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martes, septiembre 22, 2015

El Jubileo y la misericordia de Dios

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Libertad. La posibilidad de un nuevo comienzo en la vida. Eso significaba el Jubileo en la historia de Israel.

La Ley estipulaba que habría un año, que seguía a cada ciclo de siete períodos de siete años, que se contaba desde la entrada de Israel en la Tierra Prometida. La palabra Jubileo viene de la palabra hebrea yohvél, y significa “cuerno de carnero”. El inicio de ese año de Jubileo se tocaba un cuerno de carnero o schófar, y ese sonido indicaba que iniciaba un período de libertad por toda la tierra.

Ese año de Jubileo era sabático. La tierra no se sembraba, se dejaba sin trabajar. De hecho, ni siquiera se podía recoger lo que crecía de los granos caídos, ni recoger las uvas de una vid sin podar.

El Jubileo destaca la misericordia de Dios. La tierra descansaba, recibiendo una oportunidad de completa renovación. Desde el punto de vista económico, la tierra recobraría su poder productivo, y la bendición divina daría una producción abundante el año 48, para que hubiera qué comer en el año 49 (año sabático), año 50 (Jubileo) y parte del 51 (nuevo año que iniciaba el ciclo). 

El Jubileo manifestaba la misericordia de Dios también hacia las personas. En el décimo día del séptimo mes (mes de Tisri), el Día de Expiación, se hacía sonar el schofár, y ese sonido proclamaba libertad. Libertad para los esclavos hebreos, muchos de los cuales se habían vendido debido a una deuda. Esa liberación lograda durante el Jubileo, hacía que los esclavos recobraran su libertad, y la posibilidad de iniciar una vida nueva. Además, se devolvía toda herencia de tierra que se hubiese vendido, por lo general debido a problemas económicos. Ello implicaba que una familia recuperaba su honor, dignidad y evitaba hundirse en la pobreza completa. Si Israel guardaba las leyes de Dios, entonces, “nadie llegaría a ser pobre entre ti” (Deuteronomio 15:4).

Si analizamos el hecho de que la tierra descansaba, los esclavos recobraban su libertad, las propiedades perdidas por deudas volvían a la propiedad original de la familia, entendemos el interés misericordioso de Dios por la nación, la tierra, los árboles, las familias y la gente en general. El Jubileo contribuiría a fortalecer a la economía nacional, dándole estabilidad, y limitando las deudas. Esto contribuiría a evitar estados de inflación, y desbalance comercial y laboral.

La misericordia de Dios la entendemos como una fuerte compasión por el desvalido, por quien sufre, por aquella persona que necesita ayuda o consuelo. Dios no se complace en que la gente sufra por problemas económicos, por no tener dónde vivir, o porque alguien sea tratado de una manera que le despoje de dignidad y respeto. Y precisamente eso era lo que el Jubileo buscaba, el suministrar una misericordiosa posibilidad de reiniciar una nueva vida y una nueva economía personal o familiar.

Entendemos en este siglo XXI, que ciertamente vivimos en un ritmo frenético de economía, comercio, relaciones, y un sinnúmero de responsabilidades que afrontar. Sin embargo, así como en tiempos de Jubileo, Dios nos invita a apartar un tiempo de renovación, de liberarnos de aquellas ideas, creencias o situaciones negativas que podrían esclavizarnos. Dios nos invita al descanso, a la paz, a reencontrarnos con su ternura. Para Dios, somos importantes. Quizás en el antiguo Israel, quien se había tenido que vender como esclavo, era considerado de menor importancia. No obstante, para Dios, era alguien que recuperaría su libertad, y por consiguiente, su honor y dignidad.