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viernes, febrero 25, 2011

Orando como Jesús enseñó: la gratitud

La oración era fundamental para Jesús. Siempre en los Evangelios le vemos orando, en momentos claves de su vida: durante su bautismo, al estar 40 días y noches en el Desierto, antes de elegir a los 12 apóstoles y pronunciar el famoso Sermón del Monte, antes de enfrentar su juicio y ejecución. Era una verdadera necesidad para Él mantenerse en una actitud orante, siempre dispuesto a hablar con Su Padre.


¿Por qué Jesús oraba tanto? Todo hijo conversa con su padre. Jesús, por supuesto, hablaba con Su Padre. Siempre deseaba mantener viva y vibrante esa conexión con Dios, y reforzar en sí mismo ese amor que lo unía al Padre y a otros. La visión que él tenía de Dios era la de una relación con un Padre amado, el Abba, expresión aramea que significa "Papi", "Papito", o "Daddy". Eso se reflejaba en su forma de orar, en resumen, la forma en que Jesús oró dependió en todo de Su experiencia de Dios, un Dios de amor. 


En tiempos de Jesús, la oración se había transformado en un asunto ritualista, del que se valían los fariseos para demostrar públicamente su piedad, y hacer creer a los otros que poco o nada valían. Para Jesús, era importante el enseñar a hobres y mujeres a acercarse al Dios de amor, al Padre. ¿Cómo hacerlo? Les enseñó la importancia de orar con fe. Y de su ejemplo de oración, nos enseñó a orar al Padre con una actitud: la de constante gratitud.    


La gratitud es ese sentimiento por el cual una persona reconoce, interior y exteriormente, los regalos o dones recibidos, y trata de corresponder en algo por lo que recibió. Esencialmente, la gratitud consiste de una disposición interior, un corazón agradecido, pero cuando es genuino trata, de alguna forma, de expresarse en palabras y en obras.


En la gratitud hay reconocimiento, apreciación y en cuanto sea posible, regresar de alguna manera lo que se le ha dado de forma gratuita sin ninguna obligación de parte del dador. 


No cabe duda de que Jehová, el Padre, nos ha dado muchas cosas buenas. En la carta de Santiago 1:17 leemos: 



Dios es quien nos da todo lo bueno y todo lo perfecto

Dios es Bueno, y da lo bueno. Y la actitud de ser agradecidos con Yahvé es parte de la oración que nos enseñó Jesús. ¿Cómo nos enseñó Jesús el Cristo que debemos ser agradecidos con Dios y expresarlo por medio de la oración?


Cuando Jesús multiplicó los panes y pescados con los que comieron miles de personas, ¿qué fue lo primero que hizo? ¿comenzó a repartir la comida porque se estaba muriendo de hambre la gente?


Mateo 15:36: Y tomando los siete panes y los peces, dio GRACIAS, los partió y dio a sus discípulos, y los discípulos a la multitud. 


Eso fue lo primero que hizo Jesús: tomar lo que iba a multiplicar y dar las GRACIAS al Padre, el que provee la multiplicación.


Note cómo este detalle lo resalta el apóstol Juan en su evangelio:


Juan 6:23: Pero otras barcas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después de haber dado GRACIAS el Señor. 


Antes de resucitar a Lázaro, Jesús oró al Padre diciendo:


Juan 11:41: Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, GRACIAS te doy por haberme oído. 


Y al celebrar la ena del Señor, lo primero que hace Jesús con el pan y el vino es decir:




Lucas 22:17: Y habiendo tomado la copa, dio GRACIAS, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros. 

Lucas 22:19: Y tomó el pan y dio GRACIAS, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. 


Por cierto que hay un relato en el que Jesús destaca la gratitud de 1 persona, y la ingratitud de 9: la historia de los 10 leprosos. Leemos: 


Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos, y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!

Cuando Él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano.

Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? 

Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.



Lucas 17:11-19


El relato es contundente. 10 personas reciben un beneficio, pero sólo una se devolvió para darle las gracias a Jesús por haberlo sanado, glorificando a Dios. ¿Dónde están los 9? Esos 9 fueron los ingratos, sanados de lepra, pero ingratos.


Resumiendo, para Jesús la oración no era simplemente "ponerse en contacto con Dios", sino una manera de mantenerse unido en amor y propósito al Padre. El Dios de Jesús es un Dios de amor, y por ello el lugar central de la oración de Jesús es el amor. Ahí, en la intimidad, en ese estar a solas con el Padre, Él oye la voluntad de su Padre, derrama Su corazón ante Él, con la confianza de quien se siente amado, escuchado y protegido bajo el amparo de Dios.


El contenido profundo de la oración de Jesús es: mostrar la aceptación de la voluntad de Dios sobre el Reino y sobre su propia persona, y mostrar la alegría y el agradecimiento de que el Reino se extienda. Si oramos con gratitud, reconociendo día a día los muchos beneficios que recibimos del Padre y nos mantenemos en esa actitud para con Dios y otras personas, imitaremos su valioso ejemplo en nuestra vida.