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sábado, mayo 28, 2016

La Siempreviva que nos enseña a seguir adelante y estar alertas

"Miren a los lirios del campo", dijo en cierta ocasión Jesús. ¿Por qué? Porque al mirarlos, veríamos cómo el Padre viste a estas hermosas flores, que crecen, sin afanarse ni preocuparse, y cuyo ropaje es más hermoso que el del Rey Salomón con toda su gloria. ¿La lección? Si así vestía con elegancia y gracia YHWH a estas flores, que vivían pocos días, con cuánta más razón Dios viste a sus hijos e hijas amados.

Jesucristo nos enseñó muchas cosas valiosas, usando cosas comunes. Al dirigir nuestra atención a los lirios, nos mostró que podemos mirar y aprender preciosos valores espirituales y cualidades al observar la bella Creación de Dios.

Si miráramos a la Siempreviva, ¿qué aprenderíamos? Una cualidad espiritual muy importante: AGUANTE. ¿Qué es?

Aguante, en el griego bíblico, es hypoméno, y se le menciona cerca de 50 veces en las Escrituras. Y algunos biblistas la llaman la "madre de las virtudes espirituales". ¿Por qué? Porque es la virtud capaz de transmutar el dolor en alegría, la circunstancia más adversa, en una rotunda victoria. El aguante en las Escrituras significa permanecer o quedarse, es permanecer y no retirarse, mantenerse firme, resistiendo. En la obra Palabras griegas del Nuevo Testamento, de William Barclay, se comenta sobre el aguante: “Es el espíritu que puede sobrellevar las cargas por su esperanza inflamada. Es la cualidad que mantiene a un hombre firme contra los elementos. Es la virtud que puede transmutar en gloria a la desgracia más grande, porque, más allá del dolor, ve la meta”.

En síntesis, el aguante no es resignación, derrotismo o simplemente agachar la cabeza y esperar que pasen los vientos de la adversidad. Es poder, poder de permanencia espiritual, pese a la adversidad.

Otro biblista explica que esta palabra griega para aguante, describe la facultad de una planta para vivir bajo circunstancias duras y desfavorables. ¿Qué planta vive bajo circunstancias duras y desfavorables? Una de ellas, es la Siempreviva.

Las siemprevivas, son un género de cerca de 40 especies, originarias de Marruecos a Irán, a través de las montañas de la península Ibérica, los Alpes, los Cárpatos, los BalcanesTurquía, las montañas de Armenia, el Cáucaso. Su habilidad para almacenar agua en sus gruesas hoja les permite vivir en lugares rocosos soleados en los escudos subalpinos y alpinos. A estas plantas perennes les llaman Siemprevivas, palabra que se origina del latín "Sempervivum", Semper ("siempre") y vivus ("viviente"). 



Son Sempervivum debido a ser plantas perennes que mantienen sus hojas en invierno, y ser bastante resistentes a condiciones dificultosas de crecimiento. Tiene gran longevidad y produce exquisitas flores todos los veranos. 

¿Cómo esta planta puede crecer en condiciones duras? Ella crece en las elevadas laderas montañosas azotadas por los vientos, donde las temperaturas descienden hasta -35°C en 24 horas, y es capaz de echar raíces en las hendeduras de las peñas con muy poco suelo. ¿Cuáles son algunos de los secretos de su resistencia en condiciones tan severas?

La siempreviva tiene hojas carnosas que conservan el agua cuidadosamente, lo que le permite aprovechar al máximo la humedad de la lluvia o de la nieve fundida. Su capacidad para enraizar en las hendeduras le brinda cierta protección contra los elementos, aun cuando disponga de poco suelo. 


En resumen: la Siempreviva crece porque sabe sacar el mayor provecho de las circunstancias difíciles.


Probablemente, en este momento, no consideraríamos las circunstancias de nuestra vida 100% fáciles o agradables, ¿cierto? Podríamos estar sintiéndonos a puntico de tirar la toalla, es decir, rendirnos ante las circunstancias. A nadie le gusta afrontar dificultades, pero estas están allí, y quizás tengamos tiempo lidiando con situaciones que nos ponen a prueba. ¿Qué hacer?

Mirar a la Siempreviva. Si Dios creó a una planta con la capacidad de sacar el máximo provecho de sus circunstancias, y esto le permite crecer, desarrollarse, y hasta florecer, ¿no tenemos acaso nosotros una capacidad emocional, mental, psicológica y espiritual que, poniéndola a actuar, nos ayude a avanzar y lograr lo que queremos?

Una de las facultades de la Siempreviva para mantenerse en medio de las circunstancias, es usar sus hojas carnosas, para conservar el agua, aprovechando al máximo la humedad de la lluvia o de la nieve fundida. Recordemos que en las altas montañas, donde vive la Siempreviva, no llueve con frecuencia, así que esas hojas carnosas son su depósito de agua.

Nosotros tenemos un agua de la cual beber. ¿Cuál? La respuesta la tenemos en Juan 4:10: 

En respuesta, Jesús le dijo (a la samaritana): 
-Si hubieras conocido de la gracia divina, y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’, tú le habrías pedido, y él te habría dado agua viva
Nuestra "agua", es el Hijo de Dios, Jesús, el Cristo. Él nos brinda su enseñanza, vivificante, fresca, rica en verdad, luz y amor. Si bebemos de sus enseñanzas, seremos como esa Siempreviva, que almacena la preciosa agua en sus hojas carnosas. El carpintero de Nazaret no dejó lecciones espirituales que fueran materia para el sermón del domingo. Sus palabras son vida, y son esa verdad que al conocerla, nos libera del temor, de la duda, de esa sensación de lejanía del Padre.

Tenemos los Evangelios, de los que podemos leer directamente, y llenar nuestra mente y corazón de lo que Jesús enseñó. ¿Quién, que se sienta cansado, puede negarse a la amorosa invitación del Maestro cuando nos dice "vengan a mí, los afanados y cansados, y Yo los refrescaré, y tendrán consuelo en sus almas"? ¿O, qué persona que dude del amor del Padre, al leer la parábola del hijo pródigo, puede seguir pensando que los brazos eternos del Padre no están abiertos, esperándole con ternura?

La Siempreviva echa raíces, tiene la capacidad para enraizar. Nuestras raíces pueden ser sólidas en Dios y Sus promesas, pues estas nunca fallan. Hay gloria en mantener aguante ante la adversidad, pues así como Jesús aguantó y logró sentarse a la diestra del Padre, una promesa similar tenemos por delante.



¿Cómo reaccionar ante las dificultades? Con fe y aguante. No es el tiempo de dejar de lado a Dios, es tiempo de aferrarse al Padre, es tiempo de oración, de enderezar los asuntos con Dios. Jesús nos indicó que debíamos alzar las cabezas, al ver suceder ciertas cosas. No señaló otra cosa que no fuera estar atentos a "mirar" lo que sucede. Pero, ¿cómo mirar con ojos de discernimiento espiritual si no nos agarramos de la mano del Todopoderoso en constante oración y una actitud de fe?