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domingo, febrero 27, 2011

"¿Qué será la señal de tu Presencia?", una pregunta para Jesús


A Jesucristo le fascinaba enseñar. ¿Qué es enseñar según Jesús? En los Evangelios siempre le vemos en una actitud constante de dialogar con sus discípulos, preguntarles, hacerles razonar sobre sus puntos de vista y ayudarles a que se preguntaran a sí mismos si realmente sus creencias y opiniones estaban bien cimentadas, de acuerdo a lo que Jehová Dios, Su Padre, consideraba verdadero e importante. Parábolas, frases sencillas e impactantes, ilustraciones, y preguntas bien estructuradas, eran parte del método de enseñanza de Jesús. Y también enseñó a través del ejemplo. Su ejemplo personal. 

Pero la relación con los discípulos era de permanente discusión sobre asuntos de todo tipo. Por eso, vemos a los discípulos preguntarle al Maestro. A Jesús le gustaba que le hicieran preguntas, y siempre alabó a los discípulos por tener el suficiente interés como para preguntar y el deseo de aprender. El deseo de aprender, las ganas de conocer la verdad, significa que se tiene una mente inquisitiva, un espíritu que busca la verdad y desea responder esas interrogantes que tanto deseamos conocer, esas preguntas que están como una especie de estaca en la mente.

Los apóstoles, 4 de ellos (Pedro, Andrés, Santiago y Juan), preguntaron a Jesús cuál sería la Señal de Su Presencia. No se referían a lo que Jesucristo haría por la nación judía, sino a lo que Él haría como Mesías, en un contexto universal. Después de todo, no puedes esperar a que el Hijo de Dios sólo se interese por una nación, si, siendo la descendencia de Abrahán, por medio de Él se bendecirían TODAS las naciones de la Tierra. Recordemos que tiempo atrás, Juan el Bautizante mandó preguntar si había que esperar a otro Mesías, o si lo era solamente Jesucristo, el Único Mesías o Cristo. Jesús respondió a Juan el Bautizante por medio de un despliegue de poder en el que curó enfermos, cojos, leprosos, sordos. Era evidente que sólo el Mesías tenía ese poder de Dios operante para efectuar obras poderosas y prodigios.

¿Era importante lo que dijera Jesús sobre Su Presencia? Si analizamos lo que sucedió cerca de 30 años después, cuando el apóstol Pablo escribió sus cartas a los Tesalonicenses, vemos que sí era importante para los creyentes del Siglo I conocer sobre la Presencia de Cristo.

Que no se dejen sacudir prontamente de su razón, ni se dejen excitar tampoco mediante una expresión inspirada, ni mediante un mensaje verbal, ni mediante una carta como si fuera de nosotros, en el sentido de que el día de Jehová esté aquí. 3 Que nadie los seduzca de manera alguna, porque no vendrá a menos que primero venga la apostasía y el hombre del desafuero quede revelado, el hijo de la destrucción. 4 Él está puesto en oposición y se alza a sí mismo sobre todo aquel a quien se llama “dios” o todo objeto de reverencia, de modo que se sienta en el templo del Dios, y públicamente ostenta ser un dios. 5 ¿No se acuerdan de que, estando todavía con ustedes, yo solía decirles estas cosas? 6 De modo que ahora ustedes conocen la cosa que obra como restricción, con miras a que él sea revelado a su propio tiempo. 7 Es verdad que el misterio de este desafuero ya está obrando; pero solo hasta que el que ahora mismo está obrando como restricción llegue a estar fuera del camino. 8 Entonces, realmente, será revelado el desaforado, a quien el Señor Jesús eliminará por el espíritu de su boca, y reducirá a nada por la manifestación de su presencia. 9 Pero la presencia del desaforado es según la operación de Satanás con toda obra poderosa y señales y portentos presagiosos mentirosos, 10 y con todo engaño injusto para los que están pereciendo, como retribución porque no aceptaron el amor de la verdad para que fueran salvos. 11 Por eso Dios deja que les vaya una operación de error, para que lleguen a creer la mentira, 12 a fin de que todos ellos sean juzgados por no haber creído la verdad, sino haberse complacido en la injusticia.

2 Tesalonicenses 2:2-12

Es interesante analizar estas expresiones del apóstol Pablo. Sobre la futura Presencia de Cristo, hecho que para los apóstoles y Escrituras del "Nuevo Testamento" o Escrituras Griegas Cristianas estaba claro que era para un lapso de tiempo futuro, algunos hacían conjeturas y expresiones categóricas sobre el hecho de que ya, en el mismísimo siglo I estaba presente Cristo. Absolutamente falso, indicó el apóstol Pablo, porque la Presencia de Cristo es coexistente con la presencia de otro elemento que en el siglo I aún no había aparecido, que era el "hombre del desafuero". Un falso Cristo-Profeta, que se sienta en el Templo de Dios, o Casa de Dios, y ostenta estar ocupando un lugar santo, o lugar de autoridad como representante autorizado de Cristo en la Tierra. Ejecutaría obras poderosas, señales, demostraría aparentemente ser alguien respaldado por Jehová.

Este "hombre del desafuero" manifestado, está absolutamente convencido de ser él el “conducto de Dios”. Se cree a sí mismo sus mentiras útiles, de que es el representante o voz de Dios en la Tierra, es víctima de su propio engaño, de creer en esa "operación de error" que permite Jehová Dios que tenga, porque, sencillamente, cree mentiras, las enseña y promueve, se complace en ellas, en vez de aceptar la verdad procedente de Dios. Sí, el hombre del desafuero tiene la oportunidad de rectificar de su error pero… no lo hace. Se “complace” en enseñar falsedades, aferrándose a su estatus

Así que, evidentemente, no era el siglo I el tiempo y sazón señalado por Dios para que fuese la presencia de Cristo. Entonces, queda la pregunta, ¿hay forma de saber a ciencia cierta en un tiempo determinado cuándo realmente está Cristo en Su Presencia?


Jesús nos hace pensar con su respuesta a los apóstoles. Porque, nos agradaría que hubiera respondido a los apóstoles con una especie de declaración que dijera que "el día 27 de febrero, del año 2011, aparecerá un milagro en el cielo que todo hombre y mujer verá y allí me verán, y sabrán que estoy ya en mi Presencia".

No, Jesucristo no respondió así a la pregunta sobre cuál sería la señal de Su Presencia. De hecho, el sólo se refiere específicamente a dicha señal de Su Presencia cuando habla de la "Señal del Hijo del Hombre", esa es realmente la gran Señal de la Presencia. Y definitivamente, dijo Jesús, esa Señal se verá en el cielo y el efecto es que la gente se "golpea en lamento" y "verá al Hijo del Hombre". ¿Ya eso pasó? No, evidentemente, no.

¿Qué hemos visto hasta ahora? Cumplimientos proféticos que dijo Cristo Jesús sobre Su Presencia: grandes terremotos en un lugar tras otro, guerras, informes de guerras, hambres, pestes y enfermedades en un lugar tras otro, personas que, con una extensión nunca antes vista, proclaman su visión personal sobre Cristo, y afirman ser "la Verdad", o la "religión verdadera".

Si uno es un creyente inteligente, de esos que son como los judíos de Berea a quienes el apóstol Pablo predicó, seguiremos su buen ejemplo y "examinaremos con cuidado las cosas, y veremos si son ciertas o no" (Léase hechos 17:11).

Debemos pensar con cuidado las cosas, e incluso tratar de ver los asuntos desde nuevas perspectivas. 

Por ejemplo, en nuestro estudio individual, con mente abierta y sin ideas preconcebidas sobre la Presencia de Jesús, sin permitirnos la influencia de nuestras expectativas, podemos ver varios hechos. Por ejemplo, Jesús instó a sus seguidores a que se mantuvieran alerta. ¿Por qué? ¿Cómo entender ese "mantenerse alerta"? ¿Alerta a qué? ¿A las noticias y sucesos mundiales? 

Ciertamente las noticias y sucesos mundiales, en algunos casos, son indicación clara de algún cumplimiento profético, lo identifiquemos e interpretemos acertadamente o no. Pero, no todos los cumplimientos proféticos están tan claros y evidentes. Hay cumplimientos proféticos que no salen en la primera plana del periódico de hoy, o reseñado en una página de noticias del Internet. Y tampoco los vamos a ver en una revista, libro, discurso, sermón, prédica, u homilía. ¿Por qué? Tengamos presente que existe un hombre del desafuero colectivo, falsos Cristos y falsos Profetas. Ellos no nos van a decir "hey, somos los farsantes que te estamos hablando en el nombre de Cristo o Jehová". Eso no lo vamos a ver escrito en algún libro, revista, publicación o nota de prensa.

Otro asunto que nos da para reflexionar, es el hecho de cómo serían realmente las situaciones durante la Presencia de Cristo. “Así como eran los días de Noé, así será la presencia del Hijo del hombre. Porque como en aquellos días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, los hombres casándose y las mujeres siendo dadas en matrimonio, hasta el día en que Noé entró en el arca; y no hicieron caso hasta que vino el diluvio y los barrió a todos, así será la presencia del Hijo del hombre” (Mateo 24:37-39).

En los días de Noé, aquella generación siguió ocupándose de sus asuntos personales. ¿Eran malos? No. Comer, beber, comprar, edificar, casarse, o vivir en pareja y formar familia, no es algo malo. Pero la gente no hizo caso. ¿A qué? A las advertencias divinas mediante Noé, al mismísimo hecho de que el Arca seguía construyéndose. En “los días del Hijo del hombre”, dijo Jesús, en el relato de Lucas, advierte que “de la misma manera será en aquel día en que el Hijo del hombre ha de ser revelado” (Lucas 17:26-30).

El Hijo del Hombre será revelado por medio de Su Señal particular y específica. Todo esto adquiere un significado especial para nosotros porque vivimos en unos tiempos "extraordinarios" en el que reconocemos los acontecimientos que Jesús predijo: guerras, terremotos, pestes, escaseces de alimento y persecución de sus discípulos (Léase Mateo 24:7-9; Lucas 21:10-12). De hecho, estas condiciones se han evidenciado en una forma que hasta nos sorprende. Aunque la gran, gran, gran mayoría de la gente considera estos sucesos "episodios naturales de la historia", los creyentes alertas reconocen el significado de estos acontecimientos trascendentales, tal como la gente observadora advierte que el verano está cerca cuando ve brotar las hojas de la higuera. Jesús dijo: “Así también ustedes, cuando vean suceder estas cosas, sepan que el reino de Dios está cerca” (Léase Lucas 21:31).