Cuando Josué se
hallaba junto a Jericó, alzó los ojos y miró, y allí estaba un hombre de pie
enfrente de él, con su espada desenvainada en la mano. De modo que Josué anduvo
hasta donde él y le dijo:
-¿Estás
de parte de nosotros, o de nuestros adversarios?
A lo cual él
dijo:
-No,
sino que yo, como príncipe del ejército de Jehová he venido ahora.
Ante esto, Josué
cayó a tierra sobre su rostro y se postró y le dijo:
-¿Qué
dice mi señor a su siervo?
A su vez el príncipe
del ejército de Jehová dijo a Josué:
-Quítate
las sandalias de los pies, porque el lugar donde estás de pie es santo.
En seguida Josué
lo hizo así.
Esta
conversación, que en la Biblia se registra en Josué 5:13-15, tuvo lugar cerca
de Jericó, antes de iniciar la conquista de la Tierra Prometida.
Josué habló con un Príncipe. ¿Qué es un
Príncipe? La palabra hebrea sar, que
se traduce por “príncipe”, se relaciona con un verbo que transmite la idea de “dominar”.
Este término es aplicable al hijo de un rey, a una persona de poder, o de la
realeza, a un líder o jefe.
En Daniel 8:25, se le da el
título de Príncipe de Príncipes a Jehová, única vez que aparece este título
distintivo en toda la Biblia. Si nos preguntamos quién fue este Príncipe que se
apareció a Josué, y que aceptó su muestra de reverencia (no de adoración, que
sólo corresponde a Jehová), la respuesta la hallamos en el mismo libro de Daniel
10:13:
El príncipe de la región
real de Persia estuvo plantado en oposición a mí por veintiún días, y, ¡mira!, Miguel, uno de los príncipes prominentes, vino a ayudarme; y yo, por mi parte,
permanecí al lado de los reyes de Persia.
Miguel es el Arcángel, el más poderoso de los ángeles. Es el mismo Jesucristo, antes de venir a la Tierra,
y es Su nombre en los cielos, que alude a su papel particular como Aquel que es Vindicador de la Soberanía
y Divinidad de Jehová, pues Miguel significa “¿Quién es como Dios?”.
Desde los tiempos de la rebelión
en Edén, se ha puesto en tela de juicio la Divinidad y Soberanía de Jehová
sobre la Tierra. ¿Cómo zanjar la cuestión? Por medio de la enemistad, la
permanente guerra y contienda entre 2 descendencias: la de la Mujer, y la de la
Serpiente (Génesis 3:15).
Una enemistad significa guerra,
confrontación, lucha. Y eso es lo que ha existido desde los tiempos de Edén.
Sin embargo, a lo largo de los siglos, la lucha ha ido in crescendo, siendo
la muerte de Jesús esa “magulladura en el talón”, predicha por Jehová en Génesis
3:15.
Un punto culminante de esta
enemistad la encontramos en el relato de Revelación 12:7-10:
Y estalló guerra en el cielo:
Miguel y sus ángeles combatieron con el dragón, y el
dragón y sus ángeles combatieron, pero este no prevaleció, ni se halló lugar
para ellos en el cielo.
Así que, hacia abajo, se arrojó al gran dragón, la
serpiente original, llamado Diablo y Satanás, que estaba extraviando a toda la
tierra habitada. Fue arrojado abajo a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados
abajo con él.
Y oí una voz fuerte en el cielo decir:
-¡Ahora han
acontecido la salvación y el poder y el reino de nuestro Dios y la autoridad de
su Cristo!
Esta es una parte de la
revelación apocalíptica muy intrigante. Nos habla de una guerra, que tiene como
resultado el que ya acontezca el poder y el Reino de Dios y la autoridad de Su
Cristo. Pero también hay ayes, dolores para la Humanidad, porque el expulsado
del Cielo, sabe que le queda poco tiempo. Razón por la cual, la exhortación a
los creyentes es la de “humillarse bajo la poderosa mano de Dios, echar sobre
Dios toda inquietud, mantener el juicio, ser vigilantes, y estar sólidos en la
fe” (1 Pedro 5:6-9).
Los ángeles son guerreros de Dios. ¿Por qué? Son seres espirituales, hijos de Dios, quienes han mantenido una actitud de lealtad hacia Jehová, su Padre. Presenciaron la rebelión en Edén, cuyo cabecilla era un querubín, un ser que era miembro de la familia de Dios. Además, otros seres angelicales se unieron a este personaje, siendo una cantidad indeterminada, pero que la Biblia refiere como "la tercera parte" de esas estrellas del cielo, arrastradas por la cola del Dragón, a rebelarse contra el Padre.
Los ángeles no han sido meros expectadores de la historia humana, pues han participado activamente como mensajeros o agentes de la voluntad de Dios, de formas diversas, expresadas en la Biblia o no. Y han visto cómo la paciencia de Dios ha buscado por largo tiempo que "ningún hombre sea destruido, si no que alcance el arrepentimiento", como mencionó Pedro en 2 Pedro 3:9.
La justicia divina significa dar ejecución de juicio sobre quienes ignoran la Ley Divina. Y los ángeles son ejecutores de las órdenes del Padre. Los ángeles como guerreros de Dios son agentes de justicia divina, no seres que actúan por egoísmo, venganza o resentimiento, como sí sucede cuando los seres humanos toman la venganza por sus manos. Los ángeles aman al Padre, y se someten con amor y obediencia a Sus órdenes y consejo, sabiendo que lo que el Padre decide se ajusta a Su justicia y misericordia. Los ángeles han dejado al Padre el decidir cuándo y cómo, llevar a cabo sus juicios, pero una vez Dios da la orden, los ángeles ejecutan la orden divina, sin ceder al sentimentalismo o a sus propias ideas.
Los ángeles saben que el Dios de
la Biblia es un Dios de Paz, y lo muestra su disposición a ser misericordioso y
bueno con todos, “haciendo salir el Sol y llover sobre buenos y malos”. Pero el
mal y quienes lo practican impenitentemente, tiene límite. Jehová es el Jehová
de los ejércitos, frase que aparece en casi 280 ocasiones en el Antiguo
Testamento (Escrituras Hebreas), siendo la primera en 1 Samuel 1:3.
Estos ángeles, cuando actúan como guerreros, usados en faenas militares, están organizados. Dios es Dios de Orden y de Paz. Por ejemplo, Jesús dijo a Pedro que Él,
de haberlo querido, podría haber pedido más de 12 legiones de ángeles, siendo
cada legión de 6.000 ángeles, y multiplicando 12 x 6.000, serían… 72.000
ángeles, que con un solo gesto de Jesús, habrían acudido a combatir. Pero esa
no era lo voluntad del Padre en ese
momento. También, simbólicamente se dice que Jehová posee “carros de guerra”, y
“hombres de a caballo”, que es una forma de referirse simbólicamente a los
ejércitos del cielo, como agentes bien armados y dotados para la guerra (2 Reyes 2:11, 12; 6:17; Mateo 26:53).
Al principio de esta entrada se relató una de varias intervenciones de ángeles en asuntos vinculados a las guerras de Dios, porque las guerras de Israel eran guerras en las que era Jehová el que luchaba por los suyos. Fue el Arcángel Miguel, quien victoriosamente codujo a Israel a vencer uno a uno, los enemigos de Israel. Lo hizo por medio de la detrucción de los muros de Jericó, que cayeron al sonido de las trompetas que tpcaban los 7 sacerdotes, al hacer que el Sol se detuviera, y haciendo que cada estrategia, cada batalla, fuera exitosa.
El ejército de
Jehová cuenta con “decenas de millares, millares repetidas veces” de carros de
guerra (Salmo 68:17). Es una fuerza de combate invencible.
Habrá tiempos
en los que “los ejércitos en el cielo” tengan la más importante intervención en una guerra santa, siguiendo al “Rey de reyes y Señor de señores”,
cuando destruyan a las entidades simbolizadas por “la bestia salvaje” y a los “reyes”
de la tierra y a sus ejércitos”. (Revelación 19:14, 16, 19-21). Además, este
poderoso ejército invisible de Jehová también dará protección a quienes sean ocultados en el
día de la angustia, a quienes están ocultados en el lugar “secreto” del
Altísimo, y entren a heredar la Tierra, el reino preparado para las ovejas "desde la fundación del mundo".