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miércoles, agosto 05, 2015

Por qué es importante la luz de Dios en nuestras vidas

Dios dio indicaciones a Moisés de construir una tienda, llamada Tabernáculo. Era una estructura portátil y armable, que posteriormente, y siguiendo un plano arquitectónico que el Rey David recibió por inspiración divina, fue reemplazada por una gran edificación: el Templo de Dios edificado por Salomón.

Conocemos la historia del Tabernáculo y el Templo. Sus detalles acerca de cómo debía ser, están especificados en las Escrituras. Sin embargo, cabe preguntarnos qué nos enseña el hecho histórico de que en tiempos antiguos, existiera un lugar geográfico en el cual podemos saber que estaba la Presencia de Dios, simbolizada por el Arca del Pacto en el Santísimo.

¿Por qué la pregunta? Porque Jesucristo enseñó sobre el adorar al Padre con "espíritu y verdad" a una mujer, la samaritana a la que pidió un vaso de agua para beber. A ella dijo:

“Mujer, cree lo que te digo: la hora viene cuando ni en este monte (Guerizim, un lugar sagrado para los samaritanos) ni en Jerusalén (donde estaba el Templo) adorarán ustedes al Padre. 22 Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los Judíos. 23 Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a a ellos el Padre los busca para que Lo adoren. 24 Dios es espíritu, y los que Lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad”.

Juan 4:21-24

Jesucristo mismo reconoció el rol protagónico que tuvo el Templo de Jerusalén en la adoración a Dios. Pero este fue destruido por los romanos en el siglo I D. C. sin que haya vuelto a ser construido. De hecho, llegó a existir una estructura espiritual que YHWH creó para adorarle, en espíritu y verdad, sin necesidad de crear una edificación, en la que Jesucristo actúa como Sumo Sacerdote del Orden de Melquisedek.

El punto es que, en estos tiempos, si deseamos acercarnos a Dios y mantenernos cerca de Él, debemos comprender qué nos enseña la mismísima Presencia de Dios, y el Santísimo del Templo nos puede dar detalles sobre este asunto.

Note que el Santísimo era un cuarto en forma de cubo, que medía en el Tabernáculo alrededor de 20 metros cuadrados, y en el Templo de Salomón medía cerca de 90 metros cuadrados. 

En el Santísimo estaba sólo el Arca del Pacto, símbolo de la Presencia de Dios en toda la Tierra. ¿Se imagina que el lugar en el que está la Presencia de Dios en toda la Tierra haya sido de tan solo 20 ó 90 metros cuadrados?   


No había más nada. Ni siquiera un candelabro o fuente de luz, porque arriba del Arca había una nube,  brillante, que era la única luz del Santísimo, a la que se le llamó Shekinah. ¿De dónde salía esa luz?

De Dios.


Eso nos enseña la relación que existe entre la Presencia de Dios y la luz. "Dios es luz, y no hay ninguna oscuridad en Él", escribió el apóstol Juan (1 Juan 1:5). Jesucristo mismo dijo que Él era la luz del mundo (Juan 8:12). Si buscamos la Presencia de Dios en nuestras vidas, necesariamente buscamos y encontramos la luz, la luz de Dios.

Necesitamos la luz de Dios en nuestras vidas, que nos ilumine, que nos guíe y enseñe. Al tomar decisiones, al estar alerta ante los acontecimientos mundiales, en nuestras relaciones con otros, en cualquier caso, necesitamos la luz de Dios. La que sólo Dios puede darnos.

Muchos confunden la luz de Dios con la religión. Son 2 cosas diametralmente opuestas. ¿Cree usted que las religiones ofrecen verdadera luz para guiar nuestras vidas, o para ayudarnos a discernir las cosas verdaderamente importantes? 

¿Es mejor la religión que Dios mismo?

En el antiguo Israel, no había dudas sobre el hecho de que en el Santísimo estaba la Presencia de Dios, representadas por el Arca del Pacto y la Shekinah. Pero en este tiempo, ¿quién puede asegurar dónde está realmente Dios presente con Su luz y favor? ¿Está en alguna religión u organización religiosa o iglesia? ¿Está reservada para los líderes religiosos carismáticos?

La luz de Dios en tiempos pasados, estaba simbolizada por la Shekinah, esa luz "milagrosa" que reposaba sobre el Arca del Pacto. Hoy en día, no existe un lugar con esas características, aunque existen personas y organizaciones que afirman que sólo ellos son poseedores de la luz de Dios y Su presencia.


En definitiva, nos damos cuenta de que necesitamos de Dios, de Su Presencia, y no de sustitutos religiosos. 

Es importante buscar y recibir esa luz de Dios en nuestras vidas. Lo hacemos al reflexionar en la importancia de la oración. Esa oración fresca, íntima, sentida, que nos acerca a Dios.

Llama la atención que, según lo estableció Dios, sólo entraba al Santísimo el Sumo Sacerdote, 3 veces, durante el Día de Expiación, y lo primero que debía hacer era ofrecer incienso. Y el incienso representa la oración, la oración que agrada a Dios (Apocalipsis 5:8). Esto hace que nos preguntemos qué importancia le damos a la oración a Dios. Orar, no es sólo hablar con Dios, es acercarse a Él y mantenerse cerca de Él. Para Jesús siempre la oración era vital para mantener esa conexión divina con el Padre. Eso nos hace plantearnos la necesidad de mantenernos siempre orando, sin desistir.

¿Podemos tener acceso a la Presencia de Dios por medio de la oración? Sí. Dios es el Oidor de la oración (Salmo 65:2). Orar, orar y orar, ayuda a ser conscientes de nuestra necesidad espiritual, de nuestra necesidad de Dios en nuestras vidas.

El Santísimo del Templo de YHWH nos enseña que la Presencia de Dios está asociada a la luz, la luz de Dios, esa que es diferente a la guía inestable y cambiante de los humanos que dicen representar a Dios. Nos recuerda que Dios no quiere relacionarse con nosotros en este tiempo por medio estructuras religiosos, templos, lugares sagrados o algo por el estilo, sino que donde estemos, podamos amarle y adorarle en espíritu y verdad. Y que el único medio para acercarnos al Padre, es el "camino, verdad y vida": Jesucristo. 



Y recibiendo esa luz de Dios en nuestras vidas, estas se tornan más llenas de paz, de equilibrio y bendición.