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viernes, septiembre 23, 2016

Aprender de las experiencias

La sabiduría del aprendizaje neoatierra
Aprender de las experiencias

A lo largo de nuestra vida, diariamente, acumulamos un amplio caudal de vivencias que nos generan un aprendizaje. Dichas vivencias permiten que desarrollemos un tipo de conocimiento y sabiduría, que va acumulándose con el tiempo.

Nuestras vivencias pueden ser consideradas como “buenas” o “malas”. O “positivas” o “negativas”. Ahora, cómo una vivencia se transforma en experiencia, y esa experiencia, cómo la convertimos en una experiencia positiva, que genera sabiduría práctica que enriquezca nuestra vida y la de otros, es sin duda, una de las grandes interrogantes de la vida.

Es un hecho, que nuestras vivencias tienen un alto impacto en nuestra vida. Si fueron gratas, dulces, llenas de alegría, amor y satisfacción, se convierten en recuerdos memorables. Pero si esas vivencias son amargas, ingratas, nos causaron un hondo sentimiento de malestar y sufrimiento, cambian las cosas.
En primer lugar, porque no queremos tener ese tipo de vivencias. Nuestro mecanismo de autoprotección, buscará evitarlas, posponerlas o hacer que otros sean responsables, o culpables, por haberlas causado. Es por ello que se responsabiliza a otros: los padres, la pareja, la familia, el trabajo, las circunstancias, etc. La lista es interminable, a la hora de fijar responsabilidades sobre nuestras amargas vivencias.

Puede que, en efecto, haya responsables. ¿Y? Eso, a final de cuentas, no determina el cómo cada uno/una, convierte esa vivencia en una experiencia positiva.


Somos responsables de nuestra propia vida y sentido de aprendizaje, de tomar como valores y referencias de vida aquello que queramos. Llega un punto en el que, estamos cara a cara nosotr@s mism@s con lo vivido. Y qué hacer con ello.
Culpar a otros con recriminación y afirmar que se es una víctima de: las circunstancias, malos padres, mala suerte, etc., no genera un auténtico aprendizaje positivo. Es la medida en que estaremos renunciando al poder que tienen nuestras decisiones, para crear nuestra propia realidad.

Generalmente no entendemos la razón por la cual suceden algunas cosas. Sobre todo cuando estamos pasando por un periodo difícil. Sin embargo, es el mejor momento para enfocarnos en el aprendizaje.

Las lecciones más grandes en la vida nos cuestan generalmente muy caro, ya sea a nivel emocional o económico. Pero el aprendizaje es invaluable. Como dice el dicho, “Aprende de los errores de los demás que no tendrás tiempo de cometerlos todos tú mismo”. Cuando se es el protagonista de una vivencia dolorosa, es muy difícil ver las cosas objetivamente. Pero, precisamente, es esa vivencia la que nos genera la gran posibilidad de aprender y crecer.

Aprender de las experiencias NEOATIERRA

Por ejemplo, las Escrituras nos relatan la historia de José. Su madre muere cuando él apenas es un niño, y tiene que crecer en medio de 10 medios hermanos, hijos de mujeres que no eran las amadas de Jacob, su padre. Fue odiado por ellos, y vendido como esclavo y llevado a Egipto. Y allí, es acusado de abuso sexual y traición, encarcelado, esperando largos años hasta ser liberado.

Llama la atención el cómo José maneja esas vivencias. Negar que las vivió, era imposible, así como es imposible que neguemos en nuestro corazón lo vivido. José tiene dos hijos. El mayor se llama Manasés, que significa “Dios me ha hecho olvidar todas mis desgracias y toda la casa de mi padre”. Y Efraín es el segundo, cuyo nombre significa “Dios me ha hecho fructífero en la tierra de mi miseria”.

José vendido como esclavo NEOATIERRA
Hay una transición emocional y espiritual en José. Su primer hijo representa el hecho de que Dios le hizo olvidar sus desgracias, y la casa de su padre. Para él, sus desgracias ya pasaron, quedaron atrás, y el futuro estaba por delante, al lado de su esposa e hijo. Olvidar, en el sentido de que ese dolor, resentimiento e ira, quedaron atrás, y hay un reenfoque hacia adelante.

Vivir recordando las vivencias amargas, hablando de ellas, generando más rencor y resentimiento hacia quienes nos hicieron daño, nos obliga a seguir viendo hacia atrás. ¿Eso nos sirve? No, puesto que nos mantendrá en el pasado y la amargura. Evidentemente, José entendió y asumió qué vida quería: una vida sumida en la amargura y rencor, o centrarse en las nuevas perspectivas para su vida.

Efraín representa las posibilidades de generar una experiencia positiva a partir de vivencias dolorosas. Cada persona tiene cualidades y circunstancias únicas, y el potencial ilimitado para alcanzar la grandeza y una capacidad única para impactar al mundo para bien. Todo depende de cómo entendamos que podemos aprender de lo vivido, y usarlo para nuestro bien y el de otros.


Siendo realistas, eso no se logra de la noche a la mañana. Pero en la medida en que se genera el deseo y la intención de no dejarnos determinar por lo que haya sucedido, en que entendamos que no somos lo que otros piensen o crean sino lo que queramos ser, todo cambia.