El gran mandamiento

La enseñanza de Jesús es polémica. Confronta a las más preciadas creencias enraizadas por la sociedad judía de su tiempo. Creencias y enseñanzas basadas en tradiciones, en figuras relevantes, cuya sabiduría y opinión era más importante que las Escrituras.

Jesús tenía una visión diferente. Para él, eran las Escrituras, la base fundamental en su enseñanza. Solía decir "está escrito", para referirse a algún asunto. Por ello, no extraña que vez tras vez sucedieran fuertes confrontaciones entre Jesús y los líderes religiosos de su tiempo. En cierta ocasión, estaba ocupado en el Templo enseñando, y fariseos y saduceos le plantearon preguntas para cuestionarlo.

Uno de esos cuestionamientos provino de un escriba:


Acercándose uno de los escribas, le preguntó: 

¿Cuál es el primer mandamiento de todos?

Marcos 12:28

La pregunta era capciosa. Su respuesta no era tan clara. Podríamos pensar que la respuesta era citar del Primer Mandamiento de los 10 Mandamientos. Para ellos, era esencial la limpieza ceremonial, guardar celosamente el sábado y otros preceptos.

La respuesta de Jesús fue:


Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; YHWH nuestro Dios, YHWH es Uno.
Y amarás a YHWH tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. El segundo es semejante a este: ‘Amarás a tu projimo como a ti mismo.’ No hay otro mandamiento mayor que éstos.”
Marcos 12:29-31
Jesús sabe que la respuesta es contundente. Rompe con lo que se esperaría que respondiera. Cita de las Escrituras: Deuteronomio 6:4 y Levítico 19:18. Lo que quiere decir que selecciona cuidadosamente su respuesta, pues no cita de los 10 mandamientos ni de la tradición.

Si analizamos la respuesta de Jesús, reconoce una verdad fundamental: que YHWH es el Dios de Israel y es Uno solo. Es una Deidad Única, no múltiple. 

No hay varios dioses. Hay Uno solo, que era el Dios de Israel y el Dios de Jesús. El punto crucial de la respuesta de Jesús es cómo establecer una relación con ese Dios Único. 

Jesús dice que hay que amar a este Dios "con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas". Propone un amor que lo abarca todo: el corazón, el alma, la mente y las fuerzas. 

El amor del que hablaba Jesús no conocía límites. Era total, lo abarcaba todo. Corazón, alma, mente y fuerzas. Entendemos que es sumamente difícil amar así, con ese nivel de compromiso, y que cada parte de ti ame a Dios de esa manera. Solemos racionalizar el amor, considerar si vale la pena amar a una persona, hacer cosas por ella y hasta sacrificarnos por ese ser amado.

Los evangelios muestran que así amó Jesús a Dios. Con totalidad de su ser. No se dejó un espacio de su vida que no fuera para Dios.

Jesús nos enseñó que el gran mandamiento es el amor al Padre, con todo nuestro ser, y así amó el al Padre. Lamentablemente, se nos hace difícil imitar a Jesús. Pero sigue siendo un desafío y una aventura espiritual practicar día a día el gran mandamiento.
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