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domingo, diciembre 12, 2010

Estar quietos y ver la salvación de Jehová

Ser optimistas, tener una actitud positiva y llena de esperanza, sabiendo que no estamos sol@s, que contamos con Dios HOY para salir adelante, es parte de esa exhortación a estar quiet@s, y ver la salvación de Jehová.


"Estén quietos y vean la salvación de Jehová",


¿qué significa?

Se dicen estas palabras cuando se habla de cómo enfrentar situaciones difíciles, esos problemas que buscamos las mil y una fórmulas para resolverlos, y nada parece funcionar. Esa frase la dijo un hombre, Jahaziel, hace 3.000 años. Pero no lo dijo mientras estaba sentado, tomando una copa de vino, mirando al mar. No. Lo dijo ante una multitud que tenía un problema de vida o muerte.

El relato de todo lo que sucedió, se encuentra en el libro bíblico de 2 de las Crónicas 20, y nos muestra qué significa estarse quietos y ver esa salvación de Jehová. Y nos hará reflexionar sobre cómo aprender a esperar en Dios puede hacer una gran diferencia en nuestra vida.

Estar quietos y ver la salvación de Jehová: el relato bíblico

Inicia así:

Pasadas estas cosas, aconteció que los hijos de Moab y de Amón, y con ellos otros de los amonitas, marcharon contra Josafat para atacarlo. Y fueron algunos a darle aviso a Josafat, diciendo: «Contra ti viene una gran multitud del otro lado del mar y de Siria; ya están en Hazazón-tamar, que es En-gadí».

Esta coalición de enemigos de Israel estaba conformada por pueblos históricamente hostiles. Moab, Amón y los habitentes de la región montañosa de Seír. Los enemigos se reunieron en un lugar estratégico, En-gadí, un lugar al que podían tomar una ruta directa hacia Jerusalén.

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Josafat, o Jehosafat, era rey desde los 35 años. Fue uno de los pocos reyes fieles a Dios que murió así como vivió: fiel a Jehová toda su vida. Esta era una grave crisis que estaba enfrentando. Tenía ejército, soldados, y armas. Podía enfrentar militarmente la situación. O podría haber enviado un embajador a conversar con la coalición de enemigos, negociando la paz.

Entendemos que ante una situación así, en la que de repente uno se ve amenazado por varios enemigos, es difícil decidir qué hacer. A veces sucede que pareciera que se nos juntan todos los problemas, uno tras otro, en avalancha, y no sabemos qué hacer. De varias cosas que podríamos hacer, las opciones no se ven claras para solventar los problemas, sean los que sean.


¿Qué hizo Jehosafat? Sigue el relato:


Josafat tuvo miedo y humilló su rostro para consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá.
Se congregaron los de Judá para pedir socorro a Jehová; y también de todas las ciudades de Judá vinieron a pedir ayuda a Jehová.

Jehosafat tuvo miedo.

Y el miedo es...

A todos nos sucede que sentimos miedo de algo, o de alguien, o tal vez de alguna situación, del problema que tengamos en este momento, o tenemos miedo de lo que pueda pasar.

El miedo es una emoción, caracterizada por un intenso sentimiento habitualmente desagradable, provocado por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta tanto en los animales como en el ser humano.

Desde el punto de vista biológico, el miedo es un esquema adaptativo, y constituye un mecanismo de supervivencia y de defensa, surgido para permitirnos responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia. En ese sentido, es normal y beneficioso para uno tener miedo, porque nos permite detectar un peligro potencial, y reaccionar para evitar un daño.

Desde el punto de vista neurológico es una forma de organización del cerebro primario de los seres vivos, y esencialmente consiste en la activación de la amígdala, situada en el lóbulo temporal.

Desde el punto de vista psicológico, es un estado afectivo, emocional, necesario para la correcta adaptación del organismo al medio, que provoca angustia en la persona.

Desde el punto de vista social y cultural, el miedo puede formar parte del carácter de la persona o de la organización social. Se puede por tanto aprender a temer objetos o contextos, y también se puede aprender a no temerlos, se relaciona de manera compleja con otros sentimientos (miedo al miedo, miedo al amor, miedo a la muerte, miedo al ridículo) y guarda estrecha relación con los distintos elementos de la cultura.

De estas consideraciones, entendemos que el miedo que sintió Jehosafat, fue un estado emocional que le ayudó a darse cuenta de la gravedad del problema, y buscarle solución.

Jehosafat tuvo miedo, pero...

Su miedo no lo paralizó, no le hizo ceder al temor. Porque una cosa es tener miedo, y otra aprender a vivir en el miedo, en el temor constante. Así es la vida diaria de muchas personas, vivir en temor: al futuro, a la vida, la muerte, a sí mismas, etc.

Pero se puede aprender a no temer, a no tener miedo. Usar el miedo como mecanismo de alertarnos de un peligro, lo cual es necesario, pero uno debe aprender a superar sus propios miedos.

La mayoría de nosotros no nos enfrentaremos jamás a una coalición de ejércitos, pero si nos enfrentamos en este momento al miedo a varias cosas. ¿Cuáles? Cada uno lo sabe, pero el miedo malsano, ese que paraliza, debe ser enfrentado y superado. Como hizo Jehosafat, ante su situación.


Dice el relato que Jehosafat "humilló su rostro para consultar a Jehová".

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Lo que la actitud espiritual de Jehosafat nos enseña


Jehosafat buscó a Dios. Pero primero, humilló su corazón. Se preparó para consultar a Dios. Su actitud es interesante porque es el punto focal de todo este relato, y el que verdaderamente nos ayuda a entender la naturaleza de la frase "estar quietos y ver la salvación de Jehová".


Jehosafat se humilló. Su corazón, sus emociones y sentimientos pasaron del miedo, a la devoción, al temor reverente a Jehová. Ciertamente el miedo y el temor de Dios son 2 estados mentales bien diferentes y definidos. Y Jehosafat pasó del miedo al temor a Dios, ANTES de buscar de Dios una solución a la grave crisis nacional que afrontaba como rey.


Analizando su difícil situación, uno pensaría que lo último que debía haber hecho Jehosafat es asumir la actitud reverente del temeroso de Dios. En tiempos de guerra, se necesita valor, coraje, fuerza, no una actitud de "ponerse a rezar", en el sentido peyorativo de la frase. Y menos esa debía ser la actitud de un rey.


Pero, Jehosafat antes de ser rey de Judá, era un adorador de Jehová. Era un hombre devoto, un hombre de fe. Primero era responsable ante Dios, y luego ante la nación. Ya lo había demostrado antes en su vida, era su forma de actuar. Y ahora, no iba a ser la excepción.


Y he aquí la diferencia notoria entre una persona "religiosa", y una espiritual. La persona religiosa es apariencias, busca vociferar que es una persona de fe, piadosa. Hace ruidos para que otras personas vean lo buena qué es. Pero eso es apariencias. Cuando de verdad tiene o tenga que demostrar su fe, no puede hacerlo, porque no tiene esa conexión espiritual con Dios, que le hace buscar a Jehová inmediatamente en momentos de crisis.


Jehosafat tiene miedo, pero humilla su corazón para consultar con Jehová. Acercarse a Dios no es cuestión de seguir un formalismo o protocolo, o una especie de ritual para que otros vean que somos personas "buenas". Para acercarse a Dios hay que tener una actitud de corazón auténtica. Entendemos que Jesús cuando nos enseñó a orar, nos dijo que debíamos ir a nuestro cuarto, cerrar la puerta, y allí, sol@s con Dios, orar. Y el Padre que mira en secreto, lo pagará en público.

El fracaso de la relación con Dios de muchos creyentes pasa por esa actitud religiosa, formal, ritual. Esa de creer que a Dios se lo compra haciendo esto y aquello. Dios busca obediencia, pero antes de obedecer hay que amar y adorar con espíritu y con verdad. De lo contrario, todo lo demás es muerto, inerte ante Dios.


Jehosafat se humilla a buscar a Jehová, a consultarle qué hacer. No sabe cómo o cuándo Dios le responderá, pero así le busca. Muchas veces nos acercamos a Dios con no la mejor actitud. Al tener un problema, o varios, la tendencia es culpar a Dios. ¿Por qué a mí? ¿Por qué me pasa esto? ¿Por qué Dios permite esto?


Esa actitud refleja que no hemos aprendido. Que no hemos madurado en nuestra relación con Dios. Que no conocemos a Dios. Dios no nos prueba con cosas malas. Dios no mandó un cáncer, una enfermedad, o quitó el trabajo de alguien para probarlo. Decir eso, y creer eso, es atribuir a Jehová cosas malas.


Jehová es el "Dador de toda dádiva bueno y todo don perfecto". De Él tenemos sólo lo bueno, lo excelente. No lo malo. Culpar a Dios por lo que nos pasa, revela que no conocemos que Dios es Amor, y que nos ama.


Sigamos con Jehosafat. ¿Qué más hizo?


Jehosafat: de la oración a la acción


Jehosafat convocó al pueblo. Hizo ordenar un ayuno nacional. El motivo era buscar que todo el pueblo se humillara ante Dios, y buscara su ayuda.


Hizo pregonar ayuno a todo Judá.
Se congregaron los de Judá para pedir socorro a Jehová; y también de todas las ciudades de Judá vinieron a pedir ayuda a Jehová.

Entonces Josafat, puesto en pie en medio de la asamblea de Judá y de Jerusalén, en la casa de Jehová, delante del atrio nuevo, dijo: «Jehová, Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos, y dominas sobre todos los reinos de las naciones? 


¿No está en tu mano tal fuerza y poder que no hay quien te resista? Dios nuestro, ¿no expulsaste tú a los habitantes de esta tierra delante de tu pueblo Israel, y la diste a la descendencia de tu amigo Abraham para siempre? Ellos la han habitado, y han edificado en ella santuario a tu nombre, diciendo:

"Si mal viene sobre nosotros, o espada de castigo, o pestilencia, o hambre, nos presentaremos delante de esta Casa, y delante de ti (porque tu nombre está en esta Casa); clamaremos a ti a causa de nuestras tribulaciones, y tú nos oirás y salvarás". 


Ahora, pues, aquí están los hijos de Amón y de Moab, y los de los montes de Seír, a cuya tierra no quisiste que pasara Israel cuando venía de la tierra de Egipto, sino que se apartara de ellos y no los destruyera. Ahora ellos nos pagan viniendo a arrojarnos de la heredad que tú nos diste en posesión. ¡Dios nuestro!, ¿no los juzgarás tú? 


Pues nosotros no tenemos fuerza con que enfrentar a la multitud tan grande que viene contra nosotros; no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos».

La oración de Jehosafat es directa a Dios. Le recuerda su poder, su pacto con Abrahán, y mencionó en la oración el por qué acuden a Él. Dios prometió ayudar a Israel, aún en momentos de amenaza nacional, y Jehosafat expone ante Dios cuál es la amenaza. El final de la oración es clave: no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos.


Jehosafat es sincero al decir que no sabe qué hacer. Hace lo que sí sabe hacer: saber orar a Dios.

¿Cuántas personas saben orar a Dios con resultados positivos, con respuestas?

Mientras tanto:


Todo Judá estaba en pie delante de Jehová, con sus niños, sus mujeres y sus hijos.

La gente espera. El rey espera. Todos esperan. Y de repente pasa algo. ¿Qué es? ¿Una señal del Cielo? ¿Una visión colectiva? Eso lo responde el relato:

Y estaba allí Jahaziel hijo de Zacarías hijo de Benaía, hijo de Jeiel, hijo de Matanías, levita de los hijos de Asaf, sobre el cual vino el espíritu de Jehová en medio de la reunión, y dijo: 


«Oíd, todo Judá, y vosotros habitantes de Jerusalén, y tú, rey Josafat. Jehová os dice así: "No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios. Mañana descenderéis contra ellos; mirad, ellos subirán por la cuesta de Cis y los hallaréis junto al arroyo, antes del desierto de Jeruel.


No tendréis que pelear vosotros en esta ocasión; apostaos y quedaos quietos; veréis como la salvación de Jehová vendrá sobre vosotros. Judá y Jerusalén, no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, porque Jehová estará con vosotros"».

Un levita, Jahaziel, recibió la respuesta del espíritu de Dios. Dios actuaría mañana, y en un lugar, ellos verían a sus enemigos, junto a un arroyo. No temer, ni amedrentarse más, es lo primero que dice Jahaziel. Ya Jehová
había ordenado salvación para Judá, así que ya se acababa el temor, ahí mismo.

La batalla, que era de ellos, era ahora de Jehová. Eso nos recuerda esas palabras del salmista de "arroja tu carga sobre Jehová mismo, y Él mismo sustentará". Ya el problema estaba resuelto, en las manos de Dios. No era batalla del pueblo, era de Dios.

La nación de Israel siempre que estaba amenazada, podía ser liberada si acudía a Dios. Algunas ocasiones, reyes desobedientes a Dios gobernaban el país, y aún así, Dios les salvaba. A veces ellos peleaban, pero ahora, no debían pelear. Debían quedarse quietos y ver la salvación de Jehová.

Estar quietos y ver la salvación de Jehová... ¿qué entendieron entonces que tenían que hacer ellos entonces? Nada. No debían hacer nada. Estarse quietos significa no hacer nada, cuando Dios dice que Él hace, o actúa.

¿Cómo reaccionó el pueblo?


Entonces Josafat se inclinó rostro a tierra, y también todo Judá y los habitantes de Jerusalén se postraron ante Jehová para adorar a Jehová. Y se levantaron los levitas de los hijos de Coat y de los hijos de Coré para alabar con gran clamor a Jehová, el Dios de Israel.

Agradecieron. Se postraron para adorar a Jehová. Y los levitas cantaron a Dios. ¿Se imagina estar alabando a Dios, dándole gracias y cantando sin siquiera haber sucedido nada de lo que Dios había prometido?


Esa realmente era una actitud de fe y gratitud. Porque una persona que realmente puede agradecer a Jehová con fe por algo que haya pedido a Dios, sin que siquiera se vea que algo comenzó a suceder, de veras puede decirse que tiene fe y gratitud.

Y al día siguiente...


Cuando se levantaron por la mañana, salieron al desierto de Tecoa. Mientras ellos salían, Josafat, puesto en pie, dijo: «Oídme, Judá y habitantes de Jerusalén. Creed en Jehová, vuestro Dios y estaréis seguros; creed a sus profetas y seréis prosperados». 


Después de consultar con el pueblo, puso a algunos que, vestidos de ornamentos sagrados, cantaran y alabaran a Jehová mientras salía la gente armada, y que dijeran: «Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre». 


Cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso emboscadas contra los hijos de Amón, de Moab y de los montes de Seír que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros. Porque los hijos de Amón y Moab se levantaron contra los de los montes de Seír para matarlos y destruirlos; y cuando acabaron con los del monte Seír, cada cual ayudó a la destrucción de su compañero.

Luego que vino Judá a la torre del desierto, miraron hacia la multitud, pero solo vieron cadáveres tendidos en la tierra, pues ninguno había escapado. Josafat y su pueblo fueron a despojarlos, y hallaron entre los cadáveres muchas riquezas, así vestidos como alhajas preciosas que tomaron para sí; tantos, que no los podían llevar. 


Estuvieron tres días recogiendo el botín, porque era abundante. Al cuarto día se juntaron en el valle de Beraca, y allí bendijeron a Jehová; por esto llamaron el nombre de aquel paraje el valle de Beraca, Después todos los hombres de Judá y de Jerusalén, con Josafat a la cabeza, regresaron a Jerusalén gozosos, porque Jehová les había colmado de gozo librándolos de sus enemigos. Y entraron en Jerusalén, en la casa de Jehová, con salterios, arpas y trompetas.

Cuando supieron que Jehová había peleado contra los enemigos de Israel, el terror de Dios cayó sobre todos los reinos de aquella tierra. Y el reino de Josafat tuvo paz, porque su Dios le dio paz por todas partes.

Estar quietos y ver la salvación de Jehová: lecciones para nosotros ahora

El relato es inspirador: Dios dio la victoria, y como exhortó a hacer Jehosafat, la gente prosperó, porque hasta un gran saqueo hicieron, y el resultado fue que la gente pudo descansar de sus enemigos, pues la tierra vivió en paz.

Estar quietos y ver la salvación de Jehová... ese es el título de esta entrada. Es una frase, que como vimos, surgió de un hombre inspirado por el espíritu de Dios. Y en tiempos de crisis, de desolación, de guerra.

Hoy en día la exhortación es la misma: Estar quietos y ver la salvación de Jehová. Hemos visto cómo la actitud de humildad de Jehosafat marcó el éxito de la salvación que Jehová obró. Pero es necesario asumir la propia responsabilidad de tener la actitud de corazón correcta para buscar a Dios.

Muchas veces buscamos soluciones express a nuestros problemas. Y con Dios las cosas son a Su Tiempo y Manera. Dios tiene una forma de actuar, de hacer las cosas. En este caso, Dios solucionó el problema en menos de un día. Jehová puede hacer eso con un@, resolver el problema enseguida. Para Dios todas las cosas SON POSIBLES. Pero también es realista reconocer que hay situaciones en las que tal vez la solución depende enteramente de lo que hagamos aquí y ahora. Suele pasar que esperamos que otro nos resuelva el problema que sólo nuestra voluntad y perseverancia puede resolver.

No es el propósito establecer una especie de manual de cómo estar quietos y ver la salvación de Jehová. Pero vale la pena replantearse sobre el enfoque que se tiene de los propios problemas, y la relación con uno mism@ y con Dios. Así la vista interna comienza a hacerse más clara, y la forma de ver los problemas en su justa medida se potenciará.