Ser agradecidos con Dios

Un día cualquiera, vamos caminando por la calle, y, de repente, alguien nos llama. Nos indica que se nos han caído las llaves, y ni siquiera nos percatamos de ello. "Gracias", le decimos, pues, agradecemos el que nos haya advertido lo sucedido, y así, evitarnos los inconvenientes que acarrea el extraviar nuestras llaves.

Día a día, son muchas las circunstancias que nos llevan a dar las gracias a una persona. Bien sea que nos preste un servicio o nos haga un favor, alguien ha invertido tiempo, esfuerzo, interés o dinero en hacer algo por nosotros. Lo más lógico, es que respondamos con gratitud.

La Persona que más ha actuado a favor nuestro es Dios, Yahvé. Día a día, disfrutamos de innumerables beneficios y dones que Él nos da: la vida, la salud, el tener qué comer, qué vestirnos o dónde vivir. Más allá de esos beneficios materiales, tenemos la certeza de que ha dado a Su Hijo, Jesús, para que "el que tenga fe en Él (Jesús), tenga vida eterna", según lo expresó Jesús mismo en Juan 3:16.

En las Escrituras Sagradas, la persona que más menciona la palabra gracias es el rey David, y es en los Salmos, el libro en el que más veces se menciona el dar gracias a Dios. También, encontramos a Jesús dando gracias al Padre. Por ejemplo, en Mateo 15:36, vemos que da gracias por los 7 panes y pescados que le dan, los parte, comenzando así a alimentar milagrosamente a 4.000 varones, además de mujeres y niños. 

En la institución de la Cena del Señor, Jesús da gracias por el pan y el vino, símbolos de Su cuerpo y sangre entregados a favor de la humanidad. 

Yahvé es agradecido. Hebreos 6:10 dice:

Dios no es injusto para olvidarse de todo el trabajo que han hecho y recordará que ustedes le han demostrado su amor ayudando al pueblo de Dios y que continúan haciéndolo.

La gratitud de Dios se manifiesta en Su bendición. Por ejemplo, bendijo a Abrahán, multiplicando su descendencia, de modo que fuera “como las estrellas de los cielos y como los granos de arena que hay en la orilla del mar” (Génesis 22:17).  Y 2 Crónicas 16:9 añade que “los ojos de Yahvé contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él”.

No es de extrañar que de las personas más favorecidas por Yahvé, se encuentren quienes son más agradecidas. Ahora bien, quizás alguien diga que era lógico que David o Jesús fueran agradecidos con Dios. Pero recordemos que las vidas de estos hombres no fueron de "color de rosa". David, por ejemplo, vivió años de persecución por causa de Saúl, tenía que vivir huyendo, hasta en cierta ocasión tuvo que hacerse el loco para salvar la vida (1 Samuel 21:12-15).

Para un creyente, son muchas las razones que Dios le da diariamente para ser agradecid@ con Él. Sin duda, no es fácil dar gracias cuando pasamos por dificultades o momentos desagradables. Pero la gratitud a Dios también es cuestión de fe. Cuestión de creer y saber que Yahvé tiene el control de todo lo que sucede en nuestra vida, y puede intervenir y cambiar las circunstancias, tornarlas en algo mejor.

En el Salmo 69:30 leemos:

Con cántico alabaré el nombre de Dios,

Y con acción de gracias Lo exaltaré. 


Estas palabras las escribió David en el Salmo 69, un salmo titulado “Un grito de angustia”, “Oración del Justo Perseguido”, “Sácame del lodo”. Así que este salmo trata básicamente de un hombre angustiado, perseguido, que estaba en el lodo de la adversidad. El Salmo 69 describe a un David que no estaba precisamente en el mejor momento de su vida, pero aún en medio de su problema, tuvo corazón para agradecer a Dios por ser bueno con Él.

Ser agradecidos con Dios, independientemente de las circunstancias, puede ayudarnos a ver las circunstancias en su debida perspectiva. Puede darnos la estabilidad mental, emocional y espiritual que necesitamos. Permitir que, por el contrario, arraiguen en el corazón la amargura y la frustración, puede debilitar nuestra fe y confianza en Dios, y no nos da la fuerza espiritual que necesitamos para salir adelante.

Es de Yahvé de Quien recibimos beneficios, es Él Quien nos ayuda a salir adelante. Es a Él al que debemos mayor gratitud, y si nos cuesta ser agradecidos, pidamos a Dios que nos ayude a ser más agradecidos, y a tener más fe en Su bondad para con nuestras vidas.


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