9 de febrero de 2010

Job: modelo de superar el sufrimiento

Ciertamente el libro de Job, que contiene 42 capítulos, tiene mucho que ofrecer.

Job lo tenía todo. El hombre que tanto éxito había tenido en la vida, pierde bienes, hijos, salud, status social, todo.

Pero entonces se le acercan 3 amigos, primero, para acompañarle en silencio. Con él permanecen siete días y siete noches en silencio total.

Profundicemos en algunos detalles.

Los amigos de Job eran 3: Elifaz, Bildad y Zofar.

Son 3 personajes que ven a Job por 7 días sin emitir ningún sonido. No dicen nada.

Pero, cuando al cabo de siete días comienzan a hablar, intentan elaborar una teoría que explique el destino de Job. El destino del amigo confirma para ellos su ideología: sólo el culpable sufre desgracias. Job, por tanto, debe indagar dónde se ha hecho culpable.

Y cuando hablan, lo hacen cuestionando a Job, culpándole de TODO lo que le había pasado.

No lo consolaron.

No lo ayudaron.

No le dieron el beneficio de la duda.

¿Quién necesita amigos así?

El único personaje que realmente sintonizó con el dolor de Job fue Elihú.

Sabio, prudente, con argumentos bien ponderados, ayuda a Job a empezar a salir de ese túnel de decepción y amargura.

Porque, admitámoslo, Job es un arquetipo, es un modelo. Nos identificamos con Job cuando la pasamos no tan bien.

Es más, Job nos ha sido puesto como ejemplo de un bueno que sufre.

¿Es el sufrir "bueno" en sí mismo?

Asumamos que el sufrimiento es el efecto de una causa: el mal heredado por el pecado de Adán.

Causa = Efecto

Sufrimos por pecadores, y porque alguien se encarga de añadir su cuota en causar sufrimiento.

El modelo de Job es el del hombre que sabe encarar el sufrimiento.

Nosotros, igual que Job, gritamos a Dios como Padre nuestro cuando nos sobreviene, una enfermedad incurable, cuando nuestro proyecto de vida se viene abajo o cuando se nos arrebata un ser querido. Invocamos al Padre cuando dejamos de comprender nuestra vida. Y nos rebelamos contra Dios, porque ya no podemos experimentarlo como Padre, sino como enemigo, igual que Job.

Job no comete el error de maldecir a Dios, como lo plantea su esposa (la misma con la que tiene otros 10 hijos posterior a sus pruebas). Tampoco culpa a la esposa, a sus hijos, no culpa a nadie (distinto a Adán y al 99,99% de los mortales que nunca asume la responsabilidad por sus actos).

Aguanta el habla insidiosa y tortuosa de Elifaz, Bildad y Zofar.

Y sencillamente, no reniega de Dios.

Porque, siendo claros, ¿cuánta gente reniega de Dios hasta estando en estado de prosperidad y abundancia, salud, buena familia, etc?

Para muchos, al aparecer el mal y el sufrimiento, lo más fácil es culpar a Dios y renegar de Él, hasta por cosas buenas.

¿Por qué culpar a Dios por lo malo?

¿Por qué necesariamente culpar al Tentador por el sufrimiento?

Job fue un hombre que no renegó de Dios, no perdió la fe en Él, y tuvo el VALOR de retractarse de sus errores y hacer que su sufrimiento obrara para bien.

Tal vez a eso le llamen alquimia emocional, el poder de cambiar el mal por el bien, o es sencillamente un asunto de la calidad de la fe en Dios de cada cual. Fe para ver el arcoiris después de la tormenta, fe para creer que a pesar del sufrimiento, hay un mañana maravilloso esperándolo a uno, si se sabe atravesar el dolor del sufrimiento con fe en el amor de Dios.

¿Qué razón inteligente existe para elegir sufrir? Ninguna.

Job no eligió vivir todas sus amargas experiencias. Pero sí eligió tener fe y perseverar en ella. Eligió día a día, mañana a mañana, noche a noche, hacer valer su fe. Usar su fe.

Pudo haberse amargado, resentido, suicidado, darse por vencido. Pero tuvo fe y esperanza en Dios. Y quien elige eso, no está eligiendo sufrir, sino ser feliz. Vive mejor quien se aferra a Dios y sabe que al tiempo de Dios recibirá lo mejor (no es ilusión de "paraísos", es la vida real del aquí y ahora).

Llama la atención la relación de Job con su esposa. Ella le insta a maldecir a Dios, y le abandona. Por mucho menos de eso, la gente se divorcia, es infiel, se transforma en un ser amargado por culpa de lo que le hizo su pareja.

Pero Job eligió seguir con su esposa.

¿La extrañaba en las noches, y recordaba los momentos llenos de significado que vivieron? Tal vez, es lo más probable.

Porque el amor y las relaciones que tenemos con la pareja, los hijos, la familia, son también una cuestión de elegir. Elegir sufrir en esas relaciones, o elegir la aplicación de la ignorada regla de Oro de Jesús: haz a otros lo que quieres que te hagan. (Por supuesto, en este aspecto hay mucho más que añadir...)

Si así fueran nuestras elecciones, basadas en el amor, la fe, la esperanza, y haciéndolas con responsabilidad y perseverancia, sin tirar la toalla a los 3 minutos de iniciar la lucha, elegiríamos la felicidad, y no el sufrimiento. Y si se sufre, el sufrimiento nos haría bien, y no mal.

¿Parece utópico? Sí. Pero lo curioso es que es el mensaje que se repite en la Biblia vez tras vez, y ejemplificado en el final maravilloso del libro de Job. De lo contrario, 3500 años después, no estuviéramos hablando de él.

Biblia al Día:

Santiago 5:10, 11

Hermanos, tomad como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas que hablaron en el nombre del Señor.

En verdad, consideramos dichosos a los que perseveraron. Habéis oído hablar de la perseverancia de Job, y habéis visto lo que al final le dio el Señor. Es que el Señor es muy compasivo y misericordioso.

Santiago, medio hermano de Jesús, al escribir su carta, consideró oportuno hablar de Job.

Lo hizo como un "ejemplo" de sufrimiento.

Todos sufrimos. Sufrimos por las tablas de multiplicar que nos enseñaban en la escuela y no entendíamos. Sufrimos por ese juguete o dulce que no nos dieron. Sufrimos por el rechazo de ese chico o chica que nos parece un amor imposible. O por aquel dolor de cabeza que nos da por algún motivo... en fin.

No es novedad el sufrimiento. Y de eso era consciente Santiago hace 2000 años, y lo mismo sucede con nosotros.

El punto es que Job, 3500 años después nos es puesto como un modelo de sufrir el mal.

Y dicho modelo comenzó con su respuesta a las palabras de su esposa. Ella, en su dolor y sufrimiento (ella también sufrió), le dijo a Job unas palabras insensatas, cargadas de un tono malvado.

Job hizo dos cosas:

1. Reconoció la insensatez de las palabras de su esposa.

2. Reconoció el manejo de la Providencia Divina en su situación -recibimos de Dios lo bueno, y ¿lo malo, no?.

Ese es de inicio, un modelo positivo de enfrentar el sufrimiento. Porque, se debe admitir, que el sufrimiento debe ser enfrentado, y ese es el primer aspecto del modelo de Job. Job no niega su situación. No la tergiversa, no la edulcora, como suele hacerse.

Job asume un actitud de piedad ante Dios y ante su situación.

Creemos que la piedad es una especie de aureola de santidad de aquellos que rezan 100 avemarías, 50 credos, o se abstienen de la música, la playa, o se "entregan" al servicio del Señor (sea la religión de la que se trate, cada cual anexa las acciones que parezcan piadosas).

Pero Job entiende que detrás de lo sucedido, y más allá de lo que él comprende, Dios sigue al control de la situación. Sin culpar a Dios, ni pretender manipular la situación con la consabida frase de ¿por qué a mí?

A Job quisieron convencerlo de que era culpable de lo que le pasó. Y él no se deja convencer por sus amigos de que, a pesar de su convicción, él es culpable de su suerte. Dios le da por fin la razón. A los amigos de Job les dice: «No habéis hablado bien de mí, como lo ha hecho mi siervo Job» (Job 42,3). Job no se dejó llevar por el juego, ni fue manipulable psicológicamente. Confió en el hombre de fe que había sido hasta ese momento. Él no se siente culpable por lo que le pasó. A un hombre así pueden entenderle los hombres.

Durante siglos hemos escuchado el mismo argumento: que ante Dios debemos hacernos siempre pequeños; que, sobre todo, debemos indagar y reconocer nuestras culpas. Job nos permite situarnos ante nosotros tal como somos, sin inculparnos a nosotros mismos. Con un sano sentido de humildad y respeto ante Dios, se tiende a autoculparse y a menospreciar al hombre que sufre, despojándole de su dignidad personal.

Quienes buscan siempre sentirse pecadores, míseros e insignificantes ante Dios no desarrollan nunca una actitud sana frente a las propias acciones. El hombre justo sabe apreciar lo que merece aprecio, los valores que él desearía representar. No puede admitir que se desprecien todos sus esfuerzos por la rectitud, cuestionándolo todo y descubriendo por todas partes pecados y culpas. Job nos da el valor de seguir adelante, frente a toda clase de explicaciones precipitadas. Nosotros no podemos dar respuesta alguna sobre el porqué de una enfermedad que nos sobreviene o de un determinado destino que nos alcanza. Hemos de aceptar simplemente que no disponemos de explicación. Los hombres se resisten a que alguien les explique con precisión por qué se encuentran en esta o en aquella situación... intuyen que hay cosas inexplicables. Y prefieren conservar esa intuición a confiar sin más en los precipitados intentos de explicación.

La Biblia muestra en este justo sufriente que Dios es capaz de transformar hasta el fracaso. En aquel a quien todo se le ha derrumbado, Dios puede construir algo nuevo, que sobrepasa lo primero. Es un mensaje consolador para aquellos hombres cuya vida no discurre tan bien como ellos habían soñado.

Job se desahogó en todos los sentimientos de rabia, de aflicción, de frustración, de desesperación y de dolor. Estos se transformaron, y Job, humildemente, reconoció la grandeza de Dios. Ese reconocimiento del misterio de Dios, de Su grandeza, hizo de Job alguien capaz de perdonar a los falsos amigos, de transformar el dolor en un aprendizaje y Dios le dio las fuerzas para volver a empezar, y su vida fue más rica y llena de significado que antes.

El sufrimiento puede ser un maestro. Un medio eficaz para convertirnos de piedra a oro. Procesar internamente el dolor en forma positiva, con gratitud hacia Dios, da un fundamento más profundo para poder vivir, y Dios se presenta en última instancia como el verdadero fundamento.

Es sano, necesario, y fundamental reconocer que se está sufriendo, y por qué se sufre. Evadir el asunto, por doloroso que sea, no sirve. No nos sirve.

Job tras decir que acepta de Dios lo bueno y lo malo, inicia una serie de discursos. Pero sin ir más allá del contenido de los mismos, Job colocó el fundamento correcto para enfrentar su situación. Ni culpó a Dios, ni escuchó a su esposa.

Porque el argumento de ella es el equivalente moderno a decir: tiro la toalla y no sigo más en esto. Y cuando alguien se pregunta si vale la pena servir a Dios desde la piel del sufrimiento, las respuestas llenas de enojo, frustración y resentimiento fluirán con facilidad.

Job es un modelo de sufrir el mal, como lo planteó Santiago porque, entre otras cosas, perseveró.

Job no fue el modelo paciente de sufrir el mal del que se sienta y agacha la cabeza con derrotismo, presto a soportar hasta que pase la tormenta que se avecina sobre él. Job perseveró, no por simple resignación. Allí sentado, día a día rascándose las heridas ulcerosas, se mantuvo, firme, sabiendo que en algún momento, Dios daría las respuestas.

Y Dios las dio.

Job compartiendo con amigos tras su prueba.

Job 42:10-17

Y Jehová mismo volvió atrás la condición de cautiverio de Job cuando este oró a favor de sus compañeros, y Jehová empezó a dar, además, todo lo que había sido de Job, en cantidad doble. 11 Y siguieron viniendo a él todos sus hermanos y todas sus hermanas y todos los que antes lo habían conocido, y empezaron a comer pan con él en su casa y a condolerse de él y a consolarlo por toda la calamidad que Jehová había dejado venir sobre él; y procedieron a darle, cada cual, una pieza de moneda y, cada cual, un anillo de oro. 12 En cuanto a Jehová, él bendijo el fin de Job después más que su principio, de modo que este llegó a tener catorce mil ovejas y seis mil camellos y mil yuntas de reses vacunas y mil asnas. 13 También llegó a tener siete hijos y tres hijas. 14 Y se puso a llamar a la primera por nombre Jemimá y a la segunda por nombre Quesías y a la tercera por nombre Querén-hapuc. 15 Y no se hallaron mujeres tan bellas como las hijas de Job en todo el país, y su padre procedió a darles herencia entre sus hermanos. 16 Y después de esto Job continuó viviendo ciento cuarenta años, y llegó a ver a sus hijos y sus nietos... cuatro generaciones. 17 Y gradualmente murió Job, viejo y satisfecho de días.

El fin de Job fue mejor que su comienzo.

Sufrió. Tuvo fe. Enfrentó sus pruebas. Dios lo bendijo.

¿Nos ayuda el ejemplo de Job a seguir perseverando en la fe?

Los hombres y mujeres que han tenido que afrontar el sufrimiento y que han pasado por él como mecanismo de transformación de su corazón, destellan una luz peculiar. Han conseguido la verdadera sabiduría. El sufrimiento los ha ablandado y los ha iniciado en los más insondables misterios. Son personas que producen un profundo impacto. Hay sabiduría, ante la transformación que han experimentado en el sufrimiento.

El libro de Job termina diciendo que Job recuperó todas sus posesiones, que llegó incluso a ser más rico que antes. La experiencia que hay detrás de este «happy end» se ha podido ver confirmada en los hombres que han tenido que sufrir. No sólo recuperan la salud, la fuerza o el éxito del pasado. Ellos irradian algo más importante que una riqueza externa. La riqueza interior que resplandece en ellos supera con creces la que dejaban vislumbrar antes de haber pasado por el sufrimiento.

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Orion