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lunes, enero 31, 2011

Los Evangelios: Juan


“De tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga la vida eterna”
Juan 3:16

Este versículo de la Biblia es tan importante, que se le ha llamado con justicia “el Evangelio en miniatura”. ¿Por qué? Porque no hay mejor explicación de lo que significa la palabra “evangelio”, que es buenas nuevas o noticias, que la buena nueva del amor del Padre, expresado de manera sublime, al dar a Su Hijo Jesucristo, para que ejerciendo fe en Él, sea posible alcanzar la vida eterna.  
Estas palabras las dijo Jesucristo al conversar con un hombre llamado Nicodemo, pero las podemos leer en las Escrituras, gracias a que un hombre muy singular, por inspiración divina, las escribió como parte del registro que realizó sobre la vida de Jesucristo. Su nombre: Juan.
Juan, al apóstol, es el autor del último de los evangelios. ¿Quién era él? ¿Qué información sobre Jesucristo nos ofrece su evangelio? ¿Qué podemos aprender de su evangelio nosotros hoy? Veamos.

Juan, ¿quién era él?

Transcurre la última cena, o Cena del Señor. Están junto a Jesús sus 12 apóstoles, pero uno de ellos, está sentado en un lugar muy especial, el que indica este verso bíblico:

En el pecho de Jesús estaba reclinado uno de sus discípulos, y Jesús lo amaba.
Juan 13:23

¿Quién estaba sentado al lado de Jesús, como el favorito del grupo de apóstoles? Era Juan, el apóstol, hijo de Zebedeo, hermano de Santiago, primo de Jesús.

En los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, siempre se observa a Juan como uno de los tres discípulos más allegados a Jesús. Estuvo presente en la transfiguración, la resurrección de la hija de Jairo, y fue uno de los 3 que acompañó a Jesús en Getsemaní la noche en que fue traicionado por Judas.

  
Juan era muy allegado a Jesús. Era el discípulo amado o preferido. Al hacer una semblanza sobre la personalidad de Juan, se le ha catalogado como un hombre romántico, idealista, introvertido, una de esas personas que se destaca por su carácter contemplativo, reservado. Al leer su evangelio y sus 3 cartas de consejo, el tema del amor es predominante en su escritura.

¿Era Juan la figura “idealista” o “introvertida” dentro del grupo de apóstoles? Evidentemente, cuando pensamos en las distintas personalidades de los apóstoles, tenemos muy grabado en la memoria a Pedro, como un hombre extrovertido, de carácter, siempre hablando, siempre en acción, y Juan es más bien la persona que si acaso se menciona a sí mismo, de carácter callado (cosa que no hace en su evangelio, se refiere a sí mismo como el “discípulo a quien Jesús amaba).    
La personalidad  y carácter de Juan refleja que es una persona reservada, discreta, es un hombre intuitivo, que se lo piensa 2 y hasta 3 veces para decir o hacer algo. Era una persona de talante firme, y actuaba cuando y cómo debía hacerse. Tengamos presente que Juan vivió más que todos los demás apóstoles, y que él solo fue la autoridad para los cristianos en el Siglo I al morir todos los demás apóstoles.

Jesús le hizo ver el Apocalipsis, del cual Juan es también escritor. Y conocemos el contenido del libro de Revelación, el único libro profético de las Escrituras Cristianas o Nuevo Testamento. Por esta razón se le llama a Juan el “místico”, el hombre de las visiones y revelaciones sobrenaturales más importantes de toda la Biblia: el Apocalipsis.    

Su relación particular con Jesús, de cariño y amistad profundas, se ve reflejado en la visión que presenta Juan sobre Jesucristo. Cuando Juan escribe su evangelio, ya existían los otros 3, los de Mateo, Marcos y Lucas. Sin embargo, el contenido de este evangelio de Juan es de un 92% singular, con información que solamente está registrada por él.

Jesucristo según Juan

Jesucristo, según Juan, era una persona con un historial realmente, impresionante. De hecho, al final de su evangelio reconoce lo siguiente:

Hay, de hecho, muchas cosas que Jesús hizo, que, si se escribieran alguna vez con todo detalle, yo supongo que el mundo no podría contener los rollos que se escribieran.

Juan 21:25


Para muchas personas, Jesús simplemente era una persona que hablaba bien, un Rabí, aunque no había ido a una escuela rabínica. Pero para Juan, Jesús ya había existido antes de venir a la Tierra. ¿Quién era Jesús antes de vivir en la Tierra como humano?

En el principio la Palabra era, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era dios. 2 Este estaba en el principio con Dios. 3 Todas las cosas vinieron a existir por medio de él, y sin él ni siquiera una cosa llegó a existir.

Juan 1:1-3

La Palabra era… Dios. Cuando Juan escribió por inspiración divina, él reflejó una verdad: que Jesús, en la Creación, estaba con Dios, y que Él mismo era un Dios. La naturaleza divina de Jesucristo es colocada claramente por Juan en su evangelio. El apóstol Pablo también expone en detalle la existencia prehumana de Jesucristo en su carta a los Colosenses. En el Siglo I, la gente tenía muy claro de qué hablaban Juan y Pablo: que Jesús de Nazaret

Y al llegar a la Tierra, Juan nos dice:

Y el Verbo se hizo Carne.
Juan 1:14

¿Es Jesucristo el Dios Todopoderoso? Una lectura del evangelio de Juan nos informa que el Dios Todopoderoso es el Padre, al que tanto menciona Jesús en su enseñanza y oración. ¿Sabe cuántas veces se menciona en el evangelio de Juan que Jesús tiene un Padre al que adora y ora con fervor? Casi 130 veces.

Jesucristo, según Juan es el Hijo Unigénito de Jehová:

De modo que la Palabra vino a ser carne y residió entre nosotros, y tuvimos una vista de su gloria, gloria como aquella que pertenece a un Hijo Unigénito de parte de un padre. Y estaba lleno de gracia divina y verdad. Porque todos nosotros recibimos de su plenitud, sí, gracia divina sobreabundante. Porque si la Ley fue dada por medio de Moisés, la gracia divina y la verdad vinieron a ser por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás. El dios unigénito que está en la posición del seno para con el Padre lo ha explicado.

Juan 1:14-18

Estas palabras nos muestran quién es Jesucristo, según la perspectiva de Juan. Jesús es el Hijo Unigénito del Padre, que disfruta de gracia divina y verdad. Y de quien nosotros podemos recibir también gracia divina y verdad, en la plenitud del Padre. Juan compara a Moisés con Jesús.

Moisés es la Ley.



Jesús es la gracia divina y la verdad.

Y si Jesús es la gracia divina y la verdad, es el medio por el cual podemos ver y apreciar la gloria de un Dios a quien nadie ha visto jamás.

Para los que seguimos a Jesús, Él representa el “camino, la verdad y la vida”. Y entendemos por qué: sólo por medio de Jesucristo, accedemos al Padre. Y esta verdad fundamental se expone y destaca a lo largo de todo el evangelio de Juan.

Información singular del evangelio de Juan

Milagros de Jesús, que sólo nos presenta Juan:
     
Convertir agua en vino (Juan 2:1-11)
Devolver la vista a un hombre que nació ciego (Juan 9)
La resurrección de Lázaro (Juan 11)
Los 153 pescados que recibieron los apóstoles después de la resurrección de Jesús (Juan 21)

En este evangelio, Jesucristo es:
El Cordero de Dios (1:29)
El Hijo unigénito de Dios (3:18)
El novio (3:29)
El verdadero pan del cielo (6:32)
El pan de Dios (6:33)
El pan de la vida (6:35)
El pan vivo (6:51)
La luz del mundo (8:12)
El Hijo del hombre (9:35)
La puerta del aprisco (10:9)
El pastor excelente (10:11)
La resurrección y la vida (11:25)
El camino y la verdad y la vida (14:6)
La vid verdadera (15:1)


En este evangelio se destacan palabras que usó Jesús con frecuencia como “testimonio,” “verdad,” “luz,” “vida” y “amor”. Por ejemplo, en el Evangelio de Juan la palabra “testimonio” se usa dos veces más que en los otros tres Evangelios combinados, como cuando dijo a Poncio Pilato: “Yo para esto nací, y para esto vine al mundo, para dar testimonio a la verdad” (Juan 18:37).
La palabra “verdad” también se destaca. Se menciona 3 veces más que en los otros tres Evangelios combinados. Un ejemplo de esto:
“Dios es un Espíritu, y los que lo adoran tienen que adorarlo con espíritu y con verdad
“Si permanecen en mi palabra, . . . conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”
“Hazlos santos por medio de la verdad. Tu palabra es la verdad
Por supuesto, hay mucha más información singular sobre Jesús que se menciona en este evangelio, digna de estudio y reflexión.

Jesucristo: en conversaciones de profundo impacto espiritual

Una característica de este evangelio, son las conversaciones de Jesús con diferentes personas, en momentos muy puntuales durante su ministerio. 
Nicodemo, la mujer samaritana, los fariseos, Marta, Poncio Pilato, Tomás, son algunas de las personas con las que Jesús conversó, aclarando puntos de vista, opiniones, o respondiendo a situaciones que se le plantearon.
Jesús a través de estas conversaciones enseñó. Por ejemplo, a Nicodemo mostró que había que nacer de nuevo del agua y del espíritu, para entrar al Reino de los Cielos. A la samaritana dijo que llegaría la hora, en que las personas adorarían al Padre con "espíritu y verdad", porque el Padre busca a esas personas para que le adoren. Y a Marta, hermana de Lázaro, le dijo que Él era la "resurrección y la vida", y le preguntó si ella creía en la resurrección de los muertos.
Cuando a Tomás le dijeron que Jesús resucitó, Tomás dijo que él tenía que meter el dedo en la llaga de la herida de Jesús para creer. Ese es el origen de la famosa frase "ver para creer", que la patentó Tomás con su copyright.
¿Qué hace Jesús? Se le presenta a todos los apóstoles, y en especial, a Tomás, y le insta a... meter el dedo en la llaga. "Deja de ser incrédulo y hazte creyente", le exhorta Jesús a hacer. Tomás, lógicamente, cree por fin en la resurrección de Jesús, pero este le dice que es feliz el que no ve, y sin embargo, cree.
Esta exhortación de Jesús a Tomás resume bien lo que enseñó Jesús: la fe. ¿Qué es fe? No es ver para creer, como dijo Tomás. La fe, según Jesucristo, es un ejercicio activo que exige un gran comprormiso por parte de sus discípulos. Cuando leemos el evangelio de Juan, vemos a un Jesús que no se conforma con lo externo, sino que va a lo interno, al corazón. Es el Jesús que habla de adorar al Padre con espíritu y con verdad, el que le pregunta a los apóstoles si ellos están dispuestos a seguirlo o a irse, como hicieron muchos. "Señor, ¿a quién nos iremos? Tus dichos son dichos de vida eterna", respondió Pedro.
 Al conocer a Jesús de Nazaret y sus enseñanzas, tenemos que concordar plenamente con lo que dijo Pedro. No hay nadie que tenga esos dichos de vida eterna, que no sea Jesucristo mismo. ¿A quién ir, sino es a Él, para llegar al Padre?