2 de febrero de 2011

La fe de Abrahán en 3 niveles


Hablar de Abrahán, es hablar de una persona que es sinónimo de fe. Abrahán es el padre de todos los que tienen fe, es de hecho el primer personaje en la Biblia del que se menciona que ejerció fe (Romanos 4, Génesis 15:6). 

Hemos de reconocer que hablar de la fe, es tocar un tema que va muy estrechamente ligado a Dios, a su persona, a lo que no vemos, a lo intangible, a aquello que a veces está más allá de lo que no entendemos y aceptamos... por fe. Pero, ¿qué es la fe? 

Pablo la define en Hebreos 11:1, 6 como "la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve... sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan". 

Precisamente en este capítulo 11 de la carta a los Hebreos, Pablo expone una lista de personajes bíblicos, hombres y mujeres que actuaron por fe. De esas personas, cuya historia está en la Biblia, aprendemos cómo ejercieron fe y actuaron en diversas circunstancias. Pero sin duda alguna, es la fe de Abrahán la que se destaca como un modelo para los que deseamos seguir a Jesucristo como el camino, la verdad y la vida, para acercarnos al Padre y adorarle.

La fe de Abrahán es una fe viva, dinámica, enérgica. No es una fe pasiva, de hacer "buenas obras" 3 veces a la semana. Ese es el concepto que existe hoy día sobre lo que es la fe. "Creo" en Dios, y eso es = fe. "Hago" la voluntad de Dios, y eso se considera fe. "Voy" a una iglesia o religión X, y eso es fe.

¿Realmente a eso se limita la fe en Jehová? Jesucristo planteó la pregunta de si "hallaría la fe" cuando el Hijo del Hombre llegue (Lucas 18:8). Si comprendemos mejor el ejemplo de fe de Abrahán, veremos mejor cómo llegar a tener una fe del calibre que requieren estos tiempos que vivimos. Al leer las Escrituras, podemos ver que la fe de Abrahán creció, se hizo madura, consciente, más comprometida cada vez más con el propósito divino, y eso nos es un ejemplo hoy. Particularmente en la carta a los Hebreos 11, notamos 3 niveles de la fe de Abrahán:
  1. Nivel 1: obediencia
  2. Nivel 2: perseverancia
  3. Nivel 3: entrega

Nivel 1: Obediencia

En Hebreos 11:8 leemos: 

Por la fe Abrahán, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba

El apóstol Pablo nos ubica en un punto de la vida de Abrán, en el que este se encuentra viviendo en Ur, Mesopotamia. Abrán (Abrahán) y Sarai (Sara), tenían una vida cómoda, desahogada. Ur era una ciudad próspera, pujante, en la que se hacían buenos negocios, con los mercaderes y comerciantes de Oriente y Egipto. Los registros arquelógicos indican que Ur era una metrópoli moderna para su época, con calles bien construidas y hasta un sistema de disposición de agua y alumbrado en las calles. Quizás a nosotros en este siglo XXI, esas parezcan cosas sin importancia, pues tenemos esas comodidades, pero hace 40 siglos, era una verdadera seguridad y protección para una familia, vivir en una ciudad-estado como Ur, en Mesopotamia, con esas comodidades.


Un buen día, Jehová le dice a Abrán que se vaya de Ur, con su familia. Irse, ¿a dónde? La respuesta de Jehová fue "vete a la tierra que te mostraré". Punto. Esa fue toda la explicación que dio Jehová a Abrán.

Si a nosotros hoy día se nos aparece Jehová, y nos dice "toma tus cosas, y vete a donde yo te mostraré"... ¿cómo lo tomaríamos? Teniendo esposa, e hijos, trabajo, casa, compromisos, responsabilidades, etc... se nos haría un nudo gordiano la cabeza. ¿Qué hacer? ¿A dónde ir? ¿De qué se va a vivir? ¿Cómo lo tomarían los hijos, la mujer?

Sin embargo, Jehová dijo a Abrán "simplemente... vete, a donde yo te muestre". La Biblia nos muestra que Abrán obedeció sin saber siquiera adónde iba.

La fe de Abrán demostró aquí en este momento de su vida el primer nivel: la obediencia. ¿Qué significa la obediencia a Dios? En el griego original, la palabra que se traduce obediencia es Hupakouo. Transmite la idea de escuchar, es la acción de quien escucha que tocan la puerta, y se levanta a ver quién está tocando. 

Existe una clara relación entre escuchar a Jehová y obedecer. Por esa razón, a los sacerdotes de Israel se les mandaba a que leyeran la Ley al pueblo, y la explicaran, para que la gente obedeciera, para que actuara conforme a lo que Jehová establecía en la Ley.

Abrán escuchó a Dios, es decir, escuchó y obedeció. No es que escuchó y le entró por una oreja y le salió por la otra, como suele decirse de alguien que escucha y no hace caso.

La fe de Abrán al obedecer a Jehová, a pesar de no saber ni siquiera a dónde iba, nos enseña que la fe no requiere de grandes explicaciones, razones, argumentos y pruebas para obedecer. Lo que Jehová dice, lo dice por algo. No importa si no se entiende del todo al principio, o no se ve el panorama al 100% con claridad, pero si la voz de Dios nos insta a hacer algo, se debe escuchar y actuar en consecuencia. 

La obediencia por fe no es credulidad, no se trata de no sopesar los asuntos, sino de confiar en Dios. ¿Cómo asegurarnos de la dirección divina sobre un asunto? La oración y la reflexión nos permiten entender qué rumbo tomar, pero una vez que Jehová indica claramente la dirección a seguir, hay que seguirla, con fe. Eso nos lo muestra el ejemplo de Abrán. Dios no dejó a Abrán botado a su suerte junto a su familia, y cumplió su promesa. Eso es el resultado de la obediencia por fe.  

Nivel 2: Perseverancia 

En Hebreos 11:9, 10 leemos:

Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa,10 porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. 


Abrán y su descendencia, Isaac y Jacob, vivieron como extranjeros en la tierra prometida. Allí se radicó, viviendo en tiendas de campaña. Abrán nunca construyó una casa para Sarai, con cuartos, jardines y flores, en la tierra de la promesa. Antes bien, vivían como nómadas, él, Sarai y varios esclavos que vivieron con ellos.

Abrán vivía en una tierra prometida por Dios a él y su descendencia, pero la descendencia, Isaac, no llegó a los 2 días después de que él llegó a esa tierra. Abrán y Sarai esperaron varios años, antes de llegar a tener a Isaac. Además, siempre viviendo en tiendas de campaña.

Abrán y Sarai pudieron haber sentido desilusión y frustración, después de todo, las cosas no salieron como lo imaginaban. Sin embargo, por fe, ambos se quedaron allí, en esa tierra, viviendo en ese lugar prometido por Dios. Lo hicieron, porque tuvieron un nivel más en la fe: la perseverancia.


Una cosa es tener fe para obedecer. Digamos que hay una especie de "gasolina" emocional que te hace empezar, obedecer a lo que dice Dios. Pero tener fe para obedecer no es lo mismo que tener fe para perseverar en lo que Dios ha encomendado. 

El nivel de la fe perseverante es más exigente, de más compromiso. Es de quedarte, de seguir adelante, de hacer frente a los obstáculos, y uno de ellos, es vencer el cansancio y la frustración. Muchas personas comienzan a seguir las pisadas de Jesús, pero luego... abandonan. Porque una cosa es tener fe para empezar, y otra muy distinta es tener fe para perseverar en el proceso, seguir adelante.

¿Cómo tener la fe de Abrán para perseverar? En el Génesis vemos en ocasiones a Abrán siendo invitado por Dios a ver las estrellas. "Así será tu descendencia", le decía Jehová. Cada vez que Abrán salía en la noche a ver las estrellas, era inevitable ver las estrellas y acordarse de las palabras de Jehová sobre su descendencia. Podemos imitar a Abrán, leyendo en las Escrituras pasajes bíblicos que nos animen a perseverar en la fe, a no dejarnos caer. Si hay alguien que conoce nuestros estados de ánimo, es Jehová Dios. Él sabe cuándo necesitamos ese extra que nos haga seguir adelante. Estemos atentos a esas "señales" en las que Dios nos dice "sigue adelante", y hagámoslo sin vacilar.

Nivel 3: Entrega

En Hebreos 11:17-19 leemos de Abrahán:



Por la fe Abrahán, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: «Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac.» Consideraba Abrahán que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. 

En Génesis 22 encontramos la narración del que fue sin duda, el momento supremo de la fe de Abrahán: cuando Jehová le pidió que sacrificara a su hijo Isaac. Génesis 22:1 muestra que "Dios probó a Abrahán". Le dijo:

-Abrahán 

Este respondió:

-Aquí estoy.

Y Dios le dijo:

-Toma ahora a tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, vete a tierra de Moria y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.

Fue una prueba de Jehová a la fe de Abrahán. Es la prueba de fe más particular de todas las Escrituras, pues es la prueba de la entrega. Jehová le pidió a Abrahán que tomara lo más preciado que tenía, a su hijo, Isaac, y lo ofreciera como sacrificio a Dios.

Abrahán reaccionó inmediatamente. Al día siguiente, muy temprano en la mañana, ensilló su asno, tomó consigo a dos de sus siervos y a Isaac, su hijo, cortó leña para el holocausto, se levantó y fue al lugar que Dios le había dicho, el Monte Moria. El relato bíblico en ningún momento indica que Abrahán le dijo a Jehová por qué haces esto, para qué me pides que haga esto, cómo es posible que me diste este hijo y ahora me lo quitas, etc. Abrahán fue y cumplió.

El tercer nivel de la fe es la entrega, el depositarnos totalmente en las manos de Dios, y que Él disponga de los asuntos según Su voluntad. ¿Es fácil hacer eso? ¿Es fácil entregarle a Dios lo que Él nos pida cuando lo pida, hasta si se trata de lo más amado y estimado por nosotros? Porque eso era Isaac para Abrahán: su hijo amado, su más preciosa posesión, aquello por lo que tanto luchó y esperó, y ahora Jehová se lo pidió para sí.

Esto hace que nos pongamos a pensar en qué es lo más importante en nuestra vida: ¿realmente es Dios lo más importante? ¿Qué tan dispuestos estamos a entregarnos por completo a Dios, sin dudar ni vacilar, sin demandar garantías, sólo por la fe?

Jesús es un ejemplo de alguien que sacrificó lo más preciado por Él. ¿Qué era eso? Jesús no tenía hijo ni esposa. Pero cuando Dios le pidió que entregara su vida en sacrificio, lo hizo. ¿Fue fácil para Jesús? No, lo sabemos por el relato de oración en Getsemaní, cuando 3 veces oró al Padre diciendo: "no lo que YO QUIERO, sino lo que TÚ QUIERES".

Si tener fe para obedecer es difícil, y tenerla para perseverar es como entrar por una puerta angosta, ¿qué puede decirse de la fe de la entrega total a darle a Dios lo que pide? 

El ejemplo de fe de Abrahán nos anima a analizar nuestra propia fe. Las cosas escritas en la Biblia son para instruirnos, para enseñarnos a adorar al Padre con espíritu y con verdad como enseñó Jesús. Nadie puede ayudarnos a tener fe desde afuera. La fe es interna, sólo Dios la conoce y Jesucristo. Él es el "perfeccionador de nuestra fe", así que cada ayuda que tengamos para tener una fe del calibre que exigen estos tiempos nos puede servir para contarnos entre aquellos que "por medio de fe y paciencia, heredan las promesas de Dios", de quiarnos en este tiempo crítico de la Humanidad.   

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