Conocerse a sí mismo: una perspectiva bíblica

Cuenta una leyenda que al matemático griego Tales de Mileto, se le acercó un día un filósofo, quien tratando de confundirlo, le hizo 9 preguntas para probar su sabiduría:
 
¿Qué es lo más antiguo? 
Dios, porque siempre ha existido

¿Qué es lo más bello? 
El universo, porque es obra de Dios

¿Cuál es la mayor de todas las cosas? 
El espacio, porque contiene todo lo creado

¿Qué es lo más constante?
La esperanza, porque permanece en el hombre después que lo ha perdido todo

¿Cuál es la mejor de todas las cosas? 
La virtud, porque sin ello no existiría nada bueno
 
¿Cuál es la más rápida de todas las cosas? 
El pensamiento, porque en menos de un minuto nos permite volar hasta los confines del universo

¿Cuál es la más fuerte de todas las cosas? 
La necesidad, porque es con lo que el hombre enfrenta a todos los peligros en la vida

¿Cuál es la más fácil de todas las cosas? 
Dar consejos

Por fin, la última pregunta, que dejó atónito al filósofo, quien no logró entender la respuesta de Tales de Mileto:
¿Y cuál es la más difícil de todas las cosas? 
El sabio respondió: "conocerse a mismo".
 
Esta frase "conocerse a mismo", se dice que se encontraba inscrita en el templo de Delfos. El filósofo Sócrates la mencionaba a manera de enseñanza, ya que ésta hacía referencia a que ese "conócete a ti mismo", tenía relación, no sólo con el conocimiento de nuestros límites, de nuestra ignorancia, sino también con su afirmación de que la virtud reside en el conocimiento.

Hasta este punto, hemos considerado que el conocerse a sí mismo, parece originarse de la filosofía griega. ¿Es cierto eso?



Si analizamos la frase de "conócete a ti mismo", no aparece en las Escrituras. Sin embargo, sería absurdo pensar que la Biblia no ofrece una perspectiva importante y profunda sobre este tema.

Primero que todo, ¿qué significa "conocerse a mismo"?

"Conócete a ti mismo", es una invitación a nosotros mismos, a reflexionar sobre si realmente sabemos quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Conocerse a sí mismo, es enfrentarse cada uno de nosotros, a nuestros defectos, nuestras virtudes, nuestras fortalezas y debilidades, admitir nuestros egoísmos, nuestra capacidad de amar y de ser altruistas, y poner en una balanza nuestra ignorancia.

El apóstol Pablo escribió en 2 Timoteo 3:16, 17 que "Todo lo que está escrito en la Biblia es el mensaje de Dios, y es útil para enseñar a la gente, para ayudarla y corregirla, y para mostrarle cómo debe vivir. De ese modo, los servidores de Dios estarán completamente entrenados y preparados para hacer el bien" (Versión Traducción en lenguaje actual). 

Ahora bien, ¿cómo nos ayuda la Biblia a conocernos a nosotros mismos?   
 
Nos informa sobre la importancia de nuestros pensamientos, de nuestra mente y corazón como esa "fuente de vida". Así lo leemos en Proverbios 4:23:

Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida.

Cuando se dice "cuida tu corazón", se refiere a lo que compone el núcleo de nuestra vida mental y emocional. Nuestros pensamientos, emociones, sentimientos, imaginaciones, meditaciones, reflexiones, y percepciones, todos ellos, son parte de nuestro corazón. Pero, ¿somos plenamente conscientes de cuál es la naturaleza de nuestros pensamientos, sentimientos y emociones? ¿Se inclina al bien o al mal?   

La Biblia nos revela que "como piensa una persona dentro de sí, así es ella" (Proverbios 23:7). En pocas palabras: somos lo que pensamos y sentimos. Eso es lo que nos indica la Biblia con claridad.

Jesucristo, quien conocía perfectamente lo que había en el corazón de las personas dijo en cierta ocasión:

Lo que sale de la persona es lo que la contamina. Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona. 

Marcos 7:20-23 

De adentro del corazón salen muchas cosas. ¿Positivas o negativas? Eso depende de cómo pensamos, de qué hay dentro de nuestro corazón.



Para ayudarnos a discernir y conocer de nosotros mismos qué hay en nuestro interior, la Palabra de Dios cumpla la función de espejo. En un espejo nos miramos, vemos un reflejo de nuestra imagen, y lo usamos para arreglarnos, para darnos cuenta de qué cambios debemos hacer en nuestra apariencia. De la misma manera, al vernos en el espejo de la Palabra de Dios, podemos comparar lo que está escrito, de lo que somos internamente.

Jehová inspiró la Biblia por medio de su espíritu santo para enseñarnos y dar guía útil para nuestra vida. Como lo escribió Pablo en su carta a los Hebreos: 

Cada palabra que Dios pronuncia tiene poder y tiene vida. La Palabra de Dios es más cortante que una espada de dos filos, y penetra hasta lo más profundo de nuestro ser. Allí examina nuestros pensamientos y deseos, y deja en claro si son buenos o malos. Nada de lo que Dios ha creado puede esconderse de él, pues Dios puede verlo todo con claridad, y ante él seremos responsables de todo lo que hemos hecho. 

Hebreos 4:12, 13 

La palabra de Dios nos permite examinarnos, puede penetrar nuestros pensamientos y emociones, hasta los más profundos. ¿Cómo sucede eso?

identificarnos con cierta situación. No se trata de traer a la mente ideas o pensamientos, sino de entender y discernir cómo eso que estamos leyendo, nos ayuda en un momento determinado.

Hacerlo requiere ser honestos con nosotros mismos. Por ejemplo, en las Escrituras leemos que Tomás dudó de que Jesús hubiera resucitado. Hasta dijo que no creería a menos que... metiera el dedo en la llaga. Comprendemos a Tomás, entendemos que la naturaleza humana tiende a la duda, a la incredulidad. Precisamente, al reconocer esta tendencia de dentro de nosotros mismos, y aceptarla, podemos entonces cambiarla hacia una actitud de fe y confianza en Dios.

Cierto es que Dios nos conoce. Pero nosotros tenemos que asumir la rersponsabilidad de conocernos a nosotros, de estar preparados para hacer frente a la vida misma. Solo haciendo frente a aquellos defectos que llevamos dentro, conociéndolos y siendo conscientes de ellos, sabremos no solo quiénes somos, sino que lucharemos para superar nuestros defectos, llegar a un mejor entendimiento de nuestras vidas y conocernos realmente. Pues quien se conoce a sí mismo, sabe que puede ser útil para Dios, para sí mismo y consecuentemente, llega a ser útil para los demás. 

Quien de veras se conoce a sí mismo puede cumplir con la Ley del Cristo, que es la Ley del Amor, de hacer a otro, lo que hace para sí mismo, y de amar a Dios por sobre todas las cosas, y a su prójimo, como se ama a sí mismo. 

El conocerse a sí mismo, desde una perspectiva bíblica, indica un proceso de perfeccionamiento espiritual al que todo cristiano y cristiana debe aspirar a alcanzar. El mejor entendimiento del propósito divino ocultado en forma de sabiduría en Cristo Jesús, empieza por uno mismo, por
derrotar el Ego, sacando lo mejor que tenemos, y llegar a ser lo que plenamente podemos ser. Significa conocer esas contradicciones internas, aquella oscuridad y sombra que habita en el interior, e iluminarla con la Luz del Cristo, transformando lo negativo en nuestro interior en algo positivo y espiritual. 

Si buscamos la verdad, el conocerse a sí mismo es ver hacia adentro y no hacia fuera. Es aspirar a transformar el YO en NOSOTROS, la oscuridad en luz, el odio en amor, las espadas en instrumentos de labranza. Es el inicio del camino de regreso a Dios, que hace "nuevas todas las cosas".

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