituyó en la Ley.

No estamos bajo la obligación de la Ley de Moisés, sino bajo la Ley del Cristo, que es la Ley del Espíritu de Dios, la Ley del Amor. Y el Jubileo y sus objetivos espirituales tienen un profundo significado que enseñarnos en la actualidad.

En este tiempo, necesariamente debemos preguntarnos: ¿Qué es la Libertad? En 2 Corintios 3:17, 18 se nos ofrece una perspectiva de la verdadera libertad:

Pues bien, Jehová es el Espíritu. Y donde está el espíritu de Jehová, hay libertad. Y todos nosotros, mientras estamos con rostros descubiertos, reflejamos como espejos la gloria de Jehová, y somos transformados en la misma imagen, de gloria en gloria, exactamente como lo hace Jehová, el Espíritu.

En estas frases encontramos la conexión entre:

Espíritu de Dios = Libertad

Disfrutamos de verdadera libertad al poder tener consciencia de nuestra necesidad espiritual, recibir el espíritu de Dios, que trae a nuestra vida Luz, Verdad y Amor, porque nos conecta con el Hijo de Dios, Jesucristo, quien nos aseguró que al conocer la verdad, la verdad… nos hace libres. Porque estar en ignorancia de Dios, de Su Hijo, nos mantiene en ignorancia, y la ignorancia es como ser ciego, no poder ver, no poder ser un individuo autónomo, capaz de pensar, sentir y actuar por sí mismo.

Cristo Jesús, leyendo del libro de Isaías, en Nazaret, habló sobre la verdadera libertad (Lucas 4:16-18):

Vino a Nazaret, donde había sido criado. Y, según su costumbre, en día de sábado, entró en la sinagoga, poniéndose de pie para leer. Se le dio el rollo del profeta Isaías, y abrió el rollo y halló el lugar donde estaba escrito:

“El espíritu de Jehová está sobre mí, porque él me ungió para declarar buenas noticias a los pobres, me envió para proclamar una liberación a los cautivos, y para que recobren la vista los ciegos, para despachar a los quebrantados con una liberación, para predicar el año acepto de Jehová”.

El espíritu de Jehová impulsó a Jesucristo a declarar LIBERTAD. Esas eran buenas noticias, un evangelio, un mensaje de parte de Dios. Notemos que coloca en una misma línea de razonamiento estas cosas:

Libertad para los cautivos
Recobrar la vista los ciegos
Los quebrantados de corazón son liberados

Y es que hemos de reconocer que somos libres cuando podemos tener conocimiento de la verdad sobre El Padre, sobre Su Hijo, sobre nosotros mismos y el mundo que nos rodea. ¿Quién, manteniéndose en ignorancia u oscuridad, puede sentirse verdaderamente libre?


El Jubileo nos enseña que Jehová es un Dios de Libertad, de Luz, que desea darnos Paz, Descanso, Consuelo, Alegría en el corazón, y Bendición. No es ese Dios cruel, castigador, que tanto se ha vendido, con una imagen distorsionada, como la que nos ha enseñado la religión. Es un hecho que somos un reflejo de la clase de Dios en el que creemos. Si creemos en un Dios que vive con un dedo acusador, así nos sentiremos: libres de dirigir el dedo acusador hacia otras personas, etiquetándolas con nombres y cualidades negativas, haciendo caso omiso de las palabras de Jesús, de que “con la vara que mides, serás medido”.

Las Escrituras apuntan a un período bendito de Mil años, durante el reinado de Cristo, en el que la Humanidad ‘será libertada de la esclavitud a la corrupción’ y, ‘tendrán la gloriosa libertad de los hijos de Dios’ (Romanos 8:19-21). La Tierra necesita, como planeta, como un ser vivo que respira y nos da vida, descanso. Su Creador lo sabe, y durante ese período, la custodia de la misma Tierra se devolverá a los verdaderos adoradores del Padre, los que lo adoran con espíritu y verdad, para que la cuiden, en armonía plena con el propósito original de Jehová para la humanidad, que “no creó la Tierra sencillamente para nada, sino que la formó para que sea habitada” (Isaías 45:18).

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