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domingo, enero 23, 2011

"La división de los cristianos ofende a Cristo": Benedicto XVI


Benedicto XVI pide más seriedad a la Iglesia para celebrar bodas Benedicto XVI dijo hoy que la división de los cristianos es una "ofensa" a Cristo y tras implorar la unidad aseguró que, para ser en el mundo actual "señal e instrumento" de unidad con Dios y los hombres, los cristianos deben basar sus vidas en la comunión fraterna, la eucaristía y el rezo.
El Pontífice hizo estas manifestaciones ante varios miles de fieles que asistieron en la plaza de San Pedro del Vaticano al rezo del ángelus, en el que recordó que la Iglesia Católica celebra desde el pasado día 18 y hasta el 25 (festividad de la Conversión de san Pablo), la semana de rezos por la unidad de los cristianos.
Una vez más, el Obispo de Roma imploró la unidad de los cristianos -uno de los puntos cardinales de su pontificado- y afirmó que también hoy "para ser en el mundo instrumento de íntima unión con Dios y de unidad entre los hombres", los cristianos deben basar sus vida en cuatro puntos: escuchar la Palabra de Dios, la comunión fraternal, la Eucaristía y la plegaria.
Según el Papa, sólo así, permaneciendo unida a Cristo, la Iglesia puede cumplir eficazmente su misión.
"Cualquier división en la Iglesia es una ofensa a Cristo, el único en el que podemos encontrarnos unidos, debido a la fuerza inagotable de su gracia", afirmó Benedicto XVI.
Ratzinger exhortó a los cristianos a la "plena y visible unidad", y recordó que el 25 de enero, fiesta de la Conversión de San Pablo, se trasladará a la basílica romana de San Pablo Extramuros para clausurar la semana de rezos para la unidad.
Al igual que su antecesor, Juan Pablo II, el papa Ratzinger también considera que la separación de los cristianos es una "vergüenza", que quita credibilidad a los seguidores de Cristo a la hora de difundir el Evangelio.
Oriente y Occidente se separaron con el cisma de 1054, con las excomuniones del papa León IX y del patriarca Miguel Cerulario. Les separan razones teológicas, como el rechazo de los ortodoxos al primado de la Iglesia de Roma y la negativa de la infalibilidad del Papa.
Los ortodoxos no reconocen la validez de los sacramentos católicos, al contrario que la Iglesia católica que sí admite, desde el Concilio Vaticano II, los de la Iglesia ortodoxa. Además, los ortodoxos culpan a Roma de proselitismo y de intentar expandirse en territorios hasta ahora bajo su control.
Antes del gran cisma se produjo otra escisión, la de los cristianos armenios, que vivieron en comunión con Roma hasta el año 491, cuando abrazaron las tesis del monofisismo, según la cual Cristo sólo tenía una naturaleza, la divina, y era hombre sólo en apariencia.
El Concilio de Calcedonia de 451 condenó el monofisismo y definió la doble naturaleza de Cristo, humana y divina, unidas sustancialmente en una sola persona divina.
Los armenios no lo reconocieron y así nació la Iglesia Armenia, a la que no se puede llamar ortodoxa porque es anterior al cisma de 1054. 
Benedicto XVI considera la unidad de los cristianos uno de los ejes de su pontificado y ha dicho estar dispuesto a dar pasos efectivos para lograrla.