Balance 2010: Principales Catástrofes Naturales















El 2010, un año que, según los expertos, tuvo un número de catástrofes naturales extremadamente elevado.

En apenas 35 segundos el mundo de Haití quedó destruido. El 12 de enero, a las 16:53 horas, un terrible sismo sacudió Haití y dejó más de 220.000 muertos, 310.000 heridos y 1,2 millones de personas sin hogar. La capital, Puerto Príncipe, quedó reducida a cenizas. Y nueve meses más tarde un brote de cólera se sumó a las penalidades del país más pobre de Latinoamérica.



También para Pakistán 2010 fue un año de muerte y sufrimiento. Las lluvias monzónicas y las inundaciones causaron 1.700 muertes. Los medios las calificaron como las peores en 80 años, que acabaron entre otras cosas en gran medida con la cosecha de algodón del principal país productor del mundo.

Desde Rusia llegaron asimismo imágenes como de una guerra con los incendios forestales más destructivos de la historia del país. Y a ello se sumó Chile, con un terremoto en febrero que llegó a los 8,8 grados en la escala de Richter y dejó 521 muertos, y que inclinó un poco el eje terrestre, acortando los días.

"2010 fue un año de innumerables catástrofes", señala Frank Roselieb, director del Instituto de Investigación de Situaciones de Crisis en Kiel. "Nunca hubo antes un caso como el de Haití, en el que hubiera tantos muertos en una superficie tan pequeña".

Roselieb cree que gran parte de lo ocurrido fue responsabilidad del hombre. "En Haití siempre ha habido terremotos. El problema es que cada vez hay más gente que se asienta en zonas no adecuadas", señala. Algo parecido ocurrió en Pakistán, y "en Rusia no se cumplieron las reglas básicas del cuidado forestal: se crearon monocultivos, se secaron pantanos, faltaba infraestructura y se pidió ayuda demasiado tarde".

El terremoto de 7,0 grados que se produjo en Haití tuvo su epicentro unos 16 kilómetros al oeste de Puerto Príncipe. Ya antes de la catástrofe el país era uno de los más pobres del mundo, con un 80 por ciento de sus diez millones de habitantes sobreviviendo al límite de la existencia con menos de dos dólares diarios.

También Pakistán, que se vio afectado por una inundación histórica durante semanas, es un país con muchas dificultades. Lucha con una economía debilitada, ataques terroristas de extremistas e inestabilidad política. Más de 20 millones de personas se vieron afectadas por las inundaciones, entre ellas más de ocho millones de niños. La superficie destruida fue de 160.000 kilómetros cuadrados y las masas de agua destruyeron unos dos millones de hogares.

En Rusia murieron en los incendios al menos 60 personas. Una ola de calor récord en 130 años dificultó la lucha contra las llamas. Las autoridades registraron 7.000 focos, y el gobierno decretó el estado de emergencia en varias regiones.

El diario "Kommersant" tituló: "¡Rusia arde!" Las centrales nucleares tuvieron que ser protegidas y sólo tras muchas dudas el presidente, Dimitri Medvedev, aceptó la ayuda internacional. Hasta fines de agosto se quemaron 9.000 kilómetros cuadrados de superficie.

En Chile se logró hacer frente a la destrucción que dejó el terremoto -y el tsunami que éste provocó- incluso en medio de un cambio de gobierno, y las obras de reconstrucción contribuyeron al crecimiento de la economía local. Pero se calcula que se tendrán que invertir 30.000 millones de dólares para que el país vuelva a ser el mismo que era antes del 27 de febrero.

A estas catástrofes se añadieron las del volcán indonesio Merapi, que tuvo a principios de noviembre la peor erupción desde hace décadas y causó la muerte de 300 personas. También en Indonesia, en las islas Mentawai, al oeste de Sumatra, un tsunami causado por un terremoto el 25 de octubre mató a más de 440 habitantes.

Aunque menos dramático porque no se perdieron vidas, 2010 fue también el año de la erupción del volcán Eyjafjalla en Islandia, que hizo cerrar el espacio aéreo europeo durante días y causó millonarias pérdidas a las aerolíneas.

Roselieb cree que tanto los países industrializados como en desarrollo deben mejorar su prevención de catástrofes.

"La ciencia puede alertar, pero no trazar una política de asentamientos", afirma. También apoya la creación de fondos de emergencia a los que los ciudadanos aporten dinero de forma regular en vez de hacer donaciones espontáneas tras los desastres.


No cabe duda alguna: 2010 nos quedará en la memoria como un año señalado.

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