4 de febrero de 2011

Tu IDENTIDAD como Hijo/Hija de Jehová

Llegar a ser padre o madre, es una de las bendiciones más grandes que una persona puede tener. Es una parte de ti que respira, te ve, te escucha, y sabe que tú estás allí, siempre vigilante, atento, a cualquier cosa que ese nuevo ser haga. Es tu hijo o tu hija, y conoces su nombre, su color de ojos, cómo se ríe y hasta las travesuras que hace para no comerse la sopa del almuerzo.  

Y al transcurrir el tiempo, la relación se transforma, va cambiando, porque ese hijo o esa hija va creciendo, va madurando, y tomando personalidad propia. Es ella o es él, con sus gustos y manías, con lo que quiere y lo que no.

¿Verdad que sería absurdo pensar que ese hijo o esa hija, amados, por quienes tanto has hecho para que se formen, puedan dudar del amor, el afecto, la entrega, que tú como padre o madre sientes por ellos como hijos?

Pues supongamos que un día ese hijo o esa hija te dice: "tú no eres mi padre o madre, no siento que sea hijo tuyo", ¿cómo nos sentiríamos? Es más, tu hijo o tu hija, no sabe ni quién es, ni qué es, eso sería desastroso, ¿cierto?
  
En sentido espiritual, tenemos a un Padre: Jehová Dios. Él es el Padre, el Dios Todopoderoso, quien nos creó a "su imagen y semejanza". Sin embargo, muchas personas no tienen idea de lo que significa SU identidad como hijas e hijos de Jehová. De hecho, siempre se sienten que no valen nada, que son poca cosa, que si Dios existe, pues, a Él su vida no le importa en lo más absoluto. ¿Se sienten hijos e hijas de Dios? No, en absoluto.

Recordando la situación planteada de ese hijo o hija que no se siente hijo de su padre o madre, en sentido espiritual, muchas personas creen sinceramente que Jehová no es su Padre. No se creen dignos de ser hijos e hijas de Jehová.

A causa del pecado de Adán y Eva, la Humanidad dejó de tener una relación armónica, de Paz con Jehová. ¿Qué hizo Jehová desde entonces? Reconciliar a la Humanidad consigo mismo, y prueba de ello son estas palabras de Cristo Jesús:

De tal manera amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna. 
Juan 3:16 

Por amor a la Humanidad, Jehová dio a su Hijo Unigénito como el medio de reconciliar a la Humanidad consigo mismo. Pero, ¿reconciliarse como qué? Como hijas e hijos de Jehová. ¿Qué eran Adán y Eva antes de pecar? Eran hijo e hija de Jehová. Esa condición bendita de ser hijo e hija de Dios, que les daba paz, armonía, plenitud en todo sentido, fue lo que perdieron los primeros padres. Adán y Eva se sintieron desnudos, sucios, perdidos en Edén. Ya no se sentían hijo e hija de Dios.


Gracias a Jesucristo, podemos recuperar ese sentido de IDENTIDAD de ser Hijo e Hija de Jehová. No se trata de "sentirse" hijos e hijas de Jehová, sino de participar plenamente de esa condición, y reflejar esas cualidades divinas que posee un hijo e hija de Dios. Así como los hijos tienen parecido y características que heredan de su padre y madre, un hijo y una hija de Jehová poseen como herencia cualidades y características del Padre, Jehová Dios. Y como hijos e hijas, no son esclavos, sino herederos de Dios, reciben aquello que el Padre les da.



El apóstol Juan fue un hombre que adquirió esa IDENTIDAD como hijo de Dios. Escribió por inspiración sobre su experiencia y la de otros cristianos y cristianas lo siguiente:


¡Vean cuán grande es el amor que nos ha dado el Padre, de modo que se nos llame hijos de Dios!; y eso somos

Por eso el mundo no tiene conocimiento de nosotros, porque no ha llegado a conocerlo a Él (El Padre). 

Amados, ahora somos hijos de Dios

1 Juan 3:1, 2 

Si recordamos los antecedentes de Juan, comprenderemos el significado de sus palabras. Juan pertenecía a una religión, la judía. ¿Le enseñaban a Juan que era hijo de Dios? No, nunca eso pasó. Fue Jesucristo, quien le enseñó que él, Juan, era Hijo de Dios. En su evangelio, Juan puntualiza este asunto:


Sin embargo, a cuantos sí lo recibieron (a Jesucristo), a ellos les dio la autoridad de llegar a ser hijos de Dios, porque ejercían fe en su nombre. Y ellos nacieron, no de sangre, ni de voluntad de la carne, ni de la voluntad de hombre alguno, sino de Dios. 

De modo que la Palabra vino a ser carne y residió entre nosotros, y tuvimos una vista de su gloria, gloria como la que pertenece a un Hijo Unigénito de parte de un padre. Y estaba lleno de gracia divina y verdad.

Juan 1:11-14 

Juan conoció a Jesucristo, el Hijo Unigénito de Jehová. Conoció a este glorioso Ser, lleno de gracia divina y verdad, que le mostró a Juan que existe un Padre, uno que busca a personas que le adoren con espíritu y verdad. Un Padre que es Amor, que guía, sustenta, cuida y sostiene en todo sentido a sus hijos e hijas. Juan, el judío, el que iba a una sinagoga, en la que le hacían sentir que lo que hacía a los ojos de Jehová no era suficiente, que era tratado como una persona de última categoría por trabajar para vivir dignamente, nunca fue enseñado sobre el amor del Padre. Por eso, al conocer a Jesucristo, y al amor del Padre, para él todo cambió.



Y es que recuperar esa IDENTIDAD de hijo o hija de Jehová es algo que NO tiene comparación con nada en este mundo. Tu dignidad como hijo e hija de Jehová no te la puede dar ningún hombre, líder religioso, iglesia u organización. Es Jehová mediante Cristo Jesús, quien nos ama, y nos da nuestra IDENTIDAD de hijos e hijas de Él, Jehová Dios, el Señor Soberano del Universo.

Porque es el amor del Padre el que nos ayuda a entender que somos hijos e hijas de Él. Ser hijo e hija de Jehová no es un título, es una condición que recuperamos por el amor del Padre hacia nosotros, derramado en nuestros corazones mediante Cristo Jesús. Y al sentir ese amor, y ejercer fe en Jesucristo, recibimos la AUTORIDAD de un hijo y una hija de Jehová.   

Juan al escribir su carta dice:

Amados, ahora somos hijos de Dios   

Sí, Juan habla de un momento: AHORA, somos hijos e hijas de Dios. Porque no importa qué vida hayamos tenido con nuestros padres, nuestra vida como adultos, no importan los errores y fallos, al conocer al Padre y al Hijo, Su amor, en nuestro corazón, nos ayuda a recobrar esa IDENTIDAD de hijos e hijas. Vivimos en un mundo y una sociedad que nos etiqueta, nos dice: "Tú eres esto" o "Tú eres aquello". Entonces, nos creemos y asumimos que somos lo que otros nos dice que somos. Pero el Padre con Su amor, nos ayuda a adquirir plena consciencia de nuestra condición de Hijas e Hijos suyos. Entonces, ya no hay etiquetas, ni un lavado de cerebro que te pretenda decir quién TÚ eres. Sabes que eres Hijo e Hija de Jehová, con la autoridad que te da serlo, y afrontas cada día con ese poder, que antes no tenías, y ahora tienes y experimentas. 

Ser hijo e hija de Jehová no es un título o distintivo, no es algo destinado a personas de un escalafón  por arriba de otros. Es algo que sólo el Padre dispensa y da a Sus hijos, porque siempre ha sido el Padre de la Humanidad. Afirmar y ayudar a otras personas a recuperar su IDENTIDAD como hijas e hijos de Jehová, es una de las labores espirituales más complejas de Cristo Jesús como Sumo Sacerdote a la manera de Melquisedec. ¿Por qué? Porque las personas vienen con los traumas y vicisitudes de escuchar durante años que nadie las ama, o que Dios no las ama, o que no son dignas del amor de Jehová. Y ahora Cristo Jesús, como Sacerdote del Orden de Melquisedec, va depurando con el fuego del espíritu santo, toda idea, pensamiento o creencia que impiden a una persona asumir su IDENTIDAD como hija e hija de Jehová. Pero, mediante ese proceso de purificación, la IDENTIDAD del hijo e hija de Jehová va tomando forma, hasta el grado que desee el Padre. 


¿Crees que vale la pena TU IDENTIDAD como hija e hijo de Jehová? 


Sí, tú tienes tu IDENTIDAD como hijo o hija de Jehová. Es tuya, te pertenece. Pero debes reconocerla, ser consciente de ella, y asumirla. Si eso quieres. Y si lo quieres, hay responsabilidades y bendiciones para ti, que sólo te pertenecen a TI, como única, singular e individual manifestación de la Divinidad Suprema.