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Tomar el escudo GRANDE de la FE: por qué es importante en estos tiempos


Como los Romanos se alineaban para avanzar, nosotros también debemos unirnos como iglesia y orar los unos por los otros
El ejército, fue el instrumento del que Roma se valió para conquistar primero, y mantener después, un imperio que abarcaba toda la cuenca del Mediterráneo, 6.000.000 de kms2, que llegaron a estar bajo la pax romana. ¿Cómo lo lograron? ¿Fue siempre invencible ese ejército? No, pero la historia muestra que el ejército romano tuvo la gran virtud de no considerar nunca la derrota en una batalla como la derrota total de la guerra y, además, supo aprovechar la experiencia para mejorar las técnicas, y conseguir ser el poderoso ejército que mantendría unido durante varios siglos el Imperio.

Evidentemente, el ejército romano era un ejemplo de cómo se usó la inteligencia, el conocimiento, y la experiencia, para formar un ejército profesional, capaz de ganar cualquier batalla en cualquier terreno, independientemente del enemigo, las circunstancias del terreno o las estrategias contrarias. Del buen ejemplo del adiestramiento exitoso de los soldados romanos, se valió el apóstol Pablo para ilustrar cómo afrontar las dificultades y obstáculos a los que se enfrentan los hombres y mujeres creyentes. En la Carta a los Efesios, capítulo 6:10-18, se describe la armadura de Dios, que Él nos da, para el combate espiritual:  

Y ahora, hermanos, busquen su fuerza en el Señor, en su poder irresistible

Protéjanse con toda la armadura que Dios les ha dado, para que puedan estar firmes contra los engaños del diablo. 

Porque no estamos luchando contra poderes humanos, sino contra malignas fuerzas espirituales del cielo, las cuales tienen mando, autoridad y dominio sobre el mundo de tinieblas que nos rodea. 

Por eso, tomen toda la armadura que Dios les ha dado, para que puedan resistir en el día malo y, después de haberse preparado bien, mantenerse firmes.

Así que manténganse firmes, revestidos de la verdad y protegidos por la rectitud. Estén siempre listos para salir a anunciar el mensaje de la paz. Sobre todo, tomen el escudo grande de su fe, que los libre de las flechas encendidas del maligno. Que la salvación sea el casco que proteja su cabeza, y que la palabra de Dios sea la espada que les da el Espíritu Santo. 

No dejen ustedes de orar: rueguen y pidan a Dios siempre, guiados por el Espíritu. Manténganse alerta, sin desanimarse, y oren por todo el pueblo santo.


Para muchas personas, el mal y su existencia son cosa de fantasía o ficción. Las fuerzas espirituales oscuras y malignas existen. ¿Está un creyente indefenso? No, porque Dios le dota de una armadura espiritual. Hay engaños, dificultades, situaciones adversas, que son ataques del enemigo. Pero, si se tiene y usa la armadura de Dios, completa, toda ella, se puede vencer en la guerra espiritual que en un momento dado debe librar cada creyente.

Por eso, tomen toda la armadura que Dios les ha dado, para que puedan resistir en el día malo y, después de haberse preparado bien, mantenerse firmes.

Desde hace 2.000 años, se ha dado advertencia profética sobre un período de tiempo conocido como la "gran tribulación" que iba a suceder, y que hasta empezaría, y, curiosamente, la gente ni se enteraría... hasta que fuera demasiado tarde. La advertencia la dio el mismo Jesucristo. ¿Habría que dudar de ella?

En el texto citado arriba se habla de poder resistir el día malo, y hay días de angustia que se viven en la actualidad y, empeorarán. ¿Cómo afrontarlos?

Para afrontarlos se requiere tomar TODA la armadura espiritual, y un elemento imprescindible es la fe. Pablo la ilustra como ese escudo grande que usaban los soldados romanos para proteger todo su cuerpo. Eran escudos grandes, de más de 1 metro de altura, diseñados para evitar que fuese herido el soldado.  

El escudo grande de la fe, en primer lugar, debemos tenerlo. ¿Tenemos fe? ¿En quién? ¿En qué? ¿Cuán profunda es nuestra convicción y certeza, sobre el poder y la fuerza de Dios, y Su amor en nuestras vidas? ¿Cuán convencidos estamos de sentir Su fuerza y Su Presencia? 

Por ejemplo, en estos tiempos de crisis económica, cuando hay tantas deudas, dificultades para pagar las cuentas, ¿cómo confiar en la promesa de que "Jehová es nuestro pastor, y nada nos faltará", si precisamente hay cosas como el dinero suficiente, para pagar las deudas? O, en estos tiempos en los que tantos sucesos ocurren que cumplen claramente la profecía bíblica, ¿realmente puede creerse que se están cumpliendo, si en la iglesia o religión a la que pertenezco no me hablan de ella?

La fe comienza en nuestra mente, con nuestros pensamientos. Dicen las Escrituras:

"Los pensamientos con el consejo se ordenan; y con dirección sabia se hace la guerra" 

Proverbios 20:18 

Nuestro pensar debe estar en orden, y eso implica tener una profunda y fuerte fe en Dios, en Su amor y la fuerza que Él da. Pero ello comienza en la mente. ¿Cómo pensamos? ¿Meditamos, reflexionamos en Su palabra "día y noche" como se le aconsejó a Josué? Esa reflexión nos ayudará a proteger partes vitales del ser humano, de nuestra vida.  

Pablo habla sobre la función del escudo grande de la fe:
protegernos de las flechas encendidas del maligno.

En tiempos de Pablo, los enemigos lanzaban desde la distancia, flechas encendidas con combustible, o tal vez envenenadas, que lograban causar daño a los soldados que no estuvieran debidamente protegidos con su escudo. En este caso, las flechas encendidas de los enemigos aparecen en forma de pensamientos negativos, sentimientos de desánimo, críticas de otros, palabras de desaliento que permitimos que entren en el corazón. 

El escudo que menciona Pablo es GRANDE. Así debe ser nuestra fe: GRANDE. No podemos cuantificarla, pero recordemos que Jesús dijo que un poco de ella, del tamaño de un grano de mostaza, haría una gran diferencia en nuestras vidas. Pero, hay un elemento importante que puede ayudar a ese escudo GRANDE de nuestra fe: el espíritu santo.

La palabra de Dios dice: "Ponen la mesa,  extienden tapices;  comen,  beben.   ¡Levantaos,  oh príncipes,  ungid el escudo!" 
Isaías 21:5

Una de las cosas que Dios le reprochó a Saúl, es que no ungió Su escudo (2 Samuel 1:21). Antiguamente se ungían los escudos, para protegerlos y hacerlos resbaladizos para que las flechas o dardos no se pegaran en ellos. El aceite, representa el espíritu santo. Sin la guía del espíritu santo, no podemos usar el escudo de la fe o si lo usamos, no surtirá efecto. Nuestro escudo estará viejo y lleno de agujeros por los dardos. Sera un escudo frágil. 

Para saber dónde poner el escudo, tenemos que saber cuáles son las partes vitales de nuestras vidas. Esto tiene que ver con las prioridades. Hay gente que lleva el escudo de la fe, colgado a la espalda, en medio de la guerra. Nuestras partes vitales son en primer lugar nuestra vida y relación espiritual con Dios. Si esta parte se daña, todo lo que hay debajo, familia, situación económica, trabajo, salud, se daña. Esto es el corazón del guerrero. Una de las cosas que más ataca el enemigo, es nuestra vida espiritual. Y esto le pasa a miles de creyentes en todo el mundo. El corazón de tu vida, es tu relación con Dios. Si esto está cuidado por el escudo de la fe, no tengas temor, porque Dios te entregará todo lo que quieras, haciendo de ti un guerrero de victoria TOTAL.


Cuando estamos con el escudo GRANDE de la fe en Dios, tenemos la habilidad y el poder de tomar, conquistar, lograr lo que sea y vencer. Si Dios no está, estamos perdidos. Toma, y ubica el escudo GRANDE de la fe, y no permitas que nadie y nada, toque tu relación con Dios, y mantente alerta.

Nuestro futuro no depende de la cuenta de ahorros del banco, ni del trabajo que tengamos, ni de lo que creamos que estamos haciendo "bien", sino de nuestra confianza en Dios. Si mantenemos en nuestra mente la fe, protegiéndonos en nuestros pensamientos y emociones, no nos harán tambalear los sucesos y circunstancias de la vida, sino que sabremos evitar que lo malo nos haga daño. Eso es lo que hace el escudo GRANDE de la fe.




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