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lunes, agosto 17, 2015

Jesús y la samaritana

Jesús habla con mujer samaritana en el pozo de JacobJesús comienza a ser conocido. Poco a poco, aquel humilde carpintero de Nazaret, logra dirigir la atención de la gente hacia Su mensaje: El Reino de los Cielos. 

Pocos meses después de Su bautismo, el impacto de Su mensaje se hace notar, particularmente en Judea. La gente habla de Él, y llega a hacer discípulos y bautizar más que Juan el Bautista. Este hecho, hace que los fariseos enciendan las alarmas, pues Juan el Bautista era ya una amenaza, y ahora este desconocido Jesús, parece lograr más éxito que el mismo Juan.

Jesús entendió que era el momento de cambiar de dirección. Decide irse de Judea, e ir a Samaria. Allí, a eso de las 12 del mediodía estaba solo, sentado en un lugar histórico: la Fuente de Jacob. En ese sitio, Jacob sacaba agua para él y su familia, sus siervos y su ganado. 

No nos es difícil entender lo que representaba una fuente de agua en medio de Samaria. El agua, hace 2.000 años y ahora, es vital, y poseerla, un asunto de vida o muerte. Jesús estaba ahí, sentado, esperando a los discípulos que fueron a comprar víveres.

El resto de la historia la conocemos. Jesús promete dar a esa mujer, o a cualquiera que tenga fe, agua, agua que da vida eterna. Es tan poderosa el agua que da Jesús, que cualquiera que beba de Su agua, no volverá a tener sed jamás. Y esa agua que Él da, se convierte en uno en una fuente de agua que brotará para impartir vida eterna a otros.

Imaginémonos por un momento esta promesa. Darnos agua que quita la sed, y que hace que dentro de uno mismo, se genere una fuente inagotable de agua, que mana agua dadora de vida eterna para otros.

 Mapa de Israel en tiempos de Jesús
La samaritana sin duda, estaría sorprendida de que un judío hablase con ella de asuntos espirituales. Por ser mujer, samaritana, y su historial de relaciones con hombres, no sería alguien a tomar en cuenta para hablar este tipo de temas.

Jesús también habló de adorar al Padre en espíritu y verdad, y de que el Padre buscaba personas que le adoraran de la forma que Él lo deseaba. Esto, evidentemente, contrastaba con la opinión de fariseos, saduceos, y demás líderes religiosos, quienes enseñaban que se servía a Dios como ellos lo decían. 

La conversación de Jesús y la samaritana, y Su trato hacia ella nos muestran a un Jesús que reflejaba la misericordia de Dios, y Su compasión. Para Jesús, la samaritana no era un ser indigno o caso perdido, no la consideró un ser de segunda o última categoría, por ser mujer, samaritana, o por su vida privada.


 Jesús enseña a adorar al Padre en espíritu y verdad

Cuánto contrasta la actitud de Jesús con la de los líderes de iglesias, religiones u organizaciones, quienes se creen "superiores" a personas de otras nacionalidades, creencias religiosas, o que minimizan el rol de la mujer. Igualmente, se colocan en una posición de jueces sobre la vida privada de la gente, haciéndolo como si ocuparan la posición de Dios.


 Jesús y la samaritana
En este relato, vemos a un Jesús que nos enseña misericordia, lo que Dios realmente busca de cada un@ de nosotr@s, y que somos dignos de respeto y de acceder a YHWH, independientemente de cuáles sean las circunstancias de nuestra vida.