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sábado, diciembre 18, 2010

Identificar el Rostro de Cristo




¿Qué imagen tenemos del rostro de Cristo? Tenemos memoria del rostro sonriente y amoroso, que habla con niños, hombres, mujeres. 
Y el Cristo en tiempos de Su Presencia, ¿qué rostro tiene? Esa es una pregunta importante. Porque ese Cristo no se parece en nada al que vino hace 2 milenios. Este Cristo viene ahora como el Maestro, como el Príncipe Planetario, el príncipe planetario que viene para poner orden y luz en un mundo sin forma y oscuridad. 

¿Cómo lo sabemos?

Las Escrituras señalan un acontecimiento en el que podemos examinar que el Rostro de Cristo pasa por un proceso de metamorfosis. Se trata de la Transfiguración.

Un hombre tuvo el privilegio de ver los 2 rostros de Jesús: el Jesús, con su rostro humano, y el Jesucristo, con Su Rostro transfigurado, en el tiempo de Su Presencia. Fue Pedro. Verlo fue tan impactante para Pedro, que él relata su impresión personal en su segunda carta (2 Pedro 1:16-19:

No les hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad, pues cuando él recibió de Dios el Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: «Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia». 

Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo. 

Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacen bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día amanezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones. 

Pero ante todo entended que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, 
porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

Pedro vio, sus ojos contemplaron el rostro de Cristo en el tiempo de Su Presencia, en poder real y pleno. Fue un rostro diferente, muy diferente al rostro del Jesús humano. En El Apocalipsis, el rostro de Jesucristo en tiempos del Día del Señor era también diferente. De hecho, Juan se, su amado apóstol, se desvaneció de la impresión. Era un rostro de luz, brillante, con cabello blanco, con ojos de fuego. 

El Rostro de Cristo en tiempos de Su Presencia está revestido de luz, de gloria, de sabiduría, de poder y de gracia divina, como corresponde a alguien que ha demostrado sin lugar a dudas que sólo Jehová es el Único Dios Verdadero, y que sólo hay un camino verdadero de amor, de luz, verdad y sabiduría.

Si el Rostro espiritual de Cristo es diferente al que tenía hace 2.000 años, ¿cómo identificarlo? 

Hay semillas espirituales que se han ido sembrando en los corazones y espíritus en los últimos tiempos. Mensajes diversos que crean una apertura de consciencia, para tener los ojos del corazón y del espíritu para ver ese nuevo Rostro de Cristo. Ver el rostro de una persona es identificarla, descubrir en ella su personalidad, su sabiduría, sus sentimientos. Si una persona quiere conocer a ese Cristo transfigurado, ese que inspiró el profetizar de tantos profetas de tiempos antiguos, siendo plenamente conscientes de percibir esas gemas de sabiduría y esa nueva revelación de amor que el Padre por medio del Hijo desea dar a conocer, entonces, hay cosas que pulir.

Hay que ser capaces de poder ver dentro, para poder ver afuera. Hay que ser capaz de permitir que la luz y la verdad de Yahvé iluminen y clarifiquen dentro, para poder ser capaz de recibir iluminación y verdad sobre lo que sucede afuera de cada uno.

Sin embargo, esas semillas están plantadas dentro de cada uno, y darán a luz la manifestación de quién se es: el trigo puro del Cristo, o la mala hierba, con el espíritu sobresembrado de falsedad. 

En parte, esas semillas de conocimiento del Rostro de Cristo tienen que ver con sentirse merecedores y valorarse a sí mismos. Esa forma antigua de verse a sí mismo como pecador, como alguien carnal, sometido a los vaivenes de los caprichos de seres espirituales malignos, is over. Se acabó.   

Recuperar el poder como individuo, como persona, como alguien que tiene el potencial de reflejar la gloria de Dios, es parte del proceso de preparación espiritual libre y consciente de quien desee ver el Rostro de Cristo en su poder real. De nada sirve tener miedo de seguir adelante, Dios está contigo en tu proceso. No juzgues a otro en sus decisiones. Recuerda: cada cual se labra su destino, con sus acciones o sus no-acciones. Tú: céntrate, equilíbrate y sigue adelante.

Es tiempo de permanecer en equilibrio y paz. Sigue adelante, sigue adelante, sigue adelante. Que sean la oración constante, ferviente, la gratitud al Padre, el llenar la mente de los pensamientos de Dios, lo que guíe los espíritus de quienes buscan identificar el rostros de Cristo.