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miércoles, enero 12, 2011

Los Evangelios: Marcos






Marcos
Es el autor del segundo evangelio. Es el evangelio más corto de los cuatro, destacando el ministerio de Jesucristo a través de sus milagros. Se cree que el apóstol Pedro fue quien dio a Marcos la información que aparece en este evangelio, de hecho, Marcos se asoció con Pedro en la ciudad de Babilonia.


Marcos era conocedor de la obra de Jesús. Él era ese “cierto joven” al que intentaron detener los que arrestaron a Jesús, pero que “se escapó ligero de ropa”. Por lo tanto, esto demuestra que Marcos estuvo relacionado con Jesús y su obra.  Además, los primeros discípulos de Jesús se reunían en la casa de su madre en Jerusalén (vea Hechos de los Apóstoles 12:12), lugar propicio para intercambiar información con otras personas, aparte de Pedro, que habían conocido bien a Jesucristo, visto su obra y le habían oído predicar y enseñar. 


Evangelio de Marcos: escrito para no judíos
Aunque el evangelio o buenas nuevas que enseñó Jesús eran de interés universal, independientemente de que las personas fueran judíos o no, Marcos escribió particularmente para fortalecer la fe de los no judíos en Jesucristo, en especial, los romanos. Este evangelio es claro, directo, al grano, idóneo para el intelecto de los lectores romanos. 



Marcos por ejemplo, explica términos semíticos, comunes y familiares para los lectores de Palestina, pero desconocidos para los no judíos: “Boanerges” (“Hijos del Trueno”); “Talithá kumi” (“Jovencita, te digo: ¡Levántate!”); “corbán” (“una dádiva dedicada a Dios”), y “Elí, Elí, ¿lamá sabakhthaní?” (“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”). (Vea Marcos 3:17; 5:41; 7:11; 15:34.)




Evangelio de Marcos: Detalles singulares



Este evangelio es singular en un 7%. Aunque incluye información similar a la que registran Mateo y Lucas, añade detalles que hacen más enriquecedora la comprensión de ciertos sucesos de la vida de Jesús. 


¿Qué sentía Jesús ante la reacción de la gente? estaba ‘entristecido por la insensibilidad y dureza de los corazones’ de las personas que no querían que sanase en sábado a un hombre que tenía la mano seca (ver Marcos 3:5).


Cuando en Nazaret no le recibieron como profeta, “se sorprendió de la falta de fe de ellos” (ver Marcos 6:6). Y “sintió ternura” por el joven rico que preguntó en cuanto a qué tenía que hacer para conseguir la vida eterna (ver Marcos 10:21).



Sólo Marcos revela detalles sobre el juicio contra Jesús. Informa que en el juicio, los falsos testigos contratados por los líderes religiosos del Sanedrín, no estaban de acuerdo (ver Marcos 14:59). ¿Sabe quién es Simón Cireneo, aquel a quien obligaron a llevar el instrumento en el que dan muerte a Jesús? Lo sabemos porque ese detalle lo relata (ver Marcos 15:21). Y es Marcos quien nos indica que Pilato se aseguró de que Jesús estuviera muerto, antes de dar permiso a José de Arimatea para que tomara el cuerpo para enterrarlo (ver Marcos 15:43-45). 


El evangelio de Marcos relata al menos 19 milagros efectuados por Jesucristo, dos de los cuales (la curación de un sordo que tenía un impedimento del habla y la de cierto ciego) sólo se mencionan en el evangelio de Marcos. (ver Marcos 7:31-37; 8:22-26.)




Por ejemplo, uno de estos milagros fue sanar a un paralítico, al que bajaron por un hueco, hecho en el techo de la casa en la que estaba Jesús. ¿Por qué fue necesario cavar por el techo? Porque la mayoría de los techos eran planos y se apoyaban en vigas que iban de una pared a otra. Cruzaban las vigas unos listones cubiertos con ramas, cañas y elementos estructurales. Y encima había una capa gruesa de tierra cubierta por un enlucido de arcilla o de arcilla mezclada con cal. Por eso, para poner al paralítico en presencia de Jesús, unos hombres tuvieron que cavar por el techo de tierra. 

Tras hacer el hueco, y bajar al hombre paralítico en su cama, Cristo sanó al hombre, y todos los presentes glorificaron a Jehová Dios (Marcos 2:1-12). 

Otro milagro de Jesús fue a bordo de una barca, al calmar una tempestad de viento en el mar de Galilea. Jesús estaba profundamente dormido, sobre “una almohada” (Marcos 4:35-41). ¿Qué almohada era esta? No era una de plumas, o de esas anatómicas que existen hoy día. Era una especie de simple vellón sobre el cual se sentaban los remeros, o un almohadón o cojín que servía de asiento en la popa. Cuando Jesús dijo al viento: ¡Calla!, los apóstoles fueron testigos de la fe en acción, pues “el viento se apaciguó, y sobrevino una gran calma”.



Marcos escribe esta ilustración, que sólo aparece en su evangelio:


Y siguió hablando: 


“Así que el reino de Dios es como cuando un hombre echa la semilla sobre la tierra, 27 y duerme de noche y se levanta de día, y la semilla brota y crece alta —precisamente cómo, él no lo sabe—. 28 La tierra gradualmente fructifica, por sí misma: primero el tallo de hierba, luego la espiga, finalmente el grano lleno en la espiga. 29 Pero tan pronto como el fruto está maduro, él mete la hoz, porque ha llegado el tiempo de la siega”.


Marcos 4:26-29





Evangelio de Marcos: Referencias al Antiguo Testamento o Escrituras Hebreas



Son muchas las referencias a las Escrituras Hebreas o Antiguo Testamento. Por ejemplo:
  • La obra de Juan el Bautista fue un cumplimiento de Isaías 40:3 y Malaquías 3:1 (Marcos 1:2-4.) 
  • Cuando Jesús reclamó a los líderes religiosos judíos su hipocresía de dar a Dios un servicio de labios, y no de obras (ver Marcos 7:6, 7; Isaías
  • El honrar a los padres (Marcos 7:10; Éxodo 20:12; 21:17)
  • La creación del hombre y la mujer y el matrimonio (Marcos 10:6-9; Génesis 1:27; 2:24)
  • Las palabras de Jesús en cuanto a ser rechazado como la piedra angular (Marcos 12:10, 11; Salmos 118:22, 23)
  • Lo que dijo Jehová a Moisés en la zarza ardiente (Marcos 12:26; Éxodo 3:2, 6)
  • Los dos más grandes mandamientos sobre el amor (Marcos 12:29-31; Deuteronomio 6:4, 5; Levítico 19:18)
  • Las palabras proféticas de Jehová al Señor de David sobre la subyugación de sus enemigos (Marcos 12:36; Salmos 110:1)
  • Que los discípulos de Jesús huirían (Marcos 14:27; Zacarías 13:7)
  • Cuando Jesús dijo que Dios lo había abandonado (Marcos 15:34; Salmos 22:1)
  • La profecía sobre la cosa repugnante que causa desolación (Marcos 13:14; Daniel 9:27)





Evangelio de Marcos: lecciones espirituales



El contenido de este evangelio nos ofrece detalles sobre la vida de Jesús, que nos ayudan a reflexionar sobre su enseñanza. Por ejemplo, en cierta ocasión, los fariseos y unos escribas, se quejaron de que los discípulos de Jesús comían sin lavarse las manos. Marcos explicó en su evangelio, cómo los fariseos convirtieron el acto de lavarse las manos y otros utensilios en auténticos rituales: ‘no comían a menos que se lavaran las manos hasta el codo’. Al regresar del mercado, no comían sino hasta después de haberse limpiado por rociadura, y entre sus tradiciones, había la de los “bautismos de copas y cántaros y vasos de cobre” (Marcos 7:1-4). ¿Qué significa esto?

Que los fariseos, antes de comer, se rociaban santurronamente, y sumergían en agua, las copas, los cántaros y los vasos de cobre que usaban en las comidas. Eran tradiciones, actos ritualistas que iban más allá de las normas básicas de higiene y salud. Las citas de obras rabínicas indican que todo estaba regulado: la cantidad de agua, y el modo y tiempo satisfactorios para lavarse. Un erudito bíblico dice que ciertos judíos se lavaban cuidadosamente antes de las comidas para evitar que les hiciera daño Shibta, “un espíritu malvado que se asienta sobre las manos de los hombres por la noche: y si alguno toca su alimento sin haberse lavado las manos, ese espíritu se asienta en ese alimento, y este se hace peligroso”. 

Imagínese: vivir en medio de una religión que le dicta hasta cuánta agua tiene que usar para laverse las manos, y el tiempo que debe durar lavando los platos sucios. Por supuesto, no había margen para la libertad, la individualidad, y el libre pensamiento y la libre opinión.

Con razón Jesús condenó a estos líderes religiosos que ‘soltaron el mandamiento de Dios mientras agarraban firmemente la tradición de los hombres’ (Marcos 7:5-8).

El escenario religioso que Jesús vio hace 2.000 años, no es muy diferente hoy día. Las religiones van más allá de lo que dice la Palabra de Dios, buscando regular, normar y dictar pautas que socavan la libertad, el libre pensamiento, y la mente abierta de las personas. Se basan en tradiciones, dogmatismos, no en el ejercicio consciente del amor a Dios y la fe en Cristo Jesús, que deben ser los verdaderos motores que impulsen la vida de un cristiano. Si Jesús condenó estas actitudes hace 2.000 años, ¿sería diferente su opinión hoy día sobre el dogmatismo religioso de quienes dicen seguirle? 


En este evangelio, sólo Marcos escribe esta ilustración de Jesús:

Y siguió hablando: 

“Así que el reino de Dios es como cuando un hombre echa la semilla sobre la tierra, 27 y duerme de noche y se levanta de día, y la semilla brota y crece alta —precisamente cómo, él no lo sabe—. 28 La tierra gradualmente fructifica, por sí misma: primero el tallo de hierba, luego la espiga, finalmente el grano lleno en la espiga. 29 Pero tan pronto como el fruto está maduro, él mete la hoz, porque ha llegado el tiempo de la siega”.

Marcos 4:26-29

Jesús compara el reino de Dios a un proceso natural: a una semilla que es echada sobre la tierra, que sigue su desarrollo gradual: primero es tallo, luego espiga, y luego una espiga que da frutos.   

Así es el reino de Dios: comenzó como una semilla, un mensaje que dio Jesús durante su ministerio hace 2.000 años, y que empezó a permear en las mentes y corazones de los hombres. El reino de Dios no es sólo palabras: es una poderosa y viva realidad, tanto espiritual como material, celestial y terrenal, que se manifiesta dentro de las mentes, corazones y espíritus de las personas, y se manifiesta en plenitud en la Tierra, en el Milenio, ese período bendito de tiempo en el que Jesucristo reina, y desciende la Nueva Jerusalén, con sus 144.000 reyes y sacerdotes. Es la realidad de este reino, que guía a la Humanidad, brotando del trono de Dios y del Cordero, un río de agua de vida, claro como el cristal, que sigue su curso en medio del camino ancho de la Nueva Jerusalén, que alimenta y nutre a los árboles de vida que producen 12 cosechas de fruto, y que dan sus frutos cada mes, y cuyas hojas son parta curar a las naciones.