Jesús enseña la compasión de Dios



¿Es Dios compasivo, misericordioso?


YHWH es "misericordioso y bueno, de gran paciencia", según las Escrituras.

Que Dios se conduele de quien sufre, del desvalido, del pobre, de la persona que ha sido despreciada o tomada en poca estima por otros, nos lo enseña Jesús, el Hijo de Dios.

Por ejemplo, ¿qué tienen en común un leproso, una mujer viuda, o un joven epiléptico?



Que todos fueron objeto de la compasión de Jesús. Al leproso, Jesús lo sanó. A la mujer viuda, Jesús le resucitó un hijo muerto, su único. Y al joven epiléptico, lo sanó de su terrible mal.

Jesús veía a las personas como si fueran ovejas, desparramadas y tristes, agobiadas. ¿Qué significa eso? Que estaban desanimadas, deprimidas, angustiadas, cargadas de problemas, sintiéndose asfixiadas en su situación.

¿Cómo era posible que los judíos se sintieran tan desvalidos y desprotegidos espiritualmente?

¿No se suponía que el Dios de Israel les había ayudado siempre, y que Él era un refugio seguro para ellos?


No era eso lo que les enseñaban en sus sinagogas. Ellos iban los sábados, religiosamente, sin faltar al mandato de ir a escuchar la lectura de la Ley y su instrucción. Los fariseos, maestros de la Ley y guías religiosos del pueblo, eran los encargados de enseñar a las personas.

Tras estar sentados durante el servicio de la sinagoga, y al salir de dicha reunión, ¿cómo se sentían los hombres, mujeres y niños ese sábado de reunión en aquel lugar?

Imagínese qué estímulo, guía e instrucción que fortaleciera su fe habrían recibido de unos líderes religiosos que no cesaban de llamarles "malditos", "pecadores", "ustedes tienen la culpa de lo que les pasa", o, "Dios los está castigando". 

Pero Jesús no era así. Su enseñanza era diferente, fresca, sencilla. A él se sentían atraídas personas de todo tipo. 

Jesús y los fariseos tenían 2 maneras muy distintas de ver a las personas. 

Para los fariseos, la gente era "maldita", que no merecía el amor de Dios.  Los pobres, eran "malditos".

Y la mujer, un ser de baja categoría. 

¿Y Jesús? 


Tenía la perspectiva divina, la de Su Padre celestial. Jesús sabía que YHWH respetaba y valoraba la dignidad personal de cada quien. Miraba lo que era su corazón, lo que cada cual era realmente. Veía más allá del dinero, posición social, o lo que la gente creyera. Para Jesús, las personas tenían un valor intrínseco, por haber sido creadas a la imagen y semejanza de Dios. Y la mujer, era un ser inteligente, autónomo, por derecho propio.    


La compasión de Dios es una de sus más atrayentes cualidades. Que YHWH se conduele del sufrimiento, de la angustia de una persona y de las diversas situaciones difíciles que tiene que vivir, es algo que nos enseñó Jesús en su ministerio. 

Dios no se deleita por el sufrimiento de nadie. Eso lo enseñó Jesús. Por eso, curó enfermos, sanó muertos y expulsó a seres malignos que hacían daño a las personas. Y les enseñó la misericordia y el amor de Dios por ellos.

Hay un relato que nos muestra de una manera particular cómo se manifiesta la compasión de YHWH. Es la historia de Zaqueo.

Aparece en el evangelio de Lucas 19:1-10.

¿Quién era Zaqueo? Era un recaudador de impuestos. Y muy rico. Vivía en Jericó, ciudad a la cual acudió Jesús a enseñar. Jericó era fértil y productiva, y proporcionaba considerables impuestos debido a su comercio, y Zaqueo, como muchos otros recaudadores de impuestos, se valió de prácticas dudosas.

Ahora pensemos en un detalle. Es fácil entender que Jesús sintiera compasión de un leproso, por ejemplo. Ser leproso significaba vivir marginado de la familia, los amigos, la sociedad. Era vivir como un proscrito del resto de la gente, además de lidiar con una enfermedad que desfigura el cuerpo. ¿Cómo no sentir compasión por una persona que vive en esa condición?

También es comprensible que Jesús se compadeciera de la mujer, la viuda de Naín, que iba en camino de enterrar a su hijo único. ¿Qué sería de ella, viuda, y ahora sin su hijo único? ¿Qué futuro viviría, con el dolor de haber perdido a su único hijo, sin dinero, y sola?

Por este tipo de personas, uno siente compasión. 

Pero, ¿sentir compasión por un hombre que se enriqueció extorsionando a la gente?

Ese era Zaqueo. 

Por eso, cuando Jesús llegó a Jericó, y se armó el alboroto por la noticia, todo el mundo corrió a donde Él, para verlo, escucharlo, o pedirle algún favor.

¿Y Zaqueo? Él no era ajeno a la llegada de Jesús. Por eso corrió a verle. 

Pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura.

¿Qué hizo para ver a Jesús? Fue corriendo delante, y se subió a un sicómoro para verlo, porque Jesús había de pasar por allí. 

Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba lo vio, y le dijo: 

-Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que me hospede en tu casa. 
Entonces él descendió aprisa y lo recibió gozoso. 
Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a hospedarse en casa de un hombre pecador.
¿Cómo es posible que Jesús entrara a la casa del hombre menos querido de la ciudad, que seguramente les había jugado sucio con los impuestos a la mayoría de la gente?

Zaqueo era un hombre pecador. Pero, pensemos por un momento. ¿Acaso los otros que vivían en Jericó eran perfectos, libres de culpa alguna?

Lo que sucede es que los pecados de Zaqueo eran públicos. Conocidos por todos.

Zaqueo estaba feliz de tener a Jesús en su casa. No nos imaginamos a Zaqueo teniendo muchas visitas agradables en su casa, si la gente le tildaba de pecador.

En medio de la velada, Zaqueo se sintió impulsado a hacer algo sorprendente: 
Dijo a Jesús:
-Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguien, se lo devuelvo cuadruplicado.
Jesús le dijo:

-Hoy ha venido la salvación a esta casa, por cuanto él también es hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.



Zaqueo reconoció públicamente que había defraudado a la gente. Pero note que él, voluntariamente, dio la mitad de sus bienes a los pobres, y a quien le había defraudado, le daría 4 veces lo robado.

 


¿Por qué Zaqueo hizo aquello? Porque la actitud de Jesús le tocó el corazón. Por primera vez, Zaqueo sentía que tenía la oportunidad de reconciliarse con Dios, consigo mismo, y con las personas a las que había causado daño. Entendió que, no importaba ni su edad ni su pasado, lo que había hecho o cómo le viera la gente, sino que ahora, Jehová le estaba extendiendo la mano, y él lo aceptó. 

 


Zaqueo entendió que él no era su pasado. No era una montaña de errores y fraudes. Él era en ese momento en que Jesús estaba en su casa, tratándole con cariño, compasión y respeto, a pesar de haber sido un "pecador", alguien con la oportunidad de comenzar de nuevo.

 

 

A eso le llamó Jesús "la salvación". ¿Por qué? Porque este hombre estaba perdido. Perdido porque estaba lejos de Dios, lejos de ser una persona correcta, que hiciera el bien, y lejos de estar en paz con otras personas por el mal que les había causado.Jesús vino a buscar y salvar lo que estaba perdido. 

 

Dios sabe qué hemos sido, qué errores hemos cometido, qué fallas tenemos. ¿Y? ¿No hay posibilidad de cambiar? ¿De acercarnos a Dios?  



La experiencia de Zaqueo muestra que sí. Que podemos acercarnos a Dios. Que tenemos las herramientas en nuestras manos para generar cambios positivos y de bien


"Acérquense a Dios, y Él se acercará a ustedes", declara la Biblia en Santiago 4:8. No importa qué opinión tengan otros de uno, lo importante es qué piensa Dios de ti. Y si YHWH no te considera un caso perdido, ¿por qué no aprovechar esa oportunidad de acercarse a Dios?

Este relato nos enseña que no somos un caso perdido para Dios. Jesús nos muestra la compasión de Dios, mostrándonos que sí es posible generar cambios en nuestra vida. 


"Mira, estoy de pie a la puerta y toco. Si alguno oye mi voz y abre mi puerta, yo entraré en su casa y cenaré con él. Y él conmigo".



Revelación 3:20
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