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Pensar y Orar


Jehová es mi pastor, nada me faltará.
Salmo 23:1
la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Filipenses 4:7

Estas palabras han sido una verdadera inspiración para muchas personas. Leerlas da esa sensación de calma, de quietud, de confort en el alma. Es como si de repente, no importa qué situación yo pueda estar pasando, sé que las cosas en manos de Dios, terminarán para bien. No sé cómo ni cuándo, pero Dios la hará.
Pero al leer directamente de la Biblia los relatos en los que se hallan estas frases, uno se da cuenta de que quienes las escribieron estaban pasando por duras circunstancias. David, por ejemplo, huía de la persecución del rey Saúl, lleno de envidia y malos pensamientos hacia él. Y Pablo, quien escribe sobre esa paz de Dios que guarda los corazones y los pensamientos en Cristo Jesús, relacionados con la oración, estaba preso. Se cree que la imagen de arriba corresponde al lugar donde se hallaba preso y en la cual Pablo estaba cuando escribió estas palabras.
Es sorprendente, ¿cierto? Que un hombre perseguido y un preso, que no veían a la mano la solución a sus situaciones difíciles, fueran capaces de tener fe y confianza en Jehová, sin tener la actitud de "pobrecito yo que me pasa esto", o "por qué esto me pasa a mí", o la de "esta es la voluntad de Dios". No. Asumieron sus circunstancias con esperanza y fe. 

Pablo nos dice en Filipenses 4: 11-13: 
No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.  vivir humildemente, y  tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. 
Pablo con su experiencia personal en diferentes circunstancias, es inspirado por el espíritu santo de Dios a dar palabras claves para vivir mejor. Note que dice: “He aprendido”, “sé vivir”, “estoy enseñado”. Es como si dijera: “Aprendí a vivir a la manera de Dios, siempre hay algo y alguien que me enseña”. Se dice que cuando el discípulo está listo, el maestro aparecerá. Todos debemos madurar, nadie puede vivir sin crecer mental, emocional y espiritualmente. 
David y Pablo son ejemplos en 2 actividades: pensar y orar. De pensar, todo el mundo piensa, y sobre el orar, todo el mundo ora. Pero, ¿da su pensar buenos resultados? Y con respecto de su orar ¿tiene resultados? 




Pensar

Pablo en Filipenses 4:8 nos habla sobre el pensar. En qué pensar: 

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. 

Es muy importante aprender a pensar porque lo hacemos siempre. Tenemos al día casi 60.000 pensamientos. Son muchos. Y todos ellos contienen una energía intrínseca. Y muchas veces, hay contradicción en nuestros pensamientos.


Supongamos que tenemos un BMW Z4. Y lo vamos manejando por la autopista. Sabemos que tenemos a un auto que irá a donde lo llevemos. No irá a otro lado. Así es con nuestra mente: nos llevará a donde la llevemos.

Podemos llevarla al destino "fracaso". Eso significa que siempre pensaremos negativamente, siempre dudaremos de los motivos de otras personas, o de uno mismo. No se trata de ser crédulos, ni de no ser realista. Se trata de usar las facultades mentales apropiadamente, usar la mente para pensar bien.

El problema es que se piensa una cosa y se hace otra. O se piensa una cosa y ora por otra. No es posible que pienses que te morirás y ores por salud, debes cambiar una de las dos, por ejemplo.  

Lo mejor es siempre pensar y orar en lo bueno, puro y honesto. 

Quien piensa y ora diferente no puede recibir de Dios, porque es contradictorio. Dios nos pregunta: “hasta cuándo claudicarás entre dos pensamientos”. Decídete, piensa y ora de la misma forma para lograr el objetivo que tienes en mente. 

Orar es una cosa y pensar otra, pero están relacionadas. Si piensas que puedes lograr algo, ora pidiendo las fuerzas para hacerlo. Ten confianza en tus capacidades y piensa en lo bueno. 

Cuando todo va mal, piensa que es momentáneo y que es posible salir adelante si tienes a Cristo Jesús a tu lado.  En casa, con la familia debemos proyectar esa imagen positiva y fortalecer la fe en Dios, que nos da las fuerzas. 

Orar
Filipenses 4: 6-7 dice:

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Note la conexión entre orar y pensar. Hace énfasis en la calidad de nuestra petición a Dios. Dios quiere escuchar nuestras peticiones. Son como ese incienso fragante que asciende al Trono de Jehová. Otro mensaje claro es no afanarnos por nada. La oración se lleva el afán y produce una paz que da descanso.  Cuando oramos pidiendo  resolver lo que nos afana, estamos demostrando nuestra fe y nace la confianza. Hay que orar por todo y no afanarse por nada. 

Por nada estéis afanosos. ¿Dónde está el afán? En la mente. Y se potencia con los pensamientos. Se 


Afrontar con sabiduría el afán, la inquietud mental, las ansiedades, porque las dificultades enseñan a no afanarse, a no inquietarse.  Todo se aprende con experiencia. Nadie aprende a nadar sino se mete al agua. Por lo tanto, esas situaciones que preocupan, nos enseñan. Afrontadas adecuadamente hacen crecer en fe y carácter. 

Del Pensar y Orar: el Hacer

Filipenses  4:9 concluye diciendo sobre la acción: Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros. 

Orar, pensar y hacer es el proceso correcto para vivir. No hay atajos. Lo que uno hace, evidencia lo que piensa y ora. Dime cómo procedes y te diré cómo piensas; dime cómo piensas y te diré quién eres. Haces lo que piensas. Entonces, para lograr una vida mejor, es importante aprender a pensar, y pensar en grande. Llena tu mente de fotografías de lo que quieres llegar a ser y tener. Para ti y para los tuyos. Dios le dijo a Abrahán: “mira las estrellas de los cielos, así será tu descendencia”. Mira y sueña tus objetivos para poder realizarlos.  

La Biblia dice: “Puestos los ojos en el autor y consumador de la fe”. ¿Quién es ese? Jesucristo. Y también dice: “Moisés se sostuvo como viendo al invisible”. Sin sueños, sin la expectativa buena, no tiene con qué balancear su mente, emociones y propósitos.

Hay el pensar, el orar, y el actuar. 
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