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miércoles, enero 05, 2011

Ser modesto al andar con Dios: lo que pide Jehová de TI

¿Qué pide Dios de una persona?


La respuesta la da Dios mismo en la Biblia, en Miqueas 6:8:


Hombre, él te ha declarado lo que es bueno, 


lo que pide Jehová de ti es:
solamente hacer justicia, 


amar la misericordia
ser modesto al andar con tu Dios.


Son 3 cosas las que pide Dios: justicia, misericordia, y ser modesto al andar con Él. ¿Es eso difícil? 


La justicia significa el practicar lo correcto, y eso es algo que cualquier persona sabe, puesto que es parte de esa conciencia moral con la que nacimos, y que nos hace diferenciar el bien del mal. La misericordia la tenemos ejemplificada en la parábola del buen samaritano: cuando hacemos el bien y socorremos a alguna persona en necesidad, demostramos misericordia a nuestro prójimo, que es cualquier persona, indistintamente de su raza, nación, idioma que hable o credo.


Y, ¿qué significa ser modesto al andar con Dios?


En el hebreo original, la expresión "ser modesto", es un verbo: Tsana`. Puede traducirse como ser humilde, o ser modesto. Implica una acción continua, constante, que de manera progresiva va moldeando el carácter de la persona. En definitiva, ser modesto al andar con Dios es la actitud espiritual del que anda con Jehová.


¿Qué actitud espiritual pide Dios de cada uno de nosotros?


Es importante destacar lo que Dios hace: pide. Dios pide de TI y de MÍ algo. ¿Se trata de una simple petición, como por ejemplo, pedirle a una persona que por favor, haga algo o nos haga un favor? 


Si nuevamente acudamos a la idea que transmite el texto bíblico original en hebreo, el verbo que en español se traduce "pedir" es Darash.   


He aquí 2 acciones importantes que describe este verbo:

  1. Buscar a Dios por medio de la oración y la adoración 
  2. Que uno en su interior permita que Dios lo escudriñe con cuidado 

Dios pide que cada uno de nosotros permita que Él escudriñe con cuidado en nuestro corazón, es como si fuera Él quien nos buscara, en una actitud de oración y adoración hacia Él.


Por ejemplo, recordamos la profecía del Apocalipsis 8:1-5, que muestra lo que sucede al tiempo del toque de las 7 trompetas: 


Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora. 

2 Luego vi los siete ángeles que estaban de pie ante Dios, y se les dieron siete trompetas.

3 Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oroy se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono. 

4 El humo del incienso con las oraciones de los santos subió de la mano del ángel a la presencia de Dios.

5 Y el ángel tomó el incensario, lo llenó del fuego del altar y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, voces, relámpagos y un terremoto.

Aquí se describe la importancia de las oraciones de los creyentes. En el Cielo se decreta un silencio. ¿Para qué? Para que las oraciones sean llevadas a la Presencia de Dios. Esas oraciones son, por decirlo así, almacenadas en un incienso, que luego son presentadas como un humo santo, sagrado, ante Dios. El humo del incienso de las oraciones asciende de la mano del ángel, ante el Padre, el Oidor de la Oración.

Ahora bien, estamos considerando lo que significa ser modesto al andar con Dios, y vemos que el texto original en hebreo, transmite la idea de tener una actitud espiritual de oración y adoración, que Dios busca en los corazones y en las vidas de sus hijos e hijas, y que sea una actitud diaria, de todos los días.

¿Realmente es eso lo que Dios quiere?

Si leemos los versículos anteriores a Miqueas 6:8, es decir, los versos 1-7, notamos que el versículo 8 es la conclusión final a una disputa que Jehová tenía con Israel en materia de adoración. Veamos la cita bíblica (Miqueas 6:1-5):  


1 «Oíd ahora lo que dice Jehová: ¡Levántate, pelea contra los montes y oigan los collados tu voz!
  2 Oíd, montes y fuertes cimientos de la tierra, el pleito de Jehová, porque Jehová tiene un pleito con su pueblo y altercará con Israel.
   3 »Pueblo mío, ¿qué te he hecho o en qué te he molestado? Di algo en mi contra.
   4 Te hice subir de la tierra de Egipto, te redimí de la casa de servidumbre y envié delante de ti a Moisés, a Aarón y a Míriam.
  5 Pueblo mío, acuérdate ahora qué aconsejó Balac, rey de Moab, y qué le respondió Balaam, hijo de Beor, desde Sitim hasta Gilgal, para que conozcas las justicias de Jehová.


Es Jehová el que entabla un juicio contra Israel. Pone de testigos en este juicio a los cerros, los montes y los cimientos de la tierra. Dios acusa y juzga. Israel, que presente sus argumentos. 


Israel ha sido ingrato con Dios. A pesar de que Jehová los sacó de Egipto, ellos lo dejaron, y se hicieron otros dioses. En resumen, se han alejado de Dios como nación, y Miqueas se lo señala al pueblo. 


Pero, ¿qué quiere Dios entonces? Los versículos 6 y 7 preguntan esto: 
   
6 »¿Con qué me presentaré ante Jehová y adoraré al Dios Altísimo?
¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año?

   7 ¿Se agradará Jehová de millares de carneros o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, 


¿Quiere Dios que se le hagan sacrificios, ofrendas, como las que estipulaba la Ley de Moisés? La respuesta de lo que quiere Dios es lo que sigue:



Hombre, él te ha declarado lo que es bueno, 
lo que pide Jehová de ti es:
solamente hacer justicia, 
amar la misericordia
ser modesto al andar con tu Dios.


Jehová no pide a Israel miles de sacrificios, obras, diezmos y ofrendas. Lo que pide es un corazón de fe, que le ame, y que tenga una actitud de oración, y de adoración, de buscar siempre el rostro de Dios. 


Hoy en día, muchas personas creen lo que les han enseñado en sus iglesias y religiones: que lo que Dios pide es dinero, ofrendas, diezmos, contribuciones, que estés metido o metida día y noche "religiosamente" en el lugar de culto o reunión religiosa, y practicar las obras de la iglesia, congregación u organización religiosa. ¿Es eso lo que quiere Dios? ¿Es eso lo que Él pide realmente?


Israel en el pasado nos sirve de ejemplo, porque demuestra que a Jehová no podemos complacerlo con obras, con ritualismos, o formalismos. Lo que Dios nos pide es que le amemos con todo el corazón, mente, fuerzas y el alma, y eso, no se determina por seguir los dictados de la religión, sino por la búsqueda sincera de Dios. En esa búsqueda, Dios nos pide:


Acérquense a Dios, y Él se acercará a ustedes.
Santiago 4:8