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domingo, febrero 23, 2014

Las tentaciones de Jesús

Jesús acaba de bautizarse en el río Jordán. Los cielos se le han abierto, y tiene consciencia plena de quién es Él realmente. Ha llegado el tiempo señalado para el inicio de su misión, y por eso toma una decisión: ir al Desierto de Judea. ¿A qué?

Necesita estar solo consigo mismo. Era importante que en este momento de su vida, pausara, y pudiera estructurar en su mente las cosas que tenía por delante. Su ministerio en la Tierra debía comenzar, para cumplir su misión salvadora en el mundo, enseñando a la gente sobre Dios, para que las generaciones siguientes pudieran aprender la esencia de su enseñanza y seguirla, hasta el tiempo de Su Presencia.  

Ayuna durante 40 días y 40 noches. En el pasado, profetas de la talla de Moisés y Elías hicieron algo similar. Y fue un tiempo especialmente bendito, en la Presencia de YHWH. Para estar en la Presencia de Dios, se requiere estar solo, en unas circunstancias que permitan la total concentración. Para Jesús era más fácil que para nosotros hoy en día. No había celulares, ni T. V., ni tenía una esposa e hijos a los que atender. Actualmente nos es un poquito difícil "desconectarse", apartar tiempo para la oración, la meditación o la reflexión seria. Sin embargo, vale la pena esforzarse por apartar tiempo para estar a solas. Sólo Dios y uno.

Jesús, después de los 40 días y noches de ayuno, siente hambre. Entonces entra en la escena un personaje. El Tentador. Se inician las famosas tentaciones de Jesús. Son 3 en total. ¿Qué sucede realmente durante esas 3 pruebas que el Tentador pone ante Cristo? 

Es importante aclarar algo primero: ¿qué es una tentación?



Porque esta es una consideración sobre las tentaciones de Jesús. En el griego bíblico, el verbo que se traduce tentar significa:

Probar si una cosa se puede hacer, experimentar algo. Hacer una prueba, con el fin de saber lo que piensa alguien, o cómo va a comportarse en buen o mal sentido. Probar a alguien de una forma maliciosa, o astutamente poner a prueba sus sentimientos u opiniones para conocer la fe, la virtud, o el carácter de alguien. 

Las tentaciones de Jesús fueron 3: 3 incitaciones astutas, ingeniosamente tramadas por parte del Tentador para impedir la misión de Cristo en la Tierra. Probar cuál sería el punto débil de Jesús. Ahora bien, si Jesús era perfecto, Hijo de Dios, y fue tentado, o instado de manera astuta a cometer el mal, ¿es diferente en nuestro caso?

Siempre que se habla del Bien o el Mal, se piensa en el Tentador, en las cosas malas que nos rodean. Lo cierto es que esas cosas existen. Pero, ¿qué hay de aquello que es la inclinación al mal que hay dentro de uno mismo? Bien dice la Biblia que el "corazón es más traicionero que cualquier otra cosa", es decir, que intrínsecamente, hay cosas malas dentro de uno mismo. Por supuesto, no era el caso de Jesús. Jesús estaba inclinado a hacer el Bien. ¿Se mantendría así? Había que probarlo, y es lo que hace el Tentador.

El punto es que las tentaciones, o incitaciones al mal buscan detonar o activar dentro de una persona su inclinación intrínseca a cometer el mal, a pensar mal, a caer en un estado emocional negativo, y, correspondientemente, a actuar contrariamente a la voluntad divina, que va dirigida al Bien. La tentación muestra de qué material estamos hechos, cómo reaccionamos ante cada situación que se nos presenta, por qué actuamos de cierta forma. Lo que se convierte para uno en una tentación, tiene que ver con el corazón, con la mente, hay un deseo o una perspectiva equivocada. "Cada uno es probado al ser provocado y cautivado por su propio deseo", escribió Santiago en su carta.

Para uno, la tentación es aquello que hay dentro de cada uno, que puede ser explotado negativamente, contrario a la voluntad divina. Es aquello que vemos con el cristal incorrecto, y nos lleva al desastre. Cierto. La tentación surge de afuera. Pero el punto clave es lo que tenemos dentro. Si por dentro hay envidia, rencor, resentimiento, miedo, temor, entonces la tentación que surge de afuera es el detonante de lo que hay dentro, que no hemos sabido dominar y superar. 

Aquello que deseamos, que queremos, que necesitamos, y cómo obtenerlo, es usado como una forma de incitar a alguien al mal. Jesús tenía hambre, y parecía que la única manera de satisfacer su hambre era haciendo lo que le decía el Tentador. Era una solución salida de la boca del tentador, no la de Dios.

Nosotros también tenemos la tentación, o la posibilidad de elegir el mal, sobre el cómo satisfacer nuestras necesidades materiales. Y es que la tentación es sencillamente la elección de una posibilidad que es negativa, perjudicial, contraria a la voluntad divina. Y esa tentación en estos tiempos de crisis es mayor, ¿cierto?  

Veamos:


Tentación 1: Lo material

Si eres el Hijo de Dios —le propuso el Tentador—, entonces dile a estas piedras que se convierta en pan. 

Jesús tiene hambre. Es Hijo de Dios y tiene el poder de hacer milagros. ¿No es lógico que use ese poder para comer? ¿No podía acaso resolver el problema de su hambre haciendo algo fácil para Él: convertir piedras en panes?

Sí. Puede hacerlo. Tiene el derecho de hacerlo, pues no está violando ninguna Ley Divina, ni está haciendo daño a nadie. Sin embargo, hay un punto importante: ¿siempre

Jesús, al igual que nosotros, necesitaba comer, beber, vestirse, etc. ¿Cómo satisfacer esa necesidad natural por las cosas materiales? Jesús no usaría el poder milagroso que tenía para comer. Y, por ello, tenía que responder a la tentación. Respondió:

—Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre, sino que de toda expresión que sale de la boca de YHWH vive el hombre." 



Jesús citó del Deuteronomio 8:3, palabras dirigidas al Israel que estaba a punto de entrar a la tierra prometida. Israel se alimentó del maná que caía del cielo, en un período de 40 años. Dios proveyó a una nación en el desierto, pan y agua, comida en forma milagrosa. Pero esa fue la voluntad de Dios, fue lo que Dios mandó que fuera el cómo alimentar a esa nación. Jesús le dijo al Tentador que Él comería si Dios daba la orden de que él comiera. Una orden que saliera de Su boca, sobre la comida de Jesús. En síntesis: Jesús comería si Dios así lo mandaba.

Jesús superó la tentación. Dijo NO a la propuesta aparentemente "lógica" del Tentador. Lo interesante es que Jesús superó esta prueba una vez. Eso nos enseña algo. No tenemos que estar vez tras vez, tropezando de nuevo con la misma piedra. Podemos aprender una vez la lección, y sacarle el máximo provecho. ¿Tiene sentido repetir los errores? Seguro que no.


Tentación 2La ambición de poder

El Tentador no logra hacerle caer a la primera. La segunda tentación sigue y es llevarlo a un lugar alto y le mostró en un instante todos los reinos del mundo. 

—Sobre estos reinos y todo su esplendor —le dijo—, te daré la autoridad, porque a mí me ha sido entregada, y puedo dársela a quien yo quiera. Así que, si me adoras, todo será tuyo.



TODOS los reinos del mundo, sus riquezas, gloria, esplendor, todo en manos de Jesús. Tener la autoridad, ser una especie de Gran Regente Planetario en la Tierra. El Tentador le recrea a Jesús una imagen de TODOS los reinos del mundo, en gloria y esplendor. ¿Qué hizo 
realmente el Tentador? 


Lo entendemos si nos imaginamos una propaganda de, por ejemplo, una tarjeta de crédito. No solo te venden la tarjeta. Te venden un estilo de vida que te puedes comprar con la tarjeta: viajes, comprar ropa de marca, carros de último modelo, la sensación de riqueza, de estar a la moda, de ser alguien. ¿Es eso malo? No. La cuestión es cómo obtenerlo.

La ambición es un deseo obsesivo por algo. Siempre el ofrecer a alguien poder, riquezas, y fama, es una gran tentación. ¿Quién no quiere tener esas cosas? Pero nada en esta vida es gratis. Todo tiene su precio. En el caso de Jesús, si quería tener todos los reinos del mundo y su poder, tenía que pagar un precio. Tenía que adorar al Tentador. Rendirle un acto de adoración. Analizando el asunto, Jesús tenía de parte de YHWH la misma oferta que le hizo el Tentador: el tener el dominio del mundo, y la autoridad sobre él. Sólo que tenía que esperar un espacio de tiempo. Y hacer las cosas en el tiempo de Dios y a la manera de Dios.

Jesús le contestó: 
—Escrito está: "Adora a YHWH tu Dios y sírvele solamente a Él."

 "Cada uno es probado al ser provocado y cautivado por su propio deseo". Es el deseo de muchos, su gran ambición, el tener poder sobre otros, o fama, o riquezas. Ser admirados por otros, al punto de llegar a la idolatría. No extraña que hoy en día muchas personas se autoerigen en "dioses", figuras que se creen a sí mismas sentadas en posiciones de "dios", exigiendo lealtades, y reverencia, que sólo se les deben a YHWH.

El punto es: cómo se hacen las cosas para lograr lo que se quiere. Jesús pudo haberse dicho a sí mismo: "bueno, si acepto esta oferta, gobernaré al mundo, y lo someteré a la voluntad de Dios, y haré que se cumpla su propósito, y me evito la muerte dolorosa, el sufrimiento, etc". Pero no era lo que Dios dispuso. No era Su voluntad.

Las palabras de Jesús son claras: "Adora a YHWH, es al ÚNICO al que se debe adorar". Porque adorar a Dios también tiene que ver con lo que uno quiere y cómo lo desea lograr. ¿Qué importa más: lo que yo quiero o lo que quiere Dios? Porque si primero está lo que yo quiero, entonces yo soy mi propio dios. Por eso la respuesta de Jesús ante esta tentación es declarar Quién es Su Dios. Su Dios no iba a ser ni el Tentador, por medio de adorarle a él, ni él mismo, por medio de imponer sus opiniones por encima de las de Dios, sino YHWH, Su Padre, quien tenía establecido un propósito que se llevaría a cabo en Su tiempo y manera.


Tentación 3El desafío 

Por ultimo, el Tentador llevó a Jesús a Jerusalén e hizo que se pusiera de pie en la parte más alta del templo, y le dijo:

—Si eres el Hijo de Dios, ¡tírate de aquí! Pues escrito está: "Ordenará que sus ángeles te cuiden. Te sostendrán en sus manos para que no tropieces con piedra alguna. 

El Tentador ya apeló al hambre de Jesús. A su posible ambición de poder. Y ahora busca explotar el orgullo de Jesús. ¿Por qué?

El Tentador le dice si eres Hijo de Dios, haz esto. Eso es un desafío. Era como decirle a Jesús: "mira, eres el Hijo de Dios, manifiéstate con todo tu poder divino ante Jerusalén, demuestra quién eres a toda esta gente". El orgullo tiene que ver con el amor propio, con la autoestima, con la manera en la que uno se ve a sí mismo. Y Jesús estaba a punto de iniciar su ministerio. ¿Cómo reaccionaría la gente ante Jesús? Si Él se hubiera lanzado desde el almenaje o cúspide del Templo, y los ángeles le hubieran sostenido espectacularmente para que no se estrellara con el suelo, hubiera sido una hazaña espectacular. Y habría logrado que la gente creyera rápidamente en Él como Mesías.

Jesús hubiera sido aceptado, sin cuestionamientos como el Mesías. La gente en el Siglo I, como en el actual, busca algo similar: el espectáculo, el que alguien se presente como un mago, una especie de líder fascinante que le resuelva sus problemas. ¿Sería Jesús ese tipo de Líder? ¿Era el objetivo de su misión el cautivar a la gente? No. El centro de su misión era su enseñanza. Quien le creyera como Mesías debía ejercer fe en Él, en su mensaje. No en el acto milagroso, que sin duda mostraba que era el Mesías, sino en su mensaje, que provenía de Dios.

Si Jesús hubiera cedido a la tentación de dejarse desafiar por el Tentador, otro hubiera sido el resultado. Pero no había en Jesús un orgullo malsano que pudiera ser explotado por el Tentador. ¿Había gente que quería a Jesús? Sí. ¿Había gente que no le quería? Sí. ¿Y? Cada persona era libre de elegir su seguirle o no.

El tirarse abajo para esperar un rescate milagroso era una prueba para Dios. Y Dios no puede ser tentado, por nada ni nadie. Por eso responde Jesús al Tentador:  
  
—También está escrito: "No pongas a prueba a YHWH tu Dios" —le replicó Jesús.

Hoy en día mucha gente sí tiene la actitud de poner a prueba a Dios. Desde negar su existencia, hasta actuar como si no existiera. ¿Quién sale perdiendo, YHWH? No. Sale perdiendo quien cree que de Dios uno se puede burlar.

Las tentaciones de Jesús nos enseñan mucho sobre la naturaleza humana. Sobre cómo nuestra propia condición, puede ser nuestro mejor aliado o enemigo, dependiendo de cómo se reaccione y se actúe. Si imitamos a Jesús, en su respuesta tajante y directa a las tentaciones que sufrió, podremos recibir de Dios Su bendición y favor.