28 de junio de 2011

Lo que aprendemos de Pedro y Pablo en su relación con Jesucristo

Uno era pescador. El otro, un doctor de la Ley Mosaica, conocedor de las Escrituras. Galileo el pescador, acostumbrado a largas faenas hasta el amanecer en el Mar de Galilea, pescando con amplias redes barrederas. Por otra parte, el doctor en la Ley Mosaica, era un judío, con ciudadanía romana, educado a los pies de uno de los más grandes Rabíes de todos los tiempos: Gamaliel. El pescador, sólo escuchaba de la lectura de la Ley los sábados en la sinagoga, mientras que el doctor en la Ley Mosaica, debía conocérsela de memoria, pues ese era un requisito para ser enseñado a los pies de Gamaliel.


Pero el destino de ambos hombres cambió drásticamente, cuando a sus vidas llegó alguien, un hombre, uno, que había sido carpintero en Nazaret, de nombre Jesús. Este Jesús, pidió un día al pescador de Galilea, que dejara de pescar peces, y se convirtiera en pescador de hombres. Atemorizado y confundido, aceptó el pescador la invitación del ex-carpintero, y comenzó a seguirle. Y al doctor en la Ley Mosaica, un buen día, uno en que iba de viaje a la ciudad de Damasco, para perseguir a los seguidores del ex-carpintero de Nazaret, se le apareció Jesús en el camino. Sí, Jesús, el que había muerto, pero Dios lo resucitó. Era el mediodía, y el resplandor de este Jesús, resucitado, le cegó, y pudo escuchar que estaba persiguiéndolo a Él, porque si se persigue a quien sigue a Jesús, es como si lo persiguiera a Él

Y sus vidas cambiaron. Ellos cambiaron.

¿Quiénes son? Pedro, el pescador de Galilea, apóstol de Jesucristo, y Saulo de Tarso, mejor conocido como Pablo, apóstol de Jesucristo, llamado el "apóstol a las naciones". De Pedro conocemos extensamente lo que dicen los Evangelios, y la narración de Lucas que aparece en Hechos de los Apóstoles. Escribió 2 cartas de consejo, y fue un baluarte de la fe cristiana. Pablo, por otra parte, escribió 14 cartas de consejo, y difundió el evangelio de Jesucristo en todo el mundo antiguo conocido para aquella época. Realizó 3 viajes misionales, y un viaje a Roma, en el que dio testimonio de la fe en Cristo Jesús ante el César de Roma, para ser posteriormente ejecutado. El testimonio de la historia indica que ambos, Pedro y Pablo, murieron como mártires, ejecutados por su fe en Jesucristo.

Pedro y Pablo eran "apóstoles" de Jesucristo. Pensamos en ellos como lo que fueron, hombres elegidos por Jesucristo, para difundir el mensaje del Reino, y enseñar ese "camino, verdad y vida" que es Cristo Jesús. Tenemos de ellos la imagen de hombres que dan vigorosos discursos ante multitudes, como el caso de Pedro en Pentecostés, logrando que 3.000 varones se unieran a los discípulos, o que hacen acto de ejercicio de autoridad apostólica, rectificando enseñanzas equivocadas, denunciando con fuerza a quienes buscaban subvertir la fe en Cristo Jesús, como Pablo. 


Pero también podemos hallar evidencia en las Escrituras sobre lo importante que fue la relación que tuvo Jesús con ambos, Pedro y Pablo, como personas, hombres que necesitaban ser transformados, ser sometidos a una profunda metamorfosis espiritual. 

Tener una relación con Jesucristo es iniciar una senda espiritual de transformación. No podemos llegar a Jesucristo y creer que con tener fe en Él, ya hemos completado el trabajo. Evidentemente, es un gran paso llegar a ser discípulos de Jesucristo, pero ese es el primer paso. El "camino, verdad y vida" que es Cristo Jesús, se va desplegando día tras día, a medida que vamos conociéndole, reconociéndole, y vamos llenándonos de ese tejido espiritual que es Cristo Jesús.

Si analizamos la vida de ambos, Pedro y Pablo, vemos que ambos son hombres de carácter fuerte, con una estructura psicológica y emocional compleja, y eso lo sabe Jesús. Pedro decide seguir a Jesús tras ver un milagro, uno que lo deja convencido de seguir a Jesús. Pero no se trató sólo de ver un milagro. Pedro realmente se sintió confrontado en todo su ser al ver aquella gran cantidad de peces salir de un lugar en el que él sabía que la noche anterior no había ni uno. ¿Puede decírsele que no al Hijo de Dios? ¿Podía él tener dudas sobre el hecho de que ese hombre en su barca era el Mesías, largamente esperado? Pedro fue llamado por Jesús, pero él tomó la decisión, consciente y deliberada de seguirlo a Él.   


Seguros estamos de que Pedro jamás olvidó aquel momento de su vida, en el que se arrodilló ante Jesús, y conmovido, entendió que estaba ante un hombre santo. "Apártate de mí, Señor, porque soy un hombre pecador", le dice Pedro a Jesús. El Santo de Dios le dice "deja de tener miedo, serás pescador de hombres".

Pedro siente que no es digno de estar en la presencia del Mesías. Es un hombre pecador, ha cometido sus errores, sabe qué clase de hombre ha sido. Y Jesús también lo sabe, sabe muy bien quién ha sido Pedro, pero sabe también la clase de hombre que puede ser. Jesús le dijo que dejara de tener miedo. El miedo, es una emoción negativa, debilitante, que paraliza toda iniciativa. Jesús sabe qué hombre es Pedro, pero está dispuesto a estar junto a este hombre, y ayudarle, ser parte de su proceso de transformación. Pero Pedro debe dejar de tener miedo.

Esto nos enseña algo vital sobre nuestra relación con Jesucristo. No se trata de quién hemos sido, qué clase de personas creemos que somos, sino del amor de Dios que por medio de Jesucristo nos llama a la transformación, a un cambio positivo. ¿Qué ser humano no es "pecador" como Pedro? Entonces, ¿qué sentido tiene el mensaje de Jesús, y su sacrificio? La exhortación de Jesús a Pedro de "dejar de tener miedo", es válida para nosotros hoy día. Tener una relación con Jesucristo implica amor, se basa en el amor de Él hacia nosotros, no se basa en nuestros errores y fallos. Jamás debemos permitir que el miedo, el temor, el sentirnos indignos, nos aleje de Cristo Jesús. "Apártate de mí", le dijo Pedro a Jesús. Jesucristo no desea que nos apartemos de Él, sino que nos acerquemos a Él. Es un error creer que nuestros errores son tan graves que la mejor solución es apartarnos de Jesús.     

Pablo también admite en un momento de su vida sus errores, su condición de necesitar a Jesús. "No soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a los cristianos", reconoce en su carta a los corintios. "Mas, por la gracia de Dios, soy apóstol", acepta con humildad. Él es un hombre de intensas emociones, como Pedro, y no lo esconde. No se esconde tras una fachada de "voy a quedar bien con todo el mundo". No tiene problemas o "pelos en la lengua" para declarar lo que cree o piensa. Pero Pablo aprende que lo mejor es exhortar sobre la base del amor, como lo refleja su petición a Filemón de recibir a Onésimo, el esclavo escapado, que vuelve convertido en seguidor de Jesús. Pablo pudo haber obligado, usar su poder. Pero usa el poder más grande para convencerlo de la acción correcta: el amor.


Pablo tuvo con Jesucristo una relación basada en visiones sobrenaturales. En ocasiones, Jesús se le presentaba en visión, o le daba indicaciones por medio de un ángel. Nunca le dejó solo. A veces, en la soledad de una prisión, allí, fiel y cálido, estaba Jesús, dándole apoyo. Podría uno creer que para relacionarse con Jesús, hace falta el elemento "sobrenatural", "ver" milagros, presencias, manifestaciones. Y definitivamente, Cristo Jesús es el poder de Dios, y el poder de Dios es sobrenatural. Pero no podemos dimensionar la relación con Jesús a un nivel meramente emocional, como si constantemente, se necesitara un milagro para sentir que ahí está Jesús. 


Tanto Pedro como Pablo conocieron y vieron a Jesucristo, y palparon su poder, y lo manifestaron. Sin embargo, es su relación con Jesucristo, lo que los transforma, los va guiando hacia esa estatura de madurez que pertenece al Cristo. Son conocedores de secretos sagrados, pero saben que sin el ejercicio del amor, la paciencia, la sabiduría, la fe, no es eficaz el mensaje de Jesús. Practicaban lo que predicaban, y  con su enseñanza y su vivencia, su testimonio de transformación, guiaron a otros a Jesucristo, fueron un testimonio del amor del Hijo de Dios. Lo más extraordinario de todo esto, es que ambos no eran superhombres, tenían defectos y fallos, pero estuvieron dispuestos a cambiar su vida y sus estructuras mentales, emocionales y espirituales para seguir realmente a Jesús. Ellos no se aferraron a su pasado religioso, o su status económico. Porque, o sigues a Jesús, o sigues atado al pasado, o a lo que no sirve. Ellos Siguieron a Jesús, se relacionaron con Él, permitieron que Él les guiara hacia una completa transformación en su vida, y recibieron "100 veces" más en su vida en la Tierra, y en los Cielos recibieron el "premio de la llamada hacia arriba". 


De ellos aprendemos que podemos relacionarnos con Jesucristo, transformarnos, ser personas con la mente de Cristo, dejar el miedo al pasado y a las frustraciones, y aceptar el amor del Padre que por medio de Su Hijo podemos recibir.       



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