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martes, diciembre 28, 2010

Resolver los problemas manteniendo la paz interior


¿Cómo reacciona una persona 


cuando de repente se ve 


ante una situación conflictiva?




¿Cómo nos sentimos anímicamente en medio de las dificultades?

Nuestra reacción ante las diversas circunstancias que enfrentamos día a día, depende de cómo nos hemos aprendido a manejar emocionalmente.


Bien dice un proverbio bíblico:


El corazón tranquilo da vida al cuerpo 


En idioma español, la palabra "tranquilo", da la idea de algo calmado, que no se mueve. Pero en el hebreo original, en el que se escribió este proverbio, transmite la idea de estar relajados después de un masaje con un bálsamo, un aceite que hace que los músculos se aflojen. 


¿Cómo resolver los problemas manteniendo la paz interior? Si nos mantenemos en un estado emocional de paz interior, de estar relax, sin la carga del estrés, entonces podremos saber diferenciar un problema real de una situación que puede dejarse fluir por sí misma. Se trata de no ahogarnos en el vaso medio lleno, de no incrementar el inventario de los problemas que estemos enfrentando.




No debe olvidarse que tanto la mente como el propio cuerpo se condicionan de una manera determinada cuando sienten la amenaza de una adversidad, habitualmente reaccionan ante ella concentrando atención y esfuerzo, hecho que por supuesto priva del mismo tratamiento a otras situaciones, que tienen que manejarse en la cotidianidad.

Todo esto define el carácter de la productividad que alcanzamos para el cumplimiento de nuestras tareas y nuestros objetivos. Ante escenarios de problemática mayor la productividad total termina siendo más baja que en el caso que se enfrenten problemas menores. Una productividad menor, a la vez, aumenta las probabilidades que se presenten futuros problemas.


En pocas palabras: 

somos más productivos en nuestro trabajo 

y en nuestras relaciones, dependiendo de 

cómo gestionamos la conflictividad.

Uno debe ser muy honesto consigo mismo, en el momento de aceptar la existencia de un Problema Real, que amerita tratamiento real. Nada provechoso se alcanza con el ejercicio ocioso de multiplicar las probabilidades o potencialidades que puede adquirir la adversidad. La dinámica natural de los problemas que se presentan en la vida es ya compleja y poco piadosa, aumentarla sin la necesaria pertinencia es un grave error.


No te aumentes los problemas. Réstalos de tu vida.

En general, puede entenderse como síntoma de la existencia de un Problema Real, la pérdida de la Paz Interior. Cuando la persona siente efectivamente que ha perdido una situación básica de equilibrio en su tranquilidad interior, enfrenta una problemática que amerita atención. La Paz Interior en las personas es indispensable para la productividad y el bienestar. Estar en Paz Interior, con uno mismo y con los demás, es encontrarse en tranquilidad, calma y sosiego de espíritu, todo ello opuesto a la turbación, la ansiedad, la angustia, la depresión, y las pasiones. La persona que se encuentra en un nivel básico de equilibrio emocional tiene un genio pacífico, sosegado y apacible. Un corazón tranquilo. Cuando un factor externo altera de manera notable este equilibrio debe entenderse que existe un Problema Real. Y ante ello lo único razonable es una pronta solución.



Las personas se convierten en sus más implacables enemigos cuando de forma injustificada permiten que algo altere este equilibrio interior trascendental. Los problemas “imaginarios” o aquellos que no ameritan tribulación, constituyen un autoatentado pernicioso contra el interés propio. La Paz interior es una red de contención frágil que tiene como sostén fundamental al propio individuo, nadie en el entorno está particularmente atento a que uno sostenga un estado de Paz interior, ni aún las personas más próximas, aquellas que nos tengan en la mayor estima o nos profesen un franco e incondicional cariño. N A D I E aparte de uno mismo es responsable de proteger su estabilidad emocional, su Paz de espíritu. Ahora bien, cuando uno mismo atenta contra ella es aún más absurdo suponer que la ayuda puede llegar desde fuera.


El problema del problema, muchas veces, es uno mismo.



Los problemas debieran provenir desde el exterior, nunca como consecuencia de interpretaciones propias. El equilibrio emocional interno debe protegerse como la cosa más importante de la vida, no debe darse ningún margen a la desestabilización. 


Otro proverbio bíblico, lleno de sabiduría dice así:


Más que cualquier otra cosa, protege a tu 

corazón, porque de él brota la vida.


Proverbios 4:23





La objetividad y la racionalidad deben primar en todo momento cuando se evalúa un Problema Real, nunca las emociones. Debe guardarse con muchísimo celo la estabilidad emocional, el cuidado debe ser extremo; en el mejor de los casos no debe admitirse NUNCA que algo tenga el suficiente poder para ponerla en riesgo. Si lo pensamos con tranquilidad, nadie nos puede quitar nuestra Paz Interior, a menos que tú se lo permitas. El dominio de la angustia es un asunto absolutamente nuestro, completamente personal. 

¿Qué beneficio se alcanza atendiendo un Problema Real si nos domina la intranquilidad y la angustia? 

El elemento motriz de la actividad humana se inscribe en su dimensión no-física, allá donde radican las emociones, los impulsos, la voluntad. La dimensión física, corpórea, de las personas, sólo obedece comandos. La estabilidad emocional se encuentra en el centro mismo de ésa dimensión no-física, allí se encarga de mantener en equilibrio todos los elementos motrices, los sostiene en un nivel que permite un básico desenvolvimiento productivo y un comportamiento sosegado de la persona. Como producto de la armonía en el desenvolvimiento de los elementos circunscritos a la estabilidad emocional, ésta misma produce una sensación de Paz Interior que acompaña la dinámica física de las personas.

La estabilidad emocional es nuestro centro de gravedad, el punto de equilibrio 


Nuestra estabilidad emocional es un “baricentro” que perfecciona el equilibrio, constituye el punto específico que justifica el orden de nuestra vida interior. Merced a una maravillosa inercia este “baricentro” ajusta una variable cuando otra se descompone y trata de mantener el equilibrio general, alcanzando con ello un rendimiento básicamente eficiente y productivo de las personas. El ser humano apenas es consciente de la existencia de este precioso “giroscopio” que sostiene su desenvolvimiento, apenas entiende que de él depende el conjunto de su desenvolvimiento personal.





La existencia o la ausencia de Paz Interior en las personas es una señal que emite la estructura emocional desde el centro mismo de gravedad que la sostiene. 


Si somos personas que actuamos en armonía con quiénes somos auténticamente, alineados con nuestros valores espirituales y éticos, si estamos siendo coherentes y consecuentes, con nuestras acciones y creencias, entonces nuestra Paz Interior se mantendrá siempre. Si, por el contrario, estamos actuando divididos, pensamos, creemos y sentimos una cosa, pero vivimos en apariencias y de una forma contraria a lo que creemos, entonces, una sensación de desarmonía, de malestar, de incertidumbre y duda se apoderará de nosotros.





Ese malestar es nuestro mejor indicador interno de que algo anda mal. Lo que sucede es que las personas se acostumbran a desoír a su propia voz interior, a no hacerle caso a las señales que su propio ser interior le indica.


La Paz Interior es un producto del estado en el que se encuentra el conjunto de las emociones motrices del ser humano, por eso se convierte en una señal, en una alerta inconfundible sobre nuestro “estado interno”.

¿Quieres proteger tu estabilidad emocional y tu punto precioso de equilibrio general emocional?


Piense en esto:

1.- No PERMITIR nunca, en ningún caso, que el Problema Real o la adversidad tenga el poder suficiente para alterar seriamente nuestro equilibrio emocional. La palabra precisa, el concepto específico es ése: Admitir. La adversidad puede ser muy grande, sus efectos poderosos, pero en la persona radica la potestad de admitir, o no, la dimensión personal de los efectos que ésta produce. Una cosa es que el Problema efectivamente esté causando daño, pero una muy diferente es que uno mismo “admita” el daño, o admita que él pueda afectar el equilibrio emocional.

Lo verdaderamente maravilloso de este hecho es que nosotros tenemos derechos exclusivos e inalienables para franquear la entrada hacia lo profundo de nuestras emociones, nada ni nadie más los tiene. Únicamente nosotros poseemos esa llave y el “derecho de admisión”. Si “sellamos” este recinto, de allí emanará sin pausa una Paz Interior que puede acompañarnos en las circunstancias más complejas.

¿Es esto difícil?, sí. ¿Puede ser algo muy, muy difícil de conseguir?, sí. Pero es algo que depende exclusivamente de nosotros y allí radica la preciosa bendición.


¿Cuánto vale dormir en Paz Interior, 

o mirarte al espejo 

sintiéndote que eres un ser 

maravilloso, lleno de fe y de 

un espíritu de triunfo inquebrantable?





2.- Debemos entender con absoluta claridad que la forma más inteligente de enfrentar y actuar sobre los problemas es con racionalidad y no con emotividad; con tranquilidad y no con angustia; con serenidad y no con apremio; positiva y no negativamente.


Y para que esta afirmación trascienda, basta con hacerse honestamente estas preguntas: 


¿Qué tanta ayuda proporciona la angustia y la intranquilidad para la solución de problemas? ¿Cuánto se aceleran las soluciones con la fatiga? ¿Qué persona “preocupada” tiene el récord de problemas resueltos? ¿Desde cuándo es la pasión una buena consejera?

3.- Busca el TIEMPO para tratar el problema y otro determinado TIEMPO para no tratarlo. La solución de problemas es un trabajo específico que se pone en práctica: amerita esfuerzo, concentración y recursos. Pero de la misma forma que cualquier labor que quiera realizarse de manera eficiente, demanda reposo y “desentendimiento”. En algún momento la atención debe desactivarse.


4.- Gestiona eficientemente tu frustración. La tensión que provoca el tratamiento del Problema DEBE exteriorizarse, debe fluir hacia afuera y nunca quedarse “encapsulada” en el interior. Una cosa es dejar salir con fluidez la frustración, y otra es EXPLOTAR. Es un error “llevar la procesión por dentro”, nadie ha dicho nunca que el hombre esté hecho de piedra y acero; la frustración debe fluir hacia afuera. Pero... ¿cómo hacerlo sin agravar las cosas o hacer daño a nuestros seres queridos? 


Aquí funciona bien la actividad física, el diálogo franco y calmado con otras personas (que nos puedan ayudar, por su conocimiento, sabiduría, sensatez y carácter práctico), la oración a Dios, la práctica de un pasatiempo, escuchar música, leer, etc. Cada quien conoce cómo sentirse mejor.



5.- Dimensiona tu Amor Propio y Autoestima, el valor que tú tienes. En esa misma proporción habrá de cuidarse la Paz Interior, el equilibrio de las emociones. Existen personas bendecidas por el Amor de otros, protegidas por el cariño de los demás, pero nadie tiene la capacidad suficiente, la empatía necesaria para vivir por nosotros, para sentir por nosotros. La vida es un desafío estrictamente personal. Si no nos amamos a nosotros mismos, tampoco podemos amar a los demás, si no cuidamos de nosotros mismos, no podemos tomar cuidado de los demás, si no tenemos pena por nosotros mismos, nadie más nos tendrá pena. Nuestra existencia debe ser un acto de respeto permanente a nosotros mismos, de amor propio, para que podamos respetar, amar y valorar al otro.