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jueves, agosto 13, 2015

Jehová-yiré: Dios Proveerá

¿Cómo entender que Dios le dé un hijo prometido a un hombre, y 25 años después le ordene matarlo?




Este hombre que recibió esta orden fue Abrahán, el gran patriarca de la nación hebrea. Dios consideró Su amigo a Abrahán, y es más que una figura histórica. Es uno de los personajes más mencionados en la Biblia (alrededor de 1000 veces), y el punto de origen de la nación israelita. Fue además un hombre con el que Dios hizo una alianza. Un Pacto conocido como el Pacto Abrahámico.

Abrahán a sus casi 100 años llegó a ser padre del hijo de la promesa, a Isaac. Tras varios años, Abrahán estaba feliz con su hijo. Al fin y al cabo, las promesas de Dios cuando se cumplen llenan de satisfacción. Y así estaba Abrahán, Sara e Isaac. Viviendo su vida.

Pero Dios puso a prueba a Abrahán. Le dijo: “¡Abrahán!”, a lo cual dijo él: “¡Aquí estoy!”. Y YHWH dijo: “Toma, por favor, a tu hijo, a tu hijo único a quien amas tanto, a Isaac, y haz un viaje a la tierra de Moria, y allí ofrécelo como ofrenda quemada sobre una de las montañas que yo te designaré”.

Tras varios años en los que el Génesis no ofrece información sobre si Dios y Abrahán hablaron, Dios rompe el silencio. De repente, sin Abrahán esperárselo.

Pero Dios no le dice a Abrahán palabras gratas. ¿Estaba Abrahán acaso pensando en el futuro de Isaac? ¿Haciendo planes para que su hijo se casara?

Todo se va al suelo, se esfumó con las palabras de Dios. Una orden clara, directa de YHWH a Abrahán.

Los años, la experiencia, el haber vivido confiando en Dios, ejerciendo la fe.

¿Cómo reacciona Abrahán?

Abrahán se levantó muy de mañana y aparejó su asno y tomó consigo a dos de sus servidores y a Isaac su hijo; y partió la leña para la ofrenda quemada. Entonces se levantó y emprendió el viaje al lugar que le designó Dios.

Aquí le vemos: a primera hora de la mañana del día siguiente de haber recibido la orden de Dios, actúa. Prepara todo lo necesario para el viaje: el asno, sus servidores, la leña. Y su hijo. Al tenerlo todo listo, emprendió el viaje.

Dios había hablado. Y a Abrahán le tocaba actuar. Eso era lo que había.

Al tercer día Abrahán alzó los ojos y empezó a ver el lugar del sacrificio desde lejos. Abrahán dijo a sus servidores: “Quédense aquí con el asno, pero yo y el muchacho queremos ir allá, y adorar, y volver a ustedes”.

Después de eso, Abrahán tomó la leña de la ofrenda quemada y la puso sobre Isaac su hijo, y tomó en sus manos el fuego y el cuchillo de degüello, y ambos siguieron adelante juntos. E Isaac empezó a decir a Abrahán su padre: “¡Padre mío!”. Él a su vez dijo: “¡Aquí estoy, hijo mío!”. De modo que continuó: “Aquí están el fuego y la leña, ¿pero dónde está la oveja para la ofrenda quemada?”. A lo cual dijo Abrahán: “Dios se proveerá la oveja para la ofrenda quemada, hijo mío”. Y ambos siguieron andando juntos.

En todo el relato era obvio que Abrahán asumió una postura muy clara en hacer lo que Dios le había ordenado. No consultó con Sara, con Isaac, o con los servidores.

Pero en este punto Isaac ve que se acercaba el momento de ofrecer el sacrificio. ¿Ofrecer qué? Él era el sacrificio. Pero no ve la oveja. Le pregunta a su padre. Pero le llama "Padre mío". Para Isaac era Abrahán el padre, un padre amado. Y además, un hombre a quien Dios había favorecido.

La respuesta de Abrahán es el momento crucial de la historia. En estos 4-5 días Abrahán había sido hermético sobre dar información del sacrificio. E Isaac le pregunta sobre el sacrificio mismo. ¿Qué decir?

Abrahán sencillamente dijo:

Dios se proveerá la oveja para la ofrenda quemada, hijo mío

Dios no había dicho qué haría. No había dado a Abrahán palabras de esperanza. ¿De dónde sacó Abrahán que Dios proveería la oveja?

Lo sacó de su fe. De su confianza en que YHWH proveería la ofrenda. ¿Cuándo? ¿Cómo? Eso sólo lo sabía Dios. Lo que Abrahán sabía era que Dios lo haría, sin saber el Cómo ni el Cuándo.

Así que Abrahán declaró el Jehová-yiré, o el nombre del lugar donde sería el sacrificio como el lugar en el que Jehová proveería. Y lo hizo con fe. "Plenamente convencido en Aquel que llama a las cosas que no son como si fueran", diría Pablo sobre la fe de Abrahán. Es quizás uno de los pocos ejemplos bíblicos de un nivel de fe tan absolutamente superlativo.

Porque el problema de la fe no es Dios, sino un@ mism@. Los propios temores, las propias dudas, los propios pensamientos divergentes sobre Dios y sobre las diversas situaciones que se enfrentan.

Finalmente llegaron al lugar que le había designado Dios, y allí Abrahán edificó un altar y puso en orden la leña y ató de manos y pies a Isaac su hijo y lo puso sobre el altar, encima de la leña.

Entonces Abrahán extendió la mano y tomó el cuchillo de degüello para matar a su hijo.

Fin de la historia...

¿Y ahora qué?

El ángel de Dios se puso a llamarlo desde los cielos y a decir: “¡Abrahán, Abrahán!”, a lo cual él contestó: “¡Aquí estoy!”. Y pasó a decir: “No extiendas tu mano contra el muchacho y no le hagas nada, porque ahora sé de veras que eres temeroso de Dios, puesto que no has retenido de mí a tu hijo, tu único”.

En esto Abrahán alzó los ojos y miró, y allí, a poca distancia enfrente de él, había un carnero prendido por los cuernos en un matorral. De modo que Abrahán fue y tomó el carnero y lo ofreció como ofrenda quemada en lugar de su hijo.

Y Abrahán se puso a llamar aquel lugar por nombre YHWH-yiré. Por eso se acostumbra decir hoy: “En la montaña de YHWH se proveerá”.

Y el ángel de Dios procedió a llamar a Abrahán por segunda vez desde los cielos y a decir: “‘Por mí mismo de veras juro —es la expresión de Dios— que por motivo de que has hecho esta cosa y no has retenido a tu hijo, tu único, yo de seguro te bendeciré y de seguro multiplicaré tu descendencia como las estrellas de los cielos y como los granos de arena que hay en la orilla del mar; y tu descendencia tomará posesión de la puerta de sus enemigos. Y mediante tu descendencia ciertamente se bendecirán todas las naciones de la tierra debido a que has escuchado mi voz’”.

Después de eso Abrahán volvió a sus servidores, y se levantaron, y juntos procedieron a irse a Beer-seba; y Abrahán continuó morando en Beer-seba.

El final de la prueba para Abrahán fue este momento, encerrado en el óvalo amarillo:


El momento en el que Abrahán extendió la mano y tomó el cuchillo de degüello para matar a su hijo. Allí Dios intervino por medio de un ángel. Dios había dicho a Abrahán:

"Toma, por favor, a tu hijo, a tu hijo único a quien amas tanto, a Isaac, y haz un viaje a la tierra de Moria, y allí ofrécelo como ofrenda quemada sobre una de las montañas que yo te designaré"

Y Abrahán lo hizo. Tomó a Isaac, viajó a la tierra de Moria (Jerusalén), y ofreció a Isaac como ofrenda quemada.

http://diarioberea.blogdiario.com/img/monte-templo-jerusalen.jpg

Monte del Templo, lugar del Primero y Segundo Templo judío, identificado por las tradiciones judía e islámica
como el lugar del monte Moria, en el que Abrahán ofreció a su hijo Isaac en sacrificio.

Dios había probado muchas veces la fe de Abrahán. Pero esta fue sin lugar a dudas LA PRUEBA. Fue, a modo de entender, el Getsemaní personal del propio Abrahán. Lo fue, porque fue el momento definitivo de demostrar la fe. Lo que era Abrahán para Dios, y lo que era Dios para Abrahán.

Este es un relato que sólo puede ser entendido a la luz de haber vivido algo similar. razón por la cual hermeneutas bíblicos, exégetas, teólogos y comentaristas no suelen comentar sobre este pasaje.

Puede buscar referencias sobre este suceso, y con dificultad hallará comentarios sobre esta historia. Es historia actual por cierto, porque es un relato que confronta al 100% la capacidad humana de tener fe en Dios y en Su provisión.

¿Qué provee Dios? El Sol, la lluvia, el aire que se respira.
Pero también Dios provee luz, sabiduría, consciencia, paz, amor, liberación, la posibilidad de iniciar una nueva vida, la vida eterna, la pareja, el café de la tarde que te reanima, el dinero para que te vayas a la peluquería...

¿Cuesta creerlo? Seguro que sí.

Cuando Abrahán llamó “YHWH-yiré” al lugar del sacrificio, no sólo reconocía la liberación que Dios acababa de otorgarle, sino que también anunciaba proféticamente el don inefable del amor de Dios por la humanidad.

Jehová-yiré es también la expresión de la fe frente a las dificultades que el creyente es llamado a afrontar en su camino. Sí, el Señor provee a todas nuestras necesidades: Él libera, alienta, consuela, restaura, perdona y dirige sin cesar nuestras miradas hacia los Cielos.

Dios Proveerá.