26 de abril de 2010

Qué son los Milagros


El Sol inmóvil.
Agua en vino.
Maná del Cielo.
Un asna habla.

Estos son algunos de los milagros mencionados en la Biblia.

La Biblia relata la ocurrencia de milagros, que sucedieron por el Poder de Dios.

Pero, ¿qué son los milagros?

Un milagro es un suceso extraordinario y maravilloso. Es un acontecimiento cuya causa se desconoce, que sorprende. Es un acto del poder divino superior al orden natural y a las fuerzas o capacidades humanas.

La palabra moh·féth, en hebreo, se traduce “milagro” en la Biblia, y significa “portento presagioso”, “maravilla” y “prenda”. Se utiliza junto con la palabra ’ohth, que significa “señal”. En griego es dý·na·mis, “poder”, se traduce además por “fuerza”, ‘obra poderosa’, “habilidad”, “capacidad”, ‘milagro’ y ‘prodigio’.

Hay un dilema para aquellos que cuestionan la autenticidad de los milagros bíblicos: nunca han visto o contemplado un milagro. Por lo tanto, eso significa que no creen, o no tienen base para creer que es verídico lo que dice la Biblia sobre los milagros. Tampoco pueden ser reproducibles los milagros bíblicos siguiendo los dictados del Método Científico, cosa que parece dar a entender que los milagros bíblicos son contra las leyes de la Naturaleza. Evidentemente, los milagros son algo que está más allá de lo que un humano puede realizar o incluso pueda entender plenamente.

Para que un milagro suceda debe ser causado por la intervención de un poder o conocimiento mayor del que actualmente posee el hombre y la mujer.

Por supuesto, desde la perspectiva del Causante o Fuente de tal poder, no es un milagro. Él lo entiende y tiene la capacidad para hacerlo. Muchas obras que Dios efectúa son asombrosas para los seres humanos que las contemplan, pero son, para Dios, el ejercicio de su poder. Si alguien afirma creer en una deidad, en particular en el Dios de la creación, no sería coherente negar el poder que Dios tiene para realizar cosas que inspiran temor en los hombres que las contemplan.

¿Son imposibles los milagros?

El punto es que hoy en día no se conocen todas las propiedades de la materia (concepto aún en estado de revisión, dados los conocimientos logrados en el área de la física cuántica) y todas las formas de la energía. "Para que un milagro se produzca, ha de entrar en juego, además, una fuente de energía desconocida en nuestras ciencias biológicas y fisiológicas. A esta fuente de energía se la identifica en nuestras Escrituras como el poder de Dios”. (Time, 4 de julio de 1955.)

Se argumenta que los milagros violan las leyes de la Naturaleza. ¿Es cierto eso?

En condiciones normales, los científicos no entienden completamente las propiedades del calor, la luz, el funcionamiento atómico y nuclear, la electricidad o cualquiera de las formas de la materia. Su comprensión de estas propiedades es todavía más deficiente en condiciones extraordinarias o anormales (recordemos que la mayoría de los experimentos científicos se realizan en laboratorios, bajo condiciones controladas de temperatura, pH, concentración, presión atmosférica, entre otras variables que son diferentes en la vida cotidiana de cualquier lugar del mundo).


Por ejemplo, sabemos que no podemos mezclar el agua con el aceite. Eso es imposible, por la composición electroquímica de ambos fluidos.

Pero, veamos las dos imágenes:
La de la izquierda muestra lo que conocemos comúnmente. Vemos agua y aceite que no se mezclan. Eso no es novedad. Pero en la imagen de la derecha vemos una mezcla de agua y aceite. ¿Imposible?


El agua y el aceite nunca antes se habían podido mezclar. | E.M.


Científicos estadounidenses conseguieron hacer realidad el viejo sueño de la física de los líquidos: combinar el agua con el aceite mediante el uso de un catalizador.

Estos científicos de la Universidad de Oklahoma lograron acelerar las reacciones en esa mezcla, lo que ayudaría a optimizar las técnicas de refinamiento de biocombustibles, según indicaron en un informe publicado por la revista 'Science'.

Según explicó el científico argentino Daniel Resasco, profesor de Ingeniería de Materiales Químicos y Biológicos de la Universidad de Oklahoma, la mezcla había sido imposible hasta ahora.

"A diferencia de los combustibles comunes que sólo contienen componentes hidrofóbicos, los biocombustibles contienen compuestos oxigenados como los aldehídos, alcoholes y ácidos que son muy solubles en agua", señaló Resasco, uno de los autores de la investigación.

"La novedad es que estas nanopartículas que hemos desarrollado son capaces no sólo de estabilizar emulsiones agua-aceite y localizarse en la interfase (el punto de contacto entre los dos materiales), sino también de catalizar reacciones", agregó.

Según el científico, debido a que tienen dos "caras", una hidrofílica y otra hidrofóbica, los llamados "nanohídridos" que han desarrollado pueden catalizar reacciones en el agua y otras en el aceite. "De esa manera, se eliminan muchos pasos en el proceso de mejoramiento de los biocombustibles", indicó.

Para mayor información, puede consultar las siguientes fuentes:
http://www.sciencemag.org/cgi/content/abstract/327/5961/68
http://edmarfisica.blogspot.com/2010/01/agua-y-aceite-se-mezclan-en-favor-de-la.html
http://www.xornal.com/artigo/2010/01/02/sociedad/ciencia-y-tecnologia/agua-aceite-mezclan-favor-ciencia/2010010201510500500.html
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/12/31/ciencia/1262274871.html


¿Imposible? No. Con los conocimientos concretos sobre cómo lograrlo, estos científicos hicieron algo catalogado de imposible.

Los milagros son un ejercicio del poder y la sabiduría de Dios. Son el poder y la sabiduría de Dios, no el de hombres o mujeres.


Si es asombroso e impactante pensar que algo tan sencillo como mezclar agua y aceite lo han logrado científicos, ¿es difícil de creer que alguien Omnisapiente y Omnipotente pueda hacer milagros?


Estos descubrimientos y otros que han asombrado a los científicos, desarticulan sus ideas preconcebidas. ¿Cómo, pues, puede alguien decir que Dios violó sus propias leyes al ejecutar obras poderosas que parecían sorprendentes y milagrosas a los hombres?


El Creador del Universo controla lo que ha creado y puede manejar Su Creación dentro del ámbito de Su Voluntad. Causa las condiciones necesarias para la ejecución de esas obras o milagros; puede acelerar, ralentizar, modificar o neutralizar reacciones.


Los milagros no son el resultado de las leyes de la Naturaleza. Los Principios que rigen a la Naturaleza están bajo el control y dominio de la Voluntad de Dios.


Para que los milagros ocurran el único requisito que debe cumplirse es que sea la voluntad de Dios que sucedan.


Las leyes que rigen el Universo están sujetos a Dios, Dios no está sujeto a las leyes del Universo.


¿Son contrarios los milagros a la experiencia humana?


Es un paradigma a romper la afirmación de que los milagros no ocurrieron porque hoy en día no se ha vivido uno.


Los milagros según algunos, son contrarios a la experiencia humana, es decir, a la experiencia que ellos reconocen como verdad por sus observaciones, libros, vivencias, etc. Si la ciencia se dejara guiar por este punto de vista, habría mucha menos investigación, desarrollo de nuevos métodos y descubrimientos. Por ejemplo, no habría seguido adelante la investigación para curar las llamadas enfermedades “incurables”, ni se hubieran producido los viajes espaciales a los planetas o a lugares aún más lejanos del universo. Sin embargo, se sigue investigando y a veces la humanidad descubre cosas completamente nuevas. Lo que se ha logrado hasta el momento asombraría a los hombres de tiempos antiguos, y una buena parte de los sucesos cotidianos de hoy se considerarían milagros.


¿Es ilógico lo sobrenatural?


El milagro requiere la intervención divina. Por ejemplo, la Biblia relata que al morir Jesús hubo un terremoto. ¿Eso fue un milagro? Sucedió justamente tras la muerte de Jesús, se rasgó la cortina del Templo que separaba el Santo del Santísimo e hizo que las tumbas se abrieran y expusieran sus cadáveres. ¿Casualidad? No, porque se produjo en el momento debido.


Por ejemplo, al resurrección de Jesús fue un milagro. Y hasta más de 500 testigos oculares vieron a Jesús resucitado. ¿Se lo inventaron, fue una especie de experiencia alucinatoria en masa? ¿O realmente vieron a Jesús vivo?


Los milagros bíblicos eran públicos, sencillos, con propósito y motivo. Algunos hasta tuvieron a miles o millones de espectadores.


Jesús, por ejemplo, no hacía milagros tras una "preparación" ritual o ceremonial. No eran preparados de antemano.


Jesús hizo milagros para glorificar a Dios. Sus milagros no eran actos misteriosos llevados a cabo simplemente para satisfacer la curiosidad o para causar asombro. Siempre ayudaban a otros, a veces directamente de una manera física y siempre de una manera espiritual; encaminaban de nuevo a las personas hacia la adoración verdadera. Tal como “el dar testimonio de Jesús es lo que inspira el profetizar “es el espíritu de la profecía”, así también muchos de los milagros identificaron a Jesús como el Enviado de Dios.


Los milagros bíblicos estaban relacionados con TODAS las cosas, animadas e inanimadas, como calmar el viento y el mar, impedir la lluvia y hacer que empezase a llover o convertir el agua en sangre o en vino. Asimismo, se efectuaron curaciones de enfermedades físicas de todo tipo, como la “incurable” lepra y la ceguera de nacimiento. Esta gran variedad de milagros habla en favor de su credibilidad como actos respaldados por el Creador, pues es lógico pensar que únicamente el Creador podría ejercer influencia en todos los campos de la experiencia humana y sobre todo tipo de elementos.


¿Quiénes hicieron milagros en la Biblia?


Moisés, Aarón, Josué, Elías, Eliseo, Jesús, los apóstoles. Otros eventos diversos también fueron milagros: el Diluvio, el que Abrahán y Sara, o Isaac y Rebeca tuvieran hijos en circunstancias en las que no era posible humanamente que fuesen padres, el que un ángel matara a 185.000 asirios en una noche antes de atacar a Jerusalén en tiempos del Rey Ezequías, o el que un gran pez se tragara a Jonás, o que un asna hablara, son ejemplos de milagros bíblicos efectuados por el poder de Dios.


¿Es necesario un milagro para tener fe en Dios?


Muchos hoy día tienen sus propias dudas e inquietudes sobre Dios. Si existe, o no. Y si existe, ¿se interesa en MÍ? Y si ya uno es creyente en Dios y está haciendo Su voluntad, o al menos eso cree, ¿cómo saber si realmente lo que está haciendo en este momento es la voluntad de Dios o no?


¿Quién tiene las respuestas 100% absolutamente verdaderas sobre lo que a uno le inquieta? Jehová.


Entonces, ¿cómo se revela Dios? ¿Debería esperar una señal, una experiencia sobrenatural que le demuestre la existencia de Dios?


¿Cambia Dios milagrosamente la voluntad, la conciencia o el destino que ha elegido una persona, así sea el equivocado?


Por ejemplo, si una persona tiene evidencias de que seguir cierto derrotero, o decisión, está en contra de la voluntad de Dios en ESTE MOMENTO, ¿le hará Dios el milagro de intervenir para hacer que cambie de opinión?


Por ejemplo, si una persona ELIGE tener fe en Dios, ya tomó una decisión. En consecuencia a su decisión, Dios actúa.


Pero si una persona decide encaminarse en un derrotero contrario a lo que Dios está mostrando, ¿qué puede esperar? ¿que Dios milagrosamente actúe como una especie de niñera?


¿Depende la verdadera fe en Dios de una experiencia milagrosa?

Hay quien dice que creería en Dios si se le revelara de alguna manera milagrosa. O cambiaría su derrotero si Dios le revela que debe hacerlo.


Por ejemplo, un profeta llamado Balaam presenció un milagro. Un asna le habló. ¿Se imagina? Pero ni siquiera la intervención de un ángel evitó que se uniera a los enemigos de Dios, los moabitas. A pesar del milagro, Balaam siguió adelante y se puso en contra de Jehová Dios y Su Propósito.


Moraleja: ver un milagro no produce fe. Ni hace que quien se haya dirigido a una dirección contraria a Dios cambie.


Los fariseos sabían de los muchos milagros de Jesús. Después de la resurrección de Lázaro, llegaron a admitir: “Este hombre ejecuta muchas señales”. ¿Pero ablandó sus corazones y les dio fe el hecho de ver a Lázaro vivo? Todo lo contrario, pues trataron de matar tanto a Jesús como a Lázaro.


Ni siquiera la intervención directa de Dios consiguió que esos hombres tuvieran fe.
Mientras Jesús se hallaba en el recinto del templo, oró en voz alta: “Padre, glorifica tu nombre”. Jehová respondió con una voz del cielo y dijo: “Lo glorifiqué, y también lo glorificaré de nuevo”. Sin embargo, este acontecimiento milagroso no infundió fe en los corazones de quienes lo observaron. La Biblia dice: “Aunque había ejecutado tantas señales delante de ellos, no ponían fe en él”.

Por qué los milagros no produjeron fe


¿Cómo se puede tener tal falta de fe habiendo presenciado milagros? El rechazo de Jesús por parte de los líderes religiosos es especialmente desconcertante si tenemos en cuenta que, cuando comenzó su ministerio, los judíos en conjunto estaban “en expectación” del Cristo, o Mesías.


El problema estribaba en cuáles eran esas expectativas.


El lexicógrafo W. E. Vine cita a un renombrado erudito bíblico que habló de la
obsesión de los judíos con relación a un Mesías que les diera un “triunfo temporal” y “grandeza material”. Por este motivo, no estuvieron preparados para un Jesús de Nazaret humilde y apolítico, que se presentó entre ellos como el verdadero Mesías en 28 E.C. Los fariseos también temían que las enseñanzas de Jesús alteraran el estado de cosas existente y pusieran en peligro su encumbrada posición.

Sus ideas preconcebidas y su egoísmo les cegó
y no entendieron los milagros de Jesús.
Posteriormente, los líderes religiosos judíos y otras personas rechazaron la prueba milagrosa de que los seguidores de Jesús tenían el favor divino. Por ejemplo, cuando los apóstoles sanaron a un cojo de nacimiento, los miembros del tribunal supremo judío se preguntaron airados: “¿Qué haremos con estos hombres? Porque, de hecho, una señal notable ha ocurrido mediante ellos, una que les es manifiesta a todos los habitantes de Jerusalén; y no podemos negarlo. Sin embargo, a fin de que no se divulgue más entre el pueblo, digámosles con amenazas que ya no hablen sobre la base de este nombre a hombre alguno”.

Estaba claro que este milagro maravilloso no había infundido fe en los corazones de aquellos hombres.


La ambición, el orgullo y la avaricia son factores que han hecho que muchas personas cierren las puertas de su corazón. Los celos, el temor y un sinfín de otras actitudes dañinas han estorbado a otros.