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lunes, febrero 22, 2010

Cosas Escritas para Nuestra Instrucción: Los israelitas esclavos




Egipto, primera potencia mundial mencionada en la Biblia, prosperó debido a la intervención divina. Primero con José, y luego con la presencia de los israelitas en esclavitud, Egipto creció económicamente.

¿Era de extrañar eso? No. Dios predijo:

Hebreos 6:13-14

Porque cuando Dios hizo su promesa a Abrahán, puesto que no podía jurar por nadie mayor, juró por sí mismo, 14 diciendo: “De cierto, bendiciendo te bendeciré, y multiplicando te multiplicaré”.

Dios le jura a Abrahán realizar dos cosas, la primera es: Bendición, y la segunda: Multiplicación.

Al Faraón olvidarse de José empezó a tener miedo del pueblo de Israel y comenzaron a hacer al pueblo de Israel esclavo. Vemos en Éxodo 1 y 5 cómo Dios cumple su promesa: los israelitas se multiplican.

Nos preguntamos cómo es que los israelitas NO entraron en la Tierra Prometida.

Por qué estaban a 11 días de entrar en Canaán, y vagaron 40 años por su falta de fe.

Para saber la respuesta, y evitar sus errores, repasemos lo que muestra la Biblia. Concretamente, analicemos cómo los israelitas eran en sus actitudes y su motivación antes de salir de Egipto, para entender cómo fueron después, y evitar sus desaciertos.

Faraón es símbolo de un tirano opresor. Una especie de Goliat, pero con poder político, militar y económico.

En algún momento, todos tenemos un “Faraón”. Un problema, situación, circunstancia, reto o dificultad grave que amenaza con tenernos deprimidos, derrotados, desalentados, frustrados.

Veamos qué sucedió con los israelitas, y qué aprendemos para “nuestro beneficio” (Isaías 48:17, 18).

Éxodo 5:16-17

No se da paja a tus siervos y, sin embargo, nos están diciendo: ‘¡Hagan ladrillos!’, y ¡mira!, se golpea a tus siervos, cuando la falta es de tu propio pueblo”. 17 Pero él dijo: “¡Están holgando, están holgando! Por eso andan diciendo: ‘Queremos irnos, queremos hacer sacrificios a Jehová’.

Moisés habla con Faraón. Faraón no accede a que los israelitas se vayan. Faraón endurece la condición de esclavos, como se lee en la cita del Éxodo 5:16-17.

Hoy vivimos una situación similar.

Para el mundo nunca será suficiente lo que uno haga. Para una mujer con el espíritu de Faraón lo que su marido haga nunca será suficiente, para un hombre con el espíritu de Faraón lo que su esposa haga nunca será suficiente, para tu jefe y el mundo nunca lo que hagas será suficiente, el problema es que hemos aceptado que el sistema nos aplaste, que el sistema económico-político-social nos lleve a quebrantar nuestro espíritu y nuestro corazón cuando Dios nos llamó para hacer cosas más grandes. Para ser libres. Para tener un futuro y una esperanza.

Éxodo 5:18-23

Y ahora, ¡vayan, sirvan! Aunque no se les dará paja, aun así han de dar la cantidad fija de ladrillos”. 19 Entonces los oficiales de los hijos de Israel se vieron en un mal aprieto a causa del dicho: “No deben rebajar de sus ladrillos ni una pizca de la cuota diaria de nadie”. 20 Después de eso se encontraron con Moisés y Aarón, que estaban de pie allí para encontrarse con ellos cuando salieran de donde Faraón. 21 En seguida les dijeron: “Que Jehová los mire y juzgue, puesto que nos han hecho tener un olor ofensivo delante de Faraón y delante de sus siervos, a fin de poner una espada en mano de ellos para matarnos”. 22 Entonces se volvió Moisés a Jehová y dijo: “Jehová, ¿por qué le has causado mal a este pueblo? ¿Para qué me has enviado? 23 Porque desde el tiempo en que fui delante de Faraón para hablar en tu nombre, él le ha hecho mal a este pueblo, y tú de ninguna manera has librado a tu pueblo. 22 Entonces se volvió Moisés a Jehová y dijo: “Jehová, ¿por qué le has causado mal a este pueblo? ¿Para qué me has enviado? 23 Porque desde el tiempo en que fui delante de Faraón para hablar en tu nombre, él le ha hecho mal a este pueblo, y tú de ninguna manera has librado a tu pueblo”.

Cuando las cosas se pusieron peor, los israelitas culparon a Moisés. Y Moisés, reclamó a Jehová. Cuando hay problemas en casa, o personales, ¿es esa la solución? ¿culpar a todo el mundo? No.

¿Acaso está mal reconocer la frustración, la decepción que nos causan nuestros problemas, o reconocer la responsabilidad en ellos por parte de los causantes del mismo? No.

El problema radica en quedarse mentalmente así.

A veces vivimos en medio de contradicciones. Por ejemplo, sabemos que debemos luchar para mantener un matrimonio de éxito, siguiendo los consejos bíblicos. Pero qué difícil pueden tornarse las relaciones entre los esposos.

¿Tener espíritu de culpar a otro resuelve los problemas? No.

Pero buscar soluciones, sí es el inicio para resolver los problemas.

En el caso de los israelitas, si hubiesen puesto su corazón en la promesa de Dios de liberarlos, hubieran podido manejar mejor su situación que aún faltaba tiempo para resolverse.

Sí, para enfrentar a los Faraones en nuestra vida necesitamos tiempo. Eso implica paciencia.

Los israelitas no tenían paciencia. Nunca aprendieron a tenerla. Y vagaron 40 años en el desierto. Que no nos suceda que por no saber esperar en Jehová con fe y humildad, haciendo lo que debemos hacer, Dios nos enseñe a ser pacientes de la forma más negativa para nosotros.

Recordemos que nuestro capital más importante es nuestra mente y espíritu.

Hay personas que dicen que los problemas los están haciendo perder la cabeza. No se puede perder la cabeza porque se necesita tenerla para Dios dé un la salida al problema que enfrentemos: un nuevo negocio, o empleo, una oportunidad de mejorar las relaciones fracturadas con nuestros seres queridos. Dios promete bendecir nuestros esfuerzos, y al tiempo de Dios, cuando se manifieste la oportunidad, que nos tome preparados para aprovecharla plenamente.

Hay situaciones que se enquistan de tal forma en la cabeza y en el espíritu que lo único en lo que se piense es en ese problema. Hay personas que tienen una nueva pareja y todavía están pensando en la anterior, hay gente casada con una nueva persona y Dios la bendijo, su vida cambió, pero todavía estás pensando en las palabras ofensivas que la otra te decía; hay gente que tiene un nuevo trabajo y todavía está pensando en lo que pasó en el trabajo anterior, el problema se metió en tu mente y corazón sin darte cuenta, te sigues multiplicando pero con una mente esclava, llegó la hora que tu entiendas que Dios te llamó para que fueras libre, para hacer cosas grandes, para prosperar. Para que empieces a mejorar tu vida ahora.

Hay 2 cosas que demuestran que el problema está acabando contigo y no tú con el problema, debes estar pendiente de estas tres cosas, si las identificas en tu vida debes entender que el problema que estás pasando está doblegando tus rodillas delante de Faraón.

1. No quiero oír más Palabra de Dios

Faraón logró oprimir al pueblo de Dios de tal manera que no quisieran oír a Moisés. Faraón pidió que se pusiera al pueblo de Israel más cargas para que no quieran escuchar palabras ociosas.

La primera señal de esclavitud en una persona es cuando ya no siente deseo de oír la Palabra de Dios, esa que se debe meditar “día y noche en voz baja” (Salmo 1: 2, 3).

La Biblia dice que la fe viene por el oír y el oír de la palabra de Dios. Faraón no puede callar a Moisés pero puede hacer que tú no quieras escuchar, la Palabra de Dios. Si el enemigo logra que no quieras oír ha logrado quebrar tu corazón y tu mente para que no seas libre, para que no superes tus problemas.

2. Pierde todo deseo de orar a Jehová

Si el enemigo logra que tú no ores a Dios, que no busques Su Rostro, ha logrado quitarte tu identidad, la oración lo que provoca es identidad en tu vida, cuando el pueblo salió de Egipto lo primero que hicieron con el oro que les dio Jehová fue un becerro de oro y la Biblia dice que cambiaron su imagen de gloria por la imagen de un animal que come hierba, Faraón logró meterse tan adentro, los hizo tan esclavos que la imagen de Dios que ellos tenían era de una vaca y el mundo sabe que si tú no oras pierdes identidad. Cuando levantas tus manos al cielo y oras a Dios te relacionas con ese Dios y sabes de dónde saliste, te sientes hijo o hija de Jehová, empiezas a sentirte bien, sabes a quién le sirves, que te hizo ser un príncipe, una princesa. Dios no tiene problema de identidad, tu oración te cambia a ti, Dios no necesita que le digas cuán grande es, porque él lo sabe, el problema lo tenemos nosotros. Cuando reconozco que él es el grande, entonces puedo mirarme cara a cara como un espejo y ser transformado, por eso cuando uno ora, se siente energía, con alegría y fe, porque te relacionaste con el verdadero Dios, te das cuenta que no le sirves a la vaca, al mundo, te das cuenta que lo que antes te ataba ya no te ata más, te das cuenta quién es el Dios a quien le perteneces, la Biblia dice que mayor es el que está en ti que el que está en el mundo. Si tu Faraón logra que dejes de orar vas a perder tu identidad.

Cuando más grande es el problema es cuando más uno se debe llenar de los pensamientos de Dios, más debo orar, más debo leer la Biblia, palabra debo escuchar, es cuando más grande debe ser mi oración, cuando más grande es el problema es cuando más debo alabar y adorar a Dios y decirle a Faraón que no me va a tener de rodillas y que no voy a doblegar mi corazón. Nada me puede quebrar el espíritu.

Los israelitas salieron de Egipto, pero su mente y corazón se quedó en Egipto, como esclavos.

Pablo manifiesta en Efesios 4:23: deben ser hechos nuevos en la fuerza que impulsa su mente.

¿Qué es esa fuerza que impele y motiva a la mente? Lo que nos mueve a pensar y a actuar. Es el espíritu de Dios o el del mundo.

Los israelitas incrédulos, manifestaron el espíritu del mundo. Así Jehová milagrosamente los hubiera transportado a Canaán, sin pasar por el desierto, hubiesen sido los mismos.

Porque Dios nos da promesas. Pero no hace que tengamos fe en esas promesas. Tener fe, un espíritu de ser "completamente victoriosos mediante el que nos amó" (Romanos 8:37), es nuestra responsabilidad.

Meditemos:

No es igual ser esclavo en Egipto sabiendo que Dios me va a liberar, que serlo sabiendo que Dios no me va a liberar.

¿Diferencia? La esperanza.

No es igual hacer mi mayor y mejor esfuerzo hoy en el trabajo, los estudios, mi familia, mi vida de hoy, sabiendo que "si Dios está conmigo, ¿quién contra mí?, que actuar hoy como si Dios no estuviera de mi lado.

Ésa era, entre otras la diferencia entre los israelitas faltos de fe, y los que queremos tener fe en Dios y sus promesas. Promesas que son para el presente y el futuro. Porque si uno cree que Dios bendecirá a uno en el futuro, ¿por qué creer que la "bendición de Jehová, no está conmigo AHORA?