El hombre que empuja la roca: sobre la perseverancia, obediencia y confianza en Jehová

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Aquella mañana, como de costumbre, se levantó el leñador, a trabajar. El olor del café, presagiaba el inicio de una nueva jornada. En el bosque, se escuchaba a lo lejos, el canto de los pájaros. El leñador conocía cada rincón, por pequeño que fuera, de aquel bosque, que había aprendido a amar y cuidar como a sí mismo. Se despidió de su esposa con un largo y profundo beso, y lleno de amor por su familia y por su trabajo, salió a laborar.

En el camino, algo era distinto. Una roca, enorme, había aparecido allí, impidiendo que siguiera adelante. El leñador se bajó del auto, observó la roca, la miró con fijeza, preguntándose, qué hacía allí, cómo había llegado. Pensó, "¿qué haré? debo ir a trabajar, pero no puedo seguir adelante". 

De repente, mientras pensaba en qué hacer, escuchó una voz, una muy suave y calmada:

-Hola, hijo, buenos días.

-¿Quién eres?- respondió el leñador.

-Soy Dios, tu Padre.

¿Dios?, pensó el hombre.

-Sí hijo, soy Dios.

Confuso e impactado, pensando que estaba loco, el hombre se quedó perplejo. Empezó a mirar en derredor, a ver si había un equipo de sonido, o alguien gastándole una broma. La voz habló de nuevo:

-Hijo, no temas. Soy Dios.
El leñador, salió un poco de su asombro y dijo:

-Si eres Dios, en verdad, no tendrás ningún problema en por favor, quitar esta enorme roca que impide mi paso para ir a trabajar. Tengo que mantener a mi familia, y eso es lo que Tú quieres, ¿cierto?

Dios respondió:

-Sí, soy Dios, y puedo quitar la roca. Mi poder, que creó el Universo, los árboles, el Sol, las estrellas, y a ti mismo, no tiene ningún problema en quitar una pequeña roca. Pero, ¿has pensado en quitarla ?

A String of 'Cosmic Pearls' Surrounds an Exploding Star

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El hombre replicó:

-Bueno Dios, la verdad, no tengo cómo hacerlo, no tengo una grúa, o una fuerza como la de Sansón o Supermán. Sólo soy un leñador.

-Pero mira tus brazos, tú tienes inteligencia. ¿Quién te dio los brazos y la sabiduría para mover esa roca? Yo. Yo te di las herramientas para que tú mismo apartes del camino la roca. ¿Te atreverías a empujarla y moverla de su sitio?

El leñador quedó impactado por la respuesta. Pero, aceptó el reto. Y a partir de ese momento, el hombre hizo lo que Jehová le pidió que hiciera. 

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Había tantas preguntas en su cabeza: 

¿Por qué Dios, me mandas a empujar una roca? 

¿Para qué debo hacerlo? 

¿Qué recompensa me espera si lo hago? 

¿Por cuánto tiempo debo hacerlo? 

El hombre, fielmente, empujaba aquella roca con todas sus fuerzas...  pero esta no se movía. Nada. Ni un milímetro se movía.

Con el tiempo, la frustración se apoderó del leñador. "¿Por que he fracasado?", se preguntaba. Y aquella tarde, tras el almuerzo, volvió a la tarea de mover la roca.

Una voz, ya conocida, ya escuchada por sus oídos, apareció:

-Hola hijo.

-Dios, ¿eres ?
-Sí, ¿quién te llama hijo con tanto cariño?

-Padre, he fracasado en la misión que me encomendaste. No he logrado mover la roca. Ni un milímetro. Nada.

-¿Te preguntaste alguna vez el por qué te pedí que movieras la roca?

-Sí.

-¿Y? ¿Encontraste la respuesta?

-Creo que lo hiciste por que eres Dios y Tú mandas y uno obedece, ¿o no? ¿Qué hubiera pasado si me negaba a hacerlo? ¿No me hubiera caído un rayo del cielo de parte tuya?

-¿Crees que te pedí que movieras la roca para demostrarte que soy Dios y de paso necesitaba amenazarte? 

http://photos-f.ak.fbcdn.net/photos-ak-snc1/v4153/82/19/76669752227/a76669752227_2501320_6216391.jpgEl hombre pensó por un momento. En verdad, Dios no lo había obligado, ni amenazado. Y en su casa, nunca había faltado el pan, el abrigo, la salud, y hasta era más feliz con su familia desde que comenzó a empujar la roca. El estar allí, día tras día, empujando la roca, le había hecho ver que el bosque, el Cielo y cuanto le rodeaba, era hermoso, y que el estar allí, quieto, enfocado en su trabajo, le daba un placer que no conocía hasta entonces.

¿Y entonces? ¿Cuál era el propósito de empujar la roca?
Dios respondió:

-Hijo, has pasado por muchas dificultades, y saliste adelante. En tiempos de tentación, supiste ser fiel a tu mujer, a pesar de los problemas que tuvieron. Con amor y paciencia, dirigiste las cosas para bien. Has sido un buen padre con tu hijo, enseñándole, y guiándole, aunque a veces él, como todo muchacho, se porta mal. Pero tú, con amor y paciencia, has ido formándolo, para que sea un hombre de bien. Y en tu trabajo como leñador, has podido ganar más dinero, vendiendo madera podrida o llena de moho. Pero, aunque a veces has perdido dinero, te has esforzado por tener un trabajo de calidad y dar lo mejor de tu producto a tus clientes.

En aquel momento, el leñador dijo a Dios:

-¿Y te has fijado en todo eso? A veces, recuerdo, que buscaba Tu guía y dirección, y sentía que las cosas empeoraban. Pero, en algún momento, las cosas cambiaban para bien. Muchas veces me cuestioné si valía la pena seguir con mi esposa. ¡Pasamos por momentos tan difíciles! Pensé que mejor me buscaba otra, y empezar una nueva vida. Y con mi hijo, sentía que no servía de nada disciplinarlo. Pero a la larga, respondió. Y de mi trabajo, bueno, admito que las cosas han mejorado, aunque a veces dejé de ganar algo de dinero. 

Con lágrimas en los ojos, el leñador se sintió conmovido por saber que Dios había observado su fiel proceder, y que, aunque en momentos parecía que Dios no hacía nada, Él siempre estuvo allí, ayudándole.

-Hijo, a veces, cuestionas y dudas de tu poder y fortaleza. Yo te di fuerza, inteligencia, amor, un sentido de justicia, para que tuvieras una vida feliz. Y has usado tu perseverancia para seguir adelante, para cumplir como esposo, como padre, y hombre de bien. ¿Y crees que porque no has movido una roca has fracasado? Mira, Yo moveré contigo la roca, y transmite esta experiencia a tu esposa y tu hijo, y ellos lo agradecerán. Te amo hijo, y qué bueno que sabes que ser perseverante, confiar en mí y obedecer Mi Voz, aun cuando las cosas parezcan ir mal, ayudan a tu bien y el de los tuyos.

Y la roca, fue movida de su lugar. Y el hombre, siguió adelante con su vida.

A veces, pensamos, en momentos de gran prueba o presión, que no podemos ser fieles y confiar en Dios. En estos tiempos, en los que de distintas formas, sentimos el peso de las circunstancias, ¡con cuánta más razón hay que perseverar en obedecer y confiar en Jehová!

Jesús dijo que el que haya "perseverado" o aguantado hasta el final, es el que es salvo (Mateo 24:13). En este tiempo del fin, ¡cuán necesario es mantener la confianza en Dios día tras día! No dejarse abrumar o caer ante las circunstancias. "Dios es fiel", y Su fidelidad y amor por nosotros y nosotras no le permitirá dejarnos caer. Pero, ¿qué significa el "perseverar" o "aguantar" del que habló Jesús? La ilustración del leñador nos ayuda a entenderlo.

El leñador era un hombre común y corriente. No era un santo varón con aureola en la cabeza. Era un hombre casado con un hijo. Con problemas en casa, como todo el mundo, con la necesidad de llevar el pan a la casa. Pudo haber dejado a su mujer o serle infiel cuando todo iba mal, pero no lo hizo. Pudo haberse amargado con su hijo y declararlo un caso perdido cuando él estaba rebelde o en problemas, pero no lo hizo. Según las palabras de Dios, hasta había podido tener más dinero, si hubiera engañado a los demás, pero tampoco lo hizo. ¿Por qué? Porque perseveró, confió en que el hacer el bien como esposo, padre y hombre de trabajo, valía la pena. Cierto, a veces parecía que era mejor tirar la toalla. Pero, siguió adelante, y Dios, a Su debido tiempo le recompensó.

La perseverancia de la que Jesús habló es la de que quien cree, confía en que es mejor obedecer a Dios que ceder a las circunstancias. Y eso también tiene que ver con los tiempos que vivimos. No hacen falta más pruebas de la urgencia de los tiempos. Mire las noticias, lea lo que sucede. Algo está pasando en la economía mundial, con el aumento de los terremotos, la inestabilidad política y social. También que perseverar en la fe en que la palabra profética de Dios se está cumpliendo.

No pierda la fe, no decaiga. Siga adelante. En la historia del leñador, Dios le habla. ¡Cuántas veces la Voz de Dios habla a nuestras vidas! Puede ser que leamos algo en las Escrituras, o escuchamos lo que otra persona nos dice. El Todopoderoso tiene infinitos recursos para hacernos saber que nos apoya, nos guía y ayuda. A veces, nos encantaría que apareciera Dios y... zuasss, la roca de nuestros problemas desapareciera, y nos quitara ese peso de encima. Pero Jehová nos da todas las herramientas para poder superar nuestros problemas y obstáculos. Él siempre nos empuja la roca, pero en nosotros debe estar la voluntad, la actitud y la fe para seguir sin descansar.

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