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martes, junio 28, 2011

Nabucodonosor: locura y redención

Nabucodonosor, rey de Babilonia, es uno de los reyes más famosos de la historia antigua. 


Reinó desde el 605 al 562 a. C. y fue uno de los hombres más poderosos de la antiguedad.


Durante el año 587a. C., fue el causante de la destrucción del templo de Jerusalén, hechos narrados en los libros bíblicos de 2 ReyesJeremías y 2 Crónicas. Después de la destrucción de Jerusalén, Nabucodonosor sostuvo un asedio sobre Tiro (585-572 a. C.), que terminó con un compromiso, donde la ciudad aceptaba la autoridad de Babilonia. 


Es interesante destacar que la fecha de la destrucción del templo en Jerusalén tiene un soporte arqueológico. La conquista de Tiro, y la posterior de Egipto por parte de Nabucodonosor, está narrada en un texto fragmentario babilonio fechado alrededor del trigésimo séptimo año de Nabucodonosor (cerca del 588 a. E.C.), que menciona una campaña contra Egipto, como compensación por la conquista de Tiro, que no fue muy rentable para Nabucodonosor. (La Sabiduría del Antiguo Oriente, edición de J. B. Pritchard, págs. 242, 243). ¿Es importante este dato? Sí, porque la conquista de Tiro y Egipto sucedieron poco después de la conquista de Jerusalén, lo que confirma la veracidad de la fecha de 587 a. C. como fecha de la destrucción del templo en Jerusalén.


Nabucodonosor: la locura

Nabucodonosor reinó 43 años. Deberíamos realmente decir que reinó 36 años. ¿Por qué? Porque por 7 años Nabucodonosor no reinó. No pudo hacerlo. Estaba loco.

¿Qué lo llevó a la locura?
¿Quién lo llevó a la locura?
¿Por qué le sucedió eso?

Las respuestas las hallamos en Daniel capítulo 4. 

Veamos cómo estaba Nabucodonosor:

"Nabucodonosor, rey, a todos los pueblos, naciones y lenguas que moran en toda la tierra: Paz les sea multiplicada. Conviene que yo declare las señales y milagros que el Dios Altísimo ha hecho conmigo.

¡Cuán grandes son sus señales y cuán potentes sus maravillas! Su reino, reino sempiterno; su señorío, de generación en generación. Yo, Nabucodonosor, estaba tranquilo en mi casa, floreciente en mi palacio". 

Tranquilo y prosperando en su palacio... así estaba Nabucodonosor. Al parecer, estaba en un momento de su vida en el que lo había logrado todo. Era un hombre que había podido hacer realidad sus metas y deseos. No le angustiaba levantarse el día de mañana y enfrentarse a un montón de problemas. Sencillamente, estaba bien.

Nabucodonosor estaba muy satisfecho de sí mismo. Lo había alcanzado todo. Y al parecer, ya no tenía un sueño que realizar, una cima por conquistar. Tenía esa actitud de quien está excesivamente satisfecho consigo mismo, de quien dice que lo tiene todo, y no necesita a Dios. Es una actitud que Jesucristo reflejó en aquella ilustración del hombre rico, que iba a hacerse más graneros, y más almacenes, para guardar su riqueza por muchos años, y a quien Jesús llamó "irrazonable", por no tomar en cuenta a Dios.

Por cierto, a los cristianos de Laodicea, una de las 7 iglesias o congregaciones del Apocalipsis, Jesucristo les indica que tienen esta misma actitud del Nabucodonosor satisfecho de sí mismo:


"No eres ni caliente ni frío. Eres tibio. Dices que eres rico, y que has conseguido riquezas y que no necesitas de absolutamente N A D A. Pero no te das cuenta de que el infeliz y miserable, el pobre, ciego y desnudo eres ." 
Revelación 3:15-17

Son palabras fuertes y contundentes. 
Muchas personas hoy día se parecen a este Nabucodonosor, y a estos seguidores de Jesús en la Laodicea del siglo I. Se sienten llenas y satisfechas consigo mismas: tienen todo lo que querían, dinero, fama, poder, o la familia que quieren. 

En su corazón dicen: "NO NECESITO nada".

No nos imaginamos a los cristianos de Laodicea diciendo públicamente que no necesitaban de absolutamente nada. ¿Y... Dios? ¿Les hacía falta Dios en su vida?

Parece que no. En ellos, lo que necesitaban, que era riquezas y reconocimiento, que ya lo tenían, ese era su TODO. Dios... a Él también lo tenían. De hecho, decían servirle. ¿No era eso suficiente?

Jesucristo les dice que están desnudos, infelices y miserables. Y lo peor era que NO SE DABAN CUENTA DEL HECHO.

A Nabucodonosor, Jehová le da la oportunidad de darse cuenta de que tenía que poner en orden sus asuntos con Dios. Quizás alguien razone que Nabucodonosor no era un judío creyente, como Daniel o Ezequiel. Nabucodonosor era un ser humano, y TODOS los seres humanos, le sirvan o no, crean que existe o no, deben rendirle cuentas.

Además, Jehová no le era desconocido al rey babilonio. Ya había tenido un sueño profético, el que aparece registrado en el capítulo 2 de Daniel. Y en Daniel capítulo 3, vemos el relato de cómo un ángel salva a 3 jóvenes judíos que se niegan a adorar al dios nacional que erige Nabucodonosor. Él se acercó a la puerta del horno donde estaban los 3 jóvenes, más el ángel de Dios, y hasta emitió un decreto de rendir respeto al Dios de estos jóvenes en toda Babilonia.

Así que Jehová ya había tratado con Nabucodonosor. Y él sabía del poder de este Dios Altísimo.

Nabucodonosor tiene un sueño. No es uno cualquiera producto de la actividad cerebral. Él describe:

"Tuve un sueño que me espantó; tendido en la cama, las imaginaciones y visiones de mi cabeza me turbaron.

Por esto mandé que vinieran ante mí todos los sabios de Babilonia para que me dieran la interpretación del sueño.

Y vinieron magos, astrólogos, caldeos y adivinos, y les conté el sueño, pero no me pudieron dar su interpretación, hasta que entró ante mí Daniel, cuyo nombre es Beltsasar, como el nombre de mi dios, y en quien mora el espíritu de los dioses santos. Conté delante de él el sueño, diciendo:

-Beltsasar, jefe de los magos, ya que he entendido que hay en ti espíritu de los dioses santos y que ningún misterio se te esconde, declárame las visiones de mi sueño que he visto, y su interpretación. Estas fueron las visiones de mi cabeza mientras estaba en mi cama: 

-Me parecía ver en medio de la tierra un árbol cuya altura era grande. Crecía este árbol, y se hacía fuerte, y su copa llegaba hasta el cielo y se le alcanzaba a ver desde todos los confines de la tierra. Su follaje era hermoso, su fruto abundante y había en él alimento para todos. Debajo de él, a su sombra,se ponían las bestias del campo, en sus ramas anidaban las aves del cielo y se mantenía de él todo ser viviente. 

-Vi en las visiones de mi cabeza, mientras estaba en mi cama, que un vigilante y santo descendía del cielo. Clamaba fuertemente y decía así: Derribad el árbol y cortad sus ramas,    quitadle el follaje y dispersad su fruto; váyanse las bestias que están debajo de él, y las aves de sus ramas. Mas la cepa de sus raíces dejaréis en la tierra, con atadura de hierro y de bronce entre la hierba del campo; que lo empape el rocío del cielo, y con las bestias sea su parte entre la hierba de la tierra. Su corazón de hombre sea cambiado y le sea dado corazón de bestia, y pasen sobre él siete tiempos. La sentencia es por decreto de los vigilantes y por dicho de los santos la resolución, para que conozcan los vivientes que el Altísimo gobierna el reino de los hombres, que a quien él quiere lo da y sobre él constituye al más humilde de los hombres.

-Yo, el rey Nabucodonosor, he visto este sueño. Tú, pues, Beltsasar, darás su interpretación, porque ninguno entre los sabios de mi reino lo ha podido interpretar; pero tú puedes, porque habita en ti el espíritu de los dioses santos."

El sueño es procedente de Dios. Nabucodonosor es babilonio, y tiene a un conjunto de magos, adivinos y conocedores de la interpretación de los sueños. Así que pide a ellos que le interpreten el sueño, aunque realmente es Daniel, llamado Beltsasar, quien interpreta el sueño.

Todos soñamos. Los sueños son parte de la actividad mental normal, así que lo más lógico es que soñemos. Los sueños son un reflejo de nuestro mundo interior.

Muchas personas ignoran sus sueños, ni los recuerdan. Nabucodonosor entendió, como hombre religioso que era, que sus sueños eran importantes.

Daniel había demostrado capacidad de interpretar el sueño. 

Daniel si que entendió inmediatamente el contenido del sueño. Lo sabemos por su reacción inmediata al escuchar a Nabucodonosor:

Entonces Daniel, cuyo nombre era Beltsasar, quedó atónito casi una hora, y sus pensamientos lo turbaban. El rey habló y dijo:

-Beltsasar, no te turben ni el sueño ni su interpretación.

Beltsasar respondió y dijo:
-Señor mío, el sueño sea para tus enemigos y su interpretación para los que mal te quieren.

El árbol que viste, que crecía y se hacía fuerte, cuya copa llegaba hasta el cielo, que se veía desde todos los confines de la tierra, cuyo follaje era hermoso y su fruto abundante, en el que había alimento para todos, debajo del cual vivían las bestias del campo y en cuyas ramas anidaban las aves del cielo, tú mismo eres, oh rey, que creciste y te hiciste fuerte, pues creció tu grandeza y ha llegado hasta el cielo, y tu dominio hasta los confines de la tierra. En cuanto a lo que vio el rey, un vigilante y santo que descendía del cielo y decía: "Cortad el árbol y destruidlo; mas la cepa de sus raíces dejaréis en la tierra, con atadura de hierro y de bronce en la hierba del campo; que lo empape el rocío del cielo, y con las bestias del campo sea su parte hasta que pasen sobre él siete tiempos", esta es la interpretación, oh rey, y la sentencia del Altísimo, que ha venido sobre mi señor, el rey:

Que te echarán de entre los hombres y con las bestias del campo será tu habitación, con hierba del campo te apacentarán como a los bueyes y con el rocío del cielo serás bañado; y siete tiempos pasarán sobre ti, h a s t aque c o n o z c a s que el Altísimo tiene dominio en el reino de los hombres, y que lo da a quien él quiere. 

Y en cuanto a la orden de dejar en la tierra la cepa de las raíces del mismo árbol, significa que tu reino te quedará firme, después que reconozcas que es el cielo el que gobierna. Por tanto, oh rey, acepta mi consejo: redime tus pecados con justicia, y tus iniquidades haciendo misericordias con los oprimidos, pues tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad. 

En resumen: a Nabucodonosor Dios le decreta 7 "tiempos" o años en los que su "corazón de hombre" es cambiado al "corazón de una bestia", y vivirá en el campo, comiendo hierba con los bueyes, empapado con la lluvia cuando lloviera, o bajo el calor del sol, hasta... que sepa que Jehová es el Altísimo sobre la Humanidad, y que Él tiene dominio sobre TODOS los hombres. 

Bueno, francamente, no eran buenas noticias.

¿Cómo entender esto? 

Nabucodonosor tuvo este sueño. Y se cumpliría. Pero Daniel entendió que este sueño era una advertencia dirigida al corazón de Nabucodonosor. Note que el punto focal del sueño realmente es el cambio en el corazón del rey. Deja de tener el corazón de un hombre, y ahora pasa a tener el corazón de una bestia salvaje.

El corazón de una persona es el centro de su vida. "Del corazón mana la vida", afirma un proverbio bíblico. ¿Qué clase de vida puede tener una persona que tiene un corazón de una bestia? Es la vida de una bestia: básica, solamente destinada a sobrevivir, maullar o ladrar en vez de hablar. Las bestias no piensan, no razonan, no sueñan, no crean proyectos, no son humanos.

Al Nabucodonosor perder su "corazón" humano, perdería todo aquello que nos hace ser humanos, hechos a la imagen y semejanza de Dios.


El sueño, más que ser una sentencia de locura de parte de Dios hacia Nabucodonosor, era una oportunidad. Una oportunidad de poner en orden los asuntos de su vida con Dios y consigo mismo.

Daniel lo entendió así. A Daniel lo vemos interpretando sueños y visiones. No era una cuestión de decir: soñaste esto y significa aquello. No. Daniel iba a la raíz del por qué de los sueños y las visiones, y entendía qué debía hacerse. 

Por eso no le dice a Nabucodonosor: "Mira, estás en problemas, porque Dios te va a dar 7 años de locura", da media vuelta y se va.

Al contrario, le dice:
Por tanto, oh rey, acepta mi consejo: redime tus pecados con justicia, y tus iniquidades haciendo misericordias con los oprimidos, pues tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad. 
El consejo de Daniel era un llamado al corazón de Nabucodonosor: a redimir sus pecados con justicia y sus maldades, haciendo obras de misericordia. ¿Qué requería eso de Nabucodonosor? Un cambio radical en su corazón. Un cambio de actitud. Humillarse ante Dios, y generar un cambio positivo para sí mismo y para otros.

¿De qué pecados tenía que redimirse Nabucodonosor? Años después, Daniel recuerda al nieto de Nabucodonosor, Belsasar, cuáles eran estos pecados:

El Dios Altísimo dio al rey Nabucodonosor, padre de usted, grandeza, gloria, majestad y esplendor. Gracias a la autoridad que Dios le dio, ante él temblaban de miedo todos los pueblos, naciones y gente de toda lengua. A quien él quería matar, lo mandaba matar; a quien quería perdonar, lo perdonaba; si quería promover a alguien, lo promovía; y si quería humillarlo, lo humillaba. Pero, cuando su corazón se volvió arrogante y orgulloso, se le arrebató el trono real y se le despojó de su gloria; fue apartado de la gente y recibió la mente de un animal; vivió entre los asnos salvajes y se alimentó con pasto como el ganado; ¡el rocío de la noche empapaba su cuerpo! Todo esto le sucedió hasta que reconoció que el Dios Altísimo es el soberano de todos los reinos del mundo, y que se los entrega a quien él quiere. 
Daniel 5

El relato es claro: Nabucodonosor fue uno de los reyes más poderosos de la historia de la Humanidad gracias a Jehová. Fue Él quien le dio esa autoridad, y Nabucodonosor nunca lo reconoció. ¿Debía hacerlo aunque no era creyente? Sí, Dios no le pedía otra cosa que no fuera el reconocimiento de que todo lo que era lo debía a Él.

Nabucodonosor mataba, humillaba, o favorecía a quien quería. Muchas personas creen que Dios no pide cuentas de sus acciones a quienes tienen poder político y autoridad de gobierno. Sí lo hace.

Así que nabucodonosor tenía una oportunidad. ¿Qué hizo, la aprovechó? La Biblia indica otra cosa:

Al cabo de doce meses, paseando por el palacio real de Babilonia, habló el rey y dijo: «¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?»

Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: «A ti se te dice, rey Nabucodonosor: "El reino te ha sido quitado; de entre los hombres te arrojarán, con las bestias del campo será tu habitación y como a los bueyes te apacentarán; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere"».

En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor: Fue echado de entre los hombres, comía hierba como los bueyes y su cuerpo se empapaba del rocío del cielo, hasta que su pelo creció como plumas de águila y sus uñas como las de las aves. 

Pasó un año. Y el orgullo, la arrogancia, la prepotencia, salieron a flote en el corazón de Nabucodonosor, con todo su poder. ¡Cómo no sentirse orgulloso de sí mismo! Había construido una de las 7 maravillas del mundo: los Jardines Colgantes de Babilonia, para el deleite de su esposa Amytis.

Y una voz del cielo, se impuso a las palabras de orgullo de Nabucodonosor: era el inicio de los 7 años o "tiempos" de locura.

Es la locura de Nabucodonosor.

Nabucodonosor: la redención

¿Cómo recuperó nabucodonosor la cordura?

La Biblia relata:

«Al fin del tiempo (los 7 años), yo, Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo y mi razón me fue devuelta; bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre

"Su dominio es sempiterno; su reino, por todas las edades. Considerados como nada son los habitantes todos de la tierra; él hace según su voluntad en el ejército del cielo y en los habitantes de la tierra; no hay quien detenga su mano y le diga: «¿Qué haces?» ".

En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis consejeros me buscaron; fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza me fue añadida.

»Ahora yo, Nabucodonosor, alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia».



Nabucodonosor alza sus ojos al cielo. Por fin dirige la mirada hacia Dios. Él era un hombre religioso, se inclinaba ante sus dioses: Ninurta, o Marduk, o Bel, tal vez Nebo. Babilonia tenía dioses y diosas, templos y rituales religiosos que seguir, y el rey los seguía.

Pero él al parecer, al Dios de dioses, al que se le había revelado como un Revelador de Secretos, nunca había dirigido la mirada de su corazón. "Donde está tu tesoro, está tu corazón", diría Jesucristo. Estaba claro que en el lugar más importante de su corazón, el tesoro de su corazón, no estaba Jehová.

Y en ese momento en que su mirada se alza al cielo, algo cambia en él. Se le devuelve la razón. Ya no está loco. Pero tampoco tiene el corazón que tenía antes. Ese corazón arrogante, orgulloso, satisfecho de sí mismo murió. Se acabó. 

El corazón de Nabucodonosor es el de un hombre que bendice, alaba y glorifica a Jehová. Sus palabras son de las más excelsas y sublimes dirigidas a Dios en toda la Biblia. Similares a las de los seres espirituales más elevados en los cielos (leáse Revelación 4:11).

Uno podría pensar que tras 7 años de locura, Nabucodonosor estaría resentido con Dios. Todo lo contrario. Se humilló ante Dios, y reconoció su pecado de soberbia y arrogancia. Expresa que Dios hace Su voluntad entre el Cielo y la Tierra, y que nadie puede cuestionarle.

Tras todo esto, Nabucodonosor recibe de vuelta la majestad de su reino, su dignidad y su grandeza. Todos sus grandes van a él, lo buscaron. Es restablecido en su reino, y mayor grandeza le es añadida.

¿Le parece conocida esa expresión de que algo es "añadido"? Es similar a la expresión de "busca primero el Reino de los Cielos y TODAS las demás cosas te son dadas por añadidura".

Nabucodonosor es exaltado.

Es la redención de Nabucodonosor.

¿Qué es la redención?

Es el resultado de redimir. Se entiende por redimir (del latín redímere, del prefijo re-, de nuevo, y émere, comprar):
  • Liberar a alguien del dolor o de una mala situación
  • Volver a adquirir algo que se había perdido.
  • Conseguir mediante pago la libertad del esclavo o el cautivo, usado en la antigüedad.
  • Comprar de nuevo una cosa que se había vendido o empeñado.
  • Dejar libre una cosa hipotecada o empeñada.

La redención significa ser libre del dolor o del mal, o de una mala situación. Significa recuperar algo perdido. 

Creo que la manera como Jehová trató con Nabucodonosor nos enseña algo. Nos enseña que la actitud de sentirse satisfecho de sí mismo, y de darle la espalda a Dios, tan particularmente notoria en estos tiempos, genera más dolor, más frustración y desazón, la cual se añade a los problemas que una persona tenga, o crea tener.

Muchas veces uno ve a las personas sentirse vacías por dentro, con baja autoestima. Viven diciéndose a sí mismos que no valen nada, que no son dignas ante Dios. Tienen un problema, dicen ser creyentes, pero no buscan a Dios. ¿No es contradictorio eso: ser una persona que dice "servir" a Dios, pero nunca acudir a Él por medio de la oración? ¿O jamás acudir a Dios en busca de guía, y más bien, buscar que otra persona se haga cargo del problema?

Nabucodonosor tenía el corazón de un hombre. Un hombre altivo y arrogante. Luego tuvo por 7 años el corazón de una bestia, era la locura.

¿Te parece que en este momento de tu vida estás casi perdiendo la razón? 

¿Sientes que tienes tanto dolor y tantas heridas por dentro que ya no tienes sueños, ni deseos de lograr algo? 

¿Crees que no vale la pena tener fe? 

¿Piensas que eres simplemente "un cero a la izquierda" para Dios?

¿Crees que no hay esperanza de algo mejor para ti?

Hay momentos así. O tiempos así.

Pero te aseguro que la redención sí es posible. Tú puedes tener una vida diferente. ¿Cómo?

Haz lo que hizo Nabucodonosor. Mira al cielo. Si lo has mirado, míralo como nunca antes. Date la oportunidad de dirigir tu mirada a Dios. Trata de encontrar en este momento de tu vida aunque sea una razón por la cual sentir gratitud por Jehová. Haz lo que hizo Nabucodonosor: agradece, bendice a Jehová. Alábale. Con el corazón, con ganas, no importa qué situación tengas en este momento.

Deja de sentirte culpable por esto, o aquello o lo otro. Reconoce tus errores, con humildad, y haz lo que tengas que hacer ahora para enmendar el camino. ¿No sabes cómo hacerlo? Ora pidiendo que se aclaren tus ideas, y Dios dará la respuesta a Su tiempo y manera. Empieza a generar desde adentro un corazón que pueda ser transformado por el amor y la ternura de Dios.

Jesucristo dijo que "conocerán la verdad y la verdad te libertará". Sólo quien tiene el valor de verse a sí mismo con total claridad, admitir sus errores y generar el cambio, puede decir que la verdad del amor de Dios y su poder de cambiar le está haciendo libre.

Ese es el inicio de la redención.