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domingo, septiembre 11, 2011

Buscar el conocimiento de Dios


http://www.diosvidacristiana.com/wp-content/uploads/2009/11/cielos-raudos.jpg“Conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”, dijo Jesús en cierta ocasión, enseñando a un grupo de personas. ¿Por qué era tan importante para Jesús la verdad, y hacer que otros la conocieran?
 
Jesús conocía la condición del hombre y la mujer, hace 2.000 años y actualmente. Abunda la ignorancia, el error, la tergiversación, la manipulación de los hechos. Eso era cierto en tiempos de Jesús y en la actualidad. Por eso, necesario es repasar las razones por las cuales necesitamos conocimiento, pero no cualquiera, sino uno en particular: el conocimiento de Dios.

La contribución de Jesucristo para que se difundiera el conocimiento de Dios la tenemos registrada en los Evangelios. Notamos por ejemplo, que para Él era importante que tanto hombres como mujeres aprendieran de Jehová. Que le vieran como un Padre amoroso, tierno, que está dispuesto a cobijarnos en Sus brazos eternos. Fue a una mujer, samaritana, que vivía en concubinato y de otra religión, a quien declaró que Dios es un Espíritu, y que había que adorarle con espíritu y con verdad. Aquella mujer discernió que aquel desconocido era profeta, y escuchó atentamente Sus palabras. Muy diferente fue la actitud de personas como Caifás, Pilato o Herodes, quienes creían saberlo todo, y no necesitar instrucción de Jesús.

¿Qué decir de estos tiempos? Hay personajes como Caifás, o Pilato y Herodes en los terrenos de la religión y la política. Sí, usarán la Biblia, a Dios, y hasta harán profesión de palabras de fe. Pero, ¿son basadas en conocimiento verdadero sobre Jehová? Por otra parte, hay otros y otras como la mujer samaritana, abiertos, dispuestos y receptivos a aprender más del Padre y del Hijo. 

Hay que reconocer que existe un conocimiento de Dios que es general, basado en lo que se sabe históricamente. Pero hay otro conocimiento: el conocimiento de Dios revelado. En el caso de la mujer samaritana, ella tenía conocimiento parcial, general, sobre Dios. Y Cristo Jesús le ofreció conocimiento revelado. El conocimiento revelado es aquel que Jehová nos otorga mediante Su espíritu santo a nuestro corazón y espíritu. Hay una mayor comprensión sobre la personalidad de Dios y Su voluntad, a un grado que supera lo que sabíamos, y ello nos hace tener más sentido de intimidad y pertenencia con el Padre.

http://www.conpoder.com/wp-content/uploads/2011/01/estudio.jpg Ese conocimiento revelado nos da seguridad sobre la paternidad de Dios en nuestras vidas, y nos da estabilidad y paz en todo momento. La vida de oración se enriquece, y se hace más necesaria la comunicación constante con el Padre, y el reflexionar en asuntos espirituales. Incluso, dichas oraciones y reflexiones, se enriquecen, puesto que vemos cómo Dios ha hecho que todo coopere para nuestro bien. Toman sentido relatos bíblicos en los que podemos vernos identificados, y nuestro amor y gratitud hacia Jehová y Su Hijo se hacen más profundos. La fragancia del amor del Padre se impregnan en nuestro ser y, no importando las circunstancias, nos sentimos seguros y protegidos bajo el amparo de Dios.

Pensemos por un instante en Jesucristo y las últimas horas de Su vida. Le vemos en Getsemaní, orando al Padre con agonía, y luego, finalmente, es clavado en la cruz junto a dos ladrones. Sin embargo, 3 días después el Padre le resucita. Es una historia muy conocida. Sin embargo, vemos reflejadas en esta historia tantas cosas: el amor del Padre, la determinación de Jesús de ser leal hasta la muerte, la fuerza de la voluntad de Cristo, el poder de Dios, la devoción de las mujeres como María, Salomé y María Magdalena y del apóstol Juan, al soportar la agonía de Cristo.

En nuestro andar con Dios necesitamos sumergirnos en el conocimiento de Dios revelado. Que nuestro corazón reflexione y sea sometido a escrutinio al ser inspeccionado por el espíritu de Dios. No dar por sentado que “ya lo sabemos todo”. La fe requiere nuevos elementos, incorporar más fuerza y constancia a nuestra vida espiritual. No podemos tener mañana la misma fe que tenemos hoy. Día a día, el conocimiento hace que la fe, la confianza en Jehová, crezcan, se hagan más sólidas.

La palabra de Dios es viva, eficaz y más cortante que toda espada de dos filos: penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12). La lectura bajo oración de las Escrituras permite la extracción de valiosas joyas de conocimiento, y la oración hace que cobren vida detalles que esclarecen el relato. Y es precisamente esa claridad, la que aporta más fuerza a nuestra fe. Por ejemplo, sabemos la historia de Job. Cómo empezaron sus dificultades y… ¿cómo terminó Job? Dios le restituyó lo que había perdido, en cantidad doble. Eso lo describe el final del libro. Sin embargo, hay un detalle: ¿qué hizo realmente Job para culminar esa dura prueba que enfrentó? Leemos en Job 42:1-6:

Respondió Job a Jehová y dijo:

«Yo reconozco que todo lo puedes y que no hay pensamiento que te sea oculto. Dijiste Dios: “¿Quién es el que, falto de entendimiento, oscurece el consejo?”. Así hablaba yo, y nada entendía. Eran cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía.

Escucha, te ruego, y hablaré. Te preguntaré y tú me enseñarás. De oídas te conocía, mas ahora mis ojos te ven. Por eso me aborrezco y me arrepiento en polvo y ceniza.

Job se arrepintió ante Dios, por haber estado equivocado, y haberle culpado por su situación. Reconoció que era alguien que no comprendía a Dios, y estuvo dispuesto a aprender de Dios. Hasta este punto, vemos que Job actuó como ese hombro piadoso y de fe que conocemos. Sin embargo, Jehová requirió algo más de Job que palabras de arrepentimiento: pidió acciones concretas. ¿Cuáles? Veamos en Job 42:7-9:

Aconteció que después que habló Jehová estas palabras a Job, Jehová dijo a Elifaz, el temanita: «Mi ira se ha encendido contra ti y tus dos compañeros, porque no han hablado de mí lo recto, como mi siervo Job.

Ahora, pues, tomen siete becerros y siete carneros, vayan a mi siervo Job y ofrezcan sacrificio por ustedes. Mi siervo Job orará por ustedes y Yo de cierto lo atenderé para no tratarlos con afrenta por no haber hablado de mí con rectitud, como mi siervo Job.

Fueron, pues, Elifaz, el temanita, Bildad, el suhita, y Zofar, el naamatita, e hicieron como Jehová les había dicho.

Y Jehová aceptó la oración de Job.

  Jehová pidió a los 3 falsos amigos de Job, los mismos que le arrinconaron durante algún tiempo, haciéndole sentir desdichado y culpable, que fueran a Job, para que él hiciera sacrificio por ellos y orara por ellos. ¿Se imagina orar y hacer sacrificio por 3 personas que te han hecho sufrir y aumentaron tu dolor durante algún tiempo? Pues fue eso lo que Jehová pidió a Job, antes de bendecirlo y darle Su favor.

Para Job no pudo haber sido fácil hacer lo que Jehová le pidió, sin embargo lo hizo. Lo ayudó sin duda su perspectiva más sosegada y profunda de lo que vivió, y fue Jehová quien le ayudó a ver lo que experimentó desde el cristal correcto. La reacción que solemos tener ante los problemas es culpar a otras personas, a Dios mismo, al clima, al gobierno, etc. Pero este relato nos da el conocimiento revelado y verdadero de que si queremos agradar a Dios y superar los problemas sean cuales sean, necesitamos la fe, obediencia, humildad y disposición de tener la perspectiva correcta de los asuntos. Si Job no actúa de esta manera, Dios no le bendice y la historia bíblica hubiera sido diferente.   

Hay inagotables lecciones que extraemos, cual tesoros valiosos, de lo que nos revelan las Escrituras. Es mucho el conocimiento que podemos tener de muchos asuntos y temas, pero el conocimiento más importante es el conocimiento de Dios, que nos da guía, orientación, y contribuye a alcanzar la eternidad, como lo enseño Jesús en Juan 17:3. Sin duda, conocer a Dios, nos glorifica, nos distingue y honra al Creador.

Así ha dicho Jehová:
«No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas.

Mas alábese en esto el que haya de alabarse:
en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra, porque estas cosas me agradan, dice Jehová».

                                                                                                                  Jeremías 9:23, 24