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jueves, marzo 04, 2010

La Interpretación es obra de Dios


¿Qué significa el 666?


¿Existe el Anticristo?


¿Qué es el Armagedón?


Estas preguntas no existirían si se supiera claramente qué significan el 666, el Anticristo y el Armagedón.


De hecho, uno de los enigmas de la Biblia tiene que ver con su interpretación.


Hay partes de la Biblia que no dejan lugar a dudas:


Génesis 1:1

En [el] principio Dios creó los cielos y la tierra.


Está claro: dice la Biblia que Dios creó Cielo y Tierra.


Pero, otras porciones no las entendemos.


Por ejemplo, las profecías bíblicas no son de fácil comprensión.


Requieren interpretación.

Interpretar es, según Microsoft® Encarta® 2009. © 1993-2008 Microsoft Corporation.:


Explicar o declarar el sentido de algo, y principalmente el de un texto. || Explicar acciones, dichos o sucesos que pueden ser entendidos de diferentes modos. || Concebir, ordenar o expresar de un modo personal la realidad.


Dicho sencillamente: interpretar es explicar qué significa un asunto.


En griego, la palabra "interpretación" proviene del nombre del dios griego Hermes (Mercurio), a quien los antiguos mitólogos consideraban no solo el mensajero, enviado e intérprete de los dioses, sino también el patrón de los escritores, oradores y traductores. En Listra llamaron “Hermes a Pablo, puesto que este era el que llevaba la delantera al hablar” (Hch 14:12).


Respecto a la interpretación acertada de las profecías bíblicas, tenemos una clave para entender un asunto muy importante: no procede de las opiniones o interpretaciones, visiones particulares o intereses de los hombres, sino que se origina de Dios.


En otras palabras: la correcta interpretación profética de la Biblia no depende de la propia opinión, o visión personal. El forzar la interpretación de las profecías bíblicas lleva a error.


La razón por la cual han habido tantas profecías fallidas sobre el fin del mundo, fechas, designar que x o y persona corresponde al Anticristo, por ejemplo, se debe a que se ha pasado por alto el siguiente principio claro que establece la Biblia:


“Ninguna profecía de la Escritura proviene de interpretación privada alguna [...], sino que hombres hablaron de parte de Dios al ser llevados por espíritu santo” (2Pe 1:20, 21).


Si ninguna profecías bíblica se originó de hombre alguno, sino de Dios, entonces sólo Dios puede dar la interpretación.


Efectivamente, Jehová inspiró la profecía, y revela el significado de la misma.


Es Jehová quien revela cuando, cómo y a quien Él quiera, el significado de la profecía.


Eso es lo que muestra la Biblia.


Si leemos el relato de Génesis 40, notamos un ejemplo claro de que es Jehová quien revela la interpretación de la profecía.


Declaró José:

(LPD) Ellos le respondieron: "Hemos tenido un sueño, y aquí no hay nadie que lo interprete". José les dijo: "La interpretación es obra de Dios; pero de todos modos cuéntenme lo que soñaron" (Génesis 40:8).


Antes de explicar el significado del sueño del jefe de los coperos y el de los panaderos, dijo que la interpretación de ambos sueños era de Dios, y Dios la dio a José, y fue acertada. Se cumplió tal como dijo José.


Es el Profeta Daniel el Intérprete de Profecías que mayor comprensión nos ofrece para entender la interpretación acertada de las profecías inspiradas, reveladas por Jehová.


Fue Daniel quien interpretó los 2 sueños proféticos que tuvo el rey Nabucodonosor (Daniel 2 y 4)


Tras primero orar a Dios para entender el secreto del primer sueño (el de la imagen pavorosa) y haber obtenido la respuesta en una visión de la noche, Daniel se presentó delante del rey con el fin de que le recordara el sueño olvidado y le diera la interpretación (Da 2:14-26).


Daniel le recordó al rey que todos sus sabios, sortílegos, sacerdotes practicantes de magia y astrólogos no habían podido interpretar el sueño. “No obstante —continuó diciendo Daniel—, existe un Dios en los cielos que es un Revelador de secretos, y [...] en cuanto a mí, no por ninguna sabiduría que exista en mí más que en cualesquiera otros que estén vivos me es revelado este secreto, excepto con la intención de que la interpretación se dé a conocer al rey.” (Da 2:27-30).


En una segunda ocasión, cuando todos los sacerdotes practicantes de magia, sortílegos, caldeos y astrólogos fueron incapaces de interpretar el sueño del rey concerniente al gran árbol que fue cortado, se volvió a llamar a Daniel, y de nuevo se resaltó el origen divino de la profecía. En reconocimiento de este hecho, el rey le dijo a Daniel: “Yo mismo bien sé que el espíritu de los santos dioses está en ti”, y “tú eres competente, porque el espíritu de dioses santos está en ti” (Da 4:4-18, 24).


¿Y quién supo interpretar el significado de la escritura de la pared, con las palabras MENÉ, MENÉ, TEKEL, PARSÍN?


Todos los sabios de Babilonia fueron incapaces de interpretar la escritura críptica. Pero, la reina madre recordó entonces a Daniel, aquel “en el cual hay el espíritu de dioses santos”, así como “iluminación y perspicacia y sabiduría como la sabiduría de dioses”. Al interpretar la escritura, que en realidad era una profecía, Daniel ensalzó una vez más a Jehová como el Dios de profecías verdaderas (Da 5:1, 5-28).


Vale la pena tener presentes estas cosas. Al recordar el largo historial de profecías fallidas, y la existencia de quienes sacan provecho económico de las Santas Escrituras, puede ser que la confianza en el acertado cumplimiento de las profecías bíblicas se vea opacado por la decepción que producen las profecías fallidas.


Las profecías bíblicas no fallan, por que son obra de Dios, al igual que la acertada interpretación de las mismas. Al tiempo y la manera de Jehová, se sabrá la verdad sobre estas cosas escritas, y comprobaremos lo que Jehová nos ha expresado:


Isaías 46:9-10


Acuérdense de las primeras cosas de mucho tiempo atrás, que yo soy el Divino y no hay otro Dios, ni nadie semejante a mí; 10 Aquel que declara desde el principio el final, y desde hace mucho las cosas que no se han hecho; Aquel que dice: ‘Mi propio consejo subsistirá, y todo lo que es mi deleite haré’