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sábado, octubre 01, 2011

El béisbol, hobby de Dios

Emociones como las que se vivieron el día 29 de septiembre, en el mágico mundo de Bud Selig son las que hacen pensar que el béisbol es el principal hobby de Dios. Mientras 2 equipos aspiraban a que el milagro se materializara después de tanto esfuerzo, otros 2 se oponían a experimentar la mayor debacle en su historia.

Los Rays y Cardenales hicieron el "milagro" de ganar los comodines
 

Además, otros 4 equipos luchaban por evitar enfrentar al primer sembrado en la post−temporada y poder comenzar tan exigente fase del torneo en terreno local. Las horas previas a cada partido estuvieron cargadas de especulación, frenesí y muchas cuentas. La inspiración de Rays y Cardinals, quienes buscaban al menos un partido extra, era el enemigo a vencer para unos alicaídos Red Sox y Braves. Las postrimerías de una larga campaña venían haciendo mella en los integrantes de las nóminas dirigidas por Freddy González y Terry Francona. 



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Se dieron las voces de Play−Ball en los distintos escenarios y las cartas estaban echadas. Luego de algunas horas, parecía que la alegría en Tampa sería tísica, pues los clasificados Yankees, con una alineación bastante sencilla, habían marcado una distancia de 5 carreras en sólo 2 episodios. De hecho, para el quinto capítulo, el marcador era 7 x 0 a favor de los Bombarderos y las caras en dogout contrario eran más que elocuentes. Sabían los miembros de los Rays que, en ese momento, los Medias Rojas vencían a los débiles Orioles 3 carreras por 2. 

De repente, comenzó a llover en Baltimore y el juego debió ser detenido por unas horas; ya Dios comenzaba a fraguar su travesura. Mientras esperaban que escampara en un estadio, en el otro se desató una lluvia de otro tipo. Los muchachos de Maddon montaron una emboscada al joven relevo de los Yankees y entre boletos, sencillos y cuadrangulares redujeron la ventaja a tan sólo una carrera. Sin embargo, con el empate en segunda, Johnny Damon entregaría el último out del inning. Se temía que aquella remontada se quedara corta a una entrada de culminar el encuentro. Llegó la última oportunidad de los Rays y, cuando todos en Boston suplicaban por el ingreso de Mariano Rivera, para sellar la victoria yankee, Girardi envió a Cory Wade a buscar el salvamento. Aunque a muchos no le gustaba la decisión, Wade retiraba a los primeros 2 rivales sin problema. Fue entonces cuando Dios le sopló al oído a Maddon que debía sacar Sam Fuld para enviar al plato a Dan Johnson, quien hasta entonces apenas había conectado un vuelacercas en la temporada y no superaba los .200 puntos de promedio. Con 2 strikes en la cuenta, el improvisado Johnson pescó un lanzamiento y lo envió a las gradas del jardín derecho. Nadie lo podía creer, la cara de Longoria reflejaba la sensación general. Brincaban en el dogout de los Rays; temblaban en toda Massachussets. 

Seguía el sufrimiento. En el Camdem Yards, los patirrojos amenazaban con ampliar la ventaja. Con Scutaro en la inicial, producto de un sencillo, Crawford conecta línea tendida entre center y left. El venezolano, quien había salido al robo, duda por algunos segundos si la bola caerá de hit y luego retoma la carrera. Adam Jones toma la bola, la pasa a JJ Hardy y éste pinta un strike en la mascota de Wieters para retirar al corredor. Los Red Sox no aprovechaban la oportunidad de ampliar la ventaja. Sin embargo, se mantenía arriba en el marcador, ligando a sus odiados rivales de división en el otro juego, que ya iba por el 11º episodio. Lo que sucedió a continuación era digno de cualquier desvelo. En el noveno episodio, el cerrador Jonathan Papelbon venía a sacar los últimos 3 outs, mientras que en el Tropicana Field los Yankees colocaban hombres en las esquinas sin outs. Las brisas de otoño soplaban hacia Boston en ese momento. 




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No obstante, en fracción de segundos, Dios giró el ventilador y todo cambió. Posada conecta rola a la tercera base y Longoria, Dios le había puesto la fichita, sorprendió al joven Golson, quien no sabía si irse al home o regresar a la almohadilla. Aunque seguían 2 hombres en base, el peligro se encontraba 90 pies más lejos. Ponche de Dickerson y roletazo de Gardner a la intermedia neutralizarían el ataque yankee. Casi simultáneamente, luego de 2 ponches, Papelbon recibe doble de Chris Davis. Luego de 2 rectas fogosas por todo el centro ante Reimold, el apagafuegos de Boston confió una vez más en su velocidad y retó al bateador; esta vez, el jardinero de los Orioles la envió a las gradas de un bound. Se empataba el partido y la de dejarlos en el terreno se paraba en el segundo cojín. Le tocaba batear a Robert Andino, quien había conectado un doloroso jonrón de piernas en el primero de la serie, y éste soltó línea rasa al jardín izquierdo. Crawford, la peor inversión de Boston en el año, se deslizó para evitar la catástrofe, pero la bola golpeó su guante y cayó; los Orioles dejaban en el terreno a los necesitados Red Sox. Sólo quedaba esperar qué sucedía en el otro partido. La agonía fue corta, con un out en la pizarra, Longoria, el que la botó con 2 en base en el octavo, el que puso out a Golson en tercera en la alta del 12ª, dejó caer el bate sobre un pitcheo de Scott Proctor y la bola pasó silbando por encima de la barda del jardín izquierdo. En sólo 4 minutos, las sonrisas y los planes de post−tesmporada viajaron de Boston a Tampa, sin boleto de regreso.

Maddon firma el premio al Manager del Año y sigue escribiendo su gloriosa historia con los Rays; remontó en un mes una diferencia de 9 partidos. Por su parte, Francona resbala duro y pone en peligro su permanencia con los Red Sox. Se trajo a los peloteros que hacían falta y, por 4 meses, se jugó un béisbol extraordinario. Abril y septiembre dejaron a los habitantes del Fenway Park sin play−offs. Este golpe dejará hematoma en el orgullo patirrojo.


En fin, Tampa visitará a Texas, para tratar de aprovechar el envión anímico de esta soñada clasificación; los Red Sox a vivir su despecho mientras disfrutan desde sus casas de la post−temporada 2011. ¡Vaya final!



http://www.entornointeligente.com/articulo/1179999/MLB--De-milagros-debacles-y-otras-adicciones-I