Our social:

lunes, noviembre 15, 2010

Ezequiel: su responsabilidad como atalaya

"Y tendrán que saber que YO soy Jehová"


Más de 60 veces aparece esa frase en el libro de Ezequiel. ¿Por qué? De manera consistente, Dios manifiesta a lo largo de los 48 capítulos que conforman este libro profético, que es un Dios Vivo, y que actúa como siempre en armonía con Su palabra. Ezequiel actuó como profeta de Dios durante un tiempo de casi 23 años, entre los siglos VII y VI a. C. 
Jehová comisionó a Ezequiel como un atalaya a la casa de Israel. Un atalaya era un centinela, alguien que vigilaba, un soldado que velaba y custodiaba un puesto que se le ha confiado. Por lo general, se colocaba en una torre construida en medio del desierto, para observar los caminos lejanos y ver si alguien se acercaba, y dar la alarma correspondiente si se trataba de una amenaza. 





En sentido simbólico, Jehová había puesto a Ezequiel para que actuara como un centinela o atalaya.  En Ezequiel 3:7-11, se muestra cómo Dios llamó a Ezequiel para esta misión: 


Pero en cuanto a la casa de Israel, no querrán escucharte, porque no quieren escucharme; porque todos los de la casa de Israel son de cabeza dura y de duro corazón. 8 ¡Mira! He hecho tu rostro exactamente tan duro como los rostros de ellos, y tu frente exactamente tan dura como sus frentes. 9 Como un diamante, más dura que el pedernal, he hecho tu frente. No debes tenerles miedo, y no debes sobrecogerte de terror ante sus rostros, porque son casa rebelde”. 10 Y pasó a decirme: “Hijo del hombre, todas mis palabras que te hable, tómalas en tu corazón y óyelas con tus propios oídos. 11 Y ve, entra entre el pueblo desterrado, entre los hijos de tu pueblo, y tienes que hablarles y decirles: ‘Esto es lo que ha dicho el Señor Soberano Jehová’, sea que oigan o se abstengan”. 


Ezequiel fue enviado como profeta de Dios a una gente que no querría escucharlo, porque no quería escuchar a Dios. El problema no era Ezequiel. Era a Quién representaba Ezequiel. Jehová advierte a Ezequiel, diciéndole que la gente de Israel era de cabeza y corazón duros. Eran como esa gente a la que describió Jesús, a la que le cayó la semilla excelente, pero era como esa tierra dura a lo largo del camino, a la que llegaban las aves y se comían las semillas. Sencillamente, a personas así, se les hablaba, pero no sería capaz de discernir las cosas serias que estaban en juego, ni de actuar en consecuencia por la advertencia divina.    





Ezequiel, por medio de visiones, enseñanzas en forma de parábolas, alegorías o por acciones simbólicas, dio a conocer el parecer de Dios sobre la situación del pueblo judío. Un pueblo que sería desterrado durante 70 años. Ezequiel no era el único profeta de Dios. Jeremías, y Daniel eran contemporáneos, y también cumplían una labor de advertencia y profética: Jeremías en Israel, y Daniel en Babilonia. Así que nadie podría decir que Dios no les había dado oportunidad de escuchar sus palabras dirigidas a ellos.





La responsabilidad de Ezequiel como atalaya se explica en el capítulo 33 del libro que lleva su nombre. En resumen, Dios declara lo siguiente: 


»A ti, pues, hijo de hombre, te he puesto por atalaya de la casa de Israel: tú oirás la palabra de mi boca y los amonestarás de mi parteCuando yo diga al impío: «¡Impío, de cierto morirás!», si tú no hablas para que se guarde el impío de su camino, el impío morirá por su pecado, pero yo demandaré su sangre de tu manoPero si tú avisas al impío de su camino para que se aparte de él, y él no se aparta de su camino, él morirá por su pecado, pero tú libraste tu vida"».


Ezequiel tenía que escuchar las palabras que salían de la boca de Dios y declararlas. Si Dios anunciaba a alguien que moriría por su mal proceder, Ezequiel debía decírselo. Y si no lo hacía, la persona moriría por su maldad, y Ezequiel, moriría también, pero no por haber actuado mal, sino por no haber advertido a esa persona. Es interesante destacar una frase:


"Pero si tú avisas al impío de su camino para que se aparte de él, y él no se aparta de su camino, él morirá por su pecado, pero tú libraste tu vida".  

Aquí está la esencia del deseo de Dios: avisar a la gente para que se aparte de su mal camino. No destruirlo. Jesús dijo que él había venido a llamar a los pecadores. ¿Por qué? Porque eran las personas que necesitaban dejar su mal camino y acercarse a Dios. Esa es la esencia de la advertencia de Dios a la gente. Que se acerque a Él, y le vengan tiempos de refrigerio de parte de la persona de Jehová. Es como un padre o madre amorosos, que ven a un hijo o una hija a punto de meterse en un mal camino. ¿Qué hace? Busca ayudar a ese hijo o hija a que no se meta en un proceder dañino. Y si ya está en él, el hablarle con sinceridad sobre las consecuencias de su mal actuar, para que recapacite.

¿Hizo caso la gente de la advertencia que Jehová daba mediante Ezequiel? No. Eran de "duro corazón y dura cabeza". Pero Ezequiel sí cumplió con su responsabilidad de atalaya de Dios. Todo lo que Dios le pidió que hiciera, lo hizo. Cuando tuvo que hablar, habló. Cuando tuvo que callar, calló.

La responsabilidad de Ezequiel como atalaya era esa. Hablar o callar lo que Dios mandara. La gente era la que tenía en sus manos la última palabra. De hacer caso o no. Por supuesto, las consecuencias eran diferentes. Quien se volvía de su mal camino como resultado de la advertencia, salvaba su vida, y quien no lo hiciera, sufriría el juicio divino.

¿Qué decir de nuestros tiempos? Jesús nos dio una "señal", una serie de sucesos que describen una evidencia de que estos son esos tiempos predichos, en los que habrían pestes, terremotos, en un lugar tras otro, señales en los cielos, etc. No hace falta ser muy conocedor de estas profecía bíblicas para tener una cierta idea de que algo extraordinario está sucediendo. ¿Cómo reaccionar a esto? Muchas personas no creen estas señales, que por sí mismas son advertencia de la urgencia de los tiempos. ¿Será que muchos no creen en la conexión de estos sucesos con las profecía bíblicas porque sencillamente prefieren ignorar a Dios? Significativo es que hasta personas que dicen ser "hombres de Dios", o estar ocupados en la obra de Dios, tienen asuntos más terrenales y materiales en mente, que el dar advertencia de estas cosas.