27 de marzo de 2011

Higos: buenos y malos, la visión de Jeremías

¿Cómo ve Dios a los que dicen servirle? Esa es una buena pregunta. Hoy día existen muchas iglesias, religiones, u organizaciones religiosas, que dicen servir a Dios y cumplir su voluntad. Eso es lo que estas personas alegan.




¿Cómo tener una idea clara de lo que Jehová piensa al respecto?

En el capítulo 24 del libro profético de Jeremías, se describe una importante visión que Jehová manifestó a Jeremías, que nos ayuda a darle respuesta a la pregunta inicial. Jeremías fue un profeta de Jehová, que desde muy joven, hablaba a otros las palabras de Dios a Israel, un pueblo "terco". Se sentían seguros y protegidos: tenían el Templo glorioso que construyó Salomón, habían sido una nación a la que siempre Dios protegió y respaldó, en sus peores crisis nacionales, además de estar bajo pacto con Dios. Y ahora, en pleno siglo VI a. C., tienen una amenaza: la de Babilonia, la potencia mundial dominante. ¿Lograría Nabucodonosor invadir el país?

Jehová mostró a Jeremías que habrían 2 clases de personas. Así se describe a estas personas mediante un símbolo: cestas de higos. Eran diferentes, pues una era una cesta de higos buenos, muy buenos. Y la otra era una cesta de higos malos, muy malos.  

1 Después de haber transportado Nabucodonosor, rey de Babilonia, a Jeconías hijo de Joacim, rey de Judá, a los príncipes de Judá, y a los artesanos y herreros de Jerusalén, y haberlos llevado a Babilonia, me mostró Jehová dos cestas de higos puestas delante del templo de Jehová

2 Una cesta tenía higos muy buenos, como brevas; y la otra cesta tenía higos muy malos, que de tan malos no se podían comer.

3 Y me dijo Jehová: «¿Qué ves tú, Jeremías?» 


Yo dije: «Higos; higos buenos, muy buenos. Y malos, muy malos, que de tan malos no se pueden comer».  

Jeremías 24:1-3 
   
La visión sucede, según las palabras de Jeremías, alrededor del 597 a. C., es decir, casi 10 años antes de la destrucción definitiva de Jerusalén, en el 586 a. C. Jehová muestra a Jeremías 2 cestas de higos. Estaban delante del Templo de Jehová. Este detalle es significativo, porque muestra que la base de la diferencia de las personas simbolizadas por las 2 cestas es la adoración a Dios, y su posición ante Él, puesto que el Templo era el lugar donde estaba la presencia de Jehová. En nuestros tiempos, sabemos que "todas las cosas están desnudas y abiertamente manifestadas ante los ojos de Aquel a quien hemos de dar cuenta de nosotros mismos", y que, simbólicamente, estamos delante del Trono de Dios y del Cordero (Hebreos 4:13). Lógicamente, Dios y el Cordero, son en sí mismos, el verdadero Templo, que abarca al Cielo y la Tierra, en el que se adora al Padre con espíritu y con verdad.

Jeremías ve una cesta de higos "buenos, muy buenos". En el hebreo original, la palabra que se traduce "buenos" es towb, que describe a una cosa que es placentera, agradable, de una mejor naturaleza, algo de gran valor y estima. En sentido figurado, transmite la idea una persona de entendimiento, de madurez espiritual.

El higo como símbolo bíblico, es usado a menudo para describir a Israel como nación, como pueblo de Dios. El higo era un árbol apreciado, por su dulce y deliciosa fruta, símbolo de prosperidad y garantía de seguridad bajo la bendición de Dios. El higo era la mejor y más nutritiva fruta, era la fruta de la primavera, que maduraba para el mes de mayo y era conocida como fruta de la primera cosecha.  

¿Qué representaban, para Jehová, esta cesta de higos buenos? La respuesta a tenemos en Jeremías 24:5-7:

5 «Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Como a estos higos buenos, así miraré a los deportados de Judá, a los cuales eché de este lugar a la tierra de los caldeos, para su bien.

6 Porque pondré mis ojos sobre ellos para bien, y los volveré a esta tierra. Los edificaré y no los destruiré; los plantaré y no los arrancaré.

7 Les daré un corazón para que me conozcan que yo soy Jehová; y ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios, porque se volverán a mí de todo corazón.


La bendición de Dios descansaría sobre aquellos hombres y mujeres deportados a Babilonia. Dios pondría sus ojos para el bien de ellos, les haría bien, prosperar, y demostrarle que eran Su pueblo. ¿Cumplió Jehová Su promesa? Tenemos los libros de Ezequiel y Daniel, como muestra de ello. Ezequiel fue profeta de Dios en Babilonia, y Daniel y sus 3 amigos, tuvieron un lugar prominente en el Imperio Babilonio, y los judíos y judías prosperaron y fueron protegidos por Dios.
  
Hoy día, hay personas que son delante de Dios como higos "buenos, muy buenos". Personas que han entendido que la presencia y bendición de Dios están en cualquier lugar, siempre y cuando se le sirva a Dios con "espíritu y verdad", como enseñó Jesús (Juan 4:22-24). Por cierto, son personas que se han dado cuenta de que Dios y Su presencia no están en los lugares supuestamente destinados para que esté Dios, llámense como se llamen. Dios no está confinado a un lugar o religión. Dios es un Espíritu, y busca a personas como higos buenos, muy buenos, que le adoren con "espíritu y con verdad".

Sin embargo, hay un fenómeno que parece inaudito. Note que Dios promete Su presencia y bendición a quienes salgan de Israel, donde está el Templo de Jehová, y es la tierra prometida, y se vayan a Babilonia, un lugar que es el "enemigo" espiritual de Jehová. ¿Cómo entender esto?

Es como si Jehová hoy día dijera: "sálganse de ella, pueblo mío, de lo que ustedes creen que es mi pueblo, y vengan a donde ustedes creen que es el "mundo", el "sistema", alejado de mí". Note que en esta visión profética, Dios no dice que la seguridad y presencia Suyas, se garantizan a quienes se queden en un lugar llamado "la Casa de Dios", o la "organización de Dios", o cualquier nombre similar. Y es que se ha hecho creer a la gente que la única manera de estar en la presencia de Dios y protegido, es estar "protegido" en el seno de una iglesia o religión, porque "afuera" de ella, se pierde tu fe. 

Y entonces, ¿cómo entender que Dios bendiga al que está en Babilonia, una ciudad enemiga de Dios? Dios no está limitado a ninguna parte o lugar geográfico. ¿Recuerda la visión de Ezequiel del carro-trono de Jehová? La tuvo Ezequiel en... Babilonia. Eran "ruedas entre ruedas, llenas de ojos", porque la presencia de Dios estaba en Babilonia, así como lo está en cualquier lugar. Depende de qué clase de personas somos, si ponemos a Dios en primer lugar.

Los judíos y judías a los que Dios protegería, bendeciría y haría prosperar, estaban en Babilonia, pero no eran parte de ella. No se hicieron idólatras, ni imitaron las actitudes babilónicas ante la vida y su forma de pensar. Ejemplo de ello tenemos en Daniel, quien hizo en su casa un lugar reservado para orar a Jehová, y conocemos su historia.         

Ellos, los desterrados en Babilonia, los que estaban en sintonía con la voluntad de Dios, eran el pueblo de Dios. Aquellos a quienes Jehová dio un "corazón para que me conozcan que yo soy Jehová; y ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios, porque se volverán a mí de todo corazón". 

¿Qué destino tendrían los higos "malos, muy malos"? Jeremías 24:8-10 lo informa:

8 »Y como a los higos malos, que de tan malos no se pueden comer, así ha dicho Jehová, pondré a Sedequías, rey de Judá, a sus príncipes y al resto de Jerusalén que quedó en esta tierra, y a los que habitan en la tierra de Egipto.
9 Y los daré por horror y por mal a todos los reinos de la tierra, y por infamia, por refrán, por burla y por maldición a todos los lugares donde yo los disperse.

10 Y enviaré sobre ellos espada, hambre y peste, hasta que sean exterminados de la tierra que les di a ellos y a sus padres».

 
Ser horror, mal, infamia, burla y maldición, tener sobre sí la espada, el hambre, y la peste, hasta ser exterminados. Ese era el destino de los higos malos. En hebreo, la palabra hebrea que se traduce "malos" es rah, y transmite la idea de algo malo, desagradable, maligno, miserable, lo peor, infeliz. ¿Eran así los judíos que se quedaron en Judea y Jerusalén? Ése es el veredicto de Dios. 






Hubo, de hecho, un milagro que realizó Jesús, asociado a una higuera, que es el árbol que produce el higo, que nos ayuda a entender esta parte de la visión profética. Jesús maldijo a una higuera, pues esperaba ver en ella fruto y... no lo hubo. Es el único milagro en que Jesús usó su poder para destruir, para aniquilar algo. También es el único milagro donde nadie se benefició. Todos los demás milagros se hicieron para la bien. Jesucristo multiplicó panes, sanó enfermedades y llegó a levantar tres muertos. 

Sí, Dios es Bueno, y es el Dador de todo lo bueno (Marcos 10:18, Santiago 1:17). Pero ahora Jesús, quien es Su Imagen, maldice a una higuera. La nación de Israel era como una higuera, a la que se le dio el privilegio de recibir en su seno al Mesías de Dios. Por 3 años, Jesús dio Su mensaje, les dio muestras y señales de que era el Mesías, y la gente, sencillamente, no respondió. La nación judía vio cómo en el siglo I su templo fue destruido por los romanos, cuplimiento de las palabras de Jesús. Hablando sobre el tiempo de la venida de Su Reino, Jesucristo de nuevo dirige la atención de sus discípulos al higo. "De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama se enternece, y las hojas brotan, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando viereis todas estas cosas, sabed que está cercano, á las puertas" (Mateo. 24: 32, 33). 

¿Qué podemos concluir entonces? Que Dios nos "da individualmente conforme a nuestras obras" (Apocalipsis 2:23). Si somos como los higos buenos, Dios entonces nos da un nuevo corazón, un nuevo espíritu, y nos de Su favor. Caso contrario, quien elige ser como el higo malo, ¿qué puede recibir de vuelta de Dios? Dios evalúa a los que dicen servirle. ¿Lo hace individualmente cada persona sobre su propia y personal devoción a Jehová, siguiendo los pasos de Jesús? Es una cuestión individual, personal, que requiere una respuesta individual y personal.

Esta visión profética de Jeremías que Jehová le mostró, nos ofrece una perspectiva clara:     
 
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